Ángeles, amor inmortal

Y aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas,
al ver los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.
Entonces dijo Yahvé: «No contenderá para siempre mi espíritu en el hombre, porque ciertamente él es carne; pero vivirá ciento veinte años».
Los nefilim se hallaban en la tierra en aquellos días, y también después, cuando los hijos del Dios [verdadero] continuaron teniendo relaciones con las hijas de los hombres y ellas les dieron a luz hijos, estos fueron los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama.
Génesis, 6, 1-4

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1. Comienza la aventura

Aquí estoy, en el avión, con destino a Roma. Por fin, no me podía creer que después de tanta lucha, conseguí dinero suficiente para mis merecidas vacaciones en Roma.

Bueno, en realidad, no eran unas vacaciones, sino una manera lógica de terminar mi proyecto de fin de curso, en la Universidad de periodismo. Mi idea era escribir un articulo sobre las misteriosas desapariciones que últimamente se habían registrado en Roma.

La verdad, si estoy loca, pero era mi sueño y por fin se hacia realidad.

 

El viaje fue bastante lento y pesado, pero esto se borro cuando baje del avión y me encontré en el Aeropuerto de Leonardo Da Vinci. Ahora tenía que recoger mi equipaje y coger el tren que me llevaría al hotel.

 

Elegí Pop Inn Hostel, un pequeño hotel, situado en pleno centro de ciudad muy bien comunicado y con buen servicio, lo ideal para mi que no conocía la ciudad más allá de fotografías y reportajes turísticos.

 

La estación de trenes de Termini, paraba muy cerca del hotel, así que fue ese mismo el que cogí para llegar hasta allí.

 

El viaje en tren fue maravilloso, y nada que decir de las vistas, casi me daba pena tener que bajarme, pero el fin de trayecto estaba próximo .

 

No me lo podía creer estaba en medio de la ciudad, a lo lejos podía divisar el Coliseo Romano y hacia el otro lado se divisaba la cúpula de la Plaza de San Pedro, increíble.

 

La entrada del hotel era sencilla sin mucha ornamentación, la recepción se encontraba vacía, cosa extraña a esa hora del mediodía.

 

- Buenos días

- Buenos días Srta, ¿Tiene usted reserva?.

- Sí

- ¿ A que nombre?

- Juliette Vinot

- Efectivamente señorita, aquí esta su reserva, habitación 510.

 

Estaba firmando mi hoja de entrada, cuando oí unos pasos a mi espalda, parecían bastante corpulentos, por el ruido que hacían al andar, al levantar la vista, vi la cara de angustia del recepcionista, me gire rápidamente y los vi, eran tres hombres armados con ballesta de aspecto robusto y muy altos, sus ojos me apuntaban con fiereza, iban a por mí.

 

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