Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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3. Capitulo 2

Al día siguiente tenía clases, aunque no logré concentrarme mucho en ninguna de ellas. Me había quedado pensando en el momento incómodo de la noche anterior, a pesar de que Dylan se había esforzado especialmente en no mencionarlo. Sin embargo, había estado bastante callado y cortante tanto luego de la cena como en la mañana. Tenía un mal presentimiento, sentía que algo pasaría, aunque no estaba segura de qué exactamente. Y eso me asustaba. Mucho  

Esa misma tarde antes de regresar a casa, fui al supermercado a hacer unas compras, después de todo, le había prometido una cena casera para esa noche. Aún no sabía que prepararía exactamente, pero ya se me ocurriría algo. Mientras cargaba las bolsas en el baúl del auto intenté llamar a Dylan, pero no respondió. Últimamente se estaba volviendo un hábito, y siempre presentaba alguna excusa distinta, que en realidad sonaban bastante convincentes como para desconfiar. Dejé el carrito a un costado, me subí al auto y emprendí camino nuevamente hacia el apartamento. Una vez que llegué, arrojé el juego de llaves sobre uno de los muebles del hall.

  -Llegué!- anuncié mientras me dirigía hacia la cocina. De repente, se apareció una chica a mitad del pasillo, cortándome el paso. Quedé inmóvil y las bolsas se deslizaron de mis manos, dándose contra el suelo con un golpe sordo. Llevaba una toalla que envolvía su cuerpo, aún húmedo, y una toalla más pequeña con la cual se secaba el pelo despreocupadamente. Me miró de arriba debajo de manera incrédula, mientras yo luchaba por no dejar paso a las lágrimas.

  -Err, ¿y tú eres..?- preguntó de manera despectiva. Justo en ese momento apareció Dylan trotando, a medio vestir. -Kate, ¿qué haces?- dijo aún mirándola a ella, hasta que siguió con la mirada el lugar en el que ella se enfocaba.-Oh, no. Mierda. Jo, por favor escúchame. Yo te lo puedo explicar…-comenzó a suplicar.  

Sin decir una sola palabra, tomé nuevamente mis llaves y me dirigí hacia la puerta, dejando las bolsas donde estaban. Mientras bajaba las escaleras, me sentía catatónica. En verdad no sabía cómo explicar lo que sentía; ni siquiera entendía qué era lo que sentía. Me sentía vacía por dentro, sin ninguna emoción; pero intranquila, ya que a pesar de no lograr asimilar lo que acababa de ver, algo se sentía mal. Apenas llegué al estacionamiento caí en la cuenta de que había dejado las llaves del auto dentro de una de las bolsas de supermercado, por lo que apuré el paso por si a Dylan se le ocurría perseguirme, y me dirigí a uno de los lugares que más tranquilidad me brindaba: el río Thames. Creo que ésa fue la caminata más larga de mi vida. En las calles no había un alma, ya que vivíamos en una especie de “zona suburbana”. Las luces de las casas aún estaban encendidas, y a pesar de ello la ciudad se me asemejaba a un agujero negro. Dejé que las lágrimas corrieran por mis mejillas, mientras mi pecho emitía torpes gimoteos similares a un hipo. Al llegar a mi destino, me senté en uno de los bancos de concreto ubicados en la orilla, y simplemente me limité a observar las  estrellas y a escuchar el sonido del agua fluyendo, mezclado con el sonido de mis gimoteos y el de la azotante lluvia que acababa de comenzar.   Una voz sonó detrás de mí, sobresaltándome por completo.

-Um…¿te encuentras bien? —   

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