Guerras santas - Las Gemas De Poder

GUERRAS SANTAS - Las gemas de poder, es una narración de fantasía épica, inspirada en grandes obras de literatura fantástica de grandes escritores como J. R. R. Tolkien, Andrzej Sapkowski y George R. R. Martin y también en grandes bandas como Rhapsody, hammerfall, Blind guardian, Dragonland etc. La trama de este cuento es la eterna lucha entre el bien y el mal. Elfos, hombres y enanos luchando juntos contra un enemigo poderoso que quiere apoderarse de la tierra. Los Timbilis son gemas de un poder incomparable e inagotable, Miriahn entabla una guerra contra los pueblos de la tierra para apoderarse de la tercera piedra y así tener un poder ilimitado y gobernar la tierra a su gusto, pero hay quienes están dispuestos a enfrentarse al señor oscuro con valentía y fiereza, dando paso a grandes y épicas batallas por el dominio de la tierra conocida.

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5. CAPITULO V El primer ataque a las tierras negras.

Muchos años pasaron, el joven rey Nieber creció y se convirtió en un elfo hermoso, poderoso y sabio. Aqarad fue reconstruida y ahora lucia tan esplendida como aquellos primeros días de antaño, los habitantes de la ciudad vieron el futuro con caras de esperanza pero sin olvidar a los héroes caídos, cada año se les recordaba con una gran celebración. El reino creció y se construyó otra gran ciudad al otro lado del Obelet la cual llamaron Escalat, otra gran ciudad igual de hermosa que Aqarad. Pero en la mente y en el corazón del rey Nieber siempre estaba presente la muerte de su padre y esperaba muy en el fondo de su corazón el día en el que pudiera vengarse de Miriahn, por eso siempre les insistió a los de su pueblo el hecho de tener un ejército lo suficientemente grande para defender al reino de otro posible ataque. Mas sin embargo, él tenía otras intenciones las cuales eran marchar hacia el oeste con un ejército nunca antes visto y arribar a las tierras negras y allí darle sentencia a Miriahn y a los elfos negros y vengar así la muerte de su padre, tales propósitos los mantuvo en secreto tanto para la gente de su reino como para Arish y el rey Elenor.

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Por su parte el reino de Gwangur ahora era más esplendido que nunca, Gwangur y Portenense lucían imponentes, la belleza de estas dos ciudades era el orgullo de su rey Elenor también el de Arish, además se construyó una tercera gran cuidad esta vez en la costa que daba al gran mar Tormentoso, llamado así porque era imposible que algún navío lo cruzara, esta tercera ciudad se llamó Endelesh. Pero algo le intranquilizaba el corazón al Elohim, la traición de Miriahn y las recomendaciones de Menaih, lo hicieron prevenir al rey y entonces Elenor siguiendo las recomendaciones de Arish construyó una gran muralla alrededor de la ciudad de Gwangur mas no así en Portenense, tal muralla rodeaba toda la ciudad protegiéndola de posibles ataques haciendo a la ciudad infranqueable, por su parte en Portenense se construyó una gran torre de vigilancia y se asentó allí una gran compañía de soldados elfos para defender a la ciudad de futuros ataques.

Mientras Los dos reinos elfos crecían en esplendor, el reino oscuro de Mingart  lo hacía también. Con la ayuda de su Timbilis, Miriahn despertó de las profundidades de la tierra a criaturas abominables que nunca debieron ser  despertadas, en oscuras cuevas de estas tierras malditas las criaturas llamadas orcos se reprodujeron como moscas, lo mismo los uruks y los trolls, así como otras tantas criaturas infernales que serían parte del ejercito negro de Miriahn. Con ayuda de estas criaturas se construyó en el gran valle muerto la ciudad oscura de Agbard y en ella la gran torre de Borag, construida en la misma montaña de Gordolin, aquella torre fue el hogar de Miriahn y desde allí fue tramando sus maléficos planes, fue así como las tierras malditas o las tierras negras como fueron conocidas desde ese momento en adelante, se alistaron para la conquista de la tierra conocida. Pero las criaturas infernales despertadas por Miriahn se expandieron más allá de los muros de Agbard, muchas fueron enviadas a distintos lugares de la tierra para que sirvieran de espías de Miriahn y así conocer que estaba pasando con los dos reinos elficos, de este modo el señor oscuro se enteró de la construcción de Escalat y Endelesh, también de la muralla de Gwangur y del esplendor de estos dos reinos, tal cosa llenó más de odio el corazón negro del señor oscuro.

