Guerras santas - Las Gemas De Poder

GUERRAS SANTAS - Las gemas de poder, es una narración de fantasía épica, inspirada en grandes obras de literatura fantástica de grandes escritores como J. R. R. Tolkien, Andrzej Sapkowski y George R. R. Martin y también en grandes bandas como Rhapsody, hammerfall, Blind guardian, Dragonland etc. La trama de este cuento es la eterna lucha entre el bien y el mal. Elfos, hombres y enanos luchando juntos contra un enemigo poderoso que quiere apoderarse de la tierra. Los Timbilis son gemas de un poder incomparable e inagotable, Miriahn entabla una guerra contra los pueblos de la tierra para apoderarse de la tercera piedra y así tener un poder ilimitado y gobernar la tierra a su gusto, pero hay quienes están dispuestos a enfrentarse al señor oscuro con valentía y fiereza, dando paso a grandes y épicas batallas por el dominio de la tierra conocida.

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10. CAPITULO X Un Amor Prohibido

El gran salón principal del castillo, estaba arreglado como la ocasión lo ameritaba, estaba dispuesta una gran mesa para los comensales, con hermosos y apetitosos platos, bastantes elfos sirviendo platos aquí, acomodando sillas allá, cientos de elfos sentados en hermosas sillas disfrutaban de la música relajante y agradable que interpretaban unos virtuosos elfos con violines, laudes, flautas y tambores, en verdad era una música hermosa. Cuando fue anunciada la entrada al gran salón del rey Elenor y sus invitados, la música cesó, los elfos que estaban sentados, se pararon e hicieron una reverencia. Los invitados fueron conducidos a elegantes y decoradas sillas, Arestes y Harod no dejaban de admirar la belleza de aquel lugar. Arish y Elenor tomaron asiento. El trono del rey Elenor era una silla majestuosamente hecha y decorada, lo mismo que la del gran Elohim Arish que estaba ubicada a la izquierda de la de Elenor, a la derecha del rey Estaban 4 sillas un poco más pequeñas pero igualmente hermosas. Una para la reina Inbanar y las otras tres para  sus hijos Anathol, Elebert y Liris.

Cuando todo estuvo dispuesto y en silencio habló el rey Elenor –hoy es un día de fiesta para nuestro reino, nos acompañan este día visitantes notables, el rey del reino oriental de Henaith, Arestes, su bella esposa y reina Pernea y su hijo el joven príncipe Harod-.

