Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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16. Recuerdos dolorosos

Cuando desperté Daniel estaba sentado en una silla, observándome. Permanecimos en silencio unos segundos hasta que solo extendí mi mano hacia él. Se puso de pie enseguida y  se quitó su ropa, cuando se metió en la cama conmigo apoye mi cabeza en su pecho. Sentí sus dedos acariciar mi cabello.

—¿Qué has hecho conmigo?—pregunto suavemente. No supe que decir, tomó aire antes de continuar.

—Mi madre murió cuando tenía 10 años— me congele— estábamos jugando en la calle con Marcus, fue un accidente, yo corrí a la calle a recoger una pelota cuando el auto apareció, me congele en mi sito, sin saber qué hacer pero, mi madre si supo, porque me empujo— esperé— yo solo me raspe una rodilla, ella murió dos horas después de eso— lo abrace con fuerza. Pobre, debía sentirse culpable— mi padre me odio después de eso, me culpo abiertamente de su muerte, me despreciaba y no le importaba ocultarlo. Discutíamos siempre, por todo o nada, una mirada, algo fuera de lugar, siempre había motivos, por años fue así, siempre mal. Cuando Marcus se fue a la universidad fuera de la cuidad, dejamos de hablarnos, aunque vivíamos en la misma casa, hasta ese día…— se tenso y acaricie su vientre, él tomó mi mano y cruzo sus dedos con los míos— en una de las muchas borracheras de mi padre se armó una discusión, intento golpearme y lo esquive, cayó al piso, asqueado con él lo deje y salí a vagar como siempre lo hacía, cuando regresaba vi el humo— tomó aire suavemente— corrí a la casa pero era tarde, el fuego la estaba consumiendo por completo, se necesito de cuatro compañías de bomberos para apagarlo, solo por suerte no se quemo otra casa del lugar— me abrazo con fuerza— tarde, después de eso supe que en su borrachera, al parecer, había intentado cocinar algo para comer, así comenzó el incendio.

Lo mire, él observaba hacia un lado, su rostro estaba lleno de tristeza.

—Yo debí de morir ese día, no mi madre, siempre me lo dijo— me miro— si hubiera muerto yo, mi madre estaría viva, mi padre lo estaría, incluso tu estarías mejor, a salvo de todo esto— acaricio mi rostro— pero no es así, sigo vivo, no sé por qué, me han disparado varias veces, muchos quieren verme muerto pero nadie logra…

Lo callé con un beso, no podía soportar escucharlo hablar sobre su muerte, la de nadie. Se relajó y cuando me aleje suspiro.

—No puedes controlar todo Daniel, tu madre murió salvándote la vida— cerró los ojos suavemente— no es tu culpa, nunca lo fue, tu padre se equivoco al desquitarse contigo por eso.

—Tú te echas la culpa de que tu padre y hermano murieran— dijo él— aunque no hubieras podido hacer nada para evitar algo así— arrugue mi frente. Era cierto, las cosas pasaron y no se podía cambiar el pasado, solo intentar superarlo, lo mejor posible.

—Tu tampoco hubieras podido cambiarlo—le dije, suspiro.

—Vaya par que somos—dijo y sonreí.

—Entonces asumamos que no sirve de nada quejarse sobre ello, porque no podemos cambiarlo, solo paso, hay que dejarlo atrás— acaricie su cabello— y la muerte de tu padre fue su responsabilidad, tu no tuviste nada que ver con eso, él es el único culpable del incendio— asintió y suspiro.

—Tienes razón, es extraño que cuando te lo dice otro suena más lógico que cuándo te lo repites tu mismo siempre— asentí.

—Lo sé, me acabo de dar cuenta— me acerque más a su rostro— y no te arrepientas de a verme conocido, yo no lo hago.

—Ahora—dijo él.

—Ahora—coincidí— probablemente aun estaría trabajando con Toni en la disco, evitando día tras día a los mismo hombres y sus proposiciones— sonrió suavemente.

—¿Tenías muchas?—pregunto.

—Ni te lo imaginas, habían algunas que sonrojaría hasta a una prostituta.

—Estoy intrigado— sonrió— dime una— me reí suavemente y me acerque  a su oído, se la dije, cuando lo mire tenía los ojos muy abiertos.

—Eso es sorprendente, incluso físicamente imposible— me encogí de hombros.

—Pues imagínate como era para mí— me subí a él con las piernas abiertas— acaso tú te arrepientes de a verme conocido—pregunte, tomó mi rostro entre sus manos.

—Nunca—dijo y sonreí ante su seguridad, me beso y lo desee enseguida.

Bese su cuello y baje por su pecho, ignore la punzada de dolor de mi costado y solo me concentré en él. Daniel enredo sus dedos en mi cabello y me acerco a él, su lengua invadió mi boca y la saboree lentamente, sonreí cuando tuve una idea.

Lo mire mientras me mordía el labio, alzo una ceja y sonreí, bese un camino hasta su oído.

—Haz lo que te diga— susurre y se estremeció.

