Guerras santas - Las Gemas De Poder

GUERRAS SANTAS - Las gemas de poder, es una narración de fantasía épica, inspirada en grandes obras de literatura fantástica de grandes escritores como J. R. R. Tolkien, Andrzej Sapkowski y George R. R. Martin y también en grandes bandas como Rhapsody, hammerfall, Blind guardian, Dragonland etc. La trama de este cuento es la eterna lucha entre el bien y el mal. Elfos, hombres y enanos luchando juntos contra un enemigo poderoso que quiere apoderarse de la tierra. Los Timbilis son gemas de un poder incomparable e inagotable, Miriahn entabla una guerra contra los pueblos de la tierra para apoderarse de la tercera piedra y así tener un poder ilimitado y gobernar la tierra a su gusto, pero hay quienes están dispuestos a enfrentarse al señor oscuro con valentía y fiereza, dando paso a grandes y épicas batallas por el dominio de la tierra conocida.

0Me gustan
0Comentarios
354Vistas
AA

6. CAPITULO VI Una derrota aplastante

Siguieron muchos días de largas caminatas, cada vez más se adentraban en Gordolin y cada vez más la visión que les brindaba el paisaje era lúgubre, de pronto oyeron unos relinchos de caballos a la distancia, más allá de una inclinación, la subieron sin problema y  cuando miraron desde su sima lo que vieron los sorprendió, parecía que aquel terreno les daba una tregua, pues el paisaje que se mostraba ante sus ojos era como un oasis en el desierto. Era un valle, rodeado de riscos, desde lo alto de unos de esos riscos caía un pequeño hilo de agua limpia y cristalina, en el centro de aquel valle habían crecido unos árboles frutales y estos estaban cargados de frutos para alegría de todos los elfos, y en uno de estos árboles estaban amarrados los tres caballos de los tres elfos que tiempo atrás habían salido a explorar la zona; sin pensarlo dos veces todos bajaron raudos y muchos se precipitaron sobre los frutos de los arboles mientras que otros se prestaron a beber del agua que en su caída había hecho un pequeño pozo. Nieber sin pensar en la desventaja estratégica de aquel lugar ordenó que hicieran campamento en ese valle. Luego de saciar su sed y hambre, Galdero inspeccionó los tres caballos de los elfos desaparecidos  y lo que encontró lo sorprendió a tal punto que mandó llamar al rey Nieber, cuando este último se presentó, Galdero le mostró lo que había encontrado.

–No es posible, pero si hace más de 40 días que no tenemos noticias de ellos, no puede ser que todas las provisiones estén intactas-. Reclamó el rey con notable extrañeza. En efecto las provisiones que cargaban los caballos estaban todas intactas, el alimento estaba casi completo y las botas de agua estaban llenas, así mismo los caballos parecían estar bien comidos.

-esto es demasiado raro-. Comentó Galdero. – ¿Me pregunto cómo los jinetes llegaron a este lugar y porque no regresaron, es más donde están en este momento?-. Preguntó de nuevo Galdero.

Con preocupación pero con serenidad respondió Nieber –esperemos que estén por aquí cerca y que regresen pronto, por lo pronto oscurecerá dentro de muy poco así que todos dispónganse a descansar, pero organicen la vigilancia, recuerden que así este lugar parezca muy confortable no olviden que estamos en el reino oscuro de Mingart-.

La oscuridad en estas tierras oscuras era mucho más pesada, no había luna, unas nubes la ocultaban no dejando que iluminara estas tierras. Mientras muchos de los soldados dormían unos pocos estaban en los turnos de vigilancia, pero era una vigilancia inútil pues la noche negra no les dejaba ver más allá de lo que alumbraban sus tímidas antorchas, en este punto el ejército del reino de los lagos estaba más vulnerable que nunca tal como lo había previsto Miriahn.

Con el sigilo que los caracterizaba y con la oscuridad como cómplice, los orcos tomaban posiciones estratégicas en lo alto de los riscos, muchos de ellos con arcos y flechas, otros con catapultas y muchos otros con escudos y espadas. Habían estado esperando este momento por muchos días, preparando minuciosamente el terreno, y aquel valle era el lugar ideal para el ataque sorpresa, pues desde lo alto brindaba a los orcos una ventaja estratégica.

