Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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4. Doble identidad

Lo seguí fuera del edificio y luego a un auto negro, de lujo. Cuando llegamos a la central, como la llamo él, me abrió la puerta al bajar y me condujo por el lugar hasta una pequeña oficina, me indico que me sentara antes de salir.

Cuando regresó lo hizo con dos hombres, uno era su compañero y el otro uno muy viejo, de cabello negro y barriga redonda.

—Buenas tardes—me dijo este último y me levante para darle la mano— Daniel nos conto que ayudarías en el caso—asentí— me alegro de eso, estamos en un asunto bastante urgente— volvimos a sentarnos, él delante de mí y Daniel a su lado, Jonathan estaba apoyado en la pared— debes entender que esto será peligroso— mi garganta se seco un poco al oírlo, claro ya lo sabía pero que te lo dijeran así como así era un tanto sorprendente.

—Lo sé.

—Te informaremos de todo el caso—miro a Daniel y Jonathan— ellos se encargaran de tu seguridad, aunque a veces debas actuar sola no lo estarás— volví a asentir—bien—se puso de pie— es mejor que los deje solos para que puedan hablar, Daniel encárgate de todo lo necesario para esto— el sintió, observe al hombre irse, cuando la puerta se cerró mire a Daniel.

—¿Quién es él?—le pregunte.

—Mi jefe—dijo, asentí.

Note que Jonathan se sentaba a mi lado, lo mire y alce una ceja, él sonrió.

—Así que trabajaras con nosotros—me dijo sin dejar de sonreír.

—Por un corto tiempo— le dije, el suspiro y apoyo su cara en su mano, no dejaba de mirarme, me hacía sentir incomoda.

—Daniel me conto que le salvaste la vida—escuche a Daniel suspirar.

—Y—pregunte, él sonrió.

—Yo creía que nos odiabas—aunque dijo esto jamás la sonrisa se borro de su rostro.

—Claro—le dije y me apoye  en la silla—eso no ha cambiado— con el no, no podría decir lo mismo de Daniel, con él tenia más bien unos pensamientos confusos. Mire al susodicho, que solo miraba hacia una ventana con los brazos entrecruzados.

—¿Quieres ir a comer?—me pregunto de repente Jonathan, tanto Daniel como yo lo miramos, yo un tanto sorprendida.

Me puse de pie y camine hasta ponerme a unos pasos de Daniel.

—No gracias— le dije, él arrugo su frente en seguida.

—¿Qué necesito hacer para que cambies de opinión?— de reojo vi que Daniel se tensaba.

—Nada—suspiré—no estoy de humor.

—Pero piénsalo…

—Basta—dijo Daniel y se acercó a la mesa—trabajemos.

Paso el resto de la tarde hablándome sobre la chica que al parecer era lo peor de lo peor. Ella había trabajo para cualquiera que pudiera pagarle, lo que la hizo desde asesina hasta vendedora de casas, pero lo último en lo que había estado trabajando era con un grupo de  terroristas en la venta de armamento, ella hacia de contacto con otro  grupo, era un agente de ventas, y ese seria mi trabajo, ponerme en contacto con los compradores y los vendedores. La idea era que se reunieran en un mismo lugar que realizaran la compra, después ellos entrarían en acción arrestando a ambos grupos. Cuando Daniel termino de explicarme todo, dijo que me entrenaría desde mañana, debía aprender a moverme como la chica, ha hablar como ella, casi a pensar como ella.

Cuando acabo me despedí de ambos y regresé a la casa de León, me fui derechito a la habitación que  me había prestado, me tire en la cama y me dormí.

 

—Maya—gritaron y desperté de un salto cayéndome de la cama.

—Que, que— dije y vi a León aparecer a mi lado.

—¿Dónde estabas?—me pregunto mientras me ayudaba a ponerme de pie. Me sobe la espalda con mi mano para disminuir el dolor de la caída.

—Encontré trabajo—le dije y bostece.

—Qué…dónde.

—Mmm, ayudando a alguien—no deseaba mentir pero tampoco podía contarle lo que iba a ser.