El joven príncipe casi ni se dio cuenta que el rey elfo Elenor lo había mencionado a no ser por las miradas que los presentes le dirigieron. Desde que entró al gran salón, maravillado por tanta belleza no paró de mirar para todos los lados, a los elfos presentes, a los que tocaba la música, a los que servían los platos, pero en especial a una mujer increíblemente hermosa que estaba sentada en la cuarta silla a la derecha del trono del rey Elenor. Esta mujer lo cautivó con su belleza, tenía unos largos y lisos cabellos negros que le llegaban hasta más debajo de la cintura, en su cabeza llevaba una diadema de color dorado y con incrustaciones de pequeñas gemas, una figura delgada y estilizada, un color de piel muy blanco característico de los elfos, un rostro fino pero a la vez hermoso y unos grandes y espectaculares ojos azules que esquivaba las miradas que el joven príncipe le daba. Esta mujer era nadie menos que la princesa Liris, que también había notado la entrada del joven príncipe humano. La princesa Liris era la menor de los hijos de Elenor, su padre la amaba en demasía y aunque ya estaba en edad para casarse y en verdad que tenía muchos pretendientes, a ella no le interesaban para nada la idea del matrimonio, pasaba su tiempo ayudando a su pueblo, quienes la admiraban y la amaban por su dedicación y bondad, pero también la princesa tenía un sueño y era defender a su pueblo a toda costa, así eso significara ir a la guerra, desde muy pequeña tomaba clases de lucha con espadas y de estrategia militar, esto a su padre el rey Elenor no le molestaba, creía que solo era un pasatiempo para ella, pero no, no era así, era más que un simple pasatiempo, era un sueño. Lo siguiente que se vio fue la presentación oficial de todos y cada uno de los visitantes, uno por uno de los elfos se pararon de sus sillas y fueron a estrecharles las manos muy cordialmente al rey Arestes, su esposa y a su hijo. Cuando las dos manos se unieron en ese saludo amistoso, una  corriente les paso  a los dos por todo el cuerpo. La mano de aquella elfa era muy suave y cálida y aunque el saludo fue muy breve, Harod hubiera querido que se detuviera el tiempo, para seguir admirando la belleza de aquella joven que estaba de pie al frente de él y que le estiraba la mano en un gesto muy cordial mientras le brindaba una frágil y tenue pero a la vez hermosa sonrisa. Este momento no pasó desapercibido para Liris, estrechar aquella mano firme y varonil de aquel joven que no paraba de mirarla, había sido extraño, nunca jamás se había sentido tan nerviosa de saludar a alguien, justo cuando ambos se tocaron la manos en aquel saludo, había sentido una sensación indescriptible atravesándole la dermis y activando todos los nervios sensoriales en una sensación que no había experimentado jamás. Llegó la hora de pasar a la mesa, los invitados se sentaron, el rey hizo un ademan y la música volvió a sonar. En aquella mesa se podían apreciar distintos platos y distintos tipos de bebidas, que todos con emoción y apetito fueron consumiendo con agrado. Durante la cena y mientras Elenor, Arish y los dos hijos del rey Anathol y Elebert, le relataban al rey Arestes los acontecimientos ocurridos en el reino de los lagos, Harod no podía dejar de mirar a aquella hermosa  joven, era como si ella tuviera una belleza magnética que impedía dejar de mirarla, pero para alegría del joven príncipe muchas de esas miradas eran contestadas con esos grandes y espectaculares ojos azules. Era una especie de comunicación cifrada a través de miradas que nadie más advertía, nadie más en aquella enorme mesa a excepción de Moriel, un elfo miembro de una de los clanes más distinguidos del reino y por supuesto pretendiente de Liris, que era visto con buenos ojos por el rey Elenor, ya que era hijo de uno de los miembros más notables del concejo. Él era el único que había advertido la atención que el príncipe humano depositaba en Liris. Después que los comensales estuvieron satisfechos, se dio paso al baile, los elfos músicos entonaron alegres melodía que animaban a los presentes a bailar. Mientras que seguían los relatos de Elenor que Arestes escuchaba con mucha atención y emoción, la pista de baile improvisada se llenó de elfos y elfas que bailaban al son de las tonadas tocadas por los músicos. En un extremo del salón, sentado con la mirada fija al frente estaba el príncipe Harod que ansiaba el momento de poder cruzar palabra con Liris, por momentos la vista de la princesa se perdía entre los elfos que se cruzaban al frente de él como consecuencia del baile, no se dio cuenta que alguien se sentó al lado suyo.

-¿es hermosa no cree?-. Volvió la vista a su lado y notó a un elfo bastante bien vestido.

Con cortesía respondió –bastante hermosa-.

El elfo le estiró la mano –mi nombre es Moriel-.

Harod apartando por un momento la vista de Liris contestó el saludo.   -¿qué sabes de ella, es casada?-. Preguntó Harod.

–aun no, aunque solo nos faltan algunos detalles por concretar-. Respondió el elfo. –La he estado cortejando por muchos días-. Continuó  –y creo que por fin me ha dado una respuesta positiva, solo es cuestión que el rey nos de su bendición, lo cual creo que será fácil porque tengo buena relación con él-.

Fue visible en el rostro de Harod la decepción que le produjo oír aquella respuesta de los labios del elfo, que luego de dicho eso procedió a pararse e integrarse a quienes oían atentamente los relatos en la voz del rey Elenor.

Tomó una respiración profunda, reunió fuerzas y voluntad y se paró de su silla, caminó esquivando a los bailarines, se dirigió a donde estaba la princesa Liris sentada, aquella princesa que desde el primer momento en que vio a Harod pararse de su silla no le apartó la mirada y más cuando vio que venía hacia ella. Estirándole la mano y haciendo una breve reverencia, Harod preguntó – ¿me haría el honor, señora?-.