Desde que los espías habían hecho llegar las noticias de que un ejército del reino de los lagos había salido de Aqarad con dirección a Mingart, las hordas de orcos bajo la capitanía de Eryanor, el elfo negro,  quien a su vez seguía las órdenes estrictas de Miriahn, habían trazado un plan para que el ejército del reino de los lagos fuera derrotado y aniquilado en aquellos parajes lejanos, lejos de toda ayuda, lejos de toda misericordia.

Lo primero que se escuchó fue el sonido de unas catapultas activadas, de pronto cayeron tres proyectiles y se estrellaron en algunas tiendas de campaña, por supuesto hubo una gran algarabía y confusión y más cuando al ver los proyectiles que habían sido lanzados por las catapultas se dieron cuenta que eran las cabezas de los tres elfos que muchos días atrás habían salido a explorar la zona, de pronto Nieber se dio cuenta de la realidad de las cosas, entendió que todo era una trampa y que él y todo su ejército habían caído muy fácilmente, dio una breve vista a su alrededor y se dio cuenta de la posición tan desventajosa en la que su ejército estaba, pero ya era demasiado tarde para reproches pues cientos de orcos bajaban raudos para entablar batalla, mientras que otros tantos apostados en la cima de los riscos dispararon una lluvia de flechas sobre los soldados que aturdidos por la sorpresa de aquel ataque y más aún en la oscuridad de la noche no adivinaban de dónde venían sus enemigos, más sin embargo muy valerosamente desenfundaron sus espadas y se aprestaron para luchar. Tal lucha era de cualquier manera desigual para el ejército del reino de los lagos, ya que no solo los orcos tenían mejor posición estratégica para sus arqueros y sus catapultas, sino que en número eran casi el doble y seguían llegando más y más. En medio de tal oscuridad total que solo se interrumpía cuando los orcos lanzaban con sus catapultas bolas de fuego, el fragor de la lucha se hizo sentir, muchos elfos murieron con la lluvia de flechas, otros tantos fueron alcanzados por las bolas de fuego, pero muchos otros resistieron el ataque de los orcos y en combates cuerpo a cuerpo eran más dúctiles con la espada ya que los orcos basaban sus ataques en la fuerza bruta y los elfos contrarrestaban esto con una técnica depurada con la espada y la lanza. En medio de la confusión Nieber se las arregló para que sus tropas hicieran una formación estratégica para así soportar mejor la estampida de los orcos, pero aquel ataque era interminable, por cada orco muerto aparecían otros tres más en el campo de batalla, pero así y todo aquellos valerosos soldados lograron repeler el ataque durante buena parte de la noche oscura.

La mañana despuntaba, el astro sol se disponía a salir y la lucha aún continuaba, muchos eran los elfos que yacían muertos en el campo de batalla, muchos eran los orcos asesinados, pero eso no era problema para aquel ejercito oscuro pues a diferencia de los elfos, ellos tenían refuerzos que llegaban a cada minuto y eso sin contar que solo los orcos eran los que luchaban y no se había requerido la presencia de los Uruks o de los trolls o de las tantas otras criaturas infernales que Miriahn había despertado del inframundo. Desde un punto elevado estaba Eryanor junto a un Uruk de nombre Kreig, dirigiendo a sus soldados y llevando a cabo las órdenes impartidas por Miriahn. Eryanor tenía órdenes claras y precisas, sabía muy bien lo que tenía que hacer y también sabía lo que le pasaría si fallaba en la tarea que le había sido impuesta, de ahí que sin misericordia dirigía a su ejército y esperaba con ansias la salida del sol pues sabía muy bien que bajo los rayos incandescentes de aquel astro, la victoria iba a llegar. En efecto, cuando la mañana comenzó a avanzar, los rayos del sol hicieron su trabajo, la temperatura se elevó considerablemente y volvió ese aroma mortecino que infestaba aquel país; bajo estas condiciones Nieber veía como perdía cada vez más y más a elfos valientes, entre ellos a su fiel sirviente y a uno de los mejores soldados, Galdero. El cansancio era evidente en cada uno de ellos, aunque habían matado a muchos orcos, aquel infernal ejercito parecía intacto, pues como se dijo antes por cada orco muerto tres aparecían para sumarse a la batalla, además que los orcos no sentían cansancio pues se alimentaban de la carne de cada elfo asesinado y saciaban su sed con la sangre de las víctimas, Nieber se dio cuenta de que esta batalla era perdida pero aun así seguía luchando con más gallardía.

