Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

5Me gustan
5Comentarios
938Vistas
AA

3. Rendirse nunca...

Ya no podía mas, no sabía cuánto tiempo llevaba entre esas paredes frías. Me perecían que llevaba años observando las mismas rejas, escuchando las mismas voces, oyendo las mismas preguntas y dando las mismas respuestas.

¿Quién es tal persona? ¿Quiénes son tus contactos? ¿Dónde  reúnen? Etcétera, etcétera, etcétera.

Estaba más delgada, la ropa que llevaba apenas me quedaba aunque no era la mía. Suspiré al recordar que en algún momento de mi vida había querido bajar de peso, ahora esto era una exageración.

Como siempre alguien apareció delante mío pero ni  siquiera lo mire, si estaban allí solo era por dos razones: para dejarme salir a caminar o para mis necesidades básicas.

—Sal—dijo una voz que reconociera en cualquier parte, Daniel. Lo mire.

Hacia semanas que no lo veía pero, podía recordar claramente en sus interrogatorios. Intentando obtener información que no poseía, conocía sus rostro, su forma de hablar, de pararse para parecer intimidante. Si no lo hubiera visto por mi misma y si no hubiera sentido el miedo que él puede provocar simplemente con una mirada, jamás habría creído que alguien podía ser así.

—¿Qué?—pregunte sorprendida.

—Puedes irte—dijo dando una paso hacia atrás. No me moví, ¿acaso esto era producto de mi imaginación?

Como él seguía sin moverse me puse de pie lentamente y me acerque a la reja, dude un segundo.

—Acaso quieres quedarte aquí—dijo, no habia ninguna emoción en su mirada.

—No—susurré y salí.

La sensación de libertad me embargo de tal manera que hubiera llorado ahí mismo, pero ahora ya no tenía lagrimas, nada. Lo mire un segundo antes de que comenzara a caminar, lo seguí lo mejor que pude pero la poca movilidad que había tenido causo que en vez de caminar como él, con energía y firmeza, prácticamente me arrastrar afirmada a la pared.

Subí las escaleras apoyándome en el pasamano, mis músculos se quejaron y quemaron. Daniel ni siquiera se volteo a mirarme.

Llegamos a un pasillo y me llevo hasta una puerta, la atravesó como si nada y la mantuvo abierta para mí. Quede ciega a apenas atravesé la puerta, la repentina y brillante luz quemo mis ojos enseguida. Me detuve y lleve mis manos a mi ojos por la sorpresa.

 Cuando por fin logre ver a mi alrededor abrí mi boca por la impresión. Estábamos en la parte trasera de un edificio, al ver algunos automóviles deduje que era un aparcamiento. Me gire lentamente para observar a Daniel.

—Vete—me dijo y arrugue mi frente.

No me moví.

En verdad el acababa de decirme solo eso. Vete.

—Así como así—le dije molesta—vete, ¿qué crees que soy? un perro— él me miro sin sentimientos o culpabilidad, no había nada en sus ojos verdes—claro, probablemente eso crees que soy, vete—repetí, di dos pasos lejos de él pero me detuve y gire para mirarlo, aún estaba afirmando la puerta— han arruinado mi vida y lo que único que dices es vete—me sentí llena de energía, regresé con él y lo abofetee con todas mis fuerzas.

La rabia dentro de mí se sentía tan grande, me deba poder. Él mantuvo su rostro hacia un lado y note la marca roja, igual que mis dedos, aparecer su mejilla. No me importo

—Jamás en mi vida he odiado a alguien—me acerque a él hasta que casi lo tocaba, le susurre— ni siguiera  a mi madre —apreté mis puños—alégrate de saber que tú como tu amigo han despertado ese sentimiento en mi— me aleje de él y antes de llegar a la esquina le grite, me miraba— hazle un favor al mundo quieres, muérete.

