Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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15. La familia

Cuando desperté en la mañana, que no era tan mañana porque había bastante luz, me queje suavemente. No por el dolor sino porque Daniel tenía uno de mis pechos en su boca, me miro.

—Ya sabía que esto te despertaría— me beso— no lo hizo el que me levantara y saliera a comprar, sospechaba que esto si.

—¿Saliste a comprar?—pregunte y me moví suavemente, no pude evitar la mueca de dolor. Al verme, Daniel arrugó su frente antes de suspirar.

—Vendas y algo para comer— tomó una caja y me la mostro—también esto— la tome y observe detenidamente, sonreí, una caja de condones.

—Una caja—murmure divertida— no te basta con uno—rio.

—Jamás me va a bastar solo con uno—dijo y volvió a besarme, me quito la caja y la dejo a un lado— llame a un amigo— alce una ceja.

—No tengo esos gustos—me miro sorprendido y me reí de su expresión.

—Graciosa—dijo antes de reír suavemente— pero me refería a otra cosa, es doctor, debe estar por llegar.

Asentí y él me ayudo a vestirme, luego de comer su amigo llego, al parecer era médico de urgencia en el hospital. El hombre era tan alto como él, solo que de cabello negro y ojos igual de verdes, al verme sonrió.

—Hola—dijo— soy Marcus.

—Maya— arrugo su frente.

—Como el dibujo animado— asentí.

—Por qué no la revisas—dijo Daniel, lo mire— luego se podrán conocer.

—Siempre tan impaciente—dijo Marcus, asentí de acuerdo.

Me reviso detenidamente, no le tomó mucho rato, al acabar me puso la venda y regresamos a la sala.

—No están rotas—me dijo— solo lesionadas pero se están recuperando, tomara su tiempo, así que cuidado con los movimientos bruscos— él miro a Daniel— estará bien—le dijo— la próxima vez llévala a un hospital en cuanto pase algo— Daniel suspiro.

—Lo hare—le dijo molesto.

—¿Desde cuando se conocen?— le pregunte a Marcus, arrugo su frente al oírme.

—Desde siempre—dijo— somos hermanos— abrí mi boca sorprendida, mire a Daniel quien se encogió de hombros.

—Me dijo, llame a un amigo— Marcus miro a Daniel.

—Yo también lo presento como un amigo— me miro y sonrió— no es agradable que te familiaricen con un burro como él.

Me reí con ganas, jamás había conocido a nadie que lo llamara así, Daniel se quejo molesto. Marcus me tendió un papel.

—Tomate una de estas antes de dormir, te ayudaran— asentí — por cierto, te gustaría ir a una cena— abrí mis ojos sorprendida, mire a Daniel un segundo, luego a su hermano.

—Claro — le dije.

—No puedo ser— se quejo Daniel y se sentó en un sofá, Marcus se rio.

—Es el cumpleaños de mi esposa— continuo él— y creo que le agradara conocerte, de paso quizás él vaya a alguna reunión familiar de vez en cuando— apunto a Daniel.

—Lo llevare— Daniel bufo.

—Ojala lo logres, si lo haces serás un genio— me reí— bueno es mejor que me vaya si no va a terminar sacando su arma y  disparándome en una pierna.

—Jamás haría algo así—se quejo Daniel, lo mire.

—No, porque Anna es capaz de devolverte el gesto.

—Pues si—dijo Daniel.

—La cena es hoy en mi casa, mmm—dijo— sé que es mucho pero podrías obligarlo a que te acompañe al cumpleaños de sus sobrinas.

—Sobrinas—dije, asintió.

—Cumplen 6 años, el sábado, estas invitada.

—Gracias— sonreí.

—De paso invítala a la cena de navidad y año nuevo— dijo Daniel molesto, me reí, era como un niño grande.

—No es mala idea  —dijo su hermano.

—Basta— Daniel se puso de pie— gracias por venir— lo tomó de un brazo.

—Daniel—lo llame molesta, estaba empujando a su hermano hacia la salida.

—Qué—dijo el— ya se iba— su hermano me sonrió.

—No te preocupes, estoy acostumbrado— los acompañe hasta la puerta. Marcus me dio un beso en la mejilla antes de irse causando que Daniel gruñera molesto, cuando cerré la puerta, él camino hasta el sofá y se sentó. Me senté a su lado.

—Me cayó bien tu hermano— me miro alzando una ceja.

—Pero yo soy más guapo— dijo él, voltee mis ojos.

—No puedo negar eso—paso un brazo sobre mis hombros atrayéndome hacia él— por qué no me dijiste que tenías un hermano.

—No lo sé, no tiendo a hablar mucho de mi familia.

—Sí, lo note—le dije, suspire— debo comprarme un vestido— me miro detenidamente— para la cena, no tengo ninguno que sirva— volteo sus ojos.

—Vas a ir.

—Vamos—le corregí— iras conmigo.

—No quiero—se quejo suavemente.

—Pues si iremos— me miro alzando una ceja.

—Qué ganare con esto— sonreí.