Liris no le respondió pero le estiró la mano hacia la de él y se paró de su silla y también le respondió con una reverencia y una sonrisa. Durante aquel baile Harod se sintió más atraído por aquella elfa, de sus cabellos se desprendía un olor a rosas y lilas que era muy agradable, también su piel que era delicada y suave se desprendía un olor delicioso. Ahora que la tenía más de cerca notó la verdadera belleza de Liris, era una belleza transparente, nítida, incomparable, no era solo unos hermosos ojos, una hermosa cara ni un cuerpo hermosamente delineado, era todo un conjunto que la hacían una elfa verdaderamente agraciada. En ese primer baile no hubo palabras, no se necesitaron y no se necesitaron porque la piel era el mejor medio de comunicación, también las miradas, miradas que durante aquel primer baile se encontraron en muchas ocasiones, oír el respirar cálido y el latido de los corazones que se aligeraron cuando empezaron al bailar, estos fueron los medio que desplazaron a las palabras por lo menos por el momento. Al terminar el baile, cada uno se fue hacia su respectivo puesto. La música seguía, también el relato de Elenor que interesadamente Arestes y unos no muy pocos elfos escuchaban. De pronto Liris se paró de su silla y se dirigió hacia unas escaleras que daban a el segundo piso, no sin antes brindarle una mirada cómplice a Harod, era una especie de invitación a seguirla, cosa que Harod entendió muy bien, esperó unos cuantos minutos, luego también se dirigió a las escaleras; estas daban a un largo pasillo a través de muchas habitaciones hermosamente decoradas, lo atravesó hasta el final. Aquel pasillo daba a un balcón con vista a la ciudad y allí de espaldas estaba la hermosa Liris. También de espaldas lucia hermosa, sus largos cabellos negros que bailaban alegremente al son del viento que venia del norte. Liris notó la presencia del hombre y sin mirarlo dijo –me ha seguido hasta aquí, ¿porque?-.

–Es solo que quería estar a solas usted un momento-. Respondió Harod, que entró al balcón y se puso al lado de Liris.

Ella tenía la vista fija hacia el norte luego volvió a hablar – ¿no es hermosa la vista?-.

Harod respondió –si lo es, pero en tu reino esto parece muy constante-

– ¿Qué cosa?- preguntó Liris sin mirar al joven príncipe.

–las cosas hermosas, desde que llegué a esta tu ciudad, he visto muchas de ellas-. Respondió Harod también mirando hacia el norte tratando de descubrir que era lo que veía Liris, pero se dio cuenta que no era nada especifico, que lo que miraba la elfa era solo la belleza que se podía ver desde aquel balcón. Y así se mantuvieron en silencio durante unos largos minutos en los que solo se escuchaba el susurro del viento. La tarde estaba llegando a su fin y la vista de ese fenómeno natural era espectacular desde aquel lugar donde estaba Harod y Liris. De pronto Harod cortó aquel profundo silencio –me he enterado de su compromiso, solo quiero en nombre de mi reino, darle mis más sinceras felicitaciones-.

Liris un poco confusa solo atinó a decir – ¿compromiso?-.

-si con Moriel, él me lo comunicó en el baile, me dijo que todo estaba arreglado, me dijo que durante mucho tiempo él la había cortejado y que usted al fin le había dado una respuesta positiva-. Dijo Harod.

Liris con una sonrisa en el rostro y mirando por primera vez a Harod dijo –si es verdad que él me corteja, pero no es cierto que yo le haya dado una respuesta, el solo es un buen amigo, un buen amigo que habla mucho, como usted se puede dar cuenta-.

Aquella respuesta llenó de alegría a Harod, quien trató de ocultarla, pero de su cara se desprendió una sonrisa de satisfacción.

– ¿Por qué, desde su llegada no hace otra cosa más que mirarme?-. Preguntó Liris, dirigiendo otra vez la mirada al horizonte.

Harod respondió con honestidad –la verdad señora es que en mi vida jamás he visto tal belleza como la suya-.

Liris volvió a mirar a Harod un poco ruborizada y dijo –no puedo creerle eso que me dice, seguramente en su reino habrá mujeres muy hermosas-.

–Las hay, muchas de ellas, pero ninguna como usted, la belleza suya, mi señora, es única-. Respondió Harod.

Liris bajando la mirada y visiblemente apenada dijo –basta ya que me hace sonrojar, señor príncipe, mejor hábleme de usted-.

