Por un deseo

Si en verdad quieren cambiar su vida, si lo desean completamente, hagan lo que yo hice, pidan un deseo a una estrella fugaz.

Pero no se quejen conmigo si terminan en un trabajo donde arriesgan su vida todos los días, con un hombre increíble y delicioso que les enseña sobre ciertos placeres, y descubriendo que hay más de lo que querían saber.

-Maya.

P.D.: Por cierto, es una advertencia, no lo hagan.

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10. Amargas verdades

Cuando llegue a mi casa me fui directo al baño, necesitaba una ducha.

Luego de calmarme un poco salí en vuelta en una toalla y camine hasta mi cocina. Di un grito cuando vi que Daniel estaba sentado en mi sofá, mirado por la ventana. Lleve mi mano a mi corazón ante la sorpresa.

—¿Qué demonios haces?–le reproche, me observo un segundo a los ojos y luego a mi toalla— ¿cómo entraste aquí?

Di un paso hacia atrás sorprendida cuando camino en mi dirección sin detenerse y, cuando me beso, no pude cerrar los ojos por la sorpresa ni él lo hizo. Chocamos con la pared un segundo después mientras continuaba besándome de tal manera que lo desee en seguida. Cuando vagó por mi cuello, besando, mordiendo, oliendo, pensé en lo que hacía, pero no hallé respuesta.

—¿Por qué estás haciendo esto?— pregunte, su boca se congelo en mi cuello.

—No lo sé—dijo contra mi piel— no sé porque estoy aquí, o porque te deseo tanto.

Deseo, pensé, era solo eso. Lo que pasaba era que se sentía dueño de mi, nada más.

—¿Me viste con Edward?—pregunte, no dijo nada pero continuo depositando besos en mi cuello, hasta el otro lado— sí, me viste—continúe— ¿por eso estas aquí?— se detuvo por completo y me miro.

—¿Qué quieres decir?—dijo.

—Solo estas aquí porque otro me beso, porque otro está interesado en mí, nada más. Te crees que soy de tu propiedad— su frente se arrugo por su molestia, luego dijo algo que me hirió completamente.

—Tú crees que le interesas a Edward— esperé— acaso crees que le importas siquiera— llevo su mano a la toalla de mi cabello, la quito y este cayó húmedo y pesado contra mis hombros, tomó un mechón entre sus dedos.

—Acaso no—le dije— crees que yo no puedo inspirar interés en otro—me estudio intensamente.

—Él solo quiere acostarse contigo, sexo por una noche— arrugue mi frente.

—Y acaso eso no quieres tu—dejo de acariciarme— fue sexo de una noche, nada más, ¿por qué estás aquí?— tome aire—  solo porque no te he rogado otra noche, porque no he estado a tus pies pidiendo tu atención, te molesta que yo quiera sexo por una noche con otro que no seas tú, te molesta que me sienta atraída por otro, o te molesta que tú me interesaras solo por una noche— respire al terminar mi discurso. Observe sus ojos entrecerrados.

—Uno no besa de la manera que tú me besaste si solo fuera por una noche—dijo y supe que tenía razón.

—No lo sé—murmure, estaba más que molesta, de nuevo— era la primera vez que estaba con alguien, pero tú tienes mucha experiencia en esto, yo también la tendré—lo mire a los ojos— y Edward es una interesante forma de aprender.

Solo me estudio y yo me arrepentí de mis palabras enseguida porque soné igual que ella. Se me estaba metiendo en los huesos, cambiando mi forma de ser.

Cerré los ojos con tristeza y apoye mi frente en su hombro, él no se movió.

—Tú no eres ella—me dijo, no me moví— no te conviertas en algo que te desagrada.

Lo mire, estaba tan triste, dolida, no sabía que decir, y ya no quería decir nada.

—Ven—dijo y me llevo a mi habitación, me hizo acostarme y me tapo con la sabana, observe como se iba por la puerta y suspire. Que bien, otra vez sola, quite la toalla de mi y la arroje al suelo, no me importo que mi cabello aun goteara, pero al parecer a otro sí, porque Daniel regreso con una toalla, me miro.

Llego a mi lado y me senté, se acomodó detrás de mí y comenzó a secar mi cabello, lo hacía lentamente, con mucho cuidado, sonreí.

—Me tienes lastima—dije, sabía que era verdad.

