Guerras santas - Las Gemas De Poder

GUERRAS SANTAS - Las gemas de poder, es una narración de fantasía épica, inspirada en grandes obras de literatura fantástica de grandes escritores como J. R. R. Tolkien, Andrzej Sapkowski y George R. R. Martin y también en grandes bandas como Rhapsody, hammerfall, Blind guardian, Dragonland etc. La trama de este cuento es la eterna lucha entre el bien y el mal. Elfos, hombres y enanos luchando juntos contra un enemigo poderoso que quiere apoderarse de la tierra. Los Timbilis son gemas de un poder incomparable e inagotable, Miriahn entabla una guerra contra los pueblos de la tierra para apoderarse de la tercera piedra y así tener un poder ilimitado y gobernar la tierra a su gusto, pero hay quienes están dispuestos a enfrentarse al señor oscuro con valentía y fiereza, dando paso a grandes y épicas batallas por el dominio de la tierra conocida.

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11. CAPITULO XI Un destino ya trazado

Cada vez los encuentros entre los dos enamorados se hicieron más y más frecuentes, sin embargo se mantenían en la más profunda clandestinidad, tan solo Yennin y Moriel lo sabían, este último llevado por los celos y el odio que crecía en su corazón supo que había llegado la hora de actuar y puso en marcha su plan.

Cierto día Liris llegó como era costumbre de mañana a aquel claro en el bosque,  para reunirse con su amor, pero él aún no había llegado y eso le pareció raro a la elfa, porque en todo este tiempo Harod siempre llegaba primero al lugar y siempre estaba esperándola. Ató a su caballo y se sentó a esperar a Harod confiada que su amor estaría bien y que solo se había retrasado por alguna razón. Había pasado cerca de 1 hora y la princesa elfa ya estaba un poco preocupada porque Harod no daba señales, de pronto escuchó ruidos cercanos precisamente por el lugar por donde Harod solía venir, rápidamente se puso de pie y caminó hacia el lugar donde provenían los ruidos y efectivamente alguien estaba allí, pero ese alguien no era el que esperaba Liris. Quien estaba allí era nadie más y nadie menos que Moriel quien al darse cuenta que Liris ya lo había notado dijo – ¿esperabas a alguien princesa?-.

Liris visiblemente confundida, solo atinó a decir –pero que…. ¿qué haces tú aquí?-.

 –esta debe ser una sorpresa para ti… ¿no princesa?-. Dijo burlonamente Moriel, luego caminó hacia ella y pasó de largo con dirección a la fuente, al llegar allí se agachó y metió la mano en el agua cristalina luego ante el asombro de Liris, dijo –este es un muy buen lugar, entiendo porque lo escogieron para verse….a propósito, parece que hoy te han dejado plantada-.

Liris saliendo un poco del asombro dijo –dime Moriel que estás haciendo aquí y que es lo que quieres-.

El elfo miro fijamente a Liris y respondió con una sonrisa de satisfacción en el rostro – ¿que estoy haciendo aquí?...esto es lo que hago-.

El elfo silbó y de entre los arbustos y ante la mirada de asombro de Liris salieron varios elfos quienes traían a Harod atado de las manos y con la boca vendada, al notarlo Liris corrió hacia Harod, pero dos de los elfos le salieron al paso impidiéndole llegar hasta el hombre.

 – ¿qué es lo que hacen?……desátenlo, se los ordeno….desátenlo-. Dijo Liris con rabia e indignación.

Moriel volvió a hablar –de verdad creíste que nadie nunca se iba a enterar de tu pequeño secreto…. por favor, un elfo mezclado con un humano…es asqueroso…pero esto termina aquí hoy…yo en nombre de nuestra raza limpiare con sangre esta ofensa-.

Moriel caminó en dirección a Harod, quien era sujetado con fiereza por dos elfos mientras que los dos elfos que le cerraron el paso a Liris ahora la sujetaban también con fuerza impidiéndole a la elfa moverse, de pronto del otro lado del sendero apareció otro elfo y este traía dominada a Yennin, al verla Moriel dirigió la vista a Liris y dijo –otra traidora….pagara por ello-.

