EL CAMINO RECORRIDO...

Se dice que se requiere de mucho valor para enfrentarse al futuro, pero se requiere de más valor reconocer el pasado para continuar hacia el futuro...
En esta novela se cuenta la historia de como pequeños detalles pueden cambiar el futuro para bien o para mal de la humanidad y que además el cambio puede ser producido por una sola persona, siempre y cuando se encuentre en el momento y el lugar adecuado.

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3. De vuelta al mundo.

Emilia miraba el horizonte desde la misma banca de todos los días en el jardín del hospital. No había mucho que hacer en ese sitio y después de haber pasado una mala noche no tenía muchas ganas de hacer algo más. Los recuerdos estaban de nuevo en su mente y eso la estaba transtornando un poco, las ganas de salir corriendo hacia él la invadían nuevamente. De pronto alguien llegó junto a ella, por un momento pensó que era él quien la había ido a ver, pero al voltear descubrió a alguien que no se imaginaba ver nunca más.

- Hola, Emilia. Espero no importunarte-. Le dijo la mujer que la miraba con calma.

- ¿Qué haces aquí? Recuerdo que las ultimas palabras que me dijiste fue que arruine tu vida y te alegraba saber que estuviera aquí encerrada para siempre. Eso fue a lo que viniste aquella vez, que puedes querer aquí después de tanto tiempo, supongo que conseguiste rehacer tu vida con él de nuevo-. Contestó Emilia sin una pizca de remordimiento por las palabras que le dijo.

- Sí, ha pasado mucho tiempo. Pero no vengo a recordar cosas del pasado, vengo a decirte algo del presente-. Anunció sin dar más rodeos. - Mario está en el hospital-. 

Esas palabras hicieron que algo en Emilia se rompiera, como si de pronto un balde de agua fría le cayera encima y la devolviera a la realidad. La miró a la cara tratando de ver si decía la verdad, pero notó que era verdad. Recordaba con claridad a esa mujer y la conocía tan bien. El primer gran amor de Mario, la mujer con la que tuvo una larga historia que nunca llegó a nada porque Emilia apareció en su vida y cambio todo sin darse cuenta. Rebeca era su nombre, una chica buena en apariencia, pero que al ver perdido al hombre que creyó tendría para toda su vida comenzó una lucha silenciosa contra ella y tratando de cualquier manera de volver a reconquistarlo. Esa historia con ella la hacia darse cuenta de que lo que le pasaba a Mario era muy grave.

- ¿Qué le pasó?-. Preguntó tratando de sonar tranquila, pero sabía que pronto la calma se acabaría y entraría en pánico.

- Hace varios meses tuvo un accidente y entró en coma, estaba viviendo conmigo, así que me llamaron del hospital por ser su contacto de emergencias. Esperamos un poco para ver si reaccionaba y no fue así. Anoche estaba cuidándolo, me quede un instante dormida y estoy segura de que lo escuché llamarte, desperté al instante y él seguía igual que antes, lo observé con atención y supe que debía venir por ti-. Explicó Rebeca.

- ¿Su familia sabe que viniste a verme?

- Sólo su hermana que llegó en la mañana a reemplazarme, me sugirió lo mismo, que debía venir por ti e intentar convencerte de ir.

- Sabes que no puedo salir de este lugar, ¿verdad?-. Le preguntó Emilia mirándola con incredulidad por la seguridad con la que hablaba sobre llevarla a ver a Mario.

- Hablé con tu médico antes de venir contigo. Dijo que hace meses te dieron permiso de salir ocasionalmente, pero no lo has hecho. Así que es tu decisión. No necesitas ir conmigo, puedes pedirle a alguna enfermera que te acompañé o llama a alguien, puedo pedirle a la hermana de Mario que venga por ti-. Aseguró Rebeca con tranquilidad.

Emilia se levantó decidida a continuar. Algo en su interior despertó, el valor para salir de ese sitio. Tenía el control de nuevo y se sentía bien volver a estar viva. Rebeca la observó mientras se levantaba y se sorprendió de verla tan decidida como cuando la conoció.

- Vamos, iré contigo.

Rebeca la miró una vez más para confirmar que era verdad lo que decía y ambas salieron del jardín hacia el edificio para firmar su salida del hospital. Emilia la siguió con paso firme, él la necesitaba y ella iría a ayudarlo. Fue a su cuarto y sacó sus pertenencias, ya no volvería, estaba dispuesta a salir de ahí y enfrentarse a eso por lo cual se estaba ocultando. Su guardarropa no era muy amplio, pero debía salir con la ropa que tenía hasta que pudiese conseguir sus pertenencias. 

Salieron del hospital y una emoción extraña invadió a Emilia, como si el mundo hubiese cambiado al atravesar las puertas, incluso el calor del sol era distinto. Abordaron un taxi, Emilia miró por la ventana, notando que la ciudad era distinta, en esencia era la misma, pero había cosas que en su memoria no estaban. Habían pasado tres años desde que ingreso al hospital por voluntad propia acompañada de Mario, él siempre estuvo ahí cuando ella lo necesito y era el momento de ir y tratar de darle esa compañía que necesitaba y aparentemente era lo único que podía hacer.

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