—Y tú me odias—contesto él, también era verdad, pero no demasiado, porque también lo deseaba, casi siempre.

—Como podrás seguir con esto si me tienes lastima—le dije, no se detuvo ni un segundo.

—Yo…—comenzó— no te tengo lastima—dijo— solo es que…

—Te crees responsable de mi—termine, se detuvo y dejo la toalla en el piso, pensé que se alejaría pero me gire cuando sentí un cepillo en mi cabello.

—No te gires—dijo él y regrese mi mirada al frente, me peino con más cuidado aun.

—Creo que sí—dijo luego, sabía que continuaba con nuestra conversación— yo fui uno de los que te mantuvieron encerrada tanto tiempo.

—No quiero hablar de eso—le dije tensa.

—Pero es necesario—dijo él— porque es la verdad— se detuvo y escuche el cepillo ser puesto en el mueble.

Sus manos me rodearon, me abrazo y atrajo a su cuerpo, apoye mi espalda en su pecho.

—Te oí —dijo— cuando dijiste que nos odiabas, fue con tanta fuerza, tanta tristeza que por primera vez me arrepentí de hacer algo así, he causado mucho daño.

—Has salvado vidas—le dije.

—Pero a costa de qué— estaba tenso— de dejar a hijos huérfanos, madres viudas, familias sin sus seres queridos, no me arrepiento de lo que hago, pero sé que algunas veces no era necesario tanta fuerza, tanta destrucción.

Apoyo su cabeza contra la mía.

—Cuando te encerramos, creía que tu sí sabias quien era Sofía, que tenias una relación con ella. El tiempo se nos acababa y no teníamos muchas alternativas.

 Me apretó un segundo antes de suspirar.

—Te veía cada día, a través del cristal, de una cámara, veía como con el tiempo decaías. Te veías tan frágil cuando te interrogaba Jonathan o yo, pero tan fuerte a la vez, no dudabas en contestar, te molestabas, nos gritabas, pero jamás aceptaste nada, muchos no soportan estar encerrados y al final terminan aceptando cualquier cosa de que los acusan solo por ir a un lugar mejor— me abrazo con fuerza— pero tú no, te mantuviste, contra nuestra crueldad, contra el hambre, veía en tus ojos como te llenabas de odio contra nosotros, pero me sorprendió ver también sentías compasión, por mi— era verdad, la sentía, pensaba en como debió haber sido sus vidas para que terminaran siendo así— y era peor que el odio, ya no pude seguir interrogándote, temía que si lo hacía terminaría liberándote y sacándote de ahí sin autorización.

—Por eso Jonathan…

—Sí—murmuro él — por eso al final solo lo veías a él— suspire— y luego de que supiéramos lo de tu sangre— me tense y él también se calló como si se hubiera dado cuenta de que había hablado de mas.

—¿Qué?—pregunte— ¿qué supieron?— afirme sus manos cuando inatento alejarse de mi— Daniel—lo llame— ¿qué sabes de mí? ¿Qué pasa?— permaneció largo rato en silencio, hasta que maldijo suavemente.

—Vez—murmuro— esto me pasa cuando estoy cerca de ti, hablo más de lo debido— no dije nada— no lo puedes dejar pasar cierto— negué, suspiro— no quería que los supieras.

—Deja de dar vueltas y dime.

—Tomamos muestras de tu sangre.

—Lo sé—murmure.

—Y descubrimos que sí tenías una relación con Sofía— me gire para mirarlo, aunque no me soltó.

—¿Qué quieres decir?

—Tomamos mas muestras para estar seguro—continuo— pero siempre era igual— me miro a los ojos y tuve miedo— ella era tu hermana—era extraño, sabía lo que había dicho pero las palabras aun no entraban en mi— Sofía era tu hermana—continuo— descubrimos que fueron separadas al nacer, a ti te adopto tu familia, ella no tuvo esa suerte y creció en orfanatos, sin saber que existías, ni tú de ella— mire a mi alrededor, esto no podía estar pasando, él me apoyo contra su pecho— puedes hacerlo—susurro— puedes llorar, no te dejare— y así lo hice, llore, como hacía tiempo no lo hacía.