–déjenla ir ella no tiene nada que ver con esto. Ya verás que a mi padre no le gustará esto que haces-. Dijo Liris inmóvil por la fuerza de los elfos.

-¿de verdad quieres hablar de tu padre?-. Preguntó Moriel, luego siguió –El rey me agradecerá por lo que estoy haciendo-. Luego se acercó a Harod y le desató la venda de la boca, luego recogió del piso la funda de la espada de Harod, en ella estaba la espada y dos cuchillos, sacó la espada e hizo unas muestras de sus dotes como espadachín seguido dijo –esta es una muy buena espada-.

Harod aun recuperándose de la incomodidad que le había producido la venda en la boca que estaba fuertemente apretada, dijo en tono desafiante  –desátame y te enseñare que puedo hacer con ella-.

Moriel rió y lo siguieron los otros elfos. – ¿sabes cuál es el castigo en nuestro reino por pretender a una elfa?.......prisión perpetua…. ¿y sabes cuál es el castigo para ustedes los hombres por matar a un elfo?....pena de muerte-.

Después de decir esto y ante el asombro de todos los presentes en especial el de Liris y Harod, Moriel con una rapidez admirable clavó la espada de Harod en el pecho de uno de los elfos que sostenía a Harod, el elfo cayó al suelo moribundo con la espada clavada en su pecho, seguido Moriel se agachó y le dijo al oído al elfo moribundo –míralo como un pequeño sacrificio por tu pueblo-.

–Estás loco Moriel-. Gritó Liris con llanto en sus ojos.

Moriel se puso de nuevo de pie y desenfundó su espada, caminó hacia donde estaba Liris y contra su voluntad la besó a la fuerza. En ese preciso momento y aprovechando un momento de descuido de su captor, Harod hizo una maniobra y se liberó del elfo con un codazo certeramente asestado en el pecho, el elfo cayó de rodillas sobre el pasto retorciéndose de dolor, Moriel y los otros voltearon la vista hacia Harod, pero Liris rápida, también aprovechó la coyuntura y empujó a sus dos captores y se liberó de la opresión, luego y ante la sorpresa de Moriel, la elfa le dio un golpe en la cabeza al elfo quien cayó aturdió al suelo, seguido la elfa desenvainó su espada de su cinto y dio un gran salto para caer con la espada en dirección horizontal sobre el elfo que segundos antes tenía sujetado a Harod y que ahora sacaba un cuchillo amenazante contra su amor. La espada se le clavó en el pecho al elfo quitándole la vida de manera inmediata, luego rápidamente Liris recogió el cuchillo y con el cortó las ataduras de las manos de Harod, quien después de ser libre de las manos, le dio un enorme y apasionado beso a Liris quien respondió con la misma pasión. El otro elfo quien tenía sujetada a Yennin, la arrojó con violencia haciendo que su cabeza diera contra el borde de un árbol y perdiera el conocimiento, luego el elfo desenfundó la espada y se dirigió a toda carrera a donde estaban Liris y Harod, mientras tanto Moriel salía del aturdimiento y también tomó en sus manos su espada. Era una lucha de dos contra dos, Liris y Harod contra Moriel y el otro elfo que respondía al nombre de Zwylak. La lucha empezó y Harod derrotó hábil y rápidamente a Zwylak, pero Moriel era demasiado rival para Liris, el elfo tenía una técnica superior y ni hablar de la parte física, viendo esto Harod se sumó a la lucha, mas sin embargo Moriel luchó contra los dos sin mostrar debilidad, por el contrario sus ataques eran más certeros y sus defensas eficaces. Durante la batalla, Harod fue herido en el costado por la espada de Moriel, así que la lucha volvía a ser de Liris contra el elfo, una lucha desigual que rápidamente Moriel inclinó a su favor, hiriendo con un rápido tajo de su hoja en el dorso de Liris, esta última cayó tomándose la herida con la mano y soltando su espada, en ese momento Moriel se dio cuenta que Liris también lo había herido, quizá por el calor de la batalla, no se había dado cuenta que tenía una herida en el brazo, lleno de rabia e invadido por la ira, Moriel se dirigió a donde estaba la princesa y la tomó del cabello luego dijo –¿en verdad estas dispuesta a sacrificar tu vida por este miserable humano?-.