Camine molesta por varias calles, ni siquiera sabía dónde estaba y no tenía dinero para pagar un taxista. No tenía absolutamente nada, ni siquiera la ropa que usaba me pertenecía. Al ver un parque cerca me acerque y me senté en una banca. Observé a la gente pasear, a los perros y los niños correr, a la gente a mi alrededor reír. Por Dios, pensé, como es posible que el mundo sigua como si nada, he pasado por mi propio infierno y a nadie le importa.

Cerré mis ojos y me apoye en la banca con la cara al sol, intente ordenar mis pensamientos y solo cuando ya no me sentía tan cansada, continúe mi caminata. Luego de ubicarme tome la dirección correcta a mi casa.

Me tomó bastante tiempo llegar pero, cuando estuve justo frente a la puerta de mi casa tome aire e intente atravesar la puerta. Solo que esta no se movió.

—Que—murmuré e intente hacer girar la perilla, empuje al mismo tiempo pero solo termine chocando con la puerta, esta no se movió ni un centímetro. Molesta mire alrededor, no había nadie— hey, mamá—llamé, nadie respondió.

—Maya—dijeron de repente y me gire para mirar a León de pie a dos metros de mi. Abrí mi boca pero no pude decirle nada, se veía tan delgado.

Corrí hacia él y lo abrace, sorprendido me abrazo de regreso y le agradecí en silencio el gesto. Como había extrañado el contacto con otros. Luego de un momento me alejo suavemente.

—Pero ¿cómo es que estas aquí?—dijo mirándome de pies a cabeza— ¿qué te paso? te ves tan…

—Yo…—comencé pero mire mi casa— ¿dónde esta mi madre?—le pregunte, él miro hacia otro lado—León—pedí.

Hizo una mueca antes de responder.

—Se fue—negué antes las palabras, no podía ser.

—Repítelo—dije.

—Se fue—repitió mirándome con pena, como me sentí mareada me senté en la cuneta, todo daba vueltas a mi alrededor—lo siento—dijo él y se sentó a mi lado— luego de que te fueras se volvió como loca—lo mire— tuvo muchos problemas hasta que un día desapareció.

—De que me fuera, desapareció— repetí confundida, negué— a lo mejor le paso algo—él negó.

—La vi llevarse sus cosas en un auto.

—No—dije y me tape la cara con mis manos, aunque no lo creía lagrimas cayeron por mi rostro— ¿por qué me hizo esto?

—Decía que tú la abandonaste—me queje con tristeza— yo sabía que no era cierto, pero no regresaste, fue tanto tiempo—lo mire.

—Yo… ¿cuánto tiempo?—le pregunte con miedo.

—4  meses—dijo, arrugue mi frente. Bien, no era tanto, para mi había sido como años, o décadas o siglos, demasiado—pero qué paso, dime—me tomó del brazo y lo mire. ¿Debía decirle? ¿Qué pasaría si lo hacía?, lo buscarían a él, no, grito mi mente, no podía hacerle eso.

—Yo…no importa—dije al fin, mire mi casa— ¿por qué está cerrado?

—Ella vendió la casa—ho Dios mío.

—No—me puse de pie molesta, debía admitir que este sentimiento me estaba acompañando más que mi sombra— ¿qué hare ahora?—se paró a mi lado.

—Cálmate, puedes quedarte en mi casa hasta que encuentres un lugar—lo mire agradecida.

—¿No le molestara a tu padre?—pregunte, la tristeza asomo por su rostro— ho Dios…—comencé y el asintió.

—Murió hace 1 mes—susurro.

Me aleje molesta, con todos, odiando al mundo por su injusticia, acaso la había emprendido conmigo, con los que quería, porque me hacia esto, que hice mal.

—Vamos—murmuro él y lo seguí sin antes darle una mirada a la que fue mi casa.

 

León me presto un cuarto y regresé a mi trabajo ese mismo día, pero claro, ya no lo tenía, Toni ni siquiera me recibió. Ya habían pasado dos días de mi liberación y estaba peor que antes, sin casa, dinero, trabajo, nada. Ahora me encontraba sentada en el suelo, a los pies de la cama con mi cabeza entre mis piernas, pensando en mi propia miseria hasta que abrieron la puerta. No me moví.

