Guerras santas - Las Gemas De Poder

GUERRAS SANTAS - Las gemas de poder, es una narración de fantasía épica, inspirada en grandes obras de literatura fantástica de grandes escritores como J. R. R. Tolkien, Andrzej Sapkowski y George R. R. Martin y también en grandes bandas como Rhapsody, hammerfall, Blind guardian, Dragonland etc. La trama de este cuento es la eterna lucha entre el bien y el mal. Elfos, hombres y enanos luchando juntos contra un enemigo poderoso que quiere apoderarse de la tierra. Los Timbilis son gemas de un poder incomparable e inagotable, Miriahn entabla una guerra contra los pueblos de la tierra para apoderarse de la tercera piedra y así tener un poder ilimitado y gobernar la tierra a su gusto, pero hay quienes están dispuestos a enfrentarse al señor oscuro con valentía y fiereza, dando paso a grandes y épicas batallas por el dominio de la tierra conocida.

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3. CAPITULO III El regreso y levantamiento de Miriahn.

 

 

Como se dijo antes Miriahn no participó en la enseñanza ni en la protección de los elfos y se fue a vagar por el mundo, mucho tiempo estuvo errante y cada día que pasaba más y más crecía su amor por su Timbilis, así fue como llegó a muchos lugares, conoció muchas tierras, vio a muchos animales entre los cuales estaban los majestuosos Mumak y los Olifantes, se dice que pisó tierras blancas en el norte y que lo maravillaron aquellos lugares cubiertos por la nieve , pero que también gustó de la tierra al noroccidente, tierra que más tarde se llamaría Mingart, un lugar bastante escarpado en el cual se erguía majestuoso un volcán de nombre Gordolin. Pasaron  muchos años al final de los cuales el Elohim orgulloso decidió volver al lugar donde había partido a su solitaria travesía, entonces emprendió el viaje de regreso pero esta vez regresó un Elohim diferente, un poco más callado, más astuto y por supuesto con más resentimiento hacia los elfos y hacia sus hermanos y por supuesto una dependencia absoluta a su joya. Así fue como un día, después de muchos años llegó a la tierra que había dejado atrás y se sorprendió con lo que encontró, una ciudad majestuosa llamada Gwangur, cuando los elfos lo vieron lo apresaron, pues nunca lo habían visto antes, además estaba muy mal vestido y de no muy buena apariencia. Entonces lo llevaron a la presencia del rey elfo Elenor, pero junto al rey estaba Arish quien al ver a su hermano ordenó que lo soltaran inmediatamente.

Entonces Miriahn preguntó -¿es así como recibes a tus hermanos, con espadas y grilletes?-.

Pero Arish contestó -discúlpame hermano pero ellos jamás te han visto, tal vez se asustaron, además esa no es la ropa digna de un Elohim-.

Cuando los presentes en el gran salón del rey oyeron esto se arrodillaron incluyendo el rey elfo Elenor, esto llenó de gran orgullo a Miriahn. -he regresado para ver a mis hermanos y me encuentro con esta gran ciudad-. Continúo Miriahn -y a ti-. Mirando a Arish -vestido con ropas de oro y plata, creo que has hecho muy buenos sirvientes-mirando con desprecio a los elfos.

-Te equivocas, ellos no son mis sirvientes-. Respondió Arish. -son un pueblo autónomo, yo solo los aconsejo y los protejo pero ellos toman sus propias decisiones, prueba de ello es él-. Señalando a Elenor. -es su primer rey y soberano de estas tierras-.

-¿soberano de estas tierras?-. Replicó Miriahn con tono burlón. -nosotros tres somos los únicos soberanos de estas tierras, ellos solo son una raza inferior. A propósito de los tres, ¿dónde está Thorab, no me digas que también se cansó de este absurdo y se fue así como yo?-.

-no está aquí-. Contestó sonriendo Arish. -es verdad que se fue, pero lo hizo con parte del pueblo elfico que decidió probar suerte en otros lugares, se dice que encontró su hogar al oriente en el reino de los lagos y que su pueblo es prospero tanto o más que éste-. Terminó diciendo Arish.

