Its Gotta Be You

Era en momentos como ese en los cuales sentía ganas de confesarle todo. Momentos que parecían ser la única y última oportunidad que jamás tendría.

Harry se encontraba semi-desnudo en mis brazos, sólo en boxers, completamente caliente y sudado. Volaba de fiebre. Claro que no era nada grave, sólo una simple gripe de la cual se recuperaría. Pero el verlo tan vulnerable e incapaz de mantenerse en pie o incluso despierto causaba en mí el mismo efecto que apuñalarme en el estómago; ya que me recordaba a mí misma, totalmente desecha, el día que nos habíamos conocido.

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14. Capitulo 13

Narra Joanna


-Dame una oportunidad para hacerte feliz y demostrarte que me importas- dijo –Sólo una, es todo lo que pido..

Honestamente, no supe qué responderle. Sentía que todo me daba vueltas en la cabeza; el beso, sus palabras, lo sucedido con Dylan. Tenía miedo, no sabía qué hacer ni en qué rumbo seguir. Tampoco estaba segura de si sentía algo por él, ni de lo que había experimentado al besarlo.

-Me gustas- admitió. –Contigo me siento distinto, te extraño cuando no estás conmigo. No sé si es suficiente pero al menos inténtalo, dame una oportunidad.

¿Por qué nadie podía salvarme en este momento? Las dos personas que siempre me habían apoyado se encontraban desmayadas en el sillón, con una borrachera que prometía dejar una encantadora resaca al despedirse.

-… ¿el beso significó algo para ti? ¿Sentiste algo?- preguntó, impaciente. “Qué gran pregunta”, pensé con sarcasmo.

-No lo sé- admití. –No sé lo qué sentí, Harry. Lo lamento..

-¡Tuviste que haber sentido algo! Me devolviste el beso, ni siquiera intentaste apartar el rostro…-

-¡Dije que no lo sé!- grité. –Estoy confundida, ¿de acuerdo? ¡Ya deja de presionarme!- lo aparté de un empujón y corrí a encerrarme a mi cuarto.


Me quité el vestido y me acosté en ropa interior, sin salir de mi cuarto ni una sola vez en toda la noche.
Estaba confundida, muy confundida. Tenía miedo de que volver a confiar en alguien me lastimara de nuevo. Estaba totalmente arruinada emocionalmente; me sentía un desastre. Sabía que podía confiar en Harry como amigo, pero ¿como novio? Nunca había pensado en él de ese modo, y dadas las circunstancias en las que me encontraba, tampoco podía permitirlo.
El beso estuvo rondando en mi cabeza toda la noche, privándome del sueño. Trataba de rememorarle en mi cabeza, una y otra vez. Podía jurar que aún sentía el sabor de su boca impregnado en mi lengua. Se había sentido… bien, agradable, distinto a cualquier otra cosa; lo que acababa por confundirme aún más.
¿Qué había sentido al besarlo? ¿Qué sentía al tenerlo cerca? ¿Hasta qué punto él era importante para mí? Pero aún más importante: ¿Qué era lo que sentía por él?
Todas estas preguntas estuvieron acechándome hasta pestañear una última vez, y finalmente, caer rendida en los brazos de Morfeo.


Me desperté a eso de las 6 de la madrugada. Mi cerebro se negaba rotundamente a apagarse, por lo que acabé levantándome. Abrí la puerta de mi dormitorio; se escuchaba un suave murmullo proveniente del living. Caminé hacia allí y encontré a Louis despierto, mirando la tv, y Niall despatarrado a su lado, aún durmiendo.

-¿Qué haces despierto, Lou?- pregunté. Se volteó y me miró.

-¿Yo? Qué haces tú despierta! Son las 6am... La resaca me está matando.-dijo con una mueca

-No podía dormir- evité entrar en detalles de la noche anterior. Me hizo una seña para que me sentara en el apoyabrazos a su lado.
Me senté a su lado, apoyando mi cabeza en su hombro.

-Ayer escuché todo- admitió luego de unos segundos. Lo miré.

-¿Por qué no me ayudaste? Necesitaba que intervinieras, aunque sea para interrumpir la conversación!

-Lo lamento, Joanna, no hubiera sido lo correcto… Y tampoco sería lo correcto ayudarte a decidir- dijo como si me hubiera leído el pensamiento. Bufé.

-Es que… en verdad no sé qué hacer- confesé.

-Lo sé. Pero estoy seguro de que lo descubrirás, siempre y cuando te tomes el tiempo suficiente para pensarlo… Quizás debas intentar mirarlo desde otra perspectiva. A Harry, me refiero. Te quiere, y en verdad le importas; lo veo en sus ojos, por cómo te mira y cómo actúa cuando está contigo. Tú te comportas igual, sólo que no quieres verlo…-en verdad no supe qué responde a eso. -¿Sabes?- continuó –A veces, debes aprender a amar lo que te hace bien, ¿sabes de lo que hablo?- Asentí.

Jamás olvidé esas palabras…


DOS MESES DESPUÉS…

-¡Despierta ya, anciana! ¡Es tu cumpleaños!

Abrí los ojos, aún somnolienta, y me encontré con el rostro sonriente de Harry, su voz taladrándome los tímpanos.

¿Mi cumpleaños? Debía ser una broma. De otro modo significaría que también era… víspera de Navidad. “Genial, aún no he comprado ningún regalo”, pensé.

