Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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25. Otro día para nosotros

Estaba vestida y lista para salir del hospital. Debía ir a una especie de terapia dos veces en la semana por mi  brazo.

Daniel me esperó fuera de la habitación mientras acababa todo. Cuando salí tomó el pequeño bolso mientras me despedía  de Marcus, él me recordó la comida de la noche, asentí.

Seguí a Daniel en silencio hasta el estacionamiento del hospital, cuando se detuvo frente a un automóvil negro y elegante, que jamás había visto, lo mire y alce una ceja. Él simplemente me abrió la puerta y esperó a que subiera. Ya arriba condujo hacia mi casa sin decir ni una palabra.

Al llegar entre y observe que todo estaba limpio, alguien debió de haber limpiado antes de que yo llegara. Me senté en el sofá y mire a Daniel dejar las cosas en una silla, me miro unos segundos antes de decir.

—Vendré por ti en la noche para que vayamos a lo de la cena.

—Claro—dije, sin más se fue dejándome sola, negué confundida pero, decidí arreglarme para después.

 

—Claro—dijo Marcus— fue algo como Maya esta en urgencias, no podre ir a cenar— mire a Marcus— con eso ella—apunto a su mujer— comenzó su trabajo de parto, menos mal que estábamos en el hospital— suspire.

Estábamos en la casa de Marcus, las niñas se habían ido a acostar y nosotros bebíamos un café en el patio. Marcus me contaba lo que paso luego de que entrara a urgencias.

—Maya—dijo una pequeña voz y todos nos giramos para ver a las gemelas con piyamas de pie en la puerta, nos pusimos de pie.

—¿Qué hacen?—pregunto Anna.

—Queremos hablar con Maya— dijo Johann y bostezo, mire a su madre.

—Yo las llevo a la cama—pedí, ella asintió.

Tomé cada mano entre las mías y caminamos  de regreso a su habitación, las acosté y esperé sentada en una de las camas.

—¿Maya?—dijo Johann.

—¿Si?

—Si te casaras con mi tío, no te irías ¿cierto?— la mire detenidamente, que cosas decían estas niñas

—Quizás—dije insegura. Mire a su hermana, estaba a punto de quedarse dormida

—Nosotras decidimos que podías hacerlo

—¿Hacer qué?—le pregunte y la tape.

—El casarte con mi tío, te damos permiso— me reí suavemente.

—Pues gracias—le dije, Susana se había dormido, solo faltaba ella.

—Bien, así tú no te irás y mi tío ya no estará triste— cerré los ojos un momento.

—No te preocupes por eso—dije suavemente—duerme.

La observé mientras se dormía. Negué sorprendida, los niños siempre veían más de lo que los adultos creían. Me puse de pie y regresé al patio, solo que no estaban allí sino en la entrada de la casa, me miraron.

—¿Qué querían?—pregunto Anna, negué.

—Solo cosas de niños—dije y me pare al lado de Daniel— nos vamos— él asintió.

Me despedí de todos y agradecí la cena. Cuando llegamos a mi casa él me acompaño, entramos en silencio. Yo fui a la cocina y preparé té, al acabar lo lleve a la sala y observe a Daniel mirar por la ventana perdido en sus pensamientos, me senté en el sofá y él me imito.

Bebí té de a sorbitos unos segundos observándolo, él no había tocado su taza y yo no sabía que decir.

De repente tomó mi taza y la dejo en la mesa, lo mire y se inclino en mi dirección, me empujo hasta que ambos estuvimos acostados en el sofá, con la mitad de su cuerpo sobre mí. Él apoyo su cabeza en su mano mientras me miraba, pasó sus dedos por mis labios, solo cerré los ojos por la caricia.

—¿Te arrepientes de haberme dicho todo eso en el hospital?—pregunto, lo mire.

—No—suspire— no lo hago, tenía que decirlo en algún momento — asintió— ¿te arrepientes de haberlo oído? — me miro.

—No, aunque fue interesante oírte decir que amabas de mi— sonrío y voltee mis ojos— he estado pensando mucho—murmuro, esperé— he pensado en lo que me dijiste, nadie me había dicho que me amaba como tu.

—Sí, fui bastante efusiva—murmure, sonrío aún más.

—Cierto, pero no me refería a eso… he pensado en lo que yo siento por ti— esperé— debes saber que como dijiste si te tengo cariño— me tensé— y me preocupo por ti— suspiro.

—No puede ser—le dije y lo empuje para alejarme de él. No me lo permitió, solo me afirmo contra el sofá.