Aquella conversación siguió durante muchos minutos en los cuales hablaron de sus intereses comunes, Harod habló de lo bello que era su reino, Liris escuchaba alegremente los relatos del joven príncipe quien hablaba de su país y de su ciudad.

♦♦♦♦♦

Llegó la hora de partir, era de mañana, la fiesta se había prolongado hasta el amanecer, cuando Arestes decidió que era hora de partir. Elenor despidió al rey de los hombres y a su comitiva con estas palabras –Arestes, tú y tu pueblo siempre serán bien recibidos aquí en mi ciudad, que tengas un feliz regreso a casa y no te olvides del camino, espero algún día muy cercano volver a encontrarnos-.

Arestes respondió –no tengo más que palabras de agradecimiento por tu hospitalidad, además quisiera aprovechar esta oportunidad para invitarte a mi país, allí como tú lo has hecho conmigo, serás bien atendido, adiós viejo amigo-.

Se estrecharon las manos como señal de despedida pero también de amistad y respeto. Y llegó el momento del adiós para los dos, Liris le estiró la mano y Harod la tomó y se la besó mientras hacia una pequeña genuflexión.

-que tenga un buen viaje-. Dijo ella.

A lo que él respondió –espero que esta no sea la última vez que tenga el privilegio y la alegría de verla, mi señora-.

Luego de aquella despedida, montaron sus caballos y se alejaron del castillo, momentos en los cuales Harod no dejaba de mirar hacia atrás. Liris tampoco dejaba de mirar, en lo profundo de su corazón una llama se había encendido, el haber conocido a aquel joven la llenaba de un sentimiento ajeno a ella, y ahora que lo veía partir solo deseaba volverlo a ver. Mientras permanecía parada, sonriente, despidiendo a los que partían, la elfa notó unos ojos que la observaban, era el elfo Moriel quien no dejaba de verla como notando algo que a los demás presentes les era esquivo. Liris visiblemente incomoda con aquella situación, procedió a retirarse del lugar e ir a su habitación y mientras lo hacía siguió sintiendo la mirada puesta en ella de Moriel, aquella mirada que le resultaba incomoda, porque sentía que era una mirada que la escudriñaba tratando de encontrar el más profundo secreto.

♦♦♦♦♦

Pasó cierto tiempo desde aquellos eventos, Harod regresó a su reino, pero nunca dejó de pensar en la elfa Liris, de hecho no hubo un día siquiera que dejara de pensar en ella, sabía que había encontrado el amor que por largo tiempo había esperado, los días se le hicieron eternos, entendió que tenía que verla de nuevo, pero también sabia el riesgo que aquello implicaba, según las leyes de su reino, no era aceptada la unión entre un hombre y una elfa, esto era causal de destierro y también sabía, por los antiguos manuscritos, que en el reino de Gwangur también era prohibido la unión de las razas, pero el castigo era más severo, se hablaba de pena de prisión perpetua a quien osara pretender a una elfa. Pero esto poco le importó a Harod, lo único que le importaba era hallar la forma de ver otra vez a la hermosa elfa. Así que se ideo la forma de ver otra vez a Liris, pero sin que ninguno de los dos corriera peligro. Como había quedado establecido en la ciudad de Gwangur, donde no solo era una fiesta de integración entre los dos pueblos, sino que se firmaron acuerdos comerciales, entre los cuales estaba uno que decía que mensualmente del reino de Henaith saliera una gran cantidad de comida y productos agrícolas hacia Gwangur, mientras de Gwangur se enviaba a Henaith toda clase de finas ropas cocidas con el talento de los prodigiosos elfos. Aprovechando esto, el príncipe escribió una pequeña nota con un pequeño presente y se la entregó a uno de sus más leales sirvientes quien era uno de los que transportarían la carga hacia Gwangur, con la orden estricta de ser discreto y hacerla llegar a Liris con el mayor sigilo posible sin que nadie se diera por enterado. La carga partió de Eroth con dirección a Gwangur y en ella iban las esperanzas de Harod.