Liris respondió –mi vida y mucho más…. ¿y sabes porque?.....porque lo amo-.

Esto Llenó aún más de ira a Moriel quien sujetaba a la elfa por sus negros cabellos y con una fuerza brutal la arrojó al piso, caminó hacia donde se encontraba Harod, quien yacía de espaldas contra el suelo tomándose el costado herido, Moriel se aproximó y sacó un cuchillo, cogió a Harod del cuello y lo elevó hasta estar a la altura de su rostro y con una sonrisa malévola le dijo –esto termina hoy aquí para ti….miserable humano-.

Luego de decir esto hizo el movimiento para clavarle el cuchillo en el pecho de Harod, pero este último fue más rápido, ya que apenas Moriel lo había tomado del cuello, Harod con disimulo había sacado un cuchillo de su cinto y lo escondió en su mano, así que cuando Moriel hizo el movimiento para clavarle el arma, Harod se le adelantó y clavó el cuchillo  una y luego dos y tres veces en el pecho del elfo que cayó maldiciendo y mal hedido y aun con el cuchillo clavado en su pecho. Luego de esto Harod caminó hacia donde se encontraba Liris, quien yacía sin conocimiento en el piso, pero cuando había dado dos o tres pasos, sintió que una flecha se le clavó en el muslo, aquel impacto y su seguido dolor lo hicieron caer de rodillas al suelo, luego vio que dentro de la espesura del bosque empezaban a salir mucho elfos con arcos y flechas. El mismo elfo que segundos atrás le había disparado a Harod, sacó una flecha nueva de su carcaj y le apuntó de nuevo listo para disparar, pero una voz lo detuvo, una voz de autoridad, era ni más ni menos que el rey Elenor quien estaba montado en un enorme y majestuoso caballo. El rey bajó de su equino y viendo aquel panorama que mostraba el lugar, elfos muertos y entre ellos uno que reconocía, Moriel, quien yacía con un  cuchillo en el pecho en medio de un charco de sangre, dijo -pero que ha pasado aquí….¿qué es todo esto?-.

Luego vio a su querida hija tirada inconsciente al lado de un árbol y corrió hacia ella, la tomó en sus brazos, vio la herida en su costado y con desesperación exclamó –hija mía, mi querida hija, ¿qué te han hecho?-.

Harod trató de incorporarse y mientras lo hacía dijo –señor, quisiera explicarte lo que ha pasa….-.

-¡callad!-. Interrumpió Elenor, luego hizo unas señas a algunos elfos y mirando a Harod volvió a decir –ya tendrás tiempo de explicar….apresadlo y traigan una carrosa para mi hija…-.

De pronto otro elfo interrumpió al rey diciendo –mi señor, hay alguien aún con vida-.

Efectivamente Moriel aún estaba con vida pero no por mucho tiempo, la hemorragia era intensa y las cuchilladas habían alcanzado órganos vitales, así que era cuestión de minutos para que se le fuera la vida de su cuerpo. El rey dejando a Liris al cuidado de varios elfos quienes la cargaron hasta una carrosa, se dirigió hasta donde estaba Moriel, se agachó y con tristeza dijo –no te muevas mucho, te sacaremos de aquí…-.

Pero el rey sabía en su interior que la situación era crítica y que poco o nada se podía hacer para salvarle la vida a Moriel. El elfo tomó la mano de su rey y haciendo un esfuerzo más allá de lo que podía soportar dijo con voz temblorosa y entrecortada – mi señor….el humano…el humano…..-.

– ¿El humano que?- .Preguntó Elenor intrigado.

