Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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13. Una noche con suerte

Estaba de pie al lado de mi auto mientras observaba el barco, era un crucero enorme. Lleve mi mano a mi rostro.

—¿Esto es? –pregunte un tanto inquieta.

—Sí—dijo Daniel, aún seguía molesto— solo camina hasta la entrada.

Lo hice, camine muy tranquila hacia el crucero. Cuando llegue al puente que lo unía al puerto, un tipo que parecía un gorila apareció para bloquearme el camino, lo mire.

Este me estudio de pies a cabeza como si nada, me crucé de brazos hasta que dio un paso hacia un lado, como no dijo nada solo continúe caminando.

Entre al lugar y quedé segada por las luces, no sabía cómo era eso de vender armas y esto solo se veía como una fiesta más o menos normal, si no fuera por la cara de los invitados que decía cuidado, nunca hubiera creído que aquí se realizaban negocios turbios.

Camine por el lugar mirando a todas las personas, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, una gran variedad, también observado. Algunos hablaban sobre armas, otros sobre guerras y como se estaban acabando, lo que les molestaba. Llegue a la barra y me senté, me dieron un vaso de vino sin siquiera pedirlo. Mire al cantinero con la frente fruncida pero este siguió en su trabajo, solo tome la copa entre mis dedos y la observe un rato. Parecía que nadie me conocía, nadie se acercaba a mi, incluso me eludían, sonreí, Sofía debía ser muy poco sociable.

Mire alrededor buscando algo que hacer, pero nada me llamaba la atención, suspire y me pregunte si Edward estaría por ahí, debía de a verle preguntado si vendría, hubiera tenido con quien conversar.

Salí del lugar hasta que llegue cerca de la piscina, como estaba sola que me apoye en la baranda y mire hacia el mar, estaba muy oscuro.

—¿Qué divertido es esto?—murmure.

—Nadie dijo que debía ser entretenido— me respondieron por mi derecha y me gire para ver a Joan sentado en una de las sillas, arrugue mi frente.

Él se puso de pie y camino hasta pararse a mi lado, vestía de blanco por completo, alce una ceja cuando me miro.

—No pensé que vendrías—dijo, me encogí de hombros.

—No tenía mucho que hacer— él sonrió y llevo una de sus manos a mi cabello, tomó unos mechones sueltos y los puso detrás de mi oído.

Arrugue mi frente, pero no me moví, mire hacia el mar.

—Has estado tranquila últimamente— voltee mis ojos.

—¿Por qué lo dices?—lo mire, se encogió de hombro.

—Ya no vas al bar o al Laguna, pasabas ahí todo el día.

—Todo aburre—lo mire significativamente— luego de un tiempo— se rio.

—Me lo imagino.

—Ya está por comenzar—dijo un tipo apareciendo por una puerta, lo miramos, él se giro y comenzó a irse.

—Adelante—dijo Joan, dejándome pasar primero.

Seguí al hombre por pasillos hasta que llegamos a una sala inmensa, nos sentamos en un rincón, y observé el centro, donde un pequeño escenario se alzaba. Arrugue mi frente, esto era como un show, un tipo anciano se detuvo delante, todos se callaron.

—Compañeros—dijo.

—No puede ser—dijo Daniel en mi oído, quería preguntarle qué pasaba.

—Hoy nos hemos enterado de que uno de nosotros es un traidor— me estremecí suavemente, fue como si las palabras me llegaran directamente— y nosotros aunque somos ladrones, asesinos y muchas cosas, no nos traicionamos con la policía— me apoye suavemente en la silla, como no queriendo la cosa mire alrededor, Joan se veía aburrido, me fije que no había ninguna puerta abierta, estaba atrapada ahí, encerrada.

—Cálmate—dijo Daniel— no hagas nada— como huir despavorida, pensé.

—Pero algunos ya saben quién es—dijo y miro en mi dirección, me congelé, con todo y mi expresión de “no me importa” que había ensayado. Tres tipos caminaron hacía mi, pero sorprendentemente pasaron por mi lado y tomaron a un hombre de al lado, este lucho y lo golpearon en su cabeza, lo arrastraron al centro del escenario.

Mire alrededor, algunos ni siquiera prestaban atención, otros se veían aburridos, pero nadie parecía querer ayudarle, los que se veían incómodos solo ignoraban el hecho. Tenía ganas de correr del lugar, pero sabía que no debía.

Dejaron al hombre en el centro, arrodillado, el anciano llego a su lado lentamente. Uno de los guardias se detuvo detrás y puso un arma en su cabeza, lo iban a matar. Qué rayos, pensé.

—Este es el justo castigo por esta traición—dijo el anciano, hable antes de siquiera pensar.

—Matarlo no será el justo castigo—me congele.

—Maya—dijo Daniel, el anciano me miro.

—Consideras que se debe hacer otra cosa— me encogí de hombros, no sabía que decir.