—Vas a quedarte aquí hasta que el infierno se congele—me dijo León desde la puerta, lo mire.

—No—murmure, no podía. Me puse de pie y tomé una chaqueta—veré si encuentro trabajo—le dije y también iría al banco tenía ahorrada dinero, y aunque me dolía debía utilizarlo, el asintió y me dejo pasar.

Camine por las calles hasta llegar a un banco, llegue al cajero automático, ingrese mi código y espere, nada, qué. Otra vez lo hice y nada. Mire el teléfono de consulta y llegue a él, llamé.

—Buenas tarde—me dijeron.

—Necesito consultar por una cuenta corriente—esperé.

—Por favor dígame su nombre, identificación y número de la cuenta—se la dije y ella me hizo esperar— la cuenta por la que consulta fue cerrada hace tres meses.

—Qué—grite al teléfono—quien hizo esto, yo no…

—Señorita, según el informe que poseemos la dueña de la cuenta la cerro sin antes sacar todos los fondos—me callé, estaba aturdida, ella interpreto mi silencio como que no deseaba hacer más preguntas—gracias por llamar—colgó.

Estuve largo rato con el teléfono en la mano, sentía a la gente entrar y salir del lugar, cuando me di cuenta de que no podía seguir allí, salí del lugar huyendo.

Camine sin rumbo, tan cansada, agotada de todos, de todas las cosas.

Doble en una calle de mala muerte y sonreí un poco. Antes jamás me hubiera metido en un lugar así, ahora, me encogí de hombros, no me importaba en lo más mínimo. Las calles eran un asco, estaban llenas de basura y olían a podrido. Camine por los callejones ignorando a todo el que pasaba cerca de mí, uno que otro tipo me miro un segundo pero al ver mi mirada decidían dejarme en paz, doble en una esquina y lo vi.

Él, uno de mis demonios en persona, a quien le desee la muerte, salió dando un traspié de una puerta. Daniel resbalo un poco y alcanzo a apoyarse en la pared. Me oculte detrás de un basurero y  lo observe.

El tipo le sonrió a alguien por un segundo pero su cara cambio al ver algo, la sorpresa sustituyo la sonrisa. Llevo su mano a su chaqueta y antes de llegar a ella le dispararon. No pude cerrar los ojos, me congele en mi sitio y grave en mi mente cada cuadro, todo lo sucedido.

La bala choco en su pecho mandándolo hacia atrás, chocó contra la pared, miro su herida un segundo y luego a su verdugo. Algo quiso decir pero no fue capaz y resbalo hasta sentarse en el suelo. La luz que salía de la puerta me mostro cada expresión en su rosto, desde la sorpresa hasta la aceptación, y me sorprendió ver eso. Aunque estaba lejos de él vi que algo de paz llegaba a sus ojos, como si lo que le pasara fuera mejor.

—No todos llegan tan lejos como tu—le dijeron, una voz aguda, de mujer.

Cerraron la puerta y lo dejaron allí, en el suelo, desangrándose como si nada. Él tosió algunas veces pero no intento moverse, solo se quedó allí.

Lo sentí tan desvalido, frágil, que me golpee mentalmente por sentir compasión por uno de mis demonios. Lo seguí mirando, largo rato si saber qué hacer. Podía irme y dejarlo, no tendría por qué sentirme culpable, él se lo merecía, fui yo quien le dijo que se muriera.

Él miro el cielo como si esperara algo, una luz paso a lo lejos y me mostro sus ojos, la extraña expresión que mantenía en un momento así. Y fueron sus ojos, lo que su rostro me decía, los que me hicieron tomar una decisión.

Nadie merecía morir así, pensé un segundo, en la calle, como un perro, por lo menos lo llevaría donde alguien pudiera ayudarle.

Camine despacio hacia él, me miro enseguida y sonrió. Qué, pensé y me detuve confundida. ¿Por qué sonreía? ¿Por qué a mí? Sus ojos estaban perdiendo su brillo pero aún si mantenían su fuerza.

