Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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21. El comienzo del final

Daniel llegó temprano a mi casa, se veía que no había dormido mucho y cuando le pregunte que había hecho solo negó, eso me tranquilizo un poco, porque no era la única que guardaba secretos.

Le dije mi idea sobre Jesús y la bacteria, que quizás él podía encontrarla, aunque no estuvo muy de acuerdo aceptó. Luego de un rato llame a Edward para decirle que lo vería en su departamento, me despedí de Daniel y salí, como siempre me dio él audífono y la cámara.

Luego de un rato, casi cuando llegaba a su casa Jonathan me hablo.

—¿Me oyes bien?—pregunto.

—Claro—dije— y Daniel.

—Está trabajando en otra cosa—dijo— por ahora yo seré tu conciencia—voltee mis ojos.

En el departamento de Edward me senté en una silla, él me miro, se veía igual que siempre, como si lo de ayer no hubiera pasado.

—Querías saber que paso con Sofía— asentí.

—¿Qué averiguaste? —pregunté, se encogió de hombros.

—No mucho, rumores de la calle, lo claro es que su cuerpo desapareció de la morgue donde la dejaron— lo mire detenidamente, eso lo sabía, pero debía fingir.

—¿Cómo desaparece un cadáver de una morgue?— pasó su mano por su cabello.

—No lo sé— me miro— pero alguien con poder lo hizo.

—Crees que quien la mato la saco de ahí.

—Probablemente, pero no sabría por qué— asentí.

—Es muy extraño—murmure y cruce mis brazos, lo mire— ¿cómo conociste a Sofía?— me miro y se apoyó en la silla.

—Fue hace unos meses.

—Meses—dije, asintió.

—Ella me recomendó con Luis— fruncí el seño, recomendó a un policía para trabajar con Luis, qué diablos intentaba hacer.

—¿Qué hacías antes?— se encogió de hombros.

—Trabajaba en otra cuidad— levante una ceja— es mejor cambiarte de cuidad cuando dejas un trabajo— me reí un poco, imagine que yo tendría que cambiarme de cuidad.

—Exactamente—dijo él, lo mire— tendrás que hacerlo.

—No sabes lo que estoy pensando—le dije, sonrió.

—Pero acerté, cierto— voltee mi ojos— por cierto, Luis quiere hablar contigo por el trabajo— asentí.

—Mañana lo llamare—él alzo una ceja— dame el número de Jesús, tu sabes donde esta— por un segundo se vio confundido.

—Claro—dijo y se puso de pie, me tendió un papel— para que lo quieres.

—Tengo algo que pedirle, a decir verdad el día que lo conocí se lo iba a pedir.

Llame a Jesús y lo salude, le pedí que se reuniera conmigo en un restaurante,  acepto.

—Bien, nos vemos otro día—le dije, Edward solo me observó unos segundos.

—Has mejorado—dijo antes de que saliera por la puerta— cada vez te pareces mas a ella— lo mire alzando una ceja, luego le saque la lengua como una niña pequeña y se rio.

Llegue a mi auto, antes de partir mire la guantera y revise si los papeles estaban ahí, sí, los deje otra vez en su lugar. Me tomó una hora llegar al restaurant, Jesús ya estaba ahí, sentado en una mesa a parte.

Lo salude cuando legue con él.

—¿Cómo has estado?—le pregunte, me miro.

—Bien—dijo— y tú, ¿cómo están tus heridas?— suspire.

—Recuperándose—le dije y el asintió

—¿Por qué querías verme?

—La noche que te conocí quería pedirte que me consiguieras esto—le tendí el papel donde estaba el nombre de la bacteria, arrugo su frente al verla y luego me miro levemente alarmado.

—¿Sabes lo que es?—pregunto.

—Tengo una idea.

—No puedo—lo mire sorprendida— lo siento pero eso es mucho.

—Tienes que hacerlo—le pedí— considéralo una manera de pagarme el que te ayudara— me miro.

—No sabes el daño que puede causar esto—movió el papel, suspire.

—Ya te dije, tengo una idea— cruzo sus brazos.

—Para que la quieres, vas a venderla a unos terroristas— me reí.

—Es graciosos que me lo preguntes si tu eres el que ofrece sus conocimientos en esto, no yo— arrugo su frente.

—Está bien—se rindió— pero te saldrá caro— voltee mis ojos.

—Jamás creí que lo harías gratis—me miro— ¿cuánto te tomara? — suspiro.

—No más de una semana— lo mire incrédula, se encogió de hombros— soy uno de los mejores— sonreí.

—Si lo haces, serás el mejor— volteo sus ojos.

Comimos juntos después de eso, al acabar me despedí diciéndole que lo llamaría en una semana, asintió y se fue. Camine hasta mi auto.