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Transcurrió cierto tiempo y Menaih se volvió a presentar a Arish con estas palabras –este mundo ha cambiado, los elfos han crecido hasta convertirse en una raza poderosa pero en el norte una amenaza a despertado, Miriahn está reuniendo un ejército nunca antes visto para atacar estas tierras hermosas y apoderarse del timbilis que le falta, con él en su poder será indestructible. Tu deber será detenerlo y destruirlo junto con los Timbilis con ayuda de los elfos y también de dos nuevas razas que por mi voluntad se han creado, una de ellas es la de los hombres, seres débiles físicamente y de corazón frágil, pero de gran bondad y amor, ellos serán los herederos de esta tierra después de la batalla, batalla en la que su participación será clave y decisiva, por otra parte la otra raza es la de los enanos, pequeños en estatura no tanto así en fuerza y coraje, nunca los subestimes pues son seres de verdad admirables aunque de temperamento fuerte-.

Con estas palabras Menaih se despidió de su hijo y solo sería visto por última vez más adelante en esta historia.

Y así lo dicho por Menaih se hizo realidad, los primeros hombres empezaron a habitar la tierra, en sus primeros años vivieron  en el reino de Gwangur bajo el amparo , la protección y la sabiduría de los Elfos, este pueblo de los hombres creció en sabiduría y amor hacia los elfos, pero también en número, tanto así que después de muchos años el consejo del reino decidió que ya era hora de que el pueblo de los hombres se gobernara solo y construyeran su reino en otro lugar, fue así como Elnor fue coronado como el primer rey del pueblo de los hombres y la primera decisión de este fue marchar con toda su gente hacia el este, más allá del bosque de Othis. Después de muchas semanas de largas caminatas, por fin encontraron la tierra que sería su hogar y en donde se construiría el reino más grande conocido por los hombres, el reino de Henaith o el gran reino de los prados, por la gran cantidad de valles y  pastizales que allí se encontraban. La primera gran ciudad humana fue Eroth.

Por otra parte la otra nueva raza, los enanos, forjaron su conocimiento por ellos mismos, siempre estuvieron muy alejados de los elfos y de los hombres solo aceptaron el conocimiento, la ayuda y la protección de Arish, de quien aprendieron la labor que más los apasionó, la minería. El Elohim amaba a estas criaturas por su temperamento y tenacidad, les enseño la lengua de los elfos pero los enanos decidieron crear su propia lengua, aunque nunca les interesó crear un reino en sí, nombraron a su primer rey, Goim, y también construyeron su primera y única gran ciudad llamada Kilinyz, pero mucho decidieron vivir en la profundidad de la montaña misma, fue así como se construyeron las famosas cuevas de Kazam-Kun en el corazón de las montañas de hierro. Este pueblo creció tanto en número como en talento para todo lo que tiene que ver con la minería y la construcción sobre la roca, eran unos trabajadores formidables.

Y así quedaron distribuidos los reinos de los pueblos que habitaron la tierra nueva, los elfos divididos en dos reinos, uno el reino de los lagos en el Noroeste, cuyas dos grandes ciudades eran Aqarad la capital y Escalat, ambas en la ribera del gran lago Obelet. El otro reino elfico era el reino de Gwangur, con tres ciudades, Gwangur, la capital, Portenense un poco más al norte y la ciudad costera de Endelesh. En el éste más allá del bosque de Othis, en la región de las grandes llanuras los hombres establecieron su reino, el reino de Henaith y su gran ciudad Eroth; por su parte los señores enanos no establecieron un reino en sí, solo construyeron su ciudad Kilinyz y también las cuevas de Kazam-Kun en el corazón de las montañas de hierro y la cadena montañosa del mismo nombre; pero en el norte también se estableció el reino oscuro de Mingart y su ciudad negra de Agbard y la torre de Borag construida sobre el Volcán Gordolin y en cuyas entrañas miles de criaturas infernales fueron despertadas.

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Como se dijo antes el rey elfo del reino de los lagos, Nieber, guardó siempre en su corazón un remordimiento hacia los asesinos de su padre y de muchos elfos de su pueblo, además de un ánimo de venganza, para lo cual instó a muchos de sus conciudadanos a formar parte de un ejército nunca antes visto para atacar el reino de Mingart, pero lo que no se esperaba Nieber era que muchos de los suyos no tenían la mínima intención de ir a una guerra donde seguramente morirían, para eso el pueblo del reino decidió delegar a un elfo llamado Ileveter para que hablara con el rey y lo convenciera de desistir de llevar a muchos elfos de su ejército a una guerra innecesaria, fue así como Ileveter se dirigió donde el rey y le dijo -mi señor, el pueblo ha hablado, compartimos tu dolor de perder a tú padre, pero muchos de nosotros también perdimos a alguien en aquella masacre, pero no por eso iremos hacia el oeste a una guerra de la cual no sabremos si regresaremos con vida o si siquiera encontraremos a Miriahn y cobrar venganza-.