—Mmm—dijo antes de toser—vienes a asegurarte de que se cumpla tu deseo—volvió a toser y esta vez sangre salió de su boca, me agache delante de él y lo mire a los ojos.

—Te llevare a un hospital—levante mis manos para ayudarle a pararse.

—No—se quejó deteniéndome— ningún hospital—me miro riéndose un poco—déjame morir—tosió.

—Que les pasa a ustedes y la muerte—murmure, él intento arrugar su frente al oírme y no pudo. Bien, si no quería ir a un hospital lo llevaría a su casa, por lo menos moriría en un lugar conocido.

Me acerque y metí mis manos en sus bolsillos, con dificultad claro, él ni siquiera se levanto un poco, pesaba como 100 kilos, y logre sacar su billetera.

—Ángel mío—susurró—me vas a robar—lo mire y voltee mis ojos, ángel. Probablemente estaba en las últimas de su vida y alucinaba.

Abrí la billetera y en su carnet de conducir vi una dirección, tomé otro papel y había otra, y en su pasaporte que estaba también ahí tenía otra.

—Pero que…—le dije— ¿Cuántas direcciones tienes?— él sonrió y una gota de sangre cayó por su boca.

—Las necesarias—susurró.

—Bien—dude—dime cual es la real—esperé.

—Y que ganare con eso— tosió y sangro, suspire.

—No morir—dije, él siguió sonriendo.

—Eso es algo que pasara de todos modos—me miro a los ojos y luego de pies a cabeza—un beso por mi dirección—me congele, en serio este tipo estaba loco.

—Debería irme y dejarte aquí—le dije, él cerro los ojos.

—No—pidió—no me dejes aquí llévame contigo, mi ángel de la muerte—sonreí aunque no quise ante sus desvaríos. Mmm, vaya. En serio deseaba morir, debería permitir que cumpliera su deseo. Apenas pensé en seso me arrepentí.

—Bien—suspiré— un beso por tu dirección— él abrió los ojos y sonrió de forma picara, mi corazón salto un latido.

—Ven entonces—me pidió, lo mire y me acerque, pero lo hice apoyando una mano en el piso y la otra en la pared al lado de su cabeza. Me acerque a él y lo mire a los ojos antes de tocar sus labios, me aleje un poco al sentir su suavidad, pero regrese en seguida y apoye mi boca en la suya.

—Mmm — gimió él y sonreí, sentí su lengua chocar con mis labios y aunque la duda me embargo, fue por tan poco que la curiosidad le ganó y le permití invadir mi boca.

Varias cosas sentí, su lengua chocar con la mía, su empuje, su sabor, aunque lo disfrute unos pocos segundos el sabor de su sangre me conecto con la realidad, dándole un último empuje a su lengua con la mía me aleje de él, él se quejó pero no me detuvo, o no fue capaz. Lo mire y sus ojos habían recuperado un cierto brillo, me miro un segundo antes de susurrarme una dirección. Arrugue mi frente. No era ninguna de las que tenía en su billetera. Me acerque y cerré su chaqueta negra de cuero ocultando su herida, limpie su rostro, ahora solo se veía como si hubiera bebido más de la cuenta.

—Bien—le dije, lo tome del brazo y aunque se quejo con dificultad lo puse de pie— vamos— dije, llegué a la esquina bajo su peso. Un taxi paso cerca, lo llamé y se detuvo a unos metros de mi, maldije y llegue a él, le ayude a entrar y me senté a su lado, él se quejo, lo mire y tenía los ojos cerrados.

—Que no vomite—me dijo el conductor, lo ignore.

Le di la dirección y se puso en marcha en seguida. Volví toda mi atención hacia Daniel, se veía peor que antes, más pálido y demacrado.

—En serio, si vomita tendrán que pagármelo—lo mire molesta, él aparto su mirada.

—Entonces es mejor que se apresure—le dije—no queremos que su precioso auto se ensucie.