Moriel seguía haciendo esfuerzos dolorosos por hablar –el humano….nos hizo esto…el…tiene....Romance con la princesa….castigadlo-.

Y dicho esto último, murió. El rey le cerró los ojos y consternado a un por las últimas palabras del elfo, ordenó que en otra carrosa montaran todos los cuerpos sin vida de los elfos, en efecto así se hizo y la comita real partió con rumbo a Gwangur.

♦♦♦♦♦

Cuando abrió los ojos, y vinieron a su memoria los recuerdos cercanos, lo primero que le vino a la mente a Liris fue el nombre de su amor y sin querer, solo con el impulso de su corazón se sentó en su cama y gritó – ¡Harod!-.

-Tranquila, recuéstate- le dijo una voz que le resulto muy familiar.

Liris volvió los ojos y se dio cuenta que estaba en su habitación y la persona que le hablaba era su madre, quien estaba sentada al lado de su cama, también notó un poco de incomodidad y vio que la herida del costado estaba impecablemente curada y vendada. Como le había dicho su madre, Liris volvió a recostarse pues se sintió un poco adormecida, preguntó – ¿cuánto tiempo llevo aquí?-.

La reina contestó –te dimos de beber agua de yawe, así que haz dormido por dos días seguidos.

– ¿Tanto tiempo?-. Preguntó de nuevo Liris.

La reina contestó de nuevo –sabes que el yawe es una planta para anestesiar-.

En medio del adormecimiento, Liris preguntó una vez más -¿Dónde está Harod?, ¿está bien?-.

–Él está bien….pero por el momento descansa hija mía, porque tendrás que darnos muchas explicaciones-. Dicho esto último, la reina abrigó a Liris y la besó en la frente, luego salió de su habitación.

♦♦♦♦♦

Pasaron otros días en los que Liris aun dormía por los potentes efectos del yawe, cuando al fin despertó, se sintió descansada, pero de inmediato le vinieron a la mente los recuerdos de los hechos acontecidos y sin más espera, se puso de pie y salió de su habitación para averiguar cuál había sido la suerte de Harod. Recorrió unos cuantos pasillos y el jardín principal del castillo, ante la mirada de los elfos sirvientes del lugar, le preguntó a muchos de ellos si sabían algo del humano, pero nadie le respondía, hasta que la reina Inbanar la vio y salió a su encuentro –¿ya te sientes mejor hija mía?-. Preguntó.

Liris respondió –sí, las heridas físicas parecen que están curando, pero madre, hay algo que me llena de dolor el corazón y es… ¿dónde está Harod?-.

La reina la invitó a sentarse junto a una pila de agua y con franqueza le respondió –tu padre lo envió a las mazmorras en Portenense-.

Liris consternada preguntó – ¿qué?....en la cárcel... ¿Porque?… ¿porque en Portenense?-.

La reina con dulzura respondió –hija mía, sabes que mató a unos de nuestra raza…sabes cuál es el castigo por eso…tu padre decidió mandarlo a Portenense ante el pedido de los concejales-.

–Tengo que ir a verlo, madre, saber cómo está-. Dijo Liris.

–Eso es imposible, tu padre dio órdenes estrictas de no dejarte salir del palacio, no sin antes hablar con él, en este preciso momento, está reunido con el rey de los hombres, quien ha venido a rogar por su hijo-Terminó diciendo la reina.

Liris afanada dijo –porque no lo dijiste antes madre, vamos para allá-.

En efecto Liris, acompañada de la reina salió presurosa con dirección al salón del castillo donde sesionaba el consejo, allí la suerte de Harod estaba siendo definida.