—Bastante bien—dijo Jonathan— cada día mejoras.

Tomé el teléfono y marque un número que no llamaba hacia mucho, llame a Vladimir, contesto en seguida.

—¿Si?—dijo con su acento ruso.

—Casi tengo todo lo que quieres— le conté, suspiro.

—Y yo que creía que te habías olvidado de mi.

—Para nada—dije.

—Cuando será la entrega.

—Aproximadamente en 8 días más.

—Bien—dijo él—preparare el dinero— silencio— y lo de la bacteria.

—Encontré a alguien que la proveerá, pero será más caro de lo que creí.

—No importa—dijo él en seguida— si la consigues te pagare lo que quieras.

—Me gustaría oír esas palabras más seguidos— murmure.

—Entonces dentro de 8 días—dijo y colgué.

Suspire, dentro de 8 días acabaría esto y solo tendría que pensar en el traidor.

 

7 días después…

—¿Cuándo será?—pregunto Luis mirándome, estábamos en una galpón gigantesco de un edificio que vendía seguros de vida, el lugar estaba repleto de cosas, autos, un avión pequeño a los lejos, y cajas y cajas de armas, una me llamaba la atención de ves en cuando, era metálica y se veía muy gruesa.

—¿Conseguiste todo?—pregunte, él volteo los ojos y me pasó un papel, era el mismo que le había entregado hacia tanto tiempo.

—Revisa si quieres— se alejó de mi, Edward llego a mi lado y comenzamos a mirar las cosas.

Daniel me ayudo por el audífono a identificar algunos ya que yo no sabía qué era lo que tenía delante, luego de una hora regresé con Luis.

—Sí—dije— está todo.

—Lo sabia—dijo molesto.

—Mañana será— él me miro— a eso de las 3 de la tarde— alzo una ceja— qué—dije— que vengamos en la noche solo llamara más la atención, por lo menos no seremos los únicos caminando por aquí— asintió.

—Bien—dijo— no es mala idea, mañana estaremos aquí a las tres— asentí y me fui del lugar.

—Debes llamar a Vladimir—dijo Daniel, Edward me seguida, me pare en mi auto y lo mire.

—¿Qué pasa?— le pregunte.

—Espero que sepas lo que haces—dijo, arrugue mi frente.

—Has averiguado algo más sobre ella— negó.

—No— con eso se alejó de mi.

Tomé mi celular y llame a Jesús.

—¿Está listo?—pregunte en seguida.

—Sí—suspiro él— me tomó bastante pero ya esta, cuando debes entregarlo.

—Mañana a eso de las tres, pasare por el restaurant de la otra vez para que me lo des.

—¿Lo llevaras así como así?—pregunto, sabía que mentía.

—No tengo otra opción, ¿me lo darás sin ningún tipo de seguridad?—pregunte yo.

—Claro que no—dijo— estará en una maleta, te daré la clave.

—Vez, no es para tanto— suspiro.

—Hasta mañana entonces— dijo y colgó.

Uno menos, pensé. Ahora llame al ruso.

—Ya está listo—dije.

—A qué hora.

—A las tres, haremos la trasferencia en el mismo sitio— Daniel me había dicho que el dinero debía ser depositado a una cuenta nueva que yo había abierto.

—Bien—dijo él— revisare todo antes de hacerla.

—Perfecto—dije y colgamos.

Entre en mi auto que iba de dejar de pertenecerme mañana, lo mire unos segundos. No me importaba entregarlo, me recordaba mucho todo esto.

—¿Iras a mi casa?—le pregunte a Daniel.

—No hoy—dijo— nos prepararemos para mañana, debes tener cuidado, hacer todo lo que te dije.

—Lo sé—me había preparado para esto casi todos los días.

—Nos veremos cuando empiece todo— asentí y me despedí. Apague el audífono y la cámara.

 

Me senté en mi cama un rato, observé cada detalle en mi habitación. Mañana acabaría esto, y lamentablemente no había podido averiguar quién era el asesino. Definitivamente no era buena en eso de la investigación. Aunque había intentado hablar con Daniel sobre Sofía, sus respuestas eran tan vagas que no ayudaban en nada, y ni se diga de Jonathan, lo veía tan pocas veces y nunca en privado, que no tuve ni una sola oportunidad de averiguar algo con él.

Suspire y me acosté sobre las mantas, todo acabaría mañana. Volví a mirar a mi alrededor sabiendo que tendría que cambiarme de casa, y probablemente de ciudad. Me pregunte qué pasaría después, que haría con mi vida, con lo que sabía, con lo que sentía por Daniel.

Me dormí sin encontrar respuesta alguna a mis pensamientos.

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