Él me miro con fastidio pero condujo más deprisa, escuche a Daniel reírse.

—Mi ángel tiene carácter—canturreo un poco y otra vez encontré que no pude evitar sonreír.

Nos tomó cerca de 20 minutos llegar al lugar, no podía dejar de mirar el edificio, era lujoso, probablemente de 50 pisos o más, quien sabe. Mire a Daniel y me baje del auto, lo ayude a bajar pero por suerte el conserje corrió a ayudarme. Lo mire agradecida y  le page al taxista que me miraba con cara de odio.

El hombre tomó a Daniel y entro en el edificio.

—Otra vez el señor se extralimito—me dijo el conserje, lo mire y sonreí dudosa.

—Siempre pasa esto—pregunte mientras llegábamos al ascensor.

—Debes en cuando—me dijo, me miro de pies a cabeza—usted no se ve como las otras.

—Otras—repetí y él se encogió de hombros. Qué demonios pasaba aquí, que gustos tenían este hombre, suspire y vi al tipo marcar el último piso pero el ascensor no se movió.

—La tarjeta—me dijo el conserje, di un brinco y saque de mi bolsillo su billetera, encontré dentro una tarjeta que parecía de banco pero solo tenía un número. La ingrese en una ranura del lugar, el ascensor se puso en movimiento en seguida. No tardamos mucho en llegar a arriba, las puertas se abrieron y abrí mi boca sorprendida, como escuche reírse al conserje, cerré mi boca y le ayude a sentarse.

El conserje me miro esperando, me pregunte si acaso quería propina.

—Necesita algo mas—me pregunto, negué y seguí mirándolo, él se encogió de hombros y se fue, dejándome sola con él ahí, en ese departamento lujoso.

—Hoooouu—se quejo él y me acerque, le abrí la chaqueta. La sangre estaba en toda su camisa negra, bien a trabajar.

—Baño—dije e inspeccione el lugar, lo encontré, regrese por él y lo lleve.

Luego de sentarlo en el suelo, ya que probablemente si lo sentaba en otro lado terminaría cayéndose, le quite la chaqueta de cuero. Luego la camisa y me sorprendió su piel morena, claro cubierta de sangre, tome una toalla y lo limpie completamente, apoye otra sobre la herida y él se encogió de dolor.

—Necesito quitar la bala—susurre, él apunto algo detrás de mí, me acerque a un mueble y me sorprendió ver una caja llena de instrumentos médicos. Temple suavemente. Bien, esto será como una práctica para el futuro, me dije dándome valor, regrese donde él.

—Dios ayúdame— pedí y él abrió los ojos, me miro, ya no había brillo en ellos estaban tan vacío, de cierta manera pálidos.

Procedí a quitarle la bala, primero la busque con unas pinzas, luego le saqué y deje sobre la tapa del baño. Como templaba tomé aire para calmarme. Observé a Daniel unos segundos, él no se había quejado en ningún momento, solo mantenía sus ojos cerrados.

Limpie la herida otra vez y la cerré haciendo unos puntos, no sabía si se hacía esto o no, por ultimo puse una venda sobre la herida, al acabar me senté frente a él, sudaba y temblaba levemente.

Luego de descansar un minuto lo levanté de nuevo y lo lleve a su cama, lo acosté de espaldas y observe su cuerpo largo y firme por largos segundos. Al llegar su pecho, note varias heridas, cicatrices y cortes diversos. Suspiré y regresé al baño para limpiar todo, eche a la basura las toallas y guarde todos sus instrumentos luego de limpiarlos. Regrese con él y note que dormía.

—¿Qué debo hacer?—murmure mientras lo examinaba.

Bien, no nada mejor que hacer que quedarme allí y asegurarme de que se recuperara pero, ya lo había ayudado suficiente, no merecía mi ayuda, solo que no podía abandonarlo, pero no tengo por qué cuidarlo, y si muere por alguna infección, y si no. ¿Qué más da? me dijo algo dentro de mí. No puedes dejarlo solo, dijo la otra y las calle.

