Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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15. Capitulo 14

Narra Joanna


Nos quedamos en silencio durante unos minutos, simplemente observando el cielo estrellado, ahora explotando en miles de colores. La ciudad daba el aspecto de ser una miserable maqueta desde la altura a la que nos encontrábamos.
Miré a Harry; los fuegos artificiales se reflejaban en sus ojos verdes y una gran sonrisa iluminaba su rostro, dejando a la vista un hoyuelo en su mejilla. Y en ese momento pensé.. Que quizás Louis tenía razón. Que quizás, después de todo, sí merecía a alguien mejor, alguien que valiera la pena, y alguien que me hiciera bien. Quizás no todo estaba perdido para mí.

-¿Qué?- rió, percatándose de que me había quedado mirándolo.
-Nada- sonreí y desvié la mirada.

Tardamos cerca de media hora hasta dar la vuelta completa y finalmente volver a tierra firme. 
Harry me ofreció su mano al bajar de la cabina.

-Eso estuvo asombroso- dije a la vez que daba un saltito para salir. –En serio, Hazza, muchas gracias. Fue el mejor regalo- sonreí ampliamente.

-Me alegra que te haya gustado- dio un beso en mi mejilla y pasó un brazo por mi cintura, acercándome más a él. Otra vez ese extraño cosquilleo al sentir su cercanía, ya se estaba volviendo costumbre. 

Comenzó a caminar hacia el auto pero lo frené. –Espera- dije tirando de su mano hacia la orilla del río. –Ven aquí-. Comencé a caminar hasta divisar mi objetivo: el banco junto al río en el que nos habíamos conocido. Lo recordaba como si hubiera sido la noche anterior.

Rió al ver a dónde nos dirigíamos. –Hacia bastante que no venía; creo que esa noche fue la última vez que visité el río, solía venir a aquí a pensar. –comentó. 

-¿Por qué habías venido esa noche? ¿Qué te preocupaba?- pregunté curiosa. 

-De hecho, nada. Sólo extrañaba mi hogar y decidí caminar un poco por los alrededores…-

-Supongo que entonces estuve de suerte- reí.

-Así es- respondió arrogante y luego rió.


Nos quedamos charlando un rato y luego nos dirigimos nuevamente al apartamento. Ni bien entramos, corrí a mi cuarto a buscar su regalo. –Quédate ahí!- grité. Él solo rió.
Busqué la bolsa debajo de mi cama, donde la había escondido, y volví al living. Se la entregué con una gran sonrisa.

-Esto es para ti…Aunque es bastante vergonzoso luego de lo que tú me regalaste- admití. Puso los ojos en blanco.

-Contigo me alcanza- bromeó mientras abría la bolsa, provocando que me sonrojara. Sacó al suéter y sus ojos se iluminaron como los de un niño pequeño. No pude evitar reír ante su expresión.

-Gato!- exclamó al ver el frente. Se quitó su chaqueta inmediatamente para probárselo, quedando en remera, la cual acentuaba sus brazos tonificados. Sentía que estaba pecando con el pensamiento. Me mordí el labio.
Se puso el suéter y me miró expectante. -¿Qué tal queda?

Reí. –Te ves cual niño de 10 años-. Su rostro se tornó en una falsa máscara de ofensa, entornando los ojos.

-Pagarás por eso- me amenazó. Antes de que tuviera tiempo de reaccionar, me alzó en sus brazos y me colocó sobre el sofá, provocando que emitiera un pequeño grito ahogado. Comenzó a hacerme cosquillas, recorriendo todo mi abdomen rápidamente.

-No! Por favor..-dije entre carcajadas a la vez que me retorcía y luchaba por librarme. –Ten piedad- dije dramáticamente.

-Jamás- rió.

-Espera!- grité de repente observando el suéter más detenidamente. Frenó, pensando que quizás era algo urgente.

-¿Te lastimé?- preguntó preocupado.

-No, tonto- sonreí. –La nariz del gato sobresale…-comenté a la vez que señalaba su pecho. Miró a donde le indicaba.

-Es verdad..-frunció el ceño y apretó la nariz, examinándola. Un maullido estruendoso inundó el silencio del cuarto, sobresaltándonos a ambos. Nos miramos por un instante antes de estallar en carcajadas.

-El mejor regalo de mi vida- dijo entre risas.

-Es lo más terrorífico que jamás vi, ve a esconderlo…

Rió. –Claro que no! Fluffy se queda aquí…-dijo a la vez que volvía a apretar la nariz del gato.

-¿Fluffy? Eso es nombre de perro!- reí.


Estuvimos un buen rato riendo y brindando, hasta que el sueño nos venció y terminamos por quedarnos dormidos en el sofá…

 

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