♦♦♦♦♦

El Sitio donde sesionaba el concejo, era un gran salón, modestamente decorado, allí se reunían los concejales, quienes eran los elfos más notables de todo el reino, para discutir todos los asuntos del mismo. La función de los concejales era la de aconsejar al rey a tomar las decisiones, pero en ningún momento ellos eran los que mandaban lo que se tenía que hacer, solo eran consejeros. En esta ocasión el salón estaba muy concurrido, pues además de los concejales y el rey Elenor, estaba también el rey del reino de Henaith, Arestes, quien estaba acompañado también por sus propios consejeros y unos cuantos hombres armados, que eran obviamente su guardia personal. Cuando Liris entró, el salón estaba en total caos, todos hablaban a viva voz exponiendo sus puntos de vista y lo que se debería hacer en este caso tan complicado. Inbanar tomó de la mano a Liris y casi contra su voluntad la llevó y se sentaron  en unas bancas junto con los otros elfos asistentes. Entonces el rey Elenor por fin tomó la palabra y dijo con voz severa –Basta ya, dejad que hable el rey Arestes, escuchemos muy bien lo que tenga que decir-. Y mirando a Arestes dijo –hablad rey de los hombres-.

En ese momento cesó el alboroto, Arestes se paró de su silla y dijo mirando a los concejales y al rey Elenor –Elenor rey de los elfos, notables elfos concejales, esta es una situación compleja y entiendo muy bien cuáles son las leyes de su pueblo, pero por la amistad renaciente entre nuestras dos razas, les pido que dejéis libre a mi hijo, pues él es un príncipe y por lo tanto no puede estar encerrado como un criminal, no digo más, esta es mi suplica rey Elenor-.

Hubo murmullos entre los concejales, Elenor dijo mirándolos –ustedes que aconsejáis, notables concejales-.

El elfo que parecía ser el portavoz del consejo se paró y habló –dada la gravedad de los hechos, lo que el concejo recomienda mi señor es que se le aplique el mayor castigo al hombre, pues cinco de nuestro amados hermanos fueron muertos por su espada en nuestras tierras, eso lo consideramos nosotros como un acto de crueldad que debe ser castigado, así como lo mandan nuestras leyes-.

Elenor visiblemente confuso y afectado dijo –muy bien señores concejales su recomendación ha sido escuchada, también la súplica del rey del país de Henaith, como ustedes entenderán la situación es compleja así que me tomaré unos días para tomar una decisión, por lo pronto el humano permanecerá recluido en Portenense bajo la extrema vigilancia de nuestros elfos, esta es mi decisión y así se hará-

En ese momento Arestes volvió a tomar la palabra dirigiéndose al rey Elenor en tono desafiante –espero señor por el bien de la paz entre nuestros pueblos que penséis muy bien la decisión que vayáis a tomar-

Uno de los concejales, quien era padre de Moriel, alcanzó a escuchar y con dureza dijo –¿qué decís rey Arestes?....¿acaso una amenaza?....pues cuida muy bien tus palabras señor rey de los hombres porque de pronto son tomadas como un reto, a nadie más que a mí me gustaría ver correr sangre humana para que así sintieran lo que sentí yo al saber que mi amado hijo fue muerto por la espada del tuyo, así que no vengas con amenaza que seguramente no puedas cumplir y no nos retes porque no hay ejército en el mundo más grande que nuestra armada blanca, mejor calla y márchate de aquí-.

–Espero que pienses tu decisión, te repito, la paz entre nuestros pueblos está en juego-. Volvió a decir el rey Arestes, ignorando al concejal y mirando a Elenor, luego se retiró junto con sus súbditos.

♦♦♦♦♦

El rey Elenor entró a la habitación y su hija, la princesa Liris, estaba mirando por la ventana en dirección al norte, parecía distraída, tanto que no notó la presencia de su padre, el rey sabiendo muy bien a donde intentaba ver su hija dijo –tranquila hija mía, él está bien, he ordenado que lo traten bien, mas no puedo hacer-.

Liris volvió la mirada y vio a su padre sentado en la cama, caminó y se sentó a su lado, él la abrazó fuerte y dijo –en que momento hija mía ocurrió esto….no necesito que me cuentes los detalles, solo quiero saber hija mía… ¿lo amas?-.

Liris con lágrimas en los ojos y con la cabeza en el pecho de su padre respondió –si padre, lo amo…..no se en que momento pasó, solo sé que me enamoré de él-.