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Era aun de mañana y Liris estaba frente al espejo peinando su hermoso cabello y mientras lo hacía y como en los demás días anteriores una sola persona dominaba sus pensamientos, Harod, ella al igual que él no sabía la hora de volver a ver a quien encontraba tan encantador y que despertaba en ella tales sentimientos. De pronto alguien tocó a la puerta de la habitación sacando del letargo a Liris, -siga-. Dijo la elfa sin dejar de peinarse.

–perdone señora pero ha llegado algo para usted y se me ha rogado que se le entregue con el mayor sigilo posible-. Quien hablaba era una de las serviles del castillo y amiga de Liris. Se acercó y le entregó un pequeño paquete en forma de cofrecito pequeño.

– ¿qué es esto y quien me lo ha enviado?-. Preguntó Liris.

La sirvienta respondió –mi señora, uno de los hombres que vienen del país de los humanos me lo ha pasado con la orden que se lo entregue a usted. Quien lo envía, no lo ha dicho-.

La elfa lo abrió y en el interior estaba un bello gancho para el cabello, junto a él estaba una pequeña nota, Liris cogió el bello gancho  y se dio cuenta que estaba hecho en oro puro, luego desdobló el papel y leyó la nota allí escrita mentalmente, de pronto y ante la mirada cómplice de la empleada que aún estaba en la habitación, del rostro de Liris brotó una sonrisa que iluminó su bello rostro. –Es el príncipe Harod, me pide que nos veamos en el bosque-. Dijo Liris mirando a la empleada que sonrió apenas escuchó lo que su ama decía.

– ¿y usted señora irá?-. Preguntó la empleada con delicadeza pero a la vez con emoción.

A lo que Liris respondió –cierto es que esto es lo que yo quiero, pero tú sabes que es peligroso, si mi padre se entera…..-. Hubo una pausa, luego Liris volvió a hablar a su empleada –te lo ruego, nadie, nadie puede enterarse de esto-. La empleada  asintió con la cabeza y salió de la habitación.

♦♦♦♦♦

El día señalado para la cita llegó. Esa mañana era espectacular, el sol brillaba radiante en el azul cielo, un viento fresco venia de las montañas del oeste haciendo una combinación ideal de calor con frescura. Liris estaba lista para la ocasión, llevaba un hermoso aunque sencillo vestido color aguamarina, el pelo hermosamente peinado y llevaba el presente de Harod. Salió de su habitación junto con su servil elfa llamada Yennin con dirección a las caballerizas, allí previamente estaba listo su corcel, un ejemplar color blanco que lleva en su frente una hermosa diadema para caballos color dorado, una crin larga color gris y una lujosa silla. La elfa lo montó y salió con rumbo al bosque de Othis, al punto acordado para la cita, detrás de ella iba su leal y servil Yennin. Cabalgaron lentamente por entre las calles de la ciudad que estaba afuera de las murallas de Gwangur, ante la mirada de afecto y admiración que le daban a la princesa los residentes del lugar, de pronto un grupo de guardias del reino notó la presencia de la princesa y que se dirigía con dirección al bosque y le dio alcance, uno de los guardias el que parecía ser el jefe le dijo –señora, ¿queréis que te acompañemos como escoltas?-.

La elfa con amabilidad respondió –no es necesario solo he venido a cabalgar un poco, no me voy a alejar mucho.

-como gustéis señora, que tengáis un tranquilo y placentero paseo-. Volvió a decir el guardia mientras con un gesto les ordenaba a los demás guardias dejar sola a la princesa y a su sirvienta.

El sitio que Harod había convenido para la reunión era un pequeño claro en el bosque de Othis, había una pequeña fuente de agua rodeada de un verde pasto y hermosas flores que a la luz del día le daban un toque de hermosura a aquel lugar. Liris y su sirvienta habían cabalgado cerca de 1 hora siguiendo las instrucciones de la pequeña nota que días atrás había recibido de Harod. Cuando la princesa supo que estaban cerca del sitio acordado para el reencuentro se detuvo y le dijo a Yennin –es aquí, espérame y si ves a alguien o algo raro me avisas, no me demoraré-.