—Ayudando—dijo— ¿Cómo?

—Mmm, cuidando a alguien, feliz— suspiré y me metí en la cama, me cubrí completamente con la sabana, él me destapo.

—¿Qué tramas?—me dijo y tiro de la sabana hasta mis pies.

—Nada—murmure y me volví a tapar, el suspiro.

—Tomate las cosas con calma— dijo.

—Sí— dije molestándome un poco, él se rio pero me dejo sola.

Ya temprano me fui a la central, hablé con un hombre y pregunto por Daniel, él me llevo a una oficina y me hizo esperar, me senté un segundo. La sala en la que estaba era de interrogatorios, apoye mis pies en la mesa y cruce mis brazos, mire el espejo en la pared y me pregunté si habría alguien al otro lado, observándome. Como paso el tiempo, caminé por el lugar, y cuando comenzaba a aburrirme Daniel y su compañero llegaron, los observe y me puse de pie.

—Siéntate—me ordeno Daniel y obedecí, él suspiro— no te explicamos ayer como era la chica— asentí, la mujer era un problema, no obedecía a nadie y nadie la engañaba, ha, pensé, no debí haber obedecido

—Que quieres—le dije molesta— 4 meses de escuchar todo tipo de amenazas causan una costumbre— él hizo una mueca y miro hacia otro lado.

—No lo hagas otra vez.

—Está bien.

Pasamos el resto de la mañana ahí, me explico cómo tenía que hablar, el tono, la forma, como maldecir, palabrotas que me hicieron sonrojarme, me obligo a repetirlas y cuando estuvo satisfecho por la forma de hablar, decidió traer comida. Cuando acabe continúe, hablando como matona, cada vez que me ordenaba algo. Luego pasó a enseñarme el nombre de todos los narcotraficantes que conocía, a hablarme de ellos, donde vivían, como eran, todo, tanta información me mareaba. Y solo cuando se hizo de noche, me dejaron partir, llegue a casa y me acosté en seguida.

El siguiente día fue igual, hablar, conocer, aprender, ya cuando aprendí todo, decidió enseñarme a actuar como ella, a pararme como ella. Me llevo a lo que creí era un gimnasio, no había nadie, nos acercamos a una mesa, él se sentó en frente y Jonathan nos observó.

—Siéntate—dijo y lo mire un segundo antes de moverme, esperé— Sofía también trabajo como compañera de fiestas para ricos, era buena pasando por elegante.

—Una puta cara—dije sonriendo y Jonathan se rio.

—Algo así.

—Entonces debo aprender a comportarme como…— él asintió y suspiro.

Ahora las clases fueron de cómo sentarme, parame, tomar los cubiertos y hablar correctamente, extraño pensé, paso otra semana y cuando estuvo satisfecho decidió que tenía que aprender a caminar.

—Se caminar—le dije, él negó.

—No como ella— me apoye en la silla y me gire cuando la puerta se abrió, una mujer muy bonita apareció con un bolso, se acercó a nosotros y me miro.

—¿Es ella?—pregunto y Jonathan asintió—mmm, tengo algo que servirá— miro el bolso— toma—dijo y me tendió un paño minúsculo.

—Y esto es...

—Un vestido.

—Ha—dije.

—Póntelo—ordeno Daniel y le saque la lengua, él arrugo su frente, suspire y me puse de pie.

—¿Dónde vas?—dijo Jonathan.

—A cambiarme—le dije— no me desvestiré delante de ti— él se rio.

—Maya—dijo Daniel— debes acostumbrarte a hacerlo.

—Qué.

—Como dijiste era una puta cara, crees que se intimide por tener que desvestirse ante otros— lo estudie.

—Es una broma.

—No—dijo él esperando.

—Vamos—dijo la mujer— permítanle hacerlo como ella quiera ahora.

Salí del lugar y llegue a un baño, mire el vestido extrañada, me lo puse, y cuando me mire en el espejo mi cara se encendió. Era de color negro, apretado y corto, tanto que casi se me vería la ropa interior, por suerte era de cuello alto, aunque mi busto se mostraba intensamente, solté mi cabello intentando ocultar esto pero no resulto.