Seguí observándolo dormir por largos minutos.

Él no merecía mi ayuda, no había nada que me atara a él y lo que le sucediera. Me queje. A quien quería engañar, si no hubiera querido ayudarle solamente debía haberlo dejado solo en ese callejón.

—Solo  hasta que sea capaz de comer solo—murmure y eso sería dentro de un día.

 

Llevaba tres días con Daniel, él estaba en su cama, dormido profundamente. Hacía poco que había pasado una de sus etapas febriles, la herida se había infectado, y no sabía si era mi culpa o no. Suspire y me sentí culpable. Debí llevarlo a un hospital, pensé.

Me senté en la silla que había puesto al lado de su cama para seguir vigilándolo, yo no había dormido más de un par de horas desde que había llegado a este departamento. Suspire y observe un segundo el plato de sapo a un lado, por suerte él ya comía, claro, a duras penas. Como se movió inquieto me acerque a él.

—Papá—llamó, me senté cerca y pase mi mano por su cabello.

—Shhh—murmuré— calma, todo está bien.

—No quiero ir—susurró girándose en mi dirección, acaricie su rostro intentando calmarlo.

—Entonces no iremos—le dije. Aunque era uno de sus ataques debido a la fiebre, esta había disminuido, había aprendido mucho de él debido a esto. Al parecer creció con su padre, un idiota que lo maltrataba física y emocionalmente, siempre hablaba con alguien rogando que lo dejara. Me sentí mal por él. A veces gritaba y tenía que calmarlo, dos veces se había abrazado a mí, apretándome con fuerza, lo dejaba hasta que se calmaba y se dormía.

Ahora, otra vez esos recuerdos llegaban a él.

Se estremeció como si soportara algo, suspire y me acosté en la cama, lo atraje hacia mí. Desde cuando necesitara cariño, pensé, un abrazo, compañía. Lo abrace de vuelta, acariciando su cabello con calma. Ya conocía de memoria su fuerza y su olor, incluso la textura de su piel. Como note que hablaba, preste atención, eran cosas sin sentido mayoritariamente, hablo sobre alguien que murió, él decía que por su culpa. Yo debí morir ese día, repetía una y otra vez.

—Nooo—susurré cerca de él, suavemente se calmó. Recordé una canción que mi madre cantaba a mi hermano, así que la cante. Me sentí tonta al principio pero él se calmó completamente, me puse roja como un tomate cuando apoyo su rostro sobre mi pecho, aun así no me moví. Al acabar y como roncaba suavemente, lo moví y me puse de pie.

—Diablos—dije mirándolo.

Él no llevaba la misma ropa que hace unos días, ya se la había cambiado cuatro veces para que la fiebre bajara un poco. Lo había visto desnudo completamente y solo con recordar su cuerpo me sentía incomoda. Mire hacia otro lado borrando su imagen de mi cabeza, suspire y me senté en el sofá de nuevo, me dormí mientras lo vigilaba.

 

Desperté mucho después, me estire y acomode para volver a dormir, mire hacia la cama. No había nadie, bien, pensé, cerré los ojos y me relaje.

—¿Qué?— nadie. Mire alrededor confundida y me puse de pie.

Una manta cayó al piso, la observe un rato. Como escuche pasos al otro lado de la puerta me tense. Qué haría ahora, había despertado, debía largarme de allí antes de que decidiera encerrarme de nuevo por estar en su casa.

Me moví suavemente hacia la puerta y cuando ya no escuche nada la abrí, mire hacia todos lados, nadie, hora de partir.

Camine lo más rápido que pude al ascensor, lo llame pero nada paso.

—Necesitas la tarjeta—me dijeron de repente y salte por culpa de la impresión. No voltee a ver. Tarjeta pensé, mmm, metí mi mano en uno de mis bolsillos y la tome triunfante antes de meterla en la ranura. Antes de que pudiera volver a llamar siquiera al ascensor, me encontré aplastada contra la pared. Lo peor de esto no fue la acción, lo peor fue que él estaba pegado a mí, apretándome con su cuerpo, manteniéndome prisionera contra la muralla.