hubo un largo silencio en el gran salón del palacio, Nieber después de escuchar al elfo se paró de su silla y con voz dura pero respetuosa dijo –hay mucha razón en lo que dices mi querido amigo, se bien que marchar hacia el oeste seguramente será muy difícil y más difícil será encontrar en las inmensas tierras negras a Miriahn y sus secuaces, pero también entiéndeme, esto es algo que se tiene que hacer, La muerte de mi padre fue un sacrificio, lo mismo la muerte de los muchos otros elfos asesinados, es por eso que yo también como homenaje a sus muertes estoy dispuesto a sacrificar mi vida, para que aquel hecho no quede impune, por ultimo mi querido Ileveter, no estoy obligando a nadie a ir a la guerra, puedes hablar con cada uno de mis soldados, ellos están dispuestos también a ofrendar su vida por su pueblo-.

-¿pero esta ofrenda mi señor, es necesaria?-. Preguntó Ileveter. –para que marchar al oeste cuando aquí podemos vivir en paz y armonía como ahora-.

Nieber visiblemente molesto pero con calma prosiguió –¿esa paz y armonía de la que tanto hablas, crees que durara para siempre? cuando Miriahn arme su ejército negro ¿cuál crees que será su primer blanco? no Ileveter, mi decisión está tomada, el ejercito del reino marchara hacia el oeste, lo cierto quizá es que muchos de los nuestros no regresaran, pero prefiero eso que quedarme de brazos cruzados esperando el próximo movimiento de mi enemigo, prefiero atacar ahora que no está tan fuerte y no después cuando sea imposible establecer batalla con el-.

Ileveter agotó su último recurso diciendo – ya tu decisión está tomada, pero por lo menos pide ayuda al reino de Gwangur mi señor, ellos estoy seguro, responderán a tu llamado-.

-Gwangur ya ha hecho mucho por nosotros-. Respondió Nieber. –esto es algo que lo tenemos que hacer solos- . Y dicho esto dio por terminada la conversación y salió del gran salón con rumbo a sus aposentos.

Pasaron unos cuantos meses, Nieber y su ejército estaban preparados para partir, pero antes del día señalado para la marcha, el rey llamó a Ileveter a el gran palacio y con el convocó también a los más prestantes elfos no solo de Aqarad sino también de Escalat, sin ninguna objeción todos los citados se hicieron presentes, viéndolos allí a todos reunidos el rey Nieber tomo la palabra y dijo –mis hermanos, me alegra verlos a todos aquí hoy, como ya sabrán en estos últimos meses he estado alistando mi ejército para marchar hacia el oeste, las razones ya son de todos conocidas y no vale la pena traerlas a discusión, más sin embargo lo que quiero comunicarles hoy es que en tres días el ejército del reino en cabeza mía, empezará la larga travesía que nos llevara hasta Miriahn, pero eso no es lo único que tengo que comunicarles, he tomado la decisión de que en mi ausencia, un grupo de los más sabios e inteligentes elfos de mi pueblo gobiernen el reino y quiero que en cabeza de ellos esté Ileveter-.

Hubo en el salón murmullos y voces bajas hasta que uno de los asistentes tomó la palabra –mi rey, dices que Ileveter y un grupo de los nuestros gobiernen el reino, ¿eso significa que tú no volverás de la guerra?-.

-es lo más probable-. Respondió con franqueza Nieber. –la misión que estoy a punto de emprender, se podría decir que es una misión suicida, por lo cual no quiero que se aferren a falsas esperanzas de mi regreso, mi pueblo necesita a elfos sabios que los lideren y que los defiendan de futuros ataques y creo que Ileveter y ustedes son los más apropiados para eso-.

Ileveter visiblemente conmocionado declaró – es una decisión sabia mi señor, no se arrepentirá de dejar el reino en nuestras manos-.

Como había anticipado el rey Nieber el día señalado para el inicio de la marcha del ejercito del reino llegó, en total más de mil elfos impecablemente vestidos con la armadura del reino en formación esperaban la orden para el inicio de la gran caminata; los habitantes de Aqarad se votaron a las calles para despedir a el ejército y a su rey, les hicieron una calle de honor. Cuando el momento llegó, Nieber montó su caballo blanco y a su lado sus más allegados colaboradores entre ellos uno con el estandarte del reino en alto, este estandarte era una inmensa embarcación en forma de cisne sobre un lecho azul. Cuando Nieber dio la orden, aquel ejercito de elfos empezó su marcha a través de la calle de honor que los habitantes de la ciudad habían hecho, muchas mujeres del reino al paso de los caminantes arrojaban toda clases de flores. Al frente de tal ejército iba Nieber, impecablemente vestido con su armadura, como si aquellos momentos no fueran lo suficientemente tristes y grises, de la nada el cielo se nubló y se desató una fuerte llovizna que no permitió diferenciar las lágrimas de aquellos que despedían a sus seres queridos hacia la guerra.

