Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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23. Desenredos

Estaba en un lugar pacifico y silencioso, lleno de una tranquilidad que no sentía hacia mucho tiempo, bueno, no tanto, porque si lo había sentido, en los brazos de Daniel.

Daniel, pensé. Qué pensara él de mi ahora que estaba muerta, me odiaría por desconfiar de él o ya no le importaría.

Recordé a sus sobrinas y las imagine como si fueran muestras hijas, en una casa como la de su hermano, viviendo como una familia, disfrutando noche, tras noche, tras noche, de sus besos y caricias, embarazándome de él, viendo su cara de felicidad al saber que sería padre, con él cocinando para nosotros, porque yo no lo haría, me preocuparía de las otras cosas de la casa, sería un trato gusto.

Suspire y arrugue mi nariz, este lugar olía a desinfectante y alcohol, como un hospital. Vaya, me queje en mi cabeza, que desagradable para estar muerta.

Unos dedos se posaron en mi rostro y me abrieron un parpado, una luz me cegó por completo varias veces, me queje. Intente levantar mi mano para golpear a mi nuevo torturador pero no tuve fuerzas.

Cuando acabó abrí mis ojos lentamente, me encontré de lleno con unos ojos verdes.

—Daniel—susurre y el rostro me sonrío.

—Pues no—dijo— pero cerca— enfoque mejor y mire el lugar, un cuarto, paredes blancas, maquinas a mi alrededor que me molestaban, Marcus vestido con un delantal blanco, sentado en mi cama sonriendo.

—Marcus—él asintió.

—Muy bien—dijo— me recuerdas— me queje.

—No estoy muerta— él se rio.

—No, a menos que me consideres un demonio que viene a torturarte en tu muerte— suspire, ni siquiera podía reírme.

—No siento nada—dije.

—Es por la anestesia— lo mire a los ojos— comenzaras a sentir con el tiempo, aunque probablemente no te agrade, tienes dos agujeros de bala.

—Dos—repetí.

—Sí—dijo— ¿recuerdas cómo te los hiciste?— lo pensé.

—Jonathan—murmure, volvió a asentir.

—Por lo que oí, sí, él es el culpable de ambos— suspiro —sabes que mi esposa se preocupo tanto por ti que se le adelanto el parto—lo mire alarmada—calma—dijo— está bien, incluso ya está en mi casa, felicítame, tengo un hijo.

—Felicidades—le dije, intente fruncir mi seño— ¿cuánto tiempo llevo aquí?

—Bien, desde que te trajeron herida y medio muerta— me queje y sonrió— van a ser exactamente 10 días.

—¿10?— susurre— es mucho.

—Lo es, pero debes considerar que tenías— enumeró con sus dedos— dos costillas recuperándose, dos heridas de bala, pérdida de sangre y una bacteria que no era bacteria en tu sistema, la cual no quería salir de tu cuerpo, varias enfermeras se enfermaron antes de que comenzaran a usar mascarillas a tu alrededor.

—¿Cómo esta Edward y Daniel? ¿León?

—Bien—dijo él— se recuperaron hace bastante, tu amigo, Jesús, ayudo a tratarlos, al parecer él creo la enfermedad y la cura, por eso te recuperaste, y las enfermeras— agregó.

—¿Jonathan?—arrugo su frente.

—No sé si deberías decirte, pero considero que debes saberlo — me miro a los ojos—está muerto.

—Bien—murmure, ya no causaría más problemas.

—Has tenido muy preocupado a mi hermano—lo mire.

—Debe estar muy molesto—supuse, asintió.

—Me dijo una tontería de que él debía haber recibido la bala, no tu, etc., etc., etc., solo se calló cuando lo amenacé con prohibirle entrar al hospital.

—¿Funciono?—pregunte, negó.

—Me dijo que si lo hacía era capaz de volar una pared solo para entrar— me reí y luego me queje— no fue muy gracioso cuando me lo dijo delante de otros paciente, pero se calmó, ahora está afuera.

