Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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26. Epilogo: Otro deseo

Estaba delante de una casa con segundo piso, grande y elegante, como de película antigua. Entre en ella con mi llave y la observe.

Los muebles ya habían sido puestos y ordenados, en la sala había una chimenea muy bonita y delante de ella un sofá cómodo y grande.

Elegimos esta casa con Daniel porque él había dicho que era perfecta para hacerme el amor junto a ella, y claro lo habíamos hecho luego de mudarnos ahí, eso que no había habido en ese entonces ni un solo mueble en el lugar.

Hacía tres meses que vivíamos ahí, hacia más de tres años que había pasado lo de mi hermana, ahora sabia donde estaba enterrada y le llevaba flores con regularidad. También llevaba tres años estudiando en la universidad y hacia más de  un año que me había casado con él.

La ceremonia había sido pequeña pero muy bonita, habían asistido amigos de Daniel, incluso su jefe que nos había felicitado, también había asistido León con su novia que en verdad era una mescla entre Claudia Scheffer y Penélope cruz, Jesús que se veía más adulto que nunca y Edward, que se había trasformado en un muy buen amigo para mí y para Daniel, ambos se entendían bastante bien, probablemente porque ambos trabajaban en lo mismo.

La ceremonia se había realizado en la casa de Marcus, donde Anna y yo nos pasamos un día completo decorando junto con la ayuda de sus hijas, que ahora me decían tía. Había usado un vestido bonito y sencillo para la ocasión, de color crema, y había sucedido, me había convertido en su mujer y había ganado una familia.

Llegue al pasillo y mire las fotografías en la pared, no eran muchas, algunas de él con su hermano, de las gemelas y Pedro, de nuestra boda, otra donde estábamos la banda, como yo le decía, Daniel, Edward, Jesús, León y yo en medio sonriendo.

Suspire y subí las escaleras.

Estaba oscureciendo y Daniel llegaría pronto. Llegue al balcón de nuestra habitación y observé la escalera que me permitía subir al techo, él y su hermano la habían construido cuando descubrió mi manía de sentarme a observar el cielo. Escalé y llegue al rectángulo donde me acostaba para ver las estrellas salir, tomé el sobre que había ido a buscar al hospital y jugué con el entre mis dedos.

Sabía lo que decía, lo había leído y me emocionaba la noticia, claro a Marcus también ya que él había hecho la prueba.

Estaba embarazada, de dos meses, sonreí suavemente y puse el sobre a mi lado, luego puse mi mano bajo mi cabeza y la otra sobre mi vientre.

—Increíble— murmure y lentamente las estrellas aparecieron.

Cerré los ojos y sonreí aún más.

Hacia un tiempo había pedido un deseo, que mi vida cambiara, el tener una aventura, la había tenido, y con ella había llegado muchas sorpresas. La mayoría de estas buenas y, después de tanto tiempo, aun llegaban. Jamás dejaba de sorprenderme, todas comenzaban con Daniel y sabía que terminarían con él.

Suspire y abrí mis ojos cuando una mano se posó en mi rostro, sonreí.

Ahí estaba él, Daniel, sonriendo y mirándome como si yo fuera un premio. Lo tomé de su chaqueta y lo acerque hasta que nos besamos, suspiro cuando se alejó de mi.

—Nunca me canso de esto—dijo— quien diría que el matrimonio tiene tantas cosas buenas— alce una ceja.

—Pero no hay que abusar de las cosas buenas, aburren después de un tiempo— él arrugo su frente.

—Pues no lo creo, te he tenido conmigo por más de tres años y no me aburro para nada— me reí y él me beso de nuevo. Se acostó a mi lado y apoye mi cabeza en su pecho mientras miraba las estrellas, él acariciaba mi rostro.

En ese momento la vi, una estrella fugaz.

—Mira—le dije a él— pide un deseo— esperé, cuando esta desapareció lo mire, él me miro luego de un segundo y sonrió— ¿qué pediste?—le pregunte.

—Se supone que no debo decirlo— me puse sobre él por completo.

—Dime—insistí, volteo sus ojos.

—Está bien—dijo— además te incluye bastante.

—Pediste un deseo sobre mi.

—De cierta manera sí— sonrió— pero también me incluye a mi.

—Y que pediste en concreto.