–pero tu sabias hija mía que ese tipo de unión está prohibido y mira ahora estas son las consecuencias. ´Tengo una decisión que tomar y cualquiera que sea traerá amargas y tristes consecuencias para todos…si cumplo a cabalidad con las leyes y lo condeno, muy seguramente su padre, el rey Arestes, nos declarará la guerra….pero si lo dejo en libertad, muy seguramente a los elfos no les caería bien saber que un asesino de elfos ande libre y perderé parte del respeto y eso hija mía es algo a que tener cuidado en estos tiempos en donde el enemigo aprovechará cualquier coyuntura en nuestro país, para sacar provecho de la situación…como vez hija mía, es una difícil situación esta en la que nos has puesto a todos-. Terminó diciendo el rey.

Luego la besó en la frente y se paró de la cama con rumbo a la puerta, cuando estaba a punto de salir, sin darse vuelta para ver a Liris dijo –mañana dispondré una caravana para que vayas a Portenense con tu madre…..pero entiende que quizá esa sea la última vez que lo vas a ver…lo siento-. Dicho esto cerró la puerta a sus espaldas.

♦♦♦♦♦

Era de noche y mientras la ciudad dormía, el rey Elenor estaba parado en su balcón mirando a la lejanía, la reina se dio cuenta que el rey no estaba en la cama y se paró y lo vio en el balcón, se arropó y caminó hacia él, luego le dijo con dulzura –vuelve a la cama mi rey, esta es una noche fría-.

El rey la miró y dijo –perdona reina mía…es solo que los pensamientos no me dejan dormir…estoy tratando de encontrar una solución a todo esto, pero no lo consigo-.

–El único consejo que puedo darte, mi rey, es que vayas a pedir consejo a Arish, sus sabias palabras serán como una luz en la oscuridad, además de eso solo te digo que escuches a tu corazón, tu corazón que es limpio y cristalino-. Dijo la reina.

El rey tomó de la mano a Inbanar y dijo –si tienes razón, mañana temprano iré a donde el Elohim, él sabrá que decirme, por lo pronto vamos a la cama, tienes razón esta es un noche muy fría-.

♦♦♦♦♦

Como dijo el mismísimo rey Elenor, el enemigo sacaría ventaja de cualquier situación en Gwangur y en efecto Miriahn estaba al tanto de lo acontecido en el reino elfico, sus incontables espías le habían llevado hasta sus oídos lo acontecido en aquel país de los elfos, así que el señor oscuro, ahora más lleno de odio y rabia en su corazón y fortalecido por las dos joyas, puso en marcha su siniestro plan, el último de ellos, el que finalmente le entregaría la victoria sobre todos los pueblos de la tierra, y en el que Miriahn depositaba toda su fe que al final del mismo tendría la tercera joya en sus manos y convertirse así en el amo indestructible del mundo conocido y cuyo poder no tendría límites . Este malévolo plan, minuciosamente diseñado por Miriahn en todo este tiempo, constaba de definidos y certeros pasos, el primero de ellos ya estaba en marcha. Hace varios días de las puertas negras de la ciudad maldita de Agbard había salido un contingente pequeño de orcos, cuya misión era clara y concisa, habían salido hacia el sur, hacia la misma frontera con el reino elfico de Gwangur. Una nueva y definitiva guerra estaba a punto de empezar y en ella el reino de los hombres y Harod en particular jugarían un papel determinante.

♦♦♦♦♦

Como el rey Elenor había dispuesto, Liris y su madre la reina Inbanar se disponían a salir en dirección a Portenense, acompañadas por un puñado de elfos guardias, En su corazón Liris estaba llena de alegría  por ver a su amor, pero mientras se alejaba en su carruaje de la ciudad y veía a su padre, el rey Elenor, parado despidiéndolas, no dejaba de pensar en el destino que le esperaba a Harod, pero por lo pronto, Liris contaba los minutos, para poder ver a su amor de nuevo, sin saber que esta sería la última vez que se verían en mucho tiempo. El rey Elenor siguiendo el consejo de su reina, se dirigió a los aposentos del gran Elohim Arish, con el fin de pedir un consejo sabio en estas horas de incertidumbre. Entró a la enorme habitación, en donde Arish atendía a las visitas, pocas en verdad pues el Elohim no tenía mucho contacto con el mundo exterior.