—Matarlo no significara nada— lo mire a los ojos— eso no detendrá al siguiente— él llevo su manos a su cabello blanco.

—Me dices entonces que lo deje como lección— una mueca de pánico apareció en la cara del hombre arrodilladlo, me encogí de hombros, al parecer el tipo prefería que lo mataran— no es mala idea—dijo luego de un rato.

—Sofía y sus ideas—dijo Joan, lo mire y él sonrió— nunca te quedas calladas.

Salte suavemente cuando oí un disparo y luego un grito, mire incrédula hacia el escenario, le habían disparado al hombre, se sujetaba la mano contra su cuerpo. imagine que allí le habían disparado.

Lo arrastraron fuera del lugar, dejando una mancha de sangre en su camino, cruce mis brazos, tenía el estomago revuelto.

—Te vez pálida—dijo Joan y lo mire, se reía de mi— que comiste o te puso así que le dispararan— arrugue mi frente, se supone que no me importaba, no me importaba, cálmate, me dije.

Pero no pude evitar ponerme peor, lo malo fue que comenzaran a ofrecer armas, una tras otra, diciendo lo buena que era, como funcionaba, el precio, sobre la mancha fresca de sangre.

Estaba tan mareada que solo por suerte vi que un hombre delgado y pálido ofrecía sus experimentos con virus y bacterias, nadie pareció prestarle atención, cuando salió del lugar me puse de pie y lo seguí, necesitaba hablar con él, además de salir de allí.

Lentamente llegue a la puerta. Daniel hablaba con Jonathan sobre las armas, no me prestaban atención, me apoye en la pared cuando nadie me veía, me sentía mal, habían disparado a alguien por mi culpa.

—Daniel—llame.

—Sí—dijo él— ¿dónde estás?

—Uno de ellos vendía bacterias, lo seguiré.

—Qué, espera—dijo pero lo ignore—Debes regresar — continúe por el pasillo hasta que llegue a la supuesta puerta del científico, golpee y el hombre, no, un chico, abrió la puerta, arrugo su frente.

—¿Me dejas pasar?—le pregunte, él asintió y entre, me senté en una silla cerca de la única mesa, el chico me observó.

—Jamás nadie había venido a verme—lo mire. Debía tener 18 años, era delgado y pálido, de cabello oscuro, se veía enfermizo.

—¿Cuántos años tienes?—le pregunte, él volteo sus ojos pero se sentó a mi lado.

—20—dijo, arrugue mi frente, era más o menos de mi edad.

—Te ves más joven—le dije.

—Yo sé quién eres.

—Así—le dije, porque yo no, pensé.

—Sí, eres esa chica que todos le tienen miedo, no le agradas a nadie— abrió sus ojos como si se hubiera dado cuenta de lo que había dicho, me reí— no…yo…

—Cálmate—le dije— con que no lo repitas, no me importa— suspiro y miro alrededor, por último a mi.

—¿Qué quieres?—dijo.

—¿Cómo te llamas?—respondí de vuelta.

—Jesús—murmuro.

—Entonces Jesús, vendes armas biológicas—le pregunte, él suspiro.

—No—dijo, arrugue mi frente— nadie compra— sonreí— ¿quieres comprar?— borre mi sonrisa.

—No lo sé—dije.

—Dile que te de información sobre lo que vende, trabajaremos con eso— dijo Daniel, repetí la información, evitando cosas.

—Puedo hacerlo si quieres— se apoyó en el escritorio.

—Bueno—dije, lo mire— en serio nadie te compra tus experimentos.

—Algunos vienen, pero yo…—no termino.

—No les vendes—me miro y asintió.

—No sé por qué— sonreí internamente, el chico ya me caí bien.

—Bien, solo dame la información que necesito— asintió, parecía feliz de hacer algo.

Me puse de pie, tocaron a la puerta y fue a abrir. Cuatro tipos entraron empujándolo, lo tomaron del cuello de su chaqueta y lo estrellaron en la pared, intervine en seguida.

—Basta—dije y empuje al tipo lejos de él, Jesús cayó al suelo tosiendo.

—¿Estás bien?— me miro, asintió y miro detrás de mi alarmado.

Sentí que me agarraron de mi chaqueta y me empujaron lejos de él, arrojándome al suelo.

—No intervengas—me dijeron, Daniel y el tipo.

—Hago lo que me da la gana—le dije a ambos y me pare— que rayos están haciendo.

—Cobrándonos lo que nos debe—dijo y se movió hacia el chico, los demás tipos lo imitaron e intervenir.

Jamás había defendido a nadie, pero lo hice, golpee al que tenía más cerca, esto causo que los demás se lanzaron contra mí.

—Vete—le grite a Jesús y el corrió en seguida. Por un segundo encontré esto triste, pero por lo menos no lo golpearían, en cambio lo harían conmigo, porque un puño se  encontró con mi estomago, también lance golpes, y agradecí no estar armada, me estrellaron contra la pared y vi luces, otro tipo me golpeo en la cara, rompiendo mi nariz, sangre cayó a borbotones. Perdí el sentido de lo que pasaba luego de eso, solo era consciente de que me golpeaban, de que intentaba defenderme. Me cubrí el rostro protegiéndolo como me enseño Don Luí.