La sirvienta asintió y desmontó su caballo, lo amarró a un árbol cercano y se puso alerta a montar guardia. Liris mientras tanto también desmontó su caballo y se acercó al sitio escogido para el encuentro, dio un vistazo alrededor y notó la hermosura de aquel lugar, el agua cristalina, el verde pasto y las hermosas y dulcemente aromáticas flores; siguió un poco más y no vio a nadie, se desanimó por no ver a el príncipe Harod, de pronto la alegría le volvió al ver a Harod sentado recostado sobre un árbol, trató de ocultar su emoción por ver al príncipe pero de su rostro y casi sin poderlo evitar brotó una sonrisa. Harod cuando vio a Liris se paró inmediatamente y fue a su encuentro, luego dijo –creí que no ibas a venir, pero ya que estas aquí mi corazón se alegra de que hayas aceptado verme, además de eso, te vez realmente hermosa-. Se acercó, tomó las riendas del el caballo y lo llevó y lo ató a un árbol.

Liris dijo –no lo ates puesto que no voy a demorarme demasiado-. Hubo un silencio, luego Liris siguió –solo he venido a decirte que esto no es correcto, agradezco mucho tu presente pero sabes que esto no puede ser-.

– ¿no puede ser?, ¿Porque?,  ¿Por quién?, ¿O por quienes?-. Preguntó Harod.

Liris se dio la vuelta, en ese momento Harod se acercó y le puso la mano en el hombro de la elfa y dijo con voz dulce –si solo me dices que tu no sentiste lo mismo que yo en la fiesta y que en realidad no quieres estar aquí, me daré media vuelta y me iré y jamás volverás a saber de mi…… ¿es eso lo que quieres?-.

Liris aun de espaldas frotó su rostro con la mano de Harod que aún estaba en su hombro, luego puso la suya encima de la del hombre, se dio media vuelta y miró a Harod con esos enormes y hermosos ojos azules y dijo –yo también lo sentí….es solo que……-. Liris bajó la cabeza.

Harod con suavidad la tomó de la barbilla y le subió la cara, luego dijo –solo que nada…..no te preocupes, lo que sentimos no puede de ninguna manera ser algo inapropiado, solo es algo que ambos sentimos y que debemos dejar que fluya. El hecho que estés aquí, tan hermosa y con mi presente en tu cabello, significa para mí que tú también sientes lo que estoy sintiendo, ¿entonces porque no arriesgarnos?-.

Liris respondió con una voz dura –porque las leyes así están escritas y no solo hablo de las nuestras y de las de tu pueblo sino también de las leyes de la naturaleza. Harod, tu eres un hombre, mortal, envejecerás y morirás, esa es tu naturaleza, mi naturaleza es vivir por mucho tiempo hasta que la memoria no me dé para recordar estos tiempos, cientos de miles de años pasaran ante mis ojos, ese es mi destino-. La elfa se dirigió hacia donde estaba su caballo atado, pero Harod la tomó de la mano y con delicadeza la sujetó.

luego le dijo –es cierto todo lo que dices, tu eres una elfa inmortal y yo solo un hombre, pero no me preocupa el futuro, sé que algún día moriré, sea por la lenta acción del tiempo o por el filo de la espada de algún enemigo en batalla, moriré, pero cuando llegue ese día mirare hacia atrás y me diré y me reprochare el haberte dejado ir…..lo que quiero decir es que no mires el futuro, mira el presente, míranos a los dos aquí, ahora mismo, solo dos enamorados que quieren expresar su amor, sin importar la raza o los designios de la naturaleza, solo dos amantes en este inmenso bosque-.

Luego de dicho esto puso sus manos sobre su esbelta y delgada cadera y la besó en los labios, al principio ella se resistió pero después de un corto tiempo respondió aquel beso con una habilidad notable. Aquel primer beso mágico selló la unión de estos dos enamorados.

El momento de la despedida llegó, Había pasado mucho tiempo y la elfa sabía que su padre se podía preocupar, de ninguna manera quería levantar alguna sospecha. Ambos se despidieron y tomaron distintos rumbos no sin antes concretar la próxima cita, que desde luego iba a ser en este mismo lugar mágico, lugar que de ahora en adelante iba a ser el cómplice de este amor prohibido entre la elfa Liris y el Hombre Harod.