Viéndolo Arish dijo –te estaba esperando rey-.

Elenor hizo una ligera reverencia y respondió –entonces sabes por qué he venido hoy a verte-.

Arish contestó –sí, lo sé, haz venido por consejo, pero te equivocas si crees que la respuesta que buscas te la he de dar yo-.

– ¿qué quieres decir? Señor- .preguntó confuso Elenor.

Arish se paró de su hermosa silla y caminó en dirección a la ventana, la luz que se filtraba a través de ella hacia que el Elohim luciera majestuoso, imponente. Luego de un rato miró de nuevo a Elenor y dijo:  –temes tomar una decisión que ponga fin a esta paz de la que tu pueblo goza ahora, que la guerra vuelva a ser protagonista…pero déjame decirte amigo que lo quieras o no, la guerra ya está en movimiento, sea cual sea la decisión que tomes; el enemigo del norte ya está en movimiento, la amenaza que tanto hemos temido, por fin es realidad, con la derrota en Escalat, Miriahn aprendió algo, que los elfos no serían tan fáciles de vencer como él creía, así que, se tomó este tiempo para fortalecer sus tropas y lanzar el ataque final del cual su furia se hará sentir con más fuerza aquí en Gwangur ….. Así que rey, ahora tus preocupaciones deben estar más allá de un humano y su amor por tu hija….como te dije antes la respuesta que buscas no te la daré, solo tú la sabes, pero déjame preguntarte algo final. ¿Se debe castigar por amar o por odiar?…..ahora debes irte-.

Elenor entendió lo que Arish le quería decir y con otra reverencia abandonó el salón, sabiendo muy bien lo que tenía que hacer.

♦♦♦♦♦

Portenense era la segunda ciudad en importancia del reino, era al contrario de Gwangur una ciudad militar, allí se concentraba la mayor fuerza de la gran armada del reino, su misión más importante era vigilar y defender la frontera con el reino oscuro del norte. Esta ciudad estaba a un par de días de camino en carruaje de Gwangur, así que cuando la comitiva que llevaba a Liris y a la reina Inbanar por fin arribó a la ciudad, ya era de noche, allí las recibieron muy respetuosamente unos elfos soldados. Lo primero que Liris hizo fue preguntarle a uno de ellos en donde estaba Harod y le ordenó que la llevara a donde estaba recluido, a lo que el guardia que parecía ser el jefe de aquel regimiento accedió. De donde las dejó el carruaje a donde estaba ubicada la mazmorra había cierto trecho, Liris caminó presurosa. Luego después de 10 Minutos de camino llegaron a una gran construcción, en la puerta frontal habían dos guardias a cada lado fuertemente armados, apenas vieron a el jefe ambos se quitaron de las puertas dejándoles el paso libre e hicieron una reverencia para la reina. Luego de cruzar las puertas avanzaron por unos muchos corredores, en donde a cada lado podían apreciar muchas habitaciones humildemente dispuestas, en ellas solo había lugar para dos camas y una pequeña mesa central, sin duda alguna era el dormitorio de los elfos guardias de la ciudad. Luego de avanzar cierto trecho llegaron al final del corredor, allí el jefe guardia tomó una antorcha de la pared y les habló mirando a la reina –por aquí su majestad-.

Del  suelo se abrían una serie de escalones que iban por supuesto hacia abajo, Bajaron y al final de los escalones se extendía unas filas de celdas a lado y lado de aquella habitación, estas celdas eran pequeñas y tenían fuertes barras de acero, ninguna de ellas estaba ocupada a excepción de la última en lo más profundo de aquel salón, en la cual estaba un hombre que lucía demacrado, tenía los cabellos descuidados y la cara llena de bello facial.

