Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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11. Dulce Día I

Lo siguiente que supe era que tenía que levantarme, debía ir a correr y luego a entrenar con Don Luí. Daniel, aun estaba dormido bajo mio con su semblante relajado y su boca levemente separada. Sonreí, solo habíamos dormido juntos, nada más y me pareció excelente, porque no me sentía culpable de nada.

Me levante suavemente y vestí, antes de salir le deje una nota.

Regreso en tres horas, no te vayas, duerme.

No espíes.

Corrí hasta el gimnasio de Don Luí, me tomaba cerca de 30 minutos así que estaba bien. Como siempre me hizo golpear una bolsa hasta que me dolieron los nudillos, continúe con otros ejercicios, y ahora sí que me hizo moverme. Llego un punto en que me hizo descansar porque mis manos estaban rojas y la piel debajo de ella me dolía.

Al acabar regresé a mi departamento, cuando entre el teléfono comenzó a sonar, conteste.

—Acabando con tu ejercicio—dijeron como saludo, Edward.

—Por suerte—le dije y me senté en el sofá— creo que tengo los nudillos hechos puré—se rio.

—En serio conozco un gimnasio mejor.

—No gracias—le dije— este está bien.

— Aja –dijo –estás loca.

—Claro —murmure —pero por qué llamas.

—Para saber cuándo continuaremos nuestra reunión –me reí.

—Si claro —le dije —lo que pasa es que no puedes olvidarte de mi habilidad para besar— un silencio se hizo en la línea, arrugue mi frente hasta que él se rio en serio un buen rato.

—Tienes razón —dijo al fin y voltee mis ojos.

Me puse de pie y camine hasta mi cuarto, estaba vacío, mire alrededor y no encontré a nadie, suspire.

—Ni siquiera me oyes—me dijo él.

—Qué—pregunte— repite lo que dijiste— suspiro.

— Ya no falta mucho para que se realice la venta— me detuve cerca de la ventana.

—Oye—lo llame.

—Qué— dijo él enseguida.

—Aunque he estado en esto desde hace tiempo no he podido averiguar nada de mi hermana— ahora si quería saber que le había pasado.

—Te va a ser difícil averiguar algo.

—Pero tú debes conocer a alguien, una persona que sepa que paso o me pueda poner en el camino correcto, solo claro que sin delatarme.

—Porque se supone que no moriste o murió ese día.

—Aja— suspire y me gire cuando se abrió mi puerta. Daniel hizo acto de presencia con una bolsa en sus manos, había salido de compras, me miro y sonrió, le devolví el gesto.

—Oye tu ahora— me dijo él— he oído un rumor por aquí.

—Ustedes parecen un grupo de viejas chismosas alrededor de una mesa tomando té y hablando— se rio y Daniel dejo sus cosas en una mesa, se acercó a mí, lo observe — pero cuál es ese rumor.

—Que sales con un policía— primero arrugue mi frente y luego me reí, porque que me preguntara eso era extrañamente gracioso.

—Y— dije, Daniel llego a mi lado y paso una mano por mi rostro, apoye este en ella, era muy cálida.

—Pues que es extraño para Sofía— hice una mueca y Daniel arrugo su frente.

—Entiendo el punto.

—Él sabe lo que haces.

—Crees que si lo supiera habría permitido esto— lleve a Daniel al sofá y nos sentamos, me apoye en él.

—Si le importaras no, pero si no…—pude ver en mi mente como se encogía de hombros.

—Pues no lo sabe—dije y cerré los ojos— de todas maneras gracias por el aviso— Daniel me abrazo y lo mire— porque me lo dices, acaso ella no salía con policías— Daniel me miro detenidamente.

—Cuando buscaba información sí, pero me es interesante el hecho de que aparecieras luego de la muerte de Sofía, más aun saliendo con un policía y vendiendo armas— me quede pasmada, mire a Daniel, pero sabía que estaba esperando que dijera algo.

—Pues una idea interesante esa, aunque falsa, ya que si fuera cierto ahora tendría que matarte, pero no puedo— él se rio.

—Y por qué.

—Porque no conozco a nadie más que pueda ayudarme, como tú dices, si le digo al policía con quien salgo— Daniel se tenso— me sacaría de esto en seguida y no podría averiguar lo que quiero.

—Pues entonces sácale información que le sirva a otro, ya que Sofía vendía esa información.

—Como se saca eso en una conversación, que le digo, oye, por qué no me cuentas algo que nadie más sepa para vender esa información.

—Usa métodos  más íntimos y discretos.

—Pues eso es peor, pero veré que puedo hacer— sonreí— acaso quieres que averigüe sobre ti y todo esto fue una sutil manera de pedírmelo— suspiro.

—Claro, me atrapaste— me reí.

—A qué hora vendrás—pregunto.

—No hoy— me queje— quiero un día libre.

—No puede ser, me pides permiso— se rio.

—Como han estado las cosas al parecer si— suspire, Daniel me movió para llamar mi atención, lo mire— pero me acabo de dar cuenta que no la necesito, así que hasta mañana— se rio y colgué. Deje el teléfono a un lado, mire a Daniel.

—Edward—pregunto, asentí.

—Me dijo que algunos sabían que salgo con un policía— asintió— y que consideraba demasiado extraño todo esto.

—Qué.

—Que saliera con un policía, que apareciera luego de la desaparición-muerte de mí…hermana—acabe— que vendiera armas, todo— él se apoyó en el sofá.

—Sospechaba que podía pasar esto, que alguien notara algo raro.

—No creo que me delate, o que piense otra cosa de mí, solo me decía su idea.

—¿Confías en él?—pregunto incrédulo.

—Pues si— confesé.

—No puede ser esto—dijo molesto, tomó mi rostro entre sus manos— no puedes confiar en nadie.

—Ni siquiera en ti—le dije, se quedo quieto.

—Ni siquiera en mi—dijo luego de un rato, me abrazo— menos en mi.

—Lo sé—dije, porque era él que más me podía hacer daño.

—¿Lo sabes?—pregunto, me hizo mirarlo.

—No importa—sonreí— tengo el día libre— alzo una ceja.

—Y quien te lo dio— me pregunto sonriendo, me gusto su sonrisa, porque llego a sus ojos.

—Pues si me lo dan los malos también tienen que dármela los buenos— arrugue mi frente— debería llamar a Jonathan— él soltó un bufido.

—Me alegro que me consideres en esto.

—Lo llamo o no— dije y él volteo sus ojos.

—No—dijo —creo que con mi autorización es suficiente—sonreí aún más.

—Pues entonces primero desayunemos, tengo hambre— se rio.

—Me imaginaba que llegarías con hambre, tu mensaje era muy esclarecedor— lo mire.

—No espiaste—pregunte.

—Acaso temes que encuentre algo malo— me encogí de hombros, no tenía nada que ocultar, pero aun así la idea de que espiara me molestaba.

—Pues quien sabe—dije y me puse de pie, él tomó la bolsa de la mesa y nos fuimos a la cocina.

Pase un día muy divertido con él, también se tomó el día libre conmigo, cocino incluso, algo que me sorprendió.

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