Esta noticia molestó en demasía al Elohim Orgulloso, pues esto significaba que los planes que había trazado para su regreso se truncaban, al menos momentáneamente. Muy en contra de su voluntad aunque no lo demostraba abiertamente, Miriahn accedió a quedarse un tiempo en la gran ciudad de los elfos, en ese tiempo muy en secreto perfeccionó sus planes, luego decidió que el siguiente paso era ir a encontrar a su hermano Thorab y así se lo comunicó a Arish quien apesadumbrado por ver partir a su hermano de nuevo no tuvo más remedio que dejarlo ir. Fue así como Miriahn partió al oriente en busca del reino de los lagos, en donde comenzaría su oscuro plan. Luego de recorrer muchos kilómetros por fin llegó al lejano reino de los lagos y a la ciudad de Aqarad, allí fue recibido con honores por su hermano Thorab y por el rey Tireber. Allí Miriahn se maravilló con la ciudad y con los elfos de este pueblo pues eran más fieros que los del reino elfico de Gwangur, esto alegró al Elohim pues sabía que necesitaría de ellos para llevar a cabo su plan. Así que con mucho tacto y disimulo y sin levantar sospechas ni de Thorab ni de Tireber, empezó a envenenar las mentes y los corazones de muchos elfos que lo seguían y se maravillaban con sus palabras.

Había pasado cierto tiempo y el Elohim Miriahn se había ganado la confianza de la mayoría de los elfos de la ciudad y la de su hermano Thorab, pero no todos veían a Miriahn con buenos ojos, Tireber, el rey elfo, sin saber por qué, se cuidaba mucho de intimar con el Elohim como los otros lo hacían y mantenía cierta distancia con él, pues en su corazón algo le decía que Miriahn era el portador de una desgracia para su pueblo. Cierto día estaban Thorab junto con Miriahn en el castillo del rey, y este último le pidió a su hermano que le dejara ver su Timbilis, entonces Thorab accedió, fueron a una habitación secreta para la mayoría de los habitantes del castillo y allí guardado en una cajita muy bella de oro estaba el Timbilis, cuando Miriahn lo alzó con las manos, sus ojos brillaron de codicia.

-¡es hermoso, no crees!- . Dijo.

 -en verdad que lo es- . Respondió Thorab.

-y su poder es ilimitado, imagínate lo que haríamos con él, seriamos los dueños y amos del mundo, reinaríamos en toda la tierra y nuestro nombre seria venerado en todos los rincones de este planeta-. Siguió diciendo Miriahn.

Thorab notando algo extraño en la voz de su hermano le arrebató la gema de sus manos y poniéndolo de nuevo en la cajita de oro dijo –este mundo no necesita más amos pues ya tiene uno, nuestro padre Menaih-.

Esta actitud de Miriahn inquietó mucho a Thorab, pero supuso que era normal viniendo de alguien tan orgulloso como él. Mientras tanto Miriahn sabiéndose incapaz para convencer a Thorab de unirse a sus planes, maquinó un oscuro y sangriento plan para apoderarse de la joya de su hermano,  en este plan estarían involucrados los propios elfos de la ciudad, así fue como envenenó los corazones con malicia y oscureció la mente con mentiras de 75 de los más fuertes elfos.

Ocurrió que en la ciudad de Aqarad se celebró por esos días una gran fiesta en el gran castillo de dicha ciudad, para celebrar el término de las cosechas que aquel año habían sido abundantes, además el lago les proporcionaba a los habitantes del pueblo pescado en abundancia, todo esto en honor al padre, Menaih. Para ese motivo se decoró el gran castillo del rey de una manera hermosa, se dispusieron mesas y sillas para todos los habitantes del pueblo, se preparó la más deliciosa comida y se puso a disposición el mejor vino del reino; la fiesta era amenizada con la mejor música y absolutamente todos estaban contagiados con la felicidad, todos hasta el Elohim Thorab. Esta era la oportunidad que había estado esperando Miriahn  junto con los 75 Elfos traidores. Aprovechando que todos estaban en la fiesta incluso los guardias del palacio, fueron a la armería, allí todos tomaron espadas y las escondieron en las capas pero antes de salir Miriahn les dijo –ha llegado su hora, la hora en que ustedes sean reconocidos como los más grandes elfos de la faz de la tierra, su recompensa será grande, la tierra será de ustedes, calmen su orgullo con el filo de su espada, pero recuerden que Thorab no debe morir, yo me encargaré de él, adelante mis hermanos esta noche será recordada por todos como la noche en la que elfos Azules se alzaron y conquistaron para ellos este reino-.