El guardia dijo –esa es la celda su majestad-. Señalando aquella ultima celda.

Inbanar le dijo a Liris –ve, hija mía, te esperaremos afuera-.

Liris asintió y le recibió la antorcha al guardia, vio cómo su madre y el guardia subían de nuevo los escalones, entonces caminó hacia aquella celda. Cuando llegó a ella trató de alumbrar con la antorcha el lugar y vio a su amado, allí sentado en la oscuridad con la cabeza apoyada en un costado de la celda en un intento incomodo por dormir, pero la luz de la antorcha lo hizo despertar, al abrir los ojos estos fueron destellados por la tenue luz de la misma, pero poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando a aquella diminuta luz, luego de un momento distinguió a quien estaba parada al otro lado de la celda. Se paró de inmediato y fue a los barrotes y se unieron en un largo y amoroso beso, la tomó de su mano y volvió a besarla, ella respondió apasionadamente acariciándole el rostro.

Luego de un momento de silencio ella dijo –me estaba matando la incertidumbre el saber cómo estabas-.

A lo que Harod dijo –a mí también…..pero ahora que te veo de nuevo, me hace pensar que todo esto vale la pena-.

Se miraron, se besaron, se acariciaron tanto como lo permitían los barrotes, se dijeron cosas bellas, se contemplaron bajo la tenue luz de la antorcha casi extinta. Y allí, bajo esa tenue luz él la encontró de nuevo hermosa, radiante y la besó amorosamente de nuevo, al final del cual el preguntó – ¿cómo están las cosas?-.

Liris respondió sin dejar de contemplarlo –no muy bien, tu padre se presentó en la ciudad y amenazó a mi padre con hacer una guerra sin no te deja en libertad. Pero….-.

Hizo una pausa, a lo que Harod preguntó – ¿pero qué?-.

Liris volvió a tomar fuerza y respondió -el concejo…recomendó tu ejecución….-.

Liris volvió a hacer una pausa. Harod dijo –está bien…era lo que esperaba….pero no te preocupes sé que tu padre es un elfo justo, el no….no me condenaría….no te preocupes-.

Se unieron de nuevo en un largo y apasionado beso. Liris preguntó – ¿cómo está tu herida?-.

Harod se alzó la camisa y mostró los vendajes, dijo –mira, ya está mejor, el dolor es mínimo, no te preocupes-. Mentía.

Pasaron muchos minutos en los que los dos enamorados se contemplaron mutuamente, hasta que de pronto la reina Inbanar que de  nuevo había bajado los escalones habló –ya es hora de irnos hija mía, Liris asintió y mirando tristemente a Harod dijo –te sacare de aquí, solo tienes que soportar unos cuantos días más, es todo lo que te pido-.

Bajó la cabeza y una lágrima se le deslizó por el pómulo. Harod le acarició delicadamente el rostro y dijo –si después de esto estaré a tu lado por toda mi vida, no me importaría estar aquí años enteros…ahora ve y no te preocupes por mi…estaré bien-.

Aquella fue una despedida triste, a Liris le partió el corazón dejar a su amor en aquella oscura y fría celda, mientras que Harod sintió en lo más profundo de su alma que con Liris se le iba la esperanza, tenía el amargo presentimiento que las cosas no iban a mejorar, que por el contrario este era el inicio de sucesos insospechados que los llevarían a alejarse irremediablemente, mas sin embargo la despidió con una sonrisa en el rostro. Mientras veía que su amor se alejaba, también se alejaba su alegría y esperanza.

El camino de regreso a Gwangur fue silencioso, Inbanar no pronunció palabra pues sabía que no era el momento para decirlas, mientras tanto Liris solo pensaba en el método para darle la libertad a su amor, pero lo que no sabía la princesa elfa era que la libertad de Harod estaba próxima, pero aquella libertad era la puerta para que Miriahn trajera a esta tierra una nueva ola de esclavitud, muerte y destrucción.

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