—Me quieres tener bajo tus ordenes— asentí y sonrió.

—Una venganza por todas esas semanas de entrenamiento— le dije, se quejo suavemente.

—Creo que ya fui castigado por eso— alce una ceja— sabes lo que era para mí tenerte tan cerca sin poder tocarte— sus manos se posaron en mis pechos, los apretó suavemente.

—Si me tocabas—le recordé. Negó.

—Eso no cuenta— me reí.

—Que me aplastaras contra las colchonetas no cuenta— me miro y  sonrió con picardía.

—Eso solo era un momento de libertad y era más una tortura— bufe y me senté más cómoda, lo mire detenidamente— ¿qué piensas? –dijo.

Me acerque y lo bese rápidamente.

—No te levantes— me baje de la cama y fui al baño, cuando regrese me volví a subir sobre él, alzo una ceja mientras le mostraba una bufanda de seda, de color negro, sonrió.

—Me vas a amarrar, no sabía que tenías esos gustos— negué y me incline hacia adelante, lleve el trozo de tela hacia su rostro pero me detuvo.

—Vamos—le dije— o me tienes miedo— sonreí y volteo sus ojos.

—Está bien—aceptó— pero luego yo me tomare ciertos permisos— voltee mis ojos.

Lo bese antes de vendar sus ojos, dejándolo en la oscuridad.

—¿Cómo te sientes?—pregunte mientras lo miraba, él llevo su mano a su cabello.

—Creo que bien.

—Nervioso—dije y suspiro, puso sus manos en mis piernas— haha— dije y las tome, puse sus manos sobre las almohadas— tus manos se quedaran aquí— se quejo— si las mueves las atare— se rio un poco— así que quieto, está bien.

—Claro—dijo riéndose.

Me aleje de él y lo mire detenidamente. Me gustaba mirarlo, era tan elegante de cierta manera, fuerte y letal. Tome la sabana y la quite lentamente hasta dejarla en el suelo, mire su entrepierna y sonreí abiertamente al ver lo excitado que estaba.

—Por lo que veo te gustan estos juegos—le dije y bufo.

—Eso ha estado así desde que me metí en la cama— me reí suavemente.

—Entonces vamos a hacer algo para liberar tanta tensión— llegue a su lado y lentamente le quite el calzoncillo, lo deje caer al suelo y observe su pene, tieso y duro, clamando atención, me quede  mirándolo un rato.

—Maya—llamo él.

—¿Si?—dije.

—Me estas matando— negué suavemente.

—Y aun no comienzo— él trago nervioso.

Me quite mi ropa y me subí a la cama, me senté sobre mis rodillas y comencé mi juego. Primero pase la punta de mis dedos por su piel, su cuello, su pecho, cada musculo en el, baje hasta su cintura y seguí la línea de su cadera, salte olímpicamente hasta sus pies y acaricie su pantorrilla, sus rodillas, sus muslos torneados, moví mis dedos por la maraña de cabello que creaban un marco para su sexo pero no lo toque. Mire su rostro mientras lo hacia y vi la tensión de sus brazos, se esforzaba por no mover sus manos, sonreí.

Me acerque a su cara y acaricie sus labios con los míos, él intento besarme y me aleje.

—Quieto—le recordé y murmuro algo ininteligible.

Mordí suavemente su labio inferior y se quejo, baje dando besos por su cuello hasta su pecho donde saboree con mi lengua sus pezones, continúe por su vientre y llegue a su cadera, él movió un poco sus piernas pero se quedo quieto en seguida.

—Esto es cruel—susurro.

Cuando tomé su sexo con mi mano suspiro tranquilo. Lo acaricie lentamente desde arriba hasta su base, con la otra mano acaricie sus testículos tomándoles el peso y sorprendiéndome de su suavidad. Pase mis dedos por la gota anticipada que salió de él, la esparcí por su punta y lo mire.

—Daniel—lo llame suavemente.

—Mm—soltó él con voz ronca.

—Quieres que lo ponga en mi boca— me mordí el labio al ver la tensión de su cuerpo.

—Sí—suspiro— me encantaría— sonreí y lo hice.

Lo acaricie con mi lengua y manos, humedeciéndolo con mi saliva, gimió y lleve su punta a mi boca donde la chupe, seguí haciéndolo mientras acariciaba su longitud de arriba abajo con un ritmo lento.

—Ho Dios—dijo él y vi que sus manos bajaron para agarrar la sabana, sus caderas se movieron suavemente, pero quería que me viera, quería ver el placer en sus ojos, me aleje y se quejo.

—Maya—dijo con voz suplicante, me acerque hasta su rostro y tome un cojín.

—¿Quieres ver?—le pregunte.

—Claro que sí—dijo rápidamente, le quite la venda y sonreí cuando me miro, tenía los ojos vidriosos— levántate un poco— miro el cojín y lo hizo, lo puse tras de él y se apoyó, ahora quedaba en una posición que le permitía ver todo.

