Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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18. Intento de Homicidio

Corrí de regreso a mi auto y deje la botella en el asiento. Conduje de prisa por las calles hasta que llegue a la casa. Estaba oscura y vacía. Apreté las manos en el volante mientras intentaba controlar el suave temblor de mi cuerpo. Aun así baje del vehículo y rodee la casa, me colé por el patio y mire alrededor, nada. Como estaba tan oscuro maldije y regresé a mi auto, debía tener una linterna por allí. Solo por suerte encontré una en la parte de atrás, con pilas y todo.

Regresé a la casa e inspeccione.

Esta estaba completamente cerrada, mire por una ventana y dude un segundo pero aun así la rompí con mi codo. Esperé por si alguien venia a ver qué pasaba, pero nadie apareció. Entre en la casa por la cocina, estaba llena de polvo, y camine por el lugar hasta que llegue a la sala, ahí, en la pared había manchas oscuras. Me acerque lentamente, se veía como sangre seca, pero no estaba segura, suspire y mire alrededor. Luego subí al segundo piso, igual de vacío, me senté en la cama de la habitación y mire alrededor.

¿Por qué no encontraba nada? me pregunte frustrada. No se veía como si alguien hubiera estado allí, suspire molesta y me fui al ropero, nada. Cuando regrese a la habitación una pequeña cosa me llamo la atención. Había algo bajo de la cama, trague nerviosa y me acerque.

Lo que había eran dos cosas, una pequeña maleta y un botón a los lejos, tanto el botón como la maleta las tome con un pañuelo y los deje en la cama. El botón se veía normal, me encogí de hombros, la maleta llamo mi atención y la abrí con cuidado.

Tenía ropa, algunos vestidos y blusas, fui dejando todo a un lado. Debajo de esto había papeles, leí un poco pero no había nada que me pudiera servir, aunque ni siquiera sabia que me podía servir. Observé varios recibos de pago de la renta del lugar, ella estuvo varios meses viviendo en esta casa, suspire, no había nada más. Me quede viendo la maleta, era pequeña para su tamaño, se veía más grande, alto, más grande.

Nerviosa busque por el borde hasta que encontré una forma de tirar el doble fondo, ahí apareció lo bueno. Había un arma, una pistola pequeña y bonita, y un cargador, los moví sin tocarlos con mis dedos usando las puntas de mi chaqueta, también había una carpeta pequeña, amarrada con lazos. La tomé y observé, nada a primera vista, en una papel suelto está escrito unos números a mano, parecía un teléfono, aunque era muy largo para serlo, una cuenta de banco, quizá. En un paquete había una fotografía, la tome y mire fijamente, abrí mi boca sorprendida y me deje caer en el piso.

Era yo la de la fotografía, no Sofía, estaba yo con mi hermano hacia años, debía tener no mas 15 años, ¿por qué Sofía tenía una foto mía? la observé detenidamente. Cuando salí de mi asombro seguir hurgando en la maleta pero ya no había más.

—¿Qué es esto?—susurre y mire la fotografía.

Escuche un raro sonido y me congele. Ruido, en el piso de abajo, había alguien mas en la casa. Guarde las cosas en seguida, bien solo puse el doble fondo y la ropa en cima, metí el arma en mi cinturón con el cargador puesto, la foto la doble y guarde en mi bolsillo, cerré la maleta y devolví a su lugar, tomé el botón que estaba en el pañuelo y lo guarde en mi otro bolsillo, tome los papeles y me moví en silencio hacia la puerta, me detuve. Alguien subía las escaleras y yo estaba entrando en pánico, mire hacia la ventana y mi única salida, el balcón.

Corrí hacia ella y salí, deje cerrado y me oculte.

Respiraba agitadamente, apreté los papeles contra mi pecho y me lleve una mano a la boca. El intruso estaba en la habitación, buscando algo, mire de reojo y lo vi sacar la maleta de debajo de la cama, él la abrió y tiro la ropa lejos, saco el doble fondo y como no encontró nada tiro la maleta hacia un lado molesto, ¿cómo sabía que estaba ahí?

De repente saco algo de su bolso, era como un celular, una pantalla se encendió pero no pude verle la cara, la tenia cubierta por una máscara. El intruso miro y casi en seguida me miro a mi, me congelé, ¿qué rayos? Pensé.

Nos miramos un segundo, o creo que me miraba a la cara, hasta que reaccione y hui del lugar hacia el único lugar posible, arriba. Subí al techo y escuche la ventana abrirse, no me detuve, de reojo capte que mi casa, mi antigua casa se veía a la perfección, sobre todo el techo donde yo pasaba casi siempre.