 —Chica lista—murmuro Daniel en mi oído, logre detener el estremecimiento. Quito la tarjeta del ascensor— esto se quedara conmigo— no se movió.

—Existe algo llamado espacio personal—me queje y él rio— te salve la vida.

No se movió, continuo apretándome como si nada.

—Hubieras muerto si no te ayudo—susurre nerviosa, se alejó de mí y arrugue mi frente al sentirme abandonada, extraño.

Me gire lentamente para verlo caminar hacia su comedor, llevaba otra ropa, aunque negra. Mire el ascensor y busque otra salida, debía de haber una escalera.

—No la encontraras—dijo él sentándose y me miro. Con el cuchillo que tenía en la mano me indico que me sentara delante de él, me pregunte si lo había tomado recién o lo tenía cuando me ataco.

Llegue frente a él, pero antes de sentarme saque un vaso de un mueble y luego jugo del refrigerador, me senté frente a él.

—Sírvete—dijo y le sonreí.

—Déjame ir—siguió comiendo como si nada—como es posible que teniendo fiebre y alucinaciones seas más amable que despierto — él me miró alzando una ceja.

—No te pedí que me ayudaras—negué.

—No, no lo hiciste, todo lo contrario, me pediste que te dejara morir—arrugó su frente.

—Recuerdo perfectamente que me dijiste, muérete—esperé— ¿por qué no me dejaste morir?

—No podía—me encogí de hombros—quizás si yo hubiera estado en tu posición me hubieras dejado morir, pero yo no soy así— bebí jugo, él me observo intensamente.

—Tienes razón, te habría dejado morir—me estremecí—¿eres doctora?— pregunto, voltee mis ojos.

—Según tú y tu amigo soy una narcotraficante peligrosa y asesina—no dije nada más.

—¿Cómo te llamas?—pregunto, sonreí.

—Tú eres el policía, dímelo—arrugo su frente.

—No lo recuerdo—dijo como si nada. Que amable, pensé.

—Maya—le dije, prefería que me llamara así, no con mi nombre real.

—Maya—repitió—como el dibujo animado—asentí. Termino de comer y se levanto para dejar las cosa en el lavaplatos, al moverse vi que hacia una mueca.

—Hay que cambiar la venda—recordé de repente, él me miro.

—Ya que pareces interesada hazlo tu—  no se movió ni un centímetro más tampoco yo. No soy su criada, pensé, pero al ver su expresión me rendí y fui al baño, tomé todo lo que necesitaba y  regresar. Ahora estaba en una silla, sin camisa y mirando por la ventana.

Cambie la venta, la limpie y todo. Daniel solo se movió para levantar sus brazos y permitirme trabajar mejor, no hizo nada más. La herida se veía mucho mejor, sabía que tardaría un tiempo en curarse completamente pero ya estaba bien.

Ahora yo era libre, pensé, me sentí extrañamente triste por eso.

—No nos hemos acostado—me pregunto Daniel de repente, lo mire sorprendida y sabiendo que mi ostro estaba completamente encendido.

—Para nada— aseguré, él arrugo su frente, me atrajo hacia si de un abrazo y me susurro al oído.

—Debemos cambiar eso—me estremecí e intente alejarme.

—No gracias—murmuré mientras lo empujaba, ni siquiera se movió, paso su nariz por mi cuello y respiro sobre mí, cerré los ojos un segundo y recordé al conserje, usted no es como las otras…

—Acaso tienes un serio problema de adicción al sexo—me miro sorprendido.

—Acaso no todos los hombre lo tienen—ha, se burlaba de mi.

—No que yo sepa—dije y lo empuje de nuevo. Él me soltó.

—Eres lesbiana—me pregunto examinándome, abrí mi boca sorprendida.

