Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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8. Entrenamiento

El gimnasio que Daniel me recomendó era oscuro, un tanto viejo, tenía un ring en el centro del lugar, que en ese momento estaba siendo ocupado. Mire alrededor sorprendida hasta que un hombre de piel negra, alto y musculoso, pero de edad avanzada, se acercó a mí.

—Tú debes ser Maya— lo mire y arrugue mi frente— tenemos un amigo en común— bufé.

—No es mi amigo, pero se dé quien habla— él sonrió suavemente, y su sonrisa si llego a sus ojos.

—Bien, de todas maneras me dijo que vendrías.

—A si—dije, él apunto hacia un lado, a un saco de arena.

—Te enseñare a defenderte de casi todos los ataques—me miro— vendrás todas las mañana a las 6— abrí mi boca para protestar— eso o buscas otro lugar— la cerré y asentí.

—Está bien— algo me decía que debía quedarme aquí.

—Trotaras también todas las mañanas, antes de venir aquí— suspire y lo seguí por el lugar, aunque había más hombres que mujeres, las que estaban me ignoraron y siguieron entrenando.

—Esto –apunto una bolsa— será tu amigo de ahora en adelante— asentí— bien, puedes venir mañana.

—Está bien entonces, hasta mañana— salí del lugar y cuando por fin estuve en mi casa me apoye en la puerta. Cada día me metía mas en esto, como lograría salir, hasta donde tendría que llegar.

 

Un día después estaba delante del edificio de Edward, este era una porquería de lugar, y no creía que el departamento fuera mejor. Suspire y golpee su puerta sin ánimos, él abrió segundos después.

—Puedo entrar—le dije como saludo, no estaba de humor. Había ido al primer entrenamiento del viejo, Don Luí, se hacía llamar, y luego de correr, me hizo golpear esa bolsa de arena hasta que dijo que lo hacía más o menos bien. Me dolían los nudillos como si los hubiera puesto en fuego.

Él arrugo su frente y me dejo pasar.

Observé a mi alrededor, el lugar no estaba tan mal, solo había un sofá, una mesa y dos sillas, y una cama a lo lejos, apoyada en un rincón.

—Lindo lugar—dije, paso a mi lado y se sentó en una de las sillas, me indico que me sentara, lo hice enseguida. Ya no podía ni mis piernas, él me miro.

—Te vez de mal humor—dijo como si nada, hice una mueca.

—Cambie de gimnasio y mi nuevo entrenador es… estricto—volteo sus ojos —y para que me quieres aquí— suspiro.

—Ya lo sabes— miro alrededor— te ayudare para que no arruines mis planes.

—Está bien—dije cansada.

—Entonces comenzaremos con lo básico—dijo él, esperé— Sofía se consideraba la mejor en esto, y lo era, no andaba con juegos ni dobles sentidos, nada, no amenazaba o perdía el tiempo— arrugue mi frente— iba directo al grano.

—Entiendo—le dijo.

—No—refuto— no creo que lo entiendas, ¿cómo eres negociando? — me miro esperando.

—Creo que buena—le dije, suspiro y se puso de pie, tomó una chaqueta de su silla.

—Vamos –me dijo y lo seguí.

—¿A dónde? –le pregunté.

—A ver cómo eres negociando —con eso salimos del lugar y llegamos  una motocicleta negra y elegante.

Me hizo subir detrás y me afirme con un abrazo a su cuerpo. Me llevo por calles que no conocía, hasta que se detuvo delante de un galpón escondido y oculto, cuando me baje pregunte.

—¿Qué es este lugar?— me miro.

—Se supone que conoces este lugar— abrí mis ojos sorprendida— es un mercado negro.

Observé de nuevo todo a mí alrededor, pues si, lo parecía, incluso algunas personas pasaron a mi lado y me miraron fijamente, mire a Edward.

—Se supone que conozco a todo el mundo—negó y me relaje.

—Siempre hay personas nuevas así que no te preocupes por eso.