Me moví hacia un lado y escuche que algo paso cerca de mí como un zumbido pero más rápido. Al descubrir que me disparaban corrí más rápido de lo que creí posible, llegue al otro lado, por donde podía bajar sin problemas y me deje caer, me arrepentí en el segundo que choque con el suelo, aplastando mi brazo contra mis costillas. Tomé aire con fuerza y me puse de pie, corrí a mi auto, por instinto me moví hacia un lado y otra vez el ruido, maldije. Rápidamente me subí al auto, lo encendí y partí.

Estuve conduciendo por casi 20 minutos antes de detenerme en una plaza, temblaba descontroladamente.

¿Qué fue eso? Pensé.

Me siguieron, ¿alguien sabía que estaba ahí o fue coincidencia? pero sabía de la maleta, y si sabía ¿por qué no fue antes? y ¿como supo que me ocultaba? El intruso era un hombre, lo deduje por su tamaño, muy parecido a Edward, Daniel y Jonathan, bueno, muchos eran así.

El hombre observó esa pantalla antes de mirarme, ¿acaso era una cámara de vigilancia? pero no vi nada en la casa. Instintivamente lleve mi mano al broche donde estaba la cámara que me dio Daniel, no puede ser, pensé, lo mantuve tapado.

Me encontraron por él, alguien me espió, el traidor,  no podía ser, ¿uno de ellos era el traidor? Daniel o Jonathan, ¿Quien más tiene acceso a mi cámara? ¿Quien más me ve? debía estar mal, no podían ser ellos, pero y si lo eran, ellos trabajaron con Sofía, quizás ella averiguo algo y la mataron, uno de ellos lo hizo, pero ¿Quién?, ¿qué se supone iba a ser ahora?

Me apoye en el volante y mire los papeles en el asiento, debía ocultarlos, pero ¿Dónde? además tenía el arma también, arrugue mi frente. Como si no lo hiciera apropósito tape la cámara, tome los papeles y los puse debajo de mi pero, saque otro manojo de papeles de mi guantera y los amarre con la misma cinta, se veía igual. Me senté sin tapar la cámara y observe el sobre, también mi reloj. Era cerca de las 3 de la mañana. Metí los papeles en la guantera hasta el fondo donde los tape con otras cosas. Tome la botella de vino y la abrí como pude, aunque me costó bastante, bebí un buen trago de ella y luego otro y otro. El vino calentó mi cuerpo, me relajo en seguida, tape la botella y la deje a un lado.

Esperaba que eso distrajera a quien me observaba.

Regresé a mi casa, no estaba tan lejos, y por suerte, porque con lo que bebí en el bar y el vino ya estaba mareada.

Cuando llegue a mi puerta me apoye en la pared, tenia los papeles en mi espalda, los puse ahí, afirmándolos con el pantalón, los tape con la camiseta y la chaqueta, tomé aire y saque mis llaves.

Extrañamente no podía meterla en la cerradura, la puerta se movía. Apoye mi mano en ella y lo intente de nuevo, arrugue mi frente al no poder hacerlo, pero cuando logre insertarla la puerta se abrió y caí hacia adelante, choque contra alguien, me pararon y mire hacia arriba, Daniel. Tenía su frente fruncida, me encogí por dentro al recordar que casi me matan, y no sabía si era él mi atacante.

Me estabilice sola, Dios, estaba ebria.

Él me miro de pies a cabeza y sonrió.

—Esta borracha—dijo como si fuera algo gracioso.

—No…—comencé a decir pero lleve mi mano a mi boca, quería vomitar, pasé a su lado como pude y llegue al baño, me encerré. Devolví lo que había comido en seguida.

—Maya—me llamó Daniel desde el otro lado de la puerta— déjame entrar.

—No—me queje.

—Vamos—dijo él— no es la primera vez que veo una mujer ebria, abre—arrugue mi frente.

—Eso debería consolarme—le dije— idiota— lo escuche reír.

Me senté al lado del inodoro, como me apoye en la pared recordé que tenía mi espalda llena de cosas, me saque la chaqueta y la arrugue, la deje en la ropa sucia y luego saque todas las cosas, un arma con un cargador y un manojo de papeles desordenados, suspire, debía ocultarlos.

Había visto esto en una película, busque una bolsa y metí todo ahí, me asegure de que quedara bien cerrada, luego la metí en el estanque del inodoro, afirmada a un lado, devolví la tapa, sonreí. Esperaba que mi plan funcionara, vería los papeles en otro momento.