—No me ha visto.

—No, estabas en cuarentena.

—Que bien—murmure.

—Le diré que pase a verte— comenzó a ponerse de pie, lo agarre de un brazo— ¿qué pasa?

—No podríamos esperar un poco— alzo una ceja.

—No quieres verlo.

—No aun.

—¿Por qué?—pregunto intrigado.

—Me va a regañar— sonrío— no tengo fuerzas para discutir con él.

—Entiendo— suspiro— por qué no duermes un día mas, mañana vendré y luego lo dejare entrar.

—Gracias—dije, asintió, me quede dormida de nuevo luego de eso.

 

Extrañamente  cuando abrí los ojos de nuevo Marcus seguía ahí, sonrío.

—¿Ya paso un día?—mi voz sonó más segura.

—Sí—dijo— uno completo, quieres más tiempo.

—No—le dije— seria cruel de mi parte, además no soy tan cobarde.

—Ya veo—dijo.

Antes de ir a buscar a Daniel me ayudo a sentarme un poco. Cuando salió de la habitación me arregle el cabello un poco con la mano que podía mover, la otra estaba completamente vendada. Intente relajarme, pero nada evito que suspirara cuando entró en mi cuarto con su cabello rubio desordenado y con ropa de calle. Cuando me miro, lo primero que noté fueron sus ojeras, era la segunda vez que las veía.

Llego a mi lado y se detuvo para observarme, se fijo en las vendas, el tubo que salía de mi brazo, las maquinas, todo, al llegar a mi rostro arrugo su frente.

—Qué —le pregunte y lleve mi mano a mi cara.

Él se sentó a mi lado en la cama, igual que Marcus, solo que mucho más cerca, tomó mi mano entre las suyas y me beso suavemente, solo apoyando sus labios a los míos, hasta que se alejó  pero para abrasarme.

—Au, au, au—dije ya que aplasto mi brazo contra él, se alejó.

—Lo siento—murmuro.

—No te preocupes—le dije, me miro un segundo antes de voltear sus ojos.

—Que no me preocupe—repitió— es lo primero que me dices después de casi 12 días que no hablamos, que no me preocupe.

—Aquí vamos—murmure.

—Pero qué rayos estabas pensando— si que se veía molesto, pensé— como se te ocurrió salir con Jonathan si pensabas que uno de nosotros era un traidor—estaba más que molesto— ¿por qué no me dijiste lo que sospechabas?— levanto un brazo molesto— y que fue eso de tu plan, no se te ocurrió llamarme cuando te diste cuenta de que él era el traidor, pero no, ella tenía que tramar algo, estabas herida y aun así fuiste para grabarlo— ese fue mi brillante plan con Jesús, él encontró la señal de la cámara que tenía y grabó en otro lado todo, arrugue mi frente.

—¿Funciono?—pregunte.

—¿El qué?—dijo molesto.

—El gravar a Jonathan.

—Sí—dijo— funciono.

—Y lo de la compra-venta.

—También—dijo— arrestamos a todos, el único que murió fue él.

—Ya veo—dije.

—Podrías decirme que rayos estabas pensando— continuaba molesto— ¿por qué no me llamaste?

—¿Tenias tu teléfono encima?— arrugo su frente.

—No, pero...

—Por eso no te llame, dudaba que lo tuvieras.

—No importa— murmuro, pero continúo quejándose— como se te ocurre interponerte entre él y yo, ¿qué pensaste cuando rompiste ese frasco?

—Me disculpe por eso— recordé.

—No quita que fuera una estupidez.

—No quería que te disparara – volteo sus ojos.

—Pues no funciono.

—Por eso el plan b.

—No te burles de lago así, casi me morí ese día al verte llena de sangre y con dos agujeros de bala, nadie sobrevive a algo como eso.

—Pues yo si.