—Siempre tan impaciente—dijo haciéndome cosquillas, cuando me dejo suspiro— un bebé— soltó como si nada, abrí mis ojos sorprendida— quizás es muy pronto, pero es lo que deseo— acaricio mi boca con la punta de sus dedos— veo a mi hermano y quiero eso que tiene con sus hijos, con las gemelas— se encogió de hombros, me miro un rato antes de que arrugara su frente, mi silencio lo incomodaba— dime qué piensas.

—Has hablado con tu hermano—le pregunte intrigada.

—No, ¿por qué? no lo veo desde que comieron aquí— de eso una semana, asentí y mire alrededor.

—Bien—dije, me miro confundido— tenemos que cumplir tu deseo— sonreí y él también.

—Te aviso, no nos vamos a detener hasta que suceda— me reí y él me volteo y se puso sobre mi, comenzó a quitarme mi camiseta, lo detuve.

—No aquí—dije mirando a todos lados— alguien podría estar mirando.

—Pues que se diviertan viendo—dijo y metió su mano por debajo de mi camiseta hasta tocar un seno, agarre su mano afirmándola, se quejo pero comenzó a besar mi cuello.

—Antes debo decirte que tu deseo se cumplió hace un tiempo— se congeló y me miro.

—¿Qué dices? no entiendo.

 Tomé el sobre y se lo mostré.

—Y esto qué es— lo abrió y observo, se sentó a mi lado mientras lo leía, al acabar me miro— ¿cuando te hiciste la prueba?—preguntó, un tanto serio note.

—Hace unos días—dije, me senté a su lado— me había estado sintiendo mal y pensé que podría ser eso— me mordí el labio ya que él no había reaccionado como esperaba.

—Debiste decirme—dijo.

—Quería estar segura—le conteste— podía ser nada— paso su mano por su mandíbula—  hace un segundo creía que era lo que querías, pero ahora estas molesto— abrace mis piernas, él suspiro y dejo el papel a un lado.

—Pues sí, estoy molesto— escondí mi cara entre mis brazos, el me atrajo hacia su cuerpo y me hizo mirarlo— pero no porque estés embarazada— me beso suavemente— esa noticia me hace muy feliz.

—¿Entonces?—pregunte y lo abracé.

—Entonces, lo que me molesta es que a veces pareces olvidarte de mí— lo mire y arrugue mi frente— lo haces en cosas pequeñas, como cuando fuiste a la universidad a inscribirte sin decírmelo.

—Pero…tu…

—Fue en mi día libre, y quizás para ti es insignificante si lo haces sola o no, pero para mí no porque se lo importante que es para ti, quería estar contigo, acompañarte— evite su mirada, no había pensado en eso— de nuevo lo hiciste cuando decidimos comprar una casa, me dijiste que comenzarías a buscarla tu— tomó mi rostro— aun cuando ambos viviríamos aquí—lo mire. Estaba tan acostumbrada a hacer todo sola, trabajar, llevar una casa,  todo, y no me había dado cuenta de que lo había dejado fuera de las decisiones.

—No lo había notado—me disculpe.

—Lo sé—dijo él sonriendo— amor, quiero estar contigo en todos tus momentos, pequeños o grandes, de la misma manera quiero que estés conmigo.

—Lo entiendo—dije y lo bese suavemente— prometo cambiar eso de mi, pero debes decirme esas cosas—le dije, él arrugo su frente— si yo no te incluyo en decisiones tú no me cuentas lo que piensas—sonreí— a veces debo sacarte la información a base de interrogaciones.

—Debo decir que no lo había notado.

—Lo sé—dije y reí, suspiro.

—Entonces comenzare a contarte las cosas— asentí.

—De eso se trata el matrimonio, de aprender que ya no estamos solos, de que yo puedo contar contigo y tú conmigo, siempre— sonrió.

—Siempre—repitió, se puso de pie y me ayudo a parame, lo mire, bajamos al balcón y llegamos a nuestra habitación— ahora—dijo, se quito su chaqueta y la dejo en una silla— vamos a sellar este trato como se debe— sonreí y lo empuje hacia la cama, cayó y reboto sobre ella.

—Claro que si—dije y me subí sobre él— los tratos siempre hay que sellarlos con algo digno de recordar.

Justo cuando mi boca estaba a centímetros de la suya me detuvo, lo mire y alce una ceja.

—Y tú, qué deseo le pediste a la estrella fugaz—sonreí abiertamente y me acerque a su oído.

—Nada—asegure y puse mi mano sobre su corazón—lo que quiero, lo tengo justo aquí.

 

 

FIN

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