—Pero por qué estamos aquí—pregunte, caminamos dentro del lugar, tuvimos que esperar a que nos dejaran entrar.

—Quiero ver que tan buena eres negociando, te lo dije— cuando entramos  mire aun mas sorprendida.

El lugar era enorme, estaba dividido en cuartos pequeños, note que la mayoría estaban vacíos, pero dentro había más gente de lo que creí posible. Lo seguí por los puestos hasta que se detuvo delante de un vendedor de antigüedades, que sabía que debían ser robadas, me miro y alce una ceja, cuando no hizo nada suspire y me puse manos a la obra.

Observé cada cosa, buscando algo que conociera o que quisiera llevar, lo sorprendente era que el hecho de que fueran robadas no me molestaba, por un segundo me pregunte como seria para mi vivir después lejos de todo esto, suspire.

Encontré un pequeño marco de plata, lo tomé y observé detenidamente, hasta que el vendedor me miro y me dijo un precio, deje el marco en el lugar sin siquiera inmutarme y continúe observando otras coas. Pero, quería el marco, y planee una estrategia, debo ir directo al grano, no.

—¿Cuanto menos?—le pregunte mirándolo a los ojos, el tipo arrugo su frente.

—50.000—dijo como si nada, bueno era un cambio, antes estaba cobrando cerca de 60.000, me rasque el rostro de forma distraída.

—No, es mucho—le dije— no vale eso.

—Es original del siglo 16—dijo él mientras se iba a atender a otras personas, tomé el marco y lo observe más detenidamente. Pues a mí me parecía del siglo 21, pero algo me decía que conocía este diseño, pero no sabía de dónde, el vendedor regreso a mi.

—Si lo quieres cómpralo y si no vete, me espantas a la clientela—mire alrededor, era verdad, todos se alejaban al verme.

—Eso no es culpa mía—me queje, apunte el marco— te doy 20.000— él abrió los ojos sorprendido.

Así me pase el resto de la hora discutiendo con él, extrañamente llegaron más personas a observar el cambio de palabras, mientras el argumentaba algo yo decía otra cosa. La gente cambiaba de parecer con cada nuevo argumento, pero al final estaba saliendo del lugar con el marco en una bolsa. Sonreía feliz, jamás había negociado nada de esa forma, mire a Edward cuando  llegamos a su moto.

—Bien—dijo— en eso te pareces a tu hermana, ambas obtienen lo que quieren— arrugue mi frente, no me gustaba que me compararan con ella, pero bueno.

—¿Estuvo bien?—le pregunte.

—Relativamente, obtuviste un buen descuento por el— apunto el cuadro, pues si, al final de 50.000 había pagado 22.000, bastante bien, pensé— por lo menos en eso no necesitas mucha ayuda, asentí.

Regresamos a su departamento y cuando me senté en una silla para observar mejor el marco, caí en cuanta, no tenía ninguna fotografía, para que lo quería, lo deje en la mesa molesta. Edward apareció con un vaso de vino, me lo tendió y se sentó frente a mí con otro, deje mi vaso.

—No bebo—le dije y entrecerró los ojos en mi dirección.

—Pues tu hermana si— hice una mueca, tomé solo un poco de vino, este calentó mi sistema en seguida y deje el vaso en su sitio.

—Otra cosa—dijo él, esperé —a ella no le interesaba nadie más que ella.

—Qué triste—le dije, me miro molesto.

—Por ende no debes preocuparte por nadie jamás.

—No mientras dure esto, luego regresare a mi vida—me miro detenidamente, eso espero, pensé.

—Pues mientras esto dure será así— dijo él.

Pasamos cerca de 4 horas hablando de ella, de que le gustaba, de que no le gustaba, de cómo comía, dormía, bebía, leía, todo, cuando me dolía la cabeza por tanta información decidí que era tiempo de irme, me despedí de él y regrese a mi casa.

Me senté en mi sofá y apoye mi cabeza en el respaldo, me dormí en seguida.

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