Eryanor montado en una bestia horrible en forma de hiena gigante, sintió que era el momento para dar el siguiente paso, llamó a Kreig y le dijo –es hora de dar el golpe definitivo, que entren tus soldados-.

Kreig al oír estas palabras solo atinó a hacer un ademán de una sonrisa con su horrible cara, luego elevó una especie de cuerno que tenía en la mano, se lo llevó al boca y lo hizo sonar; aquel sonido se escuchó por todo el lugar de batalla, paralizando a los combatientes, los orcos que conocían aquel sonido se hicieron un poco para atrás y abrieron una especie de camino entre ellos, mientras tanto los elfos sorprendidos por aquel sonido y por la actitud de los orcos trataron de reunirse de nuevo y hacer una formación defensiva. Para sorpresa y preocupación de Nieber, aquella decisión le mostro la aterradora verdad, su ejército había disminuido de manera considerable, de los tres mil soldados elfos que habían salido de Gwangur, ahora quedaban algo menos de la mitad, más sin embargo se dirigió al frente de la formación y con la espada en alto gritó –¡sin miedo, aquí resistiremos. A la victoria!-.

cuando terminó de decir esto se escucharon voces de respaldo a su espalda; de pronto de un momento a otro se sintieron pisadas, y del medio del camino que habían hecho los orcos entre ellos, hicieron su aparición unas criaturas nuevas para los elfos, los Uruks, eran un poco más de 500 pero aun así eso significaban malas noticias para los elfos pues estas criaturas eran mucho más fuertes, resistentes, inteligentes y más sanguinarios que los orcos y eso muy pronto los elfos lo iban a experimentar en carne propia.

Cuando la batalla se reanudó el sol estaba en lo más alto y sus rayos caían con más fuerza, pero unas nubes grises aparecieron en el cielo como prediciendo el futuro del ejercito del reino de los lagos. Aquellos uruks entraron a la batalla y junto a los orcos muy pronto desequilibraron la balanza de la guerra, muchos elfos fueron muertos pues no eran rivales para los uruks, la matanza fue terrible. Mientras más se encapotaba el cielo más elfos eran asesinados sin compasión. Ya llegada la tarde el cielo estaba totalmente gris y la victoria de las fuerzas de Miriahn era inminente, los últimos elfos eran muertos, los elfos heridos que clamaban compasión eran asesinados sin misericordia, solo un elfo se mantenía de pie, y aunque herido ningún uruk ni orco lo atacaba, era el rey Nieber que sostenía aun su espada, pero en su rostro reflejaba la tristeza de quien ve morir a sus amigos, de pronto con rabia e impotencia en sus labios gritó –¡que esperan, aún estoy vivo, mátenme ya, malditos!-.

De pronto se escuchó una risa, Nieber volvió la vista atrás y vio a Eryanor quien descendía de aquella hiena gigante.

– ¡Tu maldito traidor, asesino, pagaras por la muerte de mi padre!- exclamó con rabia Nieber quien con ímpetu se le abalanzó a Eryanor, pero este último sin mucho esfuerzo doblego fácilmente a el rey, que cayó de rodillas en el suelo, momento que aprovecho Eryanor para con la espada amenazar el cuello de Nieber.

-mátame qué esperas, estoy listo para morir-. Dijo Nieber.

Pero Eryanor con voz de satisfacción respondió –no aun no, no será tan fácil, Miriahn te tiene algo especial reservado para ti-. Dicho esto dio unas órdenes y unos orcos encadenaron los pies y las manos del rey del ejército de los lagos

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...