Dicho esto Miriahn junto a los 75 elfos se encaminaron hacia el gran salón del castillo. Como se dijo antes los guardias también estaban en la celebración así que cuando vieron entrar al Elohim con los elfos no los requisaron como era la orden, pues estaba prohibido el ingreso de las armas al gran salón del castillo. Aquella celebración era en grande, los elfos se habían hastiado de comer pues la comida era abundante y también como se dijo antes el vino, así que todos estaban bastante ebrios, todos menos el rey Tireber y por supuesto Thorab. Cuando la noche había avanzado bastante,  el rey Tireber se sintió bastante cansado y se retiró a sus aposentos, lo mismo ocurrió con Thorab entonces Miriahn se dio cuenta que los elfos estaban bastante indefensos, entendió que la hora había llegado, dio la señal a sus secuaces y estos dieron inicio al acto más vil de traición conocido hasta ese momento. Todos al mismo momento desenfundaron sus espadas y la emprendieron primero con los guardias elfos, estos al verse atacados intentaron defenderse en medio de su aturdimiento por el alcohol, pero los atacantes estaban más lúcidos y los superaban en número así que la muerte les vino rápido, en seguida las víctimas fueron los asistentes, los atacantes no tuvieron piedad con nadie,  mujeres y jóvenes fueron brutalmente masacrados sin nadie que detuviera este holocausto, muchos intentaron salir desesperadamente del castillo pero los 75 Elohim eran demasiados y sin ningún remordimiento les dieron muerte. Esta fue la primera gran matanza de elfos a manos de elfos. Los gritos provenientes del salón del castillo despertaron al rey quien en medio de su aturdimiento entendió aquel presentimiento que había tenido el mismo día en que había llegado a la ciudad Miriahn, se levantó rápido de la cama, se puso rápido la ropa y fue en busca de la espada, la desenvainó y se dirigió al gran salón consiente de lo que ocurría y de lo que estaba por venir, pasó por las habitaciones de algunos de sus hombres de confianza, afortunadamente algunos de ellos, pocos, estaban en sus aposentos, Tireber los enteró de la situación y pidió que todos buscaran espadas y se alistaran para defender al pueblo, llamó a uno de sus colaboradores quien respondía al nombre de Ilusir y le dijo –con mucho cuidado ve y anda a la habitación del señor Thorab y dile lo que está pasando-. Este último asintió y partió raudo.

Cuando Tireber entró al gran salón, no podía creer lo que estaba viendo, la imagen que le mostraba aquel lugar lo conmovió y a la vez lo llenó de ira y de rabia, muchos elfos indefensos, inocentes, cruelmente asesinados, hizo que Tireber el primer gran rey elfo del reino de los lagos se abalanzara sobre los asesinos. Ilusir con la fuerza y rapidez que le daban sus piernas llegó a la habitación de Thorab, con suavidad pero a la vez con premura tocó la puerta, inmediatamente el Elohim respondió. Ilusir le contó lo ocurrido, Thorab consternado por tal noticia pero con rapidez alistó su espada y salió en compañía de Ilusir. El gran rey elfo como poseído por una fuerza superior y junto a los pocos hombres de confianza sobrevivientes retaron  a los agresores y empezó una gran lucha de espadas, los elfos leales al rey no pusieron mucha resistencia y murieron de manera heroica , no sin antes también matar a algunos pocos de los traidores, pero el que no moría aún era el rey elfo que impulsado por la ira, peleó de manera admirable, matando a otros 15 traidores antes de morir a manos de Eryanor el más poderoso de los elfos rebeldes o elfos negros como desde ese momento se llamaron. Cuando Thorab llegó al salón ya era demasiado tarde, el gran rey elfo yacía en el piso en una laguna de sangre con múltiples heridas, también sus fieles elfos e igual todos los guardias; sin entender muy bien lo que pasaba dijo – ¿qué has hecho Miriahn, que has hecho?-.