—Primero que todo, porque no quiera acostarme contigo no quiere decir que no me gusten los hombres, segundo, eso a ti no te interesa y tercero, sabias que los que siempre pregunta eso son los que salen del closet tiempo después –él se puso a reír —quiero irme—le dije, miro por la ventana.

—Como quieras—dijo, se levantó y fue al ascensor, lo llamo. Antes de irme recordé algo.

—Podrías devolverme mi dinero—esperé.

—Qué, qué dinero—pregunto confundido.

—El que ustedes sacaron de mi cuenta corriente—arrugó su frente.

—Nosotros no hemos sacado dinero de tu cuenta corriente— me miro aun con su frente arrugada.

—Pero alguien saco dinero  de mí…— mi madre, pensé. Pero como supo del dinero, y cómo lo saco. Suspire molesta, como no lo había visto antes—no importa—le dije notando que aun me miraba, me acerque al ascensor.

—Espera—me llamó—quiero pedirte un favor—lo mire.

—Favor—repetí y alce una ceja. Él quería pedirme un favor, en qué clase de mundo había llegado a caer me pregunte.

—Ya se arregló la confusión que tuvimos contigo—confusión, pensé. Me mantuvieron encerrada 4 meses y me dice que solo fue una confusión, lo mire sorprendida—siéntate—me ordeno, suspire y lo seguí a unos de sus sofás, me senté en frente de él.

—¿Qué quieres?— le dije.

—La chica con que te confundimos murió hace 4 meses—abrí mi boca sorprendida— la encontramos no hace mucho en un edificio abandonado— esperé y me miro— el problema es que ella había prometido ayudarnos a obtener información sobre un grupo de terroristas con el cual ella hacia negocios.

— ¿Qué quieres?—repetí y entrecerré mis ojos, deseaba que fuera al grano.

Daniel pasó su mano por su cabello.

—Nadie sabe que está muerta— no me podía estar pidiendo…—quiero que te hagas pasar por ella.

—Qué—me puse de pie en seguida— quieres que me haga pasar por esa chica, yo no sé nada…

—Sé que no conoces ese mundo—se acercó a mi—pero nosotros podemos explicarte las cosas, enseñarte a defenderte, todo.

—Por qué yo…—susurré—acaso no tienes a gente que pueda hacer esto.

—Sí, las hay, pero solo tú podrías ayudarnos en esto—lo mire a los ojos— estos tipos no confían en nadie más, el negocio solo lo harán con ella y si se enteran que está muerta se irán a otro lado a vender sus armas a otro grupo, tenemos que atraparlos ahora, antes de que le hagan daño a alguien—mantuve mi boca abierta, más aun al observar la expresión seria que mantenía.

¿Por qué? ¿Por qué me hacía esto? me pedía algo imposible, que pusiera en peligro mi vida.

—Si lo haces le salvaras la vida a cientos de personas—murmuro más cerca de mí, lo mire.

Vidas, repetí, y que pasaba con la mía, con mi vida. Ya había perdido 4 meses por una confusión.

Como siguió observándome intensamente hice una mueca interna. Qué le pasaba a este hombre conmigo, me pregunte. Suspire luego de unos segundos. Él sabía que no podía negarme  si podía ayudar a otros, que iba a intentarlo siquiera, además ya estaba en un hoyo, más abajo no podía caer.

—Está bien—le dije, él cerro los ojos un segundo— pero deberás enseñarme todo, entiendes, nada debe quedar al azar—asintió.

—No permitiré que nada malo te pase—voltee mis ojos pero asentí.

—Está bien—le dije y sonreí—con que no termine en una prisión por 4 meses, está bien— él sonrió suavemente y mi corazón volvió a  saltarse un latido.

—Te llevare a la central para que comencemos con el entrenamiento.

—Mm—solo tenía una duda— ¿me pagaran por esto?— él se rio un rato—vamos, lo digo en serio, no me alimento del aire—arrugue mi frente.

—Sí—logro decir luego de un rato— hablare para que te paguen por esto.

—Gracias—eso me tranquilizo bastante.

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...