—No he acabado—dijo— me sorprendió darme cuenta de eso, jamás había llegado a sentir mucho por una mujer, siempre fue físico y te aseguro que me atraes bastante en ese ámbito. Te lo dije, que con solo mirarme causas que te desee. Pero lo que me sorprendió fue el vacío que sentí cuando te vi herida, estabas tan pálida, tan frágil. Por días no pude dormir ya que tenía pesadillas contigo recibiendo un disparo, lo oía una y otra vez— negó—solo me calmé cuando Marcus me dijo que estabas fuera de peligro. No podía verte, nadie podía acercarse a ti. Fue ese vacío, ese terror de imaginar que podías morir, el saber que jamás te vería de nuevo, que jamás haría el amor contigo, que jamás oiría tu risa, tu voz— me miro y acaricio mi cara— fue mientras estabas en el hospital, cuando no podía verte que me di cuenta de cómo te necesito. Mi vida cambio cuando entraste en ella y aunque me moleste debo agradecerle a Jonathan su idea de interrogarte, no puedo ni imaginar donde estaría ahora sin ti, es como si esa vida jamás hubiera pasado.

—Daniel—lo llame, se calló— tu también cambiaste mi vida, yo…—negó.

—Lo sé, y eso es lo increíble, sé que me amas y ese conocimiento me hace sentir fantástico, bueno— tomó mi mano entre las suyas y la acaricio suavemente, me miro directamente a los ojos antes de hablar, me congele al ver en su mirada amor— te amo—me dijo— te amo Maya, con toda mi alma y cuerpo, de una manera que me sorprende y me hace sentir vulnerable— acaricie su rostro, sonrío— amo tu cuerpo— alce una ceja— amo tus suspiros cuando hacemos el amor, la forma en que dices mi nombre— sus manos comenzaron a desabrochar mi blusa— amo tu piel suave, la curva de tus pechos— empujo la blusa fuera de su camino, luego liberó el broche delantero y mis pechos aparecieron, él se inclino sobre uno y lo acaricio con su lengua— amo tu sabor, tu olor— su respiración mando estremecimientos en mi cuerpo, enrede mis dedos en su cabello, continuo depositando besos hasta mi vientre, se levanto y desabrocho mi pantalón— amo la forma que te mueves cuando estamos juntos, el cómo reacciona tu cuerpo cuando te acaricio, el cómo reacciona mi cuerpo cuando te veo así— suspiro— entregada, lista, deseándome— me saco el pantalón y la ropa interior, también mis zapatillas y calcetines, yo me quite la blusa y el brasier, me acerque a él y comencé a desnudarlo, bese su cuello y cuando su pecho quedo libre continúe por el— amo tu boca—suspiro, bese su pezón y se estremeció, desabroche su pantalón y los baje junto con su calzoncillo, su sexo apareció y lo tome con mis manos para acariciarlo— amos tus mano— levanto mi rostro para besarme— amo tu lengua— me reí— es increíble, no— asentí.

Me aleje de él y tendí en el sofá con las piernas abiertas, él gimió al verme. Extendí mi mano para atraerlo y se inclino sobre mí, como un animal, basándome por todos lados, llego a mi boca y me beso profundamente.

—Daniel—lo llame moviéndome contra él.

—Tengo que ir por un condón—murmuro y comenzó a levantarse, lo afirme.

—No—le dije— quiero sentirte sin condón, quiero tenerte completamente— gimió en mi boca pero accedió, su sexo encontró mi entrada y empujo suavemente, ambos jadeamos por la sensación, su piel me acaricio, él empujo hasta entrar por completo y cerré los ojos.

—Dios—susurro—es increíble— lo bese y él comenzó a moverse lentamente al principio y con más fuerza luego.

Nuestros cuerpos sonaban al chocar, nuestros gemidos llenaron la sala, y cuando nos corrimos lo apreté contra mí y temblé, él dijo mi nombre cuando se corrió, no mi apodo, mi nombre real.

Luego de correrse estaba acostado sobre mí, relajado, me reí.

—Recordaste mi nombre— él se rio.

—Siempre lo he sabido.

—Mentiroso—lo acuse— me dijiste que lo habías olvidado— me miro.

—Y tu— alzo una ceja— Maya— murmuro— que nombre es ese— me encogí de hombros.

—No quería que me llamaras con mi nombre en ese entonces— sonreí— pero ahora no deseo que me llames de otra forma— se rio y me beso, otra vez comencé a desearlo y el también, lo sentí crecer en mi interior.

—Entonces no te llamare de otra forma—susurro— pero solo cuando estemos solos— arrugue mi frente— solo yo te llamare así, nadie mas— voltee mis ojos y lo atraje a mí, otra vez me hizo el amor, y yo no podía dejar de sonreír cada vez que me llamaba.

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