♦♦♦♦♦

Era de noche en el castillo de Gwangur y la cena estaba servida y en la mesa todos los comensales, el rey Elenor, su esposa la reina Inbanar y los tres príncipes Anathol, Elebert y Liris. Mientras el rey discutía con sus dos hijos cuestiones del reino, la reina Inbanar le dijo a su hija Liris –que hermoso prende llevas en el cabello, no te lo había visto-.

Liris respondió –lo compré en el mercado-.

–qué extraño, nunca había visto nada parecido por aquí, es muy hermoso-. Dijo la reina.

Liris respondió de nuevo –lo es-.

La reina volvió a hablar –en toda la mañana no te vi, ¿dónde estuviste?-

– es cierto-. Interrumpió el rey. –algunos soldados me dijeron que te habían visto ir en dirección al bosque, que te ofrecieron compañía y tú no la quisiste. ¿A dónde ibas hija mía?-.

Liris disimulando su nerviosismo respondió –solo quise montar un rato, fui hasta no muy lejos en el bosque-. Luego mirando al rey dijo –sabes padre que de niña me encantaba pasear por el bosque y hace mucho tiempo no lo hacía, así que decidí ir a observar un rato, me entretuve mucho y no me di cuenta de la hora-.

El rey con una sonrisa en el rostro dijo sonoramente –me alegra que te entretengas paseando, siempre estas cuidando de los soldados y visitando a los enfermos, de vez en cuando es bueno relajarse un rato, tus hermanos y yo podemos encargarnos de lo demás-. La cena siguió tranquila y normal.

♦♦♦♦♦

Pasaron los días y los dos enamorados siempre cumplieron sus citas en aquel claro en el bosque, cubiertos por la soledad del lugar creyeron que nadie excepto Yennin los veía, pero se equivocaron, en el bosque a través de los árboles, unos ojos los vigilaban, unos ojos maliciosos, ojos de maldad, ojos de ira, ojos indiscretos los vigilaban esperando la oportunidad perfecta para gritar aquel secreto a los cuatro vientos; esos ojos pertenecían a nadie menos y nadie más que a Moriel, el elfo, quien desde el principio sospechó de Harod y su interés en Liris. Este elfo valiéndose de amistades en la guardia del castillo se había enterado de los paseos de la princesa y un día la siguió con sigilo, hasta hallarla en aquel claro en medio del bosque con el hombre que tanta desconfianza le inspiraba, en aquel momento tuvo que retenerse para no salir y dejarse notar y así expresar su descontento por esa situación, pero se contuvo y entendió que podía sacar provecho de aquella situación en el futuro, solo era cuestión de esperar con paciencia el momento preciso para actuar.

♦♦♦♦♦

Como fue convenido en Gwangur, llegó el día de la visita de los elfos al reino humano de Henaith. El rey Elenor su esposa y sus tres hijos además de unos pocos allegados entre ellos estaba Moriel y por supuesto el Elohim Arish, se dirigieron y llegaron a Eroth en donde fueron bien recibidos por la gente de la ciudad y por supuesto por el rey Arestes y junto a él su amado hijo Harod, quien estaba emocionado por ver a su amada, quien esta vez estaba más hermosa que de costumbre. Harod tuvo que reprimir las ganas de ir abrazarla y besarla y gritar a los cuatro vientos que la amaba con toda el alma, pero sabía que debía ser cuidadoso, pues si hacia eso su vida corría peligro, primero tenía que hablar y contarle lo que sentía a su padre, el rey Arestes, quien seguro lo entendería y lo apoyaría. Pero Harod decidió dejarlo para después de aquella visita, por el momento se concentró en ser un buen anfitrión para las visitas y en admirar la hermosura de su amada. Durante aquella visita Moriel nunca le quitó la mirada de encima a Harod y a Liris quienes no necesitaron de hablar para demostrarse lo que sentían, solo bastaba un pequeño rose de las ropas para que ambos sintieran como las pulsaciones de sus corazones subían. Como en Gwangur, en la casa de los reyes de Eroth también se organizó una pequeña fiesta, el salón humildemente decorado pero hermoso, del techo colgaban exóticas flores que emanaban cálidos aromas que envolvían todo el lugar, también había una mesa con mucha comida, carnes de diferentes tipos, cerdo, pescado y pollo acompañadas por deliciosos aderezos y ensaladas típicas de aquel reino. También habían músicos tal vez no tan prodigiosos como los elfos pero tocaban una música bastante agradable, de pronto uno de ellos, con una apariencia bastante longeva, en un receso tomó la palabra y dijo haciendo una venia al rey Arestes –si me permite mi rey, quisiera cantarle a ustedes hoy uno de mis más famosos y lindos romances,  es sobre el amor, ese amor que viene del alma y que no tiene barreras-.