Lloré por ella, que había sido mi hermana y solo la había conocido el día de su muerte. Lloré por mí, que había terminado ocupando su lugar. Lloré por mi padre, que no lo era, por mi hermano, que tampoco lo era, por mi madre que me odiaba, llore porque yo le había quitado su verdadera familia. Lloré por solo llorar, incluso lloré por él, por quien me abrazaba con fuerza contra su pecho, y por ultimo lloré por rabia y odio, porque ya no sabía quién era, porque no tenía nada real.

Cuando me calme continúo.

 —Te soltamos luego de eso—dijo suavemente, acariciando mi cabello— habíamos averiguado que todo lo que decías era cierto, aunque ya lo sabíamos— suspiro— ese día me dijiste que querías verme muerto. Fue extraño, porque por días intente que me mataran, hasta que me dispararon y tú me encontraste— se rio un poco— en serio creí que venias a cobrarte contra mí, a asegurarte que muriera, pero me sorprendiste al ayudarme y no pude evitar querer besarte. Solo una vez, pensé ese día, solo para saber cómo era besar a alguien bueno. Me llevaste a mi casa, no recuerdo nada después de eso, solo que desperté y tú estabas en mi sillón, durmiendo tranquilamente, te observe dormir mucho rato, hasta que comenzaste a moverte y supe que despertarías, me fui a la cocina a fingir que no me importaba que estuvieras ahí— se rio de nuevo— pero me sorprendiste de nuevo cuando aceptaste mi estúpida idea de tomar el lugar de Sofía, me sorprendiste en ese vestido pequeño, tu incomodidad, tu rostro sonrojado, todo— acaricio mi espalda— me sorprendiste esa noche que fuiste mía, cuando me di cuenta de que eras virgen, cuando me di cuenta que fui el primero para ti— suspiro— jamás había dormido tan tranquilo, tan en paz como cuando estuviste en mis brazos, y cuando desperté tuve miedo de que fueras un sueño, pero ahí estabas, sobre mi pecho, fingiendo que dormías— me queje por sus palabras, se rio— y luego me sorprendiste cuando salí del baño y no estabas. Siempre es así, me sorprendes con tus acciones, hoy me sorprendiste cuando besaste a Edward, cuando te vi en sus brazos — me limpie el rostro y lo mire, él acaricio mi mandíbula— para bien o para mal siempre terminas sorprendiéndome, incluso ahora lo haces al no reprocharme el no decirte sobre esto, sobre Sofía— negué.

—Estoy muy cansada para molestarme—suspiro— pero no me importa, si me lo hubieras dicho quizás estaría intentando averiguar que paso con ella, quien la hirió— él asintió.

—Te creo, sé que eres capaz de algo así, no dejarías oportunidad para hacer  lo correcto.

—¿Por qué no dijiste nada cuando me viste con Edward?— él miro hacia un lado antes de responder.

—¿Qué podría decir?— murmuro— que no te atrevieras a desear a otro, que me moría de celos con solo saber que estabas con él— arrugue mi frente.

—Celos—repetí— ¿por qué?— él sonrió.

—A veces eres bastante ciega— me aleje de él un poco— Edward tiene razón en que hay algo dentro de ti que te diferencia de Sofía— espere y él paso su mano por mi rostro— es la forma en que ves el mundo, en que miras a los demás.

—¿Qué dices?—pregunte molesta.

—Eres demasiado amable—dijo él— y claro, está tu constante esperanza y fe— voltee mis ojos.

—Como se puede ver eso en una persona.

—Pues en ti se nota, no puedes odiar a nadie completamente— él sonrió suavemente— tus ojos tienen un brillo especial.

—Y ese brillo no se oculta por los lentes de contacto—le dije divertida.

—Pues no –dijo tomándome de la mandíbula y moviendo mi cabeza suavemente, golpee su mano para quitarla, con la otra afirmaba la sabana alrededor de mi, sonrió.

Suspire y arrugue mi frente por lo que dijo.

—No lo hagas—pidió y lo mire— no te conviertas en una copia de ella, la vi a través de grabaciones  y su mirada era vacía, sin vida, no quiero ver eso en ti.

Me encogí de hombros, no dispuesta a revelarle que creía sinceramente que me estaba convirtiendo en ella, sentí la mirada de él intensamente sobre mí.

—Qué—pregunte, él negó.

De un solo movimiento se deshizo de sus zapatillas y chaqueta, se acostó sobre la cama, me empujo sobre su pecho y me abrazo.

—Duerme—ordeno, sonreí por esto, solo era una orden, pero funciono porque caí en un sueño en seguida.

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