Los tres mil soldados del reino de los lagos emprendieron el largo camino hacia tierras oscuras del oeste, aquel viaje iba a ser agotador, eran muchos kilómetros lo que les esperaba por recorrer y muchas sorpresas les acaparaba aquel camino traicionero. Habían ya recorrido cierto trecho y se hacía de noche, el ejercito del reino arribó a un gran valle que estaba en la rivera del rio bravo, entonces Nieber ordenó que en aquel lugar hicieran un campamento para pasar la noche, más sin embargo Nieber no queriendo sorpresas llamó a tres de sus elfos que iban en caballos y les dio la orden de adelantarse y explorar la zona y traer noticias del camino que les esperaba, y así fue como estos tres elfos obedeciendo las ordenes, montaron sus caballos y en medio de la oscuridad salieron a explorar la zona y a elegir el mejor camino a seguir, lo que no contaban los elfos era que como ya es sabido Miriahn tenía muchos espías en toda la tierra y se había enterado del inicio de la marcha de aquel ejército y había tomado ciertas medidas para que aquel ataque no lo fuera a tomar por sorpresas y muy pronto Nieber se iba a dar cuenta de eso.

La mañana llegó, y no había señal de los tres jinetes que habían salido a altas horas de la noche anterior, entonces hubo gran preocupación en Nieber y sus elfos más cercanos.

–Ya era hora de que estuvieran de vuelta-. Dijo uno de los elfos de nombre Galdero, dirigiéndose a Nieber.

-lo mejor será que retomemos la marcha, que se alisten para la partida-. Ordenó el rey a Galdero, así fue como en menos de lo pensado ya el ejército estaba listo para irse de aquel lugar y a la orden de nuevo del rey empezó otra jornada de marcha.

Pasaron muchas  jornadas de extensas y agotadoras marchas cuando por fin cruzaron los límites del reino y se prestaban para adentrarse  en el reino oscuro. Cada jornada era más agotadora que la anterior, mientras más se adentraban en aquel reino más se sentían cansados. El aire era más pesado y traía horribles aromas, las noches eran sumamente frías y los días en extremo calurosos, cada vez había menos fuentes de agua para que los soldados y los caballos bebieran y menos pastizales para que las bestias se alimentaran; en un principio la idea de Nieber y sus colaboradores era asaltar las tierras oscuras por el sur, rodeando la cadena montañosa de Gordolin, este era un viaje más largo pero más seguro,  pero debido al agotamiento que Nieber veía en los miembros de su ejército, se vio obligado a tomar el camino más rápido pero no necesariamente el más seguro como veremos a continuación.

Nieber y sus tropas se dispusieron a adentrarse  en la cadena montañosa de Gordolin, una serie de riscos y elevaciones muy peligrosas, con ríos y cataratas de lava que significaban otro inconveniente más, esto sumado al cansancio acumulado por el largo viaje ya que  sumaban más de tres meses de largas y agotadoras jornadas de marchas. El clima también era un enemigo pues los días eran muy calurosos con temperaturas que sobrepasaban los 35 ° centígrados. Como se dijo antes las fuentes de agua limpia cada vez escaseaban más, las provisiones de alimento también empezaban a escasear y los soldados elfos ya mostraban signos de inconformidad latentes, más aun así seguían al frente adentrándose más y más a estas tierras agrestes. Si bien la parte física empezaba a pasarles factura,  aún tenían la fuerza en el espíritu. El paisaje que mostraban aquellas montañas era sombrío, casi no había ninguna señal de vida animal o vegetal, tan solo unos pocos árboles muertos, y demasiado polvo alrededor, también rocas, muchas rocas, acantilados y despeñaderos peligrosos, tanto así que llegado a un sitio les era imposible a los caballos cruzar aquellos pasajes tan peligrosos, entonces Nieber decidió prescindir de ellos, les ordenó a todos los caballistas que desmontaran, pues desde ese lugar debían seguir a pie, de inmediato todos obedecieron, les quitaron las cargas que traían los caballos y las repartieron entre todos, luego Galdero pronunció estas palabras –son libres de regresar al reino o esperarnos aquí-. Refiriéndose a los caballos; desde ese punto la marcha de todos fue a pie.

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