—Usar la caja de condones—  arrugo su frente, me mordí los labios

—Entonces si voy a esa reunión esta noche usaremos unos cuantos condones— asentí, aunque había pensado en uno, no es unos cuantos— es injusto—dijo.

—¿Por qué?

—Me estas chantajeando— negué.

—Chantajear es obligarte a hacer algo sin ganar nada a cambio, bien podría ir sola y tu tendrías que irte para tu casa o esperar aquí solo, lo demás solo es un incentivo— sonrió suavemente.

—Y cómo voy a permanecer en un lugar sabiendo el incentivo que voy a recibir.

—Con mucho esfuerzo, igual que yo— lo bese suavemente— vamos a comprar.

—De compras— se quejo aun mas, voltee mis ojos.

—Tengo que comprar esto— le mostré la receta— de paso un vestido, no me tomara mucho tiempo, no me gusta eso de las compras— suspiro.

—Está bien—dijo.

No me tomó mucho rato el elegir un vestido correcto, encontré uno negro y elegante, no demasiado formal, que llegaba a las rodillas. A Daniel pareció gustarle, aunque estuvo más inclinado por uno rojo, corto y ajustado, me dijo que era mejor para quitar con los dientes delante de la vendedora, causando que ella mirara hacia otro lado y yo me sonrojara, de todas maneras lo compre, por la idea que él puso en mi cabeza y para salir rápido de ahí. Aun se reía de mi expresión molesta cuando llegamos a casa.

Me vestí y puse unos zapatos simples y elegantes, bajos y cómodos, deje mi cabello suelto con un pequeño moño, tome una de los chalecos de lana que había comprado hacia tiempo, le quedaba a la perfección, sonreí satisfecha cuando me mire en el espejo. Me sorprendí de que ya no me veía como la chica que se subía al techo de su casa para huir de su madre, ahora era una mujer que sabia pelear, suspire y salí a la sala. Daniel me estaba esperando, su ropa semi-formal lo hacía ver deseable.

—Tarde mucho—pregunte y me miro, arrugo su frente— está mal— llego a mi lado en seguida.

—No vamos a ir—me dijo, lo mire.

—¿Por qué?— me abrazo y beso mi cuello, su mano levanto mi vestido hasta alcanzar mi ropa interior, metió sus dedos por él, lo detuve— ¿qué haces?

—Adelantar mi incentivo—murmuro contra mi piel, me aleje de él, arrugo su frente.

—Vamos—lo tome de la mano y arrastre para que caminara.

Condujo a la casa de su hermano en completo silencio, perdido en sus pensamientos. La casa esta estaba en la zona residencial, un lugar lleno de arboles y jardines inmensos.

—Son hermosas—le dije a Daniel mirando las casas, me miro y asintió.

Se detuvo delante de una casa y me abrió la puerta del auto, me tomó de la mano para caminar, al llegar a la casa me miro.

—Espero que sepas lo que haces— arrugue mi frente y toco el timbre, nos abrieron en seguida.

Una mujer apareció detrás de la puerta, tenía el cabello castaño y enrulado, además de un vientre enorme, estaba embarazada. Miro a Daniel y luego a mí, sonrió.

—Anna—dijo Daniel como saludo, ella volteo los ojos.

—Pasen—dijo y entramos a la casa,  me extendió su mano, la estreche. — Yo soy Anna, la esposa da Marcus.

—Maya—le dije, asintió.

—Lo imaginaba— sonrió y miro a Daniel— Marcus me hablo de ti, no creíamos que fueras capaz de hacerlo venir— mire a Daniel.

Como Anna se movió para dejarnos pasar Daniel aprovecho para susurrarme.

—Tu eres bastante capaz de hacerme venir—abrí mi boca sorprendida y me sonroje intensamente. Sonrió abiertamente ante mi reacción.

Cuando mire a Anna y note que nos observaba con una ceja levantada me limpie la garganta.

—Por poco no viene—sonreí suavemente— por cierto, es para ti— le tendí el paquete.

—Ho, gracias—dijo— puedo abrirlo— asentí— es hermoso— murmuro al ver el marco de plata que había comprado en el mercado negro.

—Interesante—dijo Daniel, sabía que él conocía  su procedencia. Evite mirarlo y solo le preste atención a la mujer.

—Muchas gracias—dijo, sonreí.

Le tendí mi chaleco y lo guardo, nos llevo a la sala, hay estaba su esposo, Marcus y algunas personas. El doctor me saludo y sonrió.

—Te felicito— me dijo en un momento dado, sonreí. Daniel se quejo suavemente.

—Dejen de reírse de mi—dijo, aun así ambos nos reímos y él negó.

Mientras conocía a los amigos de Marcus, algunos doctores y otros profesores, amigos de Anna, que también lo era, ella llamo a Daniel para que le ayudara en la cocina. Sonreí ya que él se puso de pie enseguida para seguirla. Luego de unos minutos camine por la casa, mirando las fotografías, desde el matrimonio de la pareja hasta sus hijas, dos niñas completamente rubias y pequeñas, tan adorables que me hicieron sonreír. Vi en una fotografía a Daniel sosteniendo a una de ellas, se veía serio he inseguro, miraba detenidamente al bebe, como si temiera que algo malo pudiera suceder en cualquier momento. Me estaba riendo cuando  Marcus llego a mi lado.

