Ángeles, amor inmortal

Y aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas,
al ver los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.
Entonces dijo Yahvé: «No contenderá para siempre mi espíritu en el hombre, porque ciertamente él es carne; pero vivirá ciento veinte años».
Los nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos del Dios [verdadero] continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas les dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama.
Génesis, 6, 1-4

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2. El primer encuentro

En ese momento, ocurrió algo inesperado un hombre se interpuso entre ellos y yo, era igual de corpulento y alto, pero a diferencia de ellos, intentaba protegerme, era la criatura más perfecta que había visto antes comparable a David de Miguel Ángel.

Empezaron a hablar entre ellos en una lengua desconocida, que no era italiano, ni ningún otro idioma conocido, era como una especie de dialecto que solo ellos conocían.

Ellos me señalaban y le gritaban para que se apartara de su camino, pero el no accedía, los ojos de los otros eran color rojo, y su furia aumentaba por momentos, el me empujo hacía atrás mi espalda chocaba con el mostrador de la recepción, sus brazos eran cadenas que mantenían oculta y me impedían cualquier movimiento.

Su voz calida y a la vez contundente, logro apaciguarlos y terminaron por marcharse.

Se dio la vuelta hacia mi, su rostro era tan perfecto y sus ojos oscuros y almendrados, no me hablo tan solo me miro fríamente y se fue.

 

- Se encuentra bien señorita, - me dijo el recepcionista aún temblando.

- Creo que sí - creía porque en realidad estaba a punto de desmayarme.

- Voy a llamar a la policía - dijo el recepcionista.

 

La policía nos hizo algunas preguntas y tomaron las oportunas anotaciones para la denuncia, aunque según nos explicaron podría tratarse de unos atracadores buscando un botín.

La verdad su teoría no me convencía demasiado, esos hombres no querían robarme si

no matarme, y seguro lo hubiesen conseguido de no ser por ese desconocido o ángel misterioso que se interpuso en su camino.

 

Después de tanto hablar para nada me dirigí a mi cuarto, a descansar estaba agotada, llevaba tres horas en Roma y ya parecía una eternidad.

Tome un baño caliente, un poco de sopa y me tumbe en la cama. Y el sueño hizo el resto.

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