Escuché la voz de Daniel que me decía algo, solo entendí unas pocas palabras. Alguien los detuvo.

—¿Qué hacen?— era el anciano, tosí sangre hacia un lado, intente ver pero apenas podía.

—Intervino por el chico—dijo uno de los matones.

—Déjenla fuera de aquí, y limpien, busquen al chico luego.

Me agarraron de los brazos y me arrastraron fuera del barco, me dejaron tirada en un callejón no muy lejos. Cuando se fueron intente sentarme, no pude, apenas podía respirar.

Como estaba sobre mi estómago me giré y mire hacia el cielo.

—Sofía—me llamaron, Jesús apareció en mi foco, lo mire— lo siento—dijo y me ayudo a sentare.

—Por qué…—intente preguntar, tosí hacia un lado.

—No quise darles información sobre un arma biológica, querían cobrársela.

—Ya veo—susurre.

—Tengo que llevarte a otro lado— dijo él.

—Ve a mi casa— dijo Daniel.

—No— dijo Jonathan en seguida— esta con el chico, como le explicaras esto a él.

—No me interesa ahora esto—gruño Daniel.

—Edward—murmure, se callaron.

—Sí, ve con él— dijo Jonathan.

 Jesús me ayudo a ponerme de pie y le di la dirección del departamento de Edward, cuando llegamos llame a la puerta, no sabía si estaría, pero si, ya que abrió la puerta, miro al chico, luego a mí y maldijo.

Me tomó en brazos y me llevo a la sala, me acostó en el sofá.

—Maya —dijo Jonathan— que no vean tu audífono, la cámara, ten cuidado.

Me queje cuando él me subió la blusa, paso sus manos por mi vientre hasta mi espalda.  Volví a quejarme.

—Creo que tienes algunas costillas rotas—dijo él, miro al chico— ¿quién eres tú?

Jesús le conto lo sucedido, detalle a detalle, de cómo vio como me arrastraron fuera y me dejaron a mi suerte, todo.

Edward pasó sus manos por mi cuerpo, revisándome, cuando llego a mi cara, tome sus manos quitándolas de mi rostro, no insistió.

—Debo quitarte la ropa—me dijo, lo mire— creo que no quieres ir al hospital— negué y asintió, llamó al chico y le pidió ayuda.

Entre los dos me quitaron parte de mi ropa, Edward le ordenó al chico ir a comprar vendas, cuando este salió, comenzó a quitarme lo que me quedaba de ropa, lo empuje.

—Agua—pedí, él me miro y asintió.

Cuando me dio la espalda, me quite el audífono, era muy pequeño, y lo metí en uno de los bolsillos de mi chaqueta. No pude hacer más. La cámara no se veía, apenas se notaba, regreso y me dio de beber, cuando acabe, me levanto y llevo al baño. Me desnudo y me metió bajo la ducha, lo mire, se veía muy concentrado, reí y me miro.

—No sé que de gracioso hay en esto— dio el agua y me estremecí— estas llena de sangre, moretones y huesos rotos, no debes ayudar a todos el mundo, ella no lo haría— la puerta del baño se abrió y vi a Jesús entrar, al verme se sonrojo y aparto la mirada.

—Las…las vendas—dijo.

—Por Dios—se quejó Edward— pásame la toalla—le ordenó y el chico se la acerco. Me envolvió y me llevo a la sala de nuevo, me acostó en la cama del lugar.

Llevo sus manos a mi nariz.

—Sabia que te tendría en mi cama, pero nunca de esta manera—dijo él, reí y luego me queje— tengo que ponerla en su lugar—me aviso y asentí.

Lagrima cayeron por mi cara cuando la puso en su lugar, él me afirmo suavemente.

—Ya paso—murmuro, cerré los ojos, estaba muy cansada, Edward me sacudió— no te duermas—dijo, lo mire y me vendo mientras Jesús miraba por la ventana. Cuando acabo se sentó a mi lado y me cubrió con la manta.

—No puedo hacer más—dijo y quito mi cabello húmedo de mi cara— creo que estarás bien, por ahora, te daré algo para dormir— asentí y se fue, Jesús regreso a mi lado, me miraba intensamente.

—Lo siento—repitió— no sé porque todos te evitan, eres muy amable— Edward regresó.

—Por eso quizás—se quejo él y me dio una pastilla, la pase con agua, luego me acosté.

—Lo buscaran—susurre, él miro al chico, asintió.

—Conozco a alguien que puede ayudarle, estará bien— asentí y suspire.

—Duerme—me dijo él y me beso.

—No espíes—le dije y se rio.

—Como podría—luego susurro— además, ya te vi completamente desnuda— caí inconsciente luego.

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