El rey asintió mientras los hombres del lugar aplaudieron con algarabía pues ya conocían aquel romance que de verdad era muy hermoso. Mientras aquel poeta iniciaba su romance tocando en su laúd una entrada bastante admirable, Liris y Harod cruzaron las miradas y escucharon atentamente las líneas de aquel hermoso romance. Aquel romance hablaba del amor de un hombre por su mujer y como un día el mal lleno de envidia por aquel amor crisálido, se manifestó quitándole a su amada para siempre, el hombre solitario y triste vagó por el mundo, tratando de encontrar la manera de traer a su amada de nuevo a la vida y como en un país lejano encontró un mago que le dijo que tenía la forma de abrir las puertas del infierno, pero el mago le advirtió que si entraba al infierno no podía volver a salir, mas sin embargo esto poco le importó al hombre quien no lo pensó dos veces y se adentró en el averno para rescatar a su amada, el maligno al ver al hombre lo retó a un duelo y comenzó una extraordinaria pelea entre el maligno y el hombre que ahora el portador de la luz, al final el hombre ganó la batalla y pudo ver a su amada de nuevo, pero la dicha no pudo ser duradera porque el hombre estaba mal herido, así que con las ultimas fuerzas el hombre le exigió al maligno liberar del infierno a su amada, el maligno accedió pero condenó al hombre a morar para siempre en el infierno. Y así su amada volvió a la vida, y vivió triste, pero nunca jamás se olvidó del sacrificio de su amor de quien aún se escuchan sus lamentos en el infierno.

Cuando terminó aquella canción los presentes brindaron un ensordecedor aplauso al poeta quien solo atinaba a hacer reverencias y sonreír y mostrar su malformada dentadura. Aquella visita siguió y muchos comensales se alistaron para pasar a manteles. En la mesa central se sentaron el rey Arestes su esposa y su hijo Harod y se situaron hermosas sillas para el rey elfo y sus tres hijos y esposa, en el centro de la mesa en un lugar de privilegio sentado en la silla más hermosa se sentó Arish, alrededor de ellos otras mesas con los demás asistentes, entre elfos y hombres, se sentaron juntos, cosa que incomodó bastante a Moriel pues él era un elfo muy orgulloso que consideraba a los hombres como una raza inferior a los elfos. Durante aquella cena el rey Arestes recitaba historias e los primeros hombres y de cómo habían construido la ciudad luego de haber salido de Gwangur.

Mientras las conversaciones iban y venían y la comida era digerida, el rey elfo Elenor miró a Harod y preguntó –dime hijo, ¿ya estás en edad para encontrar una mujer no es así?-.

Harod respondió con respeto –así es señor-.

–El príncipe tiene muchas buenas opciones-. Dijo Arestes visiblemente orgulloso.

–muy bien y dime, ¿ya elegiste alguna?-. Volvió a preguntar el rey elfo mirando de nuevo a Harod quien miró a Liris y luego respondió –sí, yo ya he elegido, tan solo falta que ella me elija a mí-.

Del rostro de Liris brotó una sonrisa imperceptible para todos los presentes menos para Harod y para Moriel. Como decían las leyes de aquel país, ningún extranjero podía pasar la noche en el país de Henaith así que la comitiva elfa fue alegremente despedida y allí Harod despidió a su amada, con la tristeza de verla partir pero con la esperanza de verla de nuevo en su lugar, aquel claro en el bosque de Othis. Mas sin embargo aquella tristeza por la despedida iba a ser premonitoria de hechos que muy pronto se iban a desencadenar y que le darían un vuelco trascendental a esta historia, pero por el momento Liris montada en su caballo y en dirección a su reino, volvía la cabeza y miraba a su amor quien la despedía con la mano en alto y con una sonrisa, ella también esperaba con ansias el momento del próximo encuentro.

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