—No puede ser—dije y temblé, me puse mi chaleco y regresé lo más rápido que pude al gimnasio, varios hombres me miraron, o mis piernas, parecía que solo llevaba el chaleco y mis zapatillas. Avergonzada entre y cerré la puerta, suspire y enfrente al trio, me miraron y me acerque a ellos, me pare cerca de la mujer.

—Tu sales a la calle con esto— ella rio.

—Claro, llama bastante la atención.

—Claro—dije y negué.

—Bien—dijo Jonathan.

—Bien que— él sonrió y apunto mi chaqueta.

Hice una mueca y los mire a todos, la que mas sonreía era la mujer. Incomoda me quite la chaqueta, cuando la deje en la mesa cruce mis brazos delante de mis pechos, nadie dijo nada, los mire.

—Ahora puedo taparme.

—No—dijo Daniel y se limpio la garganta— tienes que acostumbrarte a ellos.

—Deberé vestir siempre así.

—Casi—dijo él, suspire.

—Por cierto yo soy María—dijo la mujer, la mire y sonreí.

—Maya.

—Como el dibujo animado—asentí— bien, me voy, quédate el vestido, si necesitas otro dímelo.

—Mmm, gracias—lo mire— a decir verdad no tengo ninguno.

—En serio—dijo ella, sentí— eso lo arreglaremos después y mañana te traeré  zapatos— me reí y ella me miro fijamente.

—Creo que con eso necesitare bastante ayuda.

—Pues para eso estoy— se despidió de todos y nos dejo.

Observe a los hombres, Daniel observaba la mesa pero Jonathan miraba mis piernas detenidamente, incomoda tome el borde de vestido y me senté. Dios si sentía mi trasero contra la fría silla.

Las clases continuaron, debían ponerme de pie y sentarme sin tirar el vestido, irritada por esto, pasamos a caminar. Sentía la mirada de los hombres en mí, o en mi trasero.

—Basta—dijo Daniel irritado, lo mire— caminas como si temieras que el vestido se subiera hasta tu estomago.

—Pues es eso lo que temo— le dije y acomode el paño sobre mi cuerpo.

—Quieres por favor hacerlo bien.

—Si lo hago puedo irme a descansar— él asintió— está bien.

Respire lentamente para calmarme, me pare derecha y acomode mi cabello. Como estaba lejos de él lo mire directamente a los ojos y camine en su dirección cruzando las piernas suevamente, moviendo mi cadera sin exagerar y utilizando una seguridad que no sentía, cuando llegue a él, le pregunte fríamente.

—Feliz— él solo asintió— gracias — dije me cubrí con mi chaleco y hui al baño, ya dentro me sonroje intensamente y cambie de ropa.

 

Al otro día María trajo mas vestidos y zapatos, por suerte me puse un traje de baño que conseguí y no ropa interior, María se rio pero los hombres me exasperaron. Ese día me probé ropa y zapatos, María me enseño a caminar, me prestó unos para practicar en mi casa y decidió al otro día cortar mi cabello.

El corte fue extraño y radical pero sabía que era el de la chica, rápidamente pasó esa semana y me encontré que sabía caminar, vestir y hablar como otra, ahora Daniel comenzaría con un poco de defensa y armamento, tenía dos semanas para aprender esto, después debería salir a trabajar.

Las prácticas fueron dolorosas, Daniel no tenía compasión y Jonathan me molestaba apropósito. El primero peleaba conmigo y su compañero me enseñaba sobre armas, extrañamente me sentía más cómoda con Daniel que el otro, sobre todo porque siempre terminaba con Jonathan sobre mi apretándome íntimamente, Daniel por lo menos me daba espacio.

Paso el tiempo, una semana más y llego mi pago, mi boca se abrió por la sorpresa. Me pagaban tres veces más que en la discoteca, pero me sorprendió más que Daniel dijera que no era mucho. Temblé ligeramente cuando me informaron que el día siguiente comenzaría a trabajar.

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