Louis y Niall se quedaron una semana y luego volvieron a Doncaster e Irlanda, respectivamente. Harry se disculpó por haberme besado, diciendo que había sido “sólo un impulso” y que lo olvidara, y ya no se volvió a hablar sobre el tema. Me sentía culpable por haberlo dejado sin una respuesta concreta, pero me alegraba el hecho de que tampoco me había reclamado una.
Las palabras de Louis aún hacían eco en mi cabeza; cada vez que veía a Harry no podía evitar el preguntarme a mí misma qué sentía por él, pero aún no recibía respuesta alguna.

Actualmente estábamos en receso invernal, por lo que hacía una semana que habíamos dejado de concurrir a la universidad. 
Liam, Danielle y Zayn habían aprovechado para visitar sus respectivos hogares y pasar las fiestas junto a ellos. Mis padres y Louis estaban de vacaciones en Francia, por lo que decidí quedarme en Londres con Harry, quien había decidido quedarse para estudiar para una serie de exámenes que le tomarían una vez finalizado el receso.

Esa tarde no pasamos mucho tiempo juntos ya que ambos debíamos ir de compras; Harry me dejó en el centro comercial, donde aproveché para comprarle un suéter navideño con un gato en el frente; supuse que le agradaría el chiste. Luego fui al supermercado a comprar algo para preparar esa noche; me decidí por carne al horno con papas. A pesar de estar los dos solos, decoramos el apartamento adecuadamente y nos vestimos para la ocasión.


-La cena está deliciosa- dijo mientras masticaba. Reí.

-Gracias-

-¿Hablaste con Boo Bear?- preguntó.

-Ya no lo llames así, sabes que odia ese apodo!- lo regañé, él solo rió. –Y sí, le dije que le deseas un feliz cumpleaños también. Te mandó saludos

-Luego lo llamaré para desearle feliz navidad- dijo. Terminó de comer rápidamente y se levantó. –Quédate aquí, iré a buscar algo a mi cuarto…Y cierra los ojos!

-Está bien…- ¿qué era lo que se traía entre manos? Unos dos minutos después escuché sus pasos acercándose nuevamente.

-De acuerdo, ahora no te vayas a asustar…Esto va en tu cuello- Sentí sus manos rozar mi cuello levemente, colocándo algo frío alrededor del mismo. Una vez que terminó, acomodó mi pelo y se alejó. –Ya puedes abrirlos-

Él estaba en la mesa nuevamente, sonriendo expectante. Toqué mi cuello, era metálico. Fui al baño a mirarme al espejo; era una hermosa y fina cadenita de plata de la cual colgaba un pequeño zafiro con forma de gota. Era precioso.

-Feliz cumpleaños- estaba parado en el umbral de la puerta del baño, sonriendo. –Elegí la piedra por el color de tus ojos, supuse que los resaltaría aún más.

Corrí hacia él y lo abracé fuertemente. –Hazza, me encanta, es precioso! Muchas gracias. Es el regalo más bello que jamás me hicieron-

Rió. –Me alegra que te gustara- dijo alejándose un poco. –De todos modos, ese sólo es tu regalo de cumpleaños, creo que el de Navidad te gustará aún más- Lo miré con pánico en los ojos.

-Sabes que no debías, Hazza, te pedí que no gastaras!- sonrió.

-No te preocupes, ese no se compra- me aseguró. –Bueno, quizás sí, pero créeme que no vale nada comparado con el tesoro que paseas en tu cuello.- dijo sarcástico. Reí.

-Lo sé, creo que necesitaré guardaespaldas de ahora en más- bromeé. 

-No si me tienes a mí- me guiñó un ojo. Sonreí.


Me ayudó a juntar la mesa y a limpiar un poco una vez que terminamos. De repente sentí que se acercó por detrás y todo se oscureció.

-Harry! ¿Qué estás haciendo?- dije.

-Tranquila, sólo te vendo los ojos!- rió. Llevé mis manos a mi rostro y toqué algo suave; era un pañuelo.

Me condujo fuera del apartamento y hasta su auto. Durante el recorrido a quién sabe donde, trató de darme charla y habló de cualquier cosa que se le viniera a la mente, debido a que se negaba a siquiera darme pistas sobre a dónde nos dirigíamos.
Finalmente llegamos a destino, me condujo con extremo cuidado ya que había varios escalones. Podía escuchar claramente que estábamos en un lugar público, había gente hablando alrededor nuestro, aunque no tanta. Lo escuché dialogar con un último hombre antes de estar solos.

-Este es el último escalón, ten cuidado.-dijo. Entré a donde me indicó y, acto seguido, escuché una puerta cerrarse. De repente, se hizo el silencio.

-Aún estás conmigo, ¿verdad?- pregunté.

-Claro- sonó como si estuviera sonriendo. –Sólo unos minutos más y podrás ver..

Desde algún lado cercano, se podía escuchar a un grupo de gente gritando la cuenta regresiva; ya casi era Navidad. Harry colocó una mano detrás de mi cabeza.

-Tres, dos, uno..-susurró, a la vez que quitó el pañuelo.

En un principio me costó un poco adaptar mis ojos a la luz, hasta que finalmente pude prestar atención a lo que tenía en frente. Miles y miles de fuegos artificiales estallaban en el cielo en diversas y bonitas formas y colores. Estábamos en una especie de…cabina.

-Bienvenida al London Eye- dijo. –Y Feliz Navidad- sonrió.

-No puede ser- susurré, incrédula. Me acerqué hasta el vidrio, apoyándome con cuidado en la baranda. Se veía todo Londres, y cada vez subíamos más y más alto. Se acercó y se paró a mi lado, contemplando el cielo luminoso. Tomé su mano, acercándolo más mí y di un beso en su mejilla, mirándolo a los ojos.

-Feliz Navidad para ti también, Hazza- sonreí.

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