Miriahn sin mostrar remordimiento alguno contestó  -solo lo necesario, esta tierra nos pertenece solo a los tres Elohim que lo creamos todo, yo solo reclamo lo que es nuestro, ahora bien-. Siguió diciendo Miriahn. –te brindo la posibilidad de que te me unas, trae tu Timbilis y dámelo y juntos reinaremos en esta tierra, nuestro nombre será honrado y temido, gobernaremos toda la tierra a placer, si tanto amas a estas criaturas ellos tendrán su tierra solo con el compromiso de darnos parte de lo que acumulen de riquezas, que me dices hermano, por tu bien piensa bien tu respuesta pues de ella depende tu vida-.

Thorab como no creyendo lo que escuchaba, desenvainó la espada, la tomó con su mano izquierda (pues los tres Elohim lo eran), la miró, bajó la cabeza y luego con una voz que era una mezcla de tristeza y decepción, pero también con orgullo dijo –esta matanza sin razón debe ser vengada-.

-supongo que eso es un no-. Replicó Miriahn. –pues bien si esa es tu decisión-. Siguió diciendo. –No tendré más remedio que apoderarme de tu piedra por la fuerza-.

Thorab con voz firme respondió –pues la única forma en que la tendrás, es si me la quitas de mi mano fría y tiesa, y créeme no te será fácil-.

Y dicho esto, dio un gran salto para atacar a Miriahn. El gran combate comenzó, bajo la mirada de los sobrevivientes de los elfos negros, la destreza y habilidad con la espada de Thorab sorprendió a Miriahn, aunque este último también era bastante dúctil, la fortaleza de Thorab iba menguando sus fuerzas, movimiento tras movimiento Miriahn sentía que sus fuerzas desfallecían, no encontraba un punto flaco para atacar a Thorab, y este a su vez se sentía con las fuerzas intactas y en un movimiento rápido de su espada, hirió en el hombro a Miriahn quien retrocedió entre una mezcla de dolor y sorpresa por la agilidad de Thorab. Dominado por mas odio, Miriahn se abalanzó en contra de Thorab, mas con vértigo que con fuerza y  dejando muchos puntos flacos en su defensa, situación que aprovechó Thorab para herir en contadas ocasiones a Miriahn quien consumido por el dolor cayó de rodillas al suelo; justo cuando Thorab se alistaba para asestar el golpe mortal y hacer justicia, Miriahn uso la última de sus artimañas, rompió en llanto, arrojando la espada lejos dijo –lo siento, tienes razón me equivoqué, lo que hice no tiene perdón, lo único que merezco es la muerte, ahora haz lo que tengas que hacer-.

Esto le sonó tan honesto a Thorab que se le ablandó el corazón y retomando la calma le respondió con lo siguiente –sabes que te equivocaste, lo que hiciste es imperdonable, pero no seré yo el que te juzgue y mucho menos te quite la vida, eso le corresponde a nuestro padre, es a él a quien tendrás que rendirle cuentas y aceptar el veredicto que él te dé, y lo mismo para ustedes-. Dirigiéndose a los demás elfos traidores, quienes estaban sorprendidos con la reacción de Miriahn.

Después de esto, Thorab se dirigió hacia Miriahn y le tendió la mano para ayudarlo a parar, pero el arrepentimiento de Miriahn era fingido pues ahora que se veía herido sabía que tenía que pensar rápido, cuando Thorab le estiró la mano, la tomó  y en ese momento de la otra mano sacó una daga que ocultaba en el cinto y con rapidez le dio una puñalada justo en la zona abdominal. Thorab, herido se tambaleo hacia atrás y trató con desesperación de tomar otra vez su espada, pero la herida era demasiado profunda y el dolor era insoportable lo que hizo que sus piernas flaquearan y cayera al suelo. Miriahn riendo con una risa maléfica, se levantó, tomó la espada y dijo –de verdad creíste lo que dije, mi querido Thorab, tu que tanto hablas de Menaih, mira que no está aquí justo cuando lo necesitas, ahora que tu vida expira, estas solo, te abandonó, solo toma mi mano, bésala y te ayudaré a curar tus heridas- y le extendió la mano a Thorab, pero este último con lágrimas en sus ojos y con sus últimas fuerzas, le escupió en la cara, esto último enfadó aún más a Miriahn quien con la espada atravesó el pecho del Elohim quitándole la vida. Y así murió Thorab, amante del agua, gran Elohim del reino de los lagos y defensor de los elfos azules.

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