—Porque tuve la idea de llamar a Marcus antes de ir a la casa, él llego casi en seguida luego de que te hirió— Marcus no me había dicho eso.

—No se enfermo.

—No, tuvo la ocurrencia de llevar mascara— llevo su mano a su cabello— querrías por favor prometerme que jamás te vas a interponer entre una bala y yo, fue la cosa más horrible…

—No—dije se calló en seguida

—¿No qué?—pregunto.

—No te prometo nada— arrugó su frente.

—No puedo creer esto, estas bromeando, esto no es un juego.

—Lo sé, y espero jamás estar en una situación así, pero no te prometo no interponerme si llegara a pasar.

—¿Quieres matarme de un disgusto?—pregunto, bufe molesta.

—Me puse delante de una bala por ti y me preguntas si quiero matarte, estás loco.

—No te entiendo, qué pretendes con todo esto, aparte de provocarme una ulcera por la preocupación— suspire y lo mire detenidamente.

—Lo hice por una simple razón.

—¿Cuál es esa?—pregunto dudando.

—Porque te amo— me miro sin decir nada— te amo Daniel, por cómo eres por dentro y por fuera, porque me haces sentir bonita, especial—tome aire para continua— porque me miras como si fuera la  cosa más increíble del mundo, porque cuando hablo me escuchas, amo como me tocas, como me haces el amor, amo el cómo miras a tus sobrinas, con ese cariño y ternura inmensa, amo tu deseo de ayudar a otros, amo tu cuerpo, amo tu mente, incluso te amo cuando te molestas— suspire— lo hice simplemente porque te amo y me moriría si te pasara algo— continuo sin decir nada— te satisface esa respuesta, porque puedo continuar.

—No, no, está bien—dijo— yo…te creo— ahora él suspiro— yo…—comenzó a decir, lo detuve.

—No digas nada—pedí— sé que no sientes lo mismo y está bien, es triste, pero es así, sé que te preocupas por mí, que me tienes cariño, yo solo quería que lo supieras, para que entendieras porque lo hice o porque lo volvería a hacer.

—¿Lo volverías a hacer?—pregunto suavemente.

—Sí—asegure— de eso se trata el estar enamorada, de desear que el otro siempre este bien, de protegerlo— arrugo su frente, pero cuando iba a decir algo la puerta se abrió, Marcus entro y nos miro.

—Lamento interrumpir pero la hora de visita acabo—mire a Daniel, pensé que se quejaría pero no dijo nada.

—Está bien—dijo y se puso de pie— vendré mañana— se despidió antes de irse, Marcus observó la puerta un rato antes de hablar.

—Creí que sacaría su arma y me dispararía por molestarlos— me miro.

—Huyo—le dije.

Me sentí muy triste, por un segundo creí que él me diría que también me amaba, se supone que no me pondría triste por eso, pero cómo una no se ponía triste por algo así.

—¿Qué pasa?—pregunto Marcus, lo mire y llego a mi lado, mire de nuevo la sabana, apreté la tela bajo mi mano.

—Le dije que lo amaba—suspiro.

—No dijo nada ¿cierto?— negué— en vez de eso huyo a la primera oportunidad— lleve mi mano a mi cara para quitar una lagrima, él tomo mi mano amablemente, lo mire— no te preocupes, esto se solucionara rápido.

—Acaso me vas a decir que él también me ama— suspiro

—Según yo sí, pero el problema es que él lo acepte— arrugue mi frente— él cree que no merece amar, ha pasado por mucho, tiene miedo— mire hacia la puerta, en ese momento llamaron a Marcus por el alta voz— debo irme

—Está bien—le dije, él asintió y salió, suspire.

Me acosté en la cama como pude y mire alrededor. Esperaba haber hecho bien en decírselo, el asunto era que ni siquiera lo había pensado, probablemente me excedí con mi declaración, suspire. Solo el tiempo me diría si hice lo correcto.

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