—Tuviste que obligarlo—dijo.

—No tanto—confesé, apunte la fotografía— parece que le va a dar un ataque— volteo sus ojos.

—Es la única que tenemos, no se atrevía a cargarlas— sonreí— así que cuando lo hizo tome una fotografía para el posteridad.

—Tú eres mayor que él— asintió.

—Por tres años—dijo, suspiro— aunque la vida fue más difícil para él— lo mire— no le digas que te dije, pero jamás se llevo bien con nuestro padre.

—Sabía algo de eso—le dije— pero no por qué.

—Deberás preguntarle eso a él, te puedo decir que mi padre era cruel con él y eso empeoro por la muerte de nuestra madre.

—¿Qué edad tenían?— me miro.

—13 y 10— asentí— éramos niños, más aun Daniel— mire las fotografías, hasta que lo sentí mirarme detenidamente.

—Qué—le pregunte.

—Estas enamorada de él— me sonroje y sonrió.

—Yo…—dije.

—Solo quería decirte que debes tener paciencia, él tiende a negarse a querer a otros, se ve que eres una buena persona, ideal para él, sobre todo en el mundo donde trabaja— miro alrededor—  pero nunca dudes de lo que siente.

—No sé lo que siente—le dije.

—Está enamorado de ti— me congele en mi puesto— cuando me llamo por teléfono estaba sumamente preocupado, jamás me había llamado, ni siquiera cuando él está herido,  y cuando me despedí de ti vi los celos en él— asintió— yo sé lo que te digo.

Lo observe unos segundos sin saber que decir, no podía creer que Daniel estuviera enamorado de mí, o aceptar que yo lo estaba de él. ¿Lo estaba?

—¿Qué paso con su padre?— cambie de tema y miro una fotografía.

—Murió en un accidente—dijo.

—No sabía eso—dije yo, me miro.

—Fue hace mucho, yo estaba en la universidad y él estaba por salir de la escuela— asentí y mire las fotografías.

—Me gusta esta—le dije, era donde estaba Daniel y él sentados en un tronco, debían tener 17 o 18 años— sonrió.

—Fue en un campamento, el ultimo año que yo fui, ese año partía a la universidad— arrugo su frente, como si recordara algo— Daniel tenia 16 años…— no dijo mas, solo observo la fotografía, yo mire las demás.

—Aquí están—dijo Daniel apareciendo por un pasillo, su hermano lo miro.

—Estábamos hablando del pasado— Daniel arrugo su frente.

—Me gusta esa—le mostré la fotografía, él ni siquiera la miro, solo observaba a su hermano, los mire a ambos— hola—dije moviendo mi mano entre ellos.

—Vamos, la cena está servida—Daniel me tomó de la mano y me obligo a seguirlo por el lugar.

Luego de comer hablamos de diferentes cosas, todos contaban historias graciosas sobre Anna, ella solo sonreía. Me reí cuando Marcus me conto sobre él y Daniel, sobre cuando se disfrazaron de conejos una pascua, cuando eran muy niños y como Daniel no había querido quitarse el disfraz por días hasta que lo obligaron, mire a Daniel, él solo negaba molesto.

Al acabar me despedí de todos, Anna me hizo prometerle que iría al cumpleaños de sus hijas, accedí encantada.

Al llegar a mi casa, Daniel dejo su chaqueta en una silla y yo mi chaleco en el sofá, camino hasta la cocina molesto, lo seguí.

—¿Qué pasa?—pregunte— estas molesto por haber ido, porque contaron una historia sobre tu niñez— mire su espalda tensa— o porque hable con Marcus sobre el pasado, como dijo él y temes o sabes que te preguntare— se volteo más molesto aun y paso a mi lado, tomó su chaqueta y antes de que saliera le dije— no servirá que huyas— se detuvo y me miro, no dijo nada. Se fue dando un portazo, suspire y mire la puerta.

—No habrá incentivo—murmure.

Me sentí triste enseguida por su reacción, quería saber de él porque me interesaba, porque me preocupaba por él. Incluso, aunque me costara aceptarlo, porque como dijo Marcus, estaba enamorada de él. De lo cariñoso que era conmigo, como me cuidaba, de cómo me tocaba, solo que dudaba de que él lo estuviera de mí, yo solo era su responsabilidad.

Me sorprendió que ya no me molestara lo que había pasado hacía meses con él. Ahora sabía que si hubieran querido hacerme daño me hubieran tratado como los matones, ellos jamás me tocaron, eran descuidados, si, pero solo eso.

Me quite el vestido y cambie la venda, tome una pastilla antes de acostarme, espere un rato por si acaso él regresaba pero no fue así, me quede dormida con la sensación de vacío dentro de mí.

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