Regrese a su sexo y continúe acariciando, chupando y lamiendo, se acercó a mí y movió mi cabello fuera de su vista, no me detuve ni un momento y cuando se tenso y corrió lo recibí completamente. Luego lo mire y me reí. Estaba apoyado en el cojín muy quieto y con una expresión de placer y paz increíble. Me miro y suspiro.

—Ven aquí—dijo y me acerque a él, me beso con suavidad— ha sido increíble, creí que moría.

—Y yo solo quería torturarte— dije y sonrió.

—Cada día señorita está más atrevida—sonreí.

—Pues eso es debido a ti— alzo sus cejas— no eres el único que se excita con solo ver al otro— tomó mi rostro con una mano y sonrió con malicia.

—Ahora es mi turno—dijo, lo mire sorprendida— deberás hacer lo que yo diga— no fui capaz de negarme, no sabía si por cómo me miraba o solo por curiosidad.

—Bien—dije despacio, me empujo fuera de su cuerpo.

—Ponte sobre tus rodillas y manos—me ordeno, abrí mis ojos— hazlo—dijo y me moví hasta el centro de la cama, lo mire antes de ponerme como decía. Trague nerviosa al notar que él seguía sentado observándome.

—Daniel—lo llame, me avergonzaba la situación, me miro.

—No sabes lo hermosa que eres—voltee mis ojos.

—Sí, sobre todo en esta posición—dije con ironía, él se acercó a mí.

—Acaso te asusta el estar así— paso sus dedos por mi sexo y me estremecí.

—Asustarme no—jadee y acaricio mi espalda— solo me avergüenza—lo mire— sabes que nunca había estado en esta posición— me miro a los ojos y pareció pensarlo.

—Lo sé—dijo— y eso causa que me sienta aun más excitado.

—Es posible eso—dije riendo suavemente.

—Desde que te conocí descubrí que si—murmuro y continuo su caricia, introduciendo lentamente uno de sus dedos dentro de mí. Suspire y cerré los ojos. Él separo más mis piernas con su rodilla e introdujo un segundo dedo, lentamente comenzó a moverse mientras acariciaba mi nudo, cuando mis brazos comenzaron a temblar hable.

—Daniel—lo llame— no puedo sostenerme.

—Shhh—dijo suavemente sin detenerse— deberás hacerlo.

Introdujo un tercer dedo causando que gimiera, apreté la sabana bajo mis dedos obligándome a permanecer en esa posición.

—¿Te gusta?—pregunto, asentí y aumento su ritmo, mas rápido y profundo— y a mí me gusta verte así— sentí que mi cuerpo se tensaba, mi cabeza quería estallar.

—Daniel— gemí y él suspiro.

—Dilo de nuevo—dijo con voz ronca— quiero que te corras diciendo mi nombre— y así lo hice casi en seguida llamándolo.

Al final me derrumbe sobre la cama, él acaricio mi cuerpo dejando una huella húmeda donde tocaba. Cuando apenas me estaba recuperando me puso de espalda y abrió mis piernas, me miraba detenidamente, no tenia energía para quejarme de eso.

—Dios—dije cuando lo sentí entrar en mi de un solo empuje, ni siquiera había notado que se había puesto un condón. Comenzó a moverse lentamente pero con fuerza, empujándome hacia arriba, él solo me observó mientras se sostenía con sus brazos. Yo observaba sus ojos verdes, su cabello moverse junto con él, no hubo otro contacto que el de nuestros sexos chocando, sonando, el sonido que producía nuestra respiración acelerada, no dejo de mirarme ni yo a él, solo se acercó a mi cuando se tenso y puso su mano en la parte de atrás de mi cabeza, su frente sobre la mía y nuestros alientos mezclándose.

Aumento el ritmo, más rápido, mas desesperado. Jadee y cerré los ojos. Mi cadera se movió contra él, encontrándose con la suya. Alejo su rostro del mío y lo mire, seguía observándome. Sentí mi vientre contraerse, apretarlo dentro de mí, y cuando me corrí deje de respirar y me obligue a no perderlo de vista. Así pude ver su rostro contraerse, la gota de sudor que resbalaba por su frente,  sus labios separar apenas un centímetro mientras intentaba respirar. Gemí al verlo acabar y escuche como me llamaba.

Luego cayó sobre mi, estuvo unos momentos así mientras recuperaba el aire, acaricie su espalda y cabello suavemente. No me molestaba su peso, estaba más sobre la cama que sobre mí, y era agradable el tenerlo así, su rostro en la curva de mi cuello, su respiración haciéndome cosquillas. Cuando se levantó y fue al baño, me moví en la cama y acosté correctamente, regreso y sonrió al verme. Abrí mis brazos y él volvió a apoyarse en mí para volver a abrazarme, continúe acariciando su cabello.

Suavemente se quedo dormido y lo observe.

¿Qué voy a hacer? pensé, ¿qué haría cuando esto acabara?, ¿él me seguiría queriendo cerca?, ¿yo podría vivir lejos de él? en un mundo donde sabría lo que pasaba en secreto, ¿cómo lo haría?, suspire y acaricie su cabello mucho rato antes de poder dormir.

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