EL CAMINO RECORRIDO...

Se dice que se requiere de mucho valor para enfrentarse al futuro, pero se requiere de más valor reconocer el pasado para continuar hacia el futuro...
En esta novela se cuenta la historia de como pequeños detalles pueden cambiar el futuro para bien o para mal de la humanidad y que además el cambio puede ser producido por una sola persona, siempre y cuando se encuentre en el momento y el lugar adecuado.

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1. Para llegar al futuro primero tuvimos que haber estado en el pasado.

El hospital psiquiátrico se había convertido en su hogar desde hacia ya mucho tiempo. Poco a poco se había acostumbrado a ese lugar y en el fondo ya no tenía deseos de salir de ahí, se sentía cómoda con la idea de considerarse loca y no tener que enfrentarse al mundo exterior, además de que aun sentía cierto rencor hacia ese mundo porque ella consideraba que era la razón de que ella terminara en ese lugar. El tiempo no la había curado, la había vuelto una persona distante, rencorosa, antipática e introvertida. Al principio sus amigos y familiares intentaron visitarla y ayudarla a mejorarse, pero ella no les permitió acercarse, quería estar sola y al final lo consiguió.

Estaba sentada en el jardín contemplando unas flores, los días transcurrían lentamente, así que podía darse el lujo de desperdiciar las horas en cosas insignificantes para los "sanos". De pronto miró como una flor de apariencia normal, se agitaba levemente y después con un movimiento más violento se transformó en una mariposa para levantar el vuelo hacia ella. Estaba loca, de eso estaba consciente, pero ver cosas como esas sabía que no eran alucinaciones. Se levantó molesta y caminó de prisa a su dormitorio, tratando de no llamar la atención de las enfermeras. Entró a su habitación y antes de cerrar miró hacia el pasillo temerosa de que la pequeña flor la hubiese seguido. Se sentó en una esquina y como una niña pequeña sostuvo sus rodillas junto a su pecho, murmurando para si misma. 

-No, no quiero. No he cambiado de opinión y no lo haré. El mundo no es mi responsabilidad-. Repetía una y otra vez.

De pronto la puerta de la habitación se abrió, una enfermera notó su comportamiento y la siguió hasta su habitación. Al encontrarla en el rincón angustiada sacó de su bolsillo una jeringa y se acercó a ella con calma. La chica no se inmutó, la dejo acercarse y permitió que la medicaran, lo deseaba de verdad porque eso era lo que la había mantenido con calma cuando los recuerdo amenazaban con torturarla durante todo ese tiempo. El somnífero hizo efecto de inmediato y pronto la calma volvió para dejarla dormida durante varias horas, la ventaja de eso era que al despertar, sus recuerdos se confundían y  se hacia creer que todo había sido sueño. Sin embargo, esa era la primera vez que la iban a buscar.

Tiempo atrás, aquella chica escondida del mundo, era una persona totalmente distinta, llena de vida, entusiasta, extrovertida y amorosa con todos. Su nombre era Emilia, tenía veinticuatro años y trabajaba en una cafetería. Tenía muchos amigos y ayudaba en varios proyectos de beneficencia. La vida de Emilia era como la de cualquier persona, con alegrías y tristezas.

Cierto día, el destino la encontró disfrazado como aquel hombre que atravesó el umbral en busca de un café americano sin azúcar, ella lo recibió y lo atendió como a cualquier otro cliente. Ya era tarde y pronto cerraría el local, así que sólo esperaba a que todos los comensales salieran, pero aquel hombre esperó hasta que todos se fueran. Emilia vio el reloj y al descubrir que ya había pasado más de una hora de la establecida para cerrar se acercó amablemente al señor y le pidió que se retirará, él sólo la miró de pies a cabeza, hizo un gesto de desaprobación y suspiró antes de hablar.

- Señorita, no estoy seguro de que usted sea la persona que buscó, pero aparentemente las señales me trajeron hasta usted. Créame, con esa complexión tan menudita y delicada no creo que usted sea la persona indicada, pero no tengo voz ni voto, sólo soy el mensajero-. Metió la mano en el bolsillo interior de su abrigo, sacó un sobre sellado y se lo entregó a Emilia. - Es suyo, se lo envían de otro tiempo y lugar. Me retiró señorita, fue un placer conocerla y su café es exquisito-.

Emilia tomó el sobre con desconfianza, mientras el señor se levantaba de la silla y salía del lugar. Ella abrió el sobre de inmediato y sacó la carta, leyó con atención:

"Si has recibido la carta en la cafetería, entonces estamos a tiempo. Si fue en el hospital, estamos en el límite de las posibilidades que tenemos para que lo logres.

1. En ambos casos debes buscar a tu compañero, no te voy a mentir el peso de las acciones caerá en ti, pero al menos tenerlo cerca te dará seguridad. La oportunidad de tenerlo cerca la perdiste hace mucho tiempo y como castigo se te había retirada tu derecho a tener compañía, pero por tus buenas acciones se te concedió uno de nuevo, no vayas a desaprovechar la oportunidad.

2. Después, debes despertar esos sentidos que dormimos para tu protección, son esenciales para tu supervivencia. Al ocurrir eso, dejaras de ser invisible y ya no habrá marcha atrás.

3. Escucha a tus instintos, ellos te guiaran hacia lo que debes hacer. No tenemos más consejos que darte, porque no sabemos lo que pasará, es tu destino."

Emilia guardó la carta de nuevo en el sobre y salió corriendo para alcanzar a aquel hombre, miró a ambos lados de la calle y fue como si hubiera desaparecido en la oscuridad. Guardó la carta en su bolsillo y regresó al interior para terminar de recoger e irse a su casa. Pensó que era una broma todo eso, así que al meter la carta en el bolsillo declaró el asunto como algo olvidado y sin sentido. La vida para Emilia transcurrió como hasta ese momento.

Al despertar del efecto del somnífero, Emilia se levantó de la cama, en esa persona no había ni rastro de la que había sido en el pasado, incluso era más delgada aun y pálida. Abrió el cajón del mueble junto a su cama, sacó un sobre amarillento y arrugado. Era la carta que había ignorado el día que se la entregaron.

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