—Maya—me llamó de nuevo Daniel, me estremecí. Como podría estar con él ahora, deseaba que se fuera, pero me preguntaría por qué y no podría decirle, pero si era él mi atacante, me queje y lleve mis manos a mis ojos— te prepare café, sal.

—Está bien—dije y me levante con cierta dificultad.

Volví a hacer una mueca al notar que estaba ebria, jamás me había emborrachado y tuve que hacerlo justo ahora. Cuando me mire en el espejo, era un desastre, me lave el rostro y salí.

Ahí estaba él, apoyado en un mueble con sus brazos cruzados sobre su pecho esperando. Me miro apenas di un paso fuera del baño y alzo una ceja, tuve la urgencia de regresar al baño y encerrarme hasta que todo pasara, me contuve.

—Ven—pidió y extendió una mano, la observé y luego a él, como no me acerque volteo sus ojos— no me molesta esto—dijo, se acercó a mí y tomó mi mano, me llevo a la cocina.

Él creía que pensaba que le molestaría que bebiera, me miro.

—¿Cuántas veces te habías emborrachado?

—Nunca—dije, rio suavemente— solo bebí un poco, parece que no soy muy resistente al alcohol.

Me senté y él me trajo una taza de café, lo mire un segundo antes de beber de apoco. Rayos, ahora me lo imaginaba poniéndole veneno. Arrastro la otra silla y se sentó a mi lado, me observó.

—Es gracioso todo esto— llevo su mano a mi rostro, me moví sin pensarlo y él se congelo, lo mire.

—Apesto a vomito—dije para explicar mi reacción, debía controlarme, una parte de mi quería que me tocara, la otro quería salir corriendo de ahí. Volteo sus ojos y afirmo mi mandíbula.

—Te dije que no me importaba— arrugo su frente y miro hacia otro lado.

—¿Qué?—pregunte, me miro.

—Nada, solo pensaba en algo, no importa— bebí más café y él solo me observo en silencio.

Cuando acabe me levante y me siguió, nos fuimos a la habitación, me quite el audífono y lo deje en la mesa de noche, lo mire y vi que se estaba quitando la ropa. Ahora pasaba más tiempo en mi casa que en la suya, adiós a la idea de leer los papeles. Me quite la camiseta, cuando lleve mis manos a mi pantalón y toque el pequeño bulto recordé el botón, me quite el pantalón rápidamente y lo deje en el suelo, mire Daniel y cuando me dio la espalda lo patee bajo de mi cama.

No usaba piyama, él tampoco, hasta ahora había dormido desnuda con él, así que solo me quede con la ropa interior y me metí bajos las mantas, suspire cuando él me imito, me tomó de un brazo y me hizo acercarme a él. Apoye mi cabeza en la curva de su cuello y Daniel depositó un beso en mi cabello.

No podía evitar imaginarlo a él en la casa, lo rodee con una abrazo, lo apreté un segundo antes de relajarme, no quería que fuera él, pero parte de mi lo consideraba culpable, ¿qué iba a hacer?

Tuve una pesadilla, reviví todo lo que paso en la casa y cuando la pantalla ilumino a mi atacante fue el rostro de Daniel el que apareció, fue él quien me disparo cuando corrí por el techo, pero esto cambio cuando Sofía apareció, deje de correr en el instante que mis ojos se encontraron con los de ella. La chica estaba sentada en su techo mirando hacia mi casa con interés, seguí su mirada y me vi a mi misma acostada ahí, arrugue mi frente y luego salte cuando sentí algo golpearme, mire hacia mi vientre y vi que sangraba, a levantar la vista observé a Daniel apuntándome con su arma, me había disparado, desperté asustada.

Unas manos me tocaron, brinque aterrada.

—Maya, soy yo—Daniel— fue una pesadilla— me atrajo a su cuerpo, intente relajarme— estas a salvo— dijo y me contuve de soltar una carcajada. Si claro, pensé.

Luego de unos minutos, cuando por fin deje de temblar lo llame.

—Daniel.

—¿Si?— dijo y lo mire.

—¿Qué paso con el cuerpo de Sofía? ¿Dónde la enterraron?— me miro, tenía su frente fruncida.

—Bueno, eso es extraño— suspiro— no te había dicho pero desapareció— me tense— alguien se llevó el cuerpo de la morgue.

—¿Quién?—pregunte, negó.

—No pudimos averiguarlo, quien lo hizo no dejo rastro— suspire y me volví a apoyar en su pecho.

—No has investigado.

—No, con todo esto lo había olvidado, pero lo hare— suspire— ¿cómo te sientes?

—Como si me hubieran aplastado la cabeza— rio mientras acariciaba mi espalda.

—¿Qué hora es?—pregunte, se movió suavemente.

—Las 9, ¿por qué?

—Debemos prepararnos para ir al cumpleaños de tus sobrinas— se quejo.

—Vamos a ir, no lo sabía— me abrazo— cuando fue que lo decidimos, recuérdamelo.

—Nunca—suspire— yo lo decidí, pero si no quieres ir, puedo ir sola— me empujo suavemente hasta ponerme de espaldas en la cama y se puso sobre mí, con cada brazo al lado de mi cabeza, lo mire, su cabello rubio caí sobre su frente y sonreía.

—¿Cómo lo haces?— pregunto, arrugue mi frente.

—Qué—dije y lleve mi mano a su cabello, tocándolo.

—Esto—murmuro mientras cerraba los ojos, disfrutaba de mi caricia, aproveche de mirar fijamente su rostro— el volverme loco, el sorprenderme—levante mi otra mano y pase mis dedos por su rostro, apoyó su rostro en mi mano y abrió sus ojos suavemente.

Me encogí por dentro, en su mirada se veía todo el deseo que sentía por mí, y ahí también había cariño. Se acercó a mí y rozó sus labios con los míos, su cuerpo me mantenía prisionera contra el colchón, su calor me calentaba, su erección se apretaba contra mi muslo, su respiración acariciaba mi mejilla.

¿Qué hacer? me pregunte un segundo, lo quería pero le temía, no a él, si no a lo que podía resultar de todo esto. Me rendí al impulso y deseo, les permití ganar solo para olvidarme de todo lo que me había pasado, solo para sentirlo a él.

Cuando me beso me olvide del mundo, como lo hacía “él” me pregunte.

—¿Cómo lo haces?—repetí.

Él me quito mi ropa interior con cuidado, lentamente.

—¿El qué? —pregunto, me miro mientras se desprendía de sus calzoncillos, lo observe desde sus muslos hasta su cabeza, era hermoso, todo y su masculinidad.

Al terminar de desvestirse no se movió permitiéndome observarlo un rato.

—El qué—repitió con voz ronca, lo mire.

—El hacerme olvidar todo— sonrió— provocas que mi cuerpo te desee con solo un beso— separo mis piernas con sus manos, abriéndolas para él, dándole una vista perfecta de mi sexo.

—Lo veo— suspiro y acaricio mi centro con sus dedos, esparciendo mi humedad— ya estas húmeda para mi, lista y deseándome— metió un dedo dentro de mí, gemí.

Se movió hacia la mesa de noche y tomó un condón, vi como se lo puso, como envolvía su dureza, cuando acabo se sentó sobre sus piernas y me empujo hasta estar sobre ellas. Luego tomó su sexo levantado y lo puso en mi entrada, gimió por el contacto, sus brazos se flexionaron por el esfuerzo de moverme más cerca de él, hasta que estuvo por completo dentro de mí. Observe su rostro trasformado por el placer, su lengua salir de su boca para pasar sobre sus labios, con un poco de esfuerzo me senté y ahonde la penetración, puso sus manos en mi trasero, afirmándome, lo abrace y llegue a su boca.

Nos besamos un largo rato, solo así, unidos por nuestros sexo, piel contra piel, boca contra boca, lengua contra lengua, me moví un poco y se quejo suavemente, lo mire a los ojos, respirábamos rápidamente, volví a moverme y gemí.

—Esto es lo que me provocas—susurro en mi oído mientras me movía— el desearte siempre, te veo dormir y te deseo, no puedo pensar claramente cuando te tengo cerca— llegue a su oído y mordí suavemente su lóbulo, gimió— no es solo eso, es… tu forma de ser la que me hacen desearte, me provocas con solo mirarme, me vuelves loco— lo bese y su lengua entro en mi, nos movimos juntos, ambos saliendo al encuentro de otro, hasta que el placer se hizo demasiado y lo escuche llamarme.

—Maya— susurro— Maya — gimió.

Alcance el orgasmo y él junto conmigo, lo abrace con fuerza, temiendo que fuera solo un sueño. Cuando logramos tomar el control, estábamos acostados en la cama, yo sobre él y él aun dentro de mí, se rio suavemente al principio y luego con más fuerza, lo mire.

—En serio—dijo— vas a volverme loco.

Voltee mis ojos y me moví.

—Ven—dijo suavemente y nos levantamos.

Lo seguí a la ducha y suspire suavemente detrás de él.

¿Qué voy  hacer? me pregunte internamente antes de seguirlo dentro de la ducha, esa pregunta no me dejaba descansar.

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