Una luz en la oscuridad.

Hay veces que creemos tenerlo todo, hay veces que creemos tener las vida más perfecta, sin embargo a veces es todo lo contrario; suelen haber situaciones en que no tenemos nada y resulta demasiado desastroso seguir fingiendo que no es así. Cuando eso pasa, lo mejor que se puede hacer es ver hacia delante, seguir buscando esa luz por entre toda la oscuridad, no darse por vencido pues aunque todo este negro, siempre habrá una chispa que encienda toda la llama una vez más.

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1. [Prólogo]- I. La vida es una oportunidad, aprovéchala.

Prólogo.

 

Para ti, ¿Qué es la locura?

Si suponemos que estas en el colegio donde recientemente estudias, estás en una entrevista para tu primer trabajo, o en fin, si de esta simple e insípida cuestión dependiera tu cercano e inentendible futuro, ¿Qué harías? 

Seguramente correrías a tu más confiable fuente de información, si estas a mi nivel, o al menos en una etapa inmaduramente joven-adulta, irás a buscarlo a google, ahí, por consecuente te inundarás de un sinfín de conjunto de palabras  para sacar ideológicamente tu respuesta; curiosamente creo que responderías:

 

“Se designó como locura hasta final del siglo XIX a un determinado comportamiento que rechazaba las normas sociales establecidas. Lo que se interpretó por convenciones sociales como locura fue la desviación de la norma, por culpa de un desequilibrio mental, por el cual un hombre o una mujer padecía de delirios enfermizos, impropios del funcionamiento normal de la razón, que se identificaban por la realización de actos extraños y destructivos.”

Fuente: Wikipedia. 

¡Claro!

Aun así nadie lo podrá explicar como es, fría ni verídicamente, nadie, y es porque un individuo  totalmente cuerdo no llega a ciertos estratos ya mencionados y a lo contrario, una persona que ha sufrido algún punto mencionado, no estará en condiciones de contar lo que es; sin embargo yo...

Yo puedo no contarlo, sino de alguna manera advertirlo.

Es posible que la locura, no solo pueda ser manifestada como una enfermedad mental, sino quizá un sentimiento, un follaje venido de ciertas ramas de un árbol al que en esta ocasión llamaremos ‘Interpretación del subconsciente’. 

Raramente, se es posible mantener cierta cordura con una vida normal, cotidiana, simple, pero cuando no se es así, es meramente casi imposible mantenerse con los pies en la tierra, pensando firmemente.

Cuando se llega a tener una familia no-cotidiana, por no mencionar loca, ya que este termino lo descartamos desde un principio, es muy fácil ceder a los demás, a la situación, incluso es demasiado fácil quedar incrustado en la misma. 

Yo, trataba  de no hacer caso omiso de todo aquello, de no dejar, no que me afectara, imposible que no lo hiciera, pero  no sabia que fue lo que cambio esa teoría, si es que la cambio, ciertamente.

Empecemos con mi vida.

Vivo “felizmente” en Londres, Monmouth street, específicamente, aunque mi hogar y mi “corazón” siempre ha estado en el centro de lo justo en Londres, El palacio de Buckingham y las orillas de sus hermosas aguas a un costado, todos mis suspiros y pensamientos quedan ahí.

 

Mis padres son muy entusiastas, o eran, mas bien. Ellos siempre han tenido lo que han querido, estudio, profesión, trabajo, familia, amor…todo.

Era increíblemente buena la forma en que todo parecía simplemente un decimal antes del 100% de perfección; soy hija única y honestamente, fui una niña mimada por mis padres, pocos años, pero lo fui.

Honestamente hace años que no se sobre algo sobre mis padres, a menos que sean denominaciones monetarias, caída de dinero; no dejo de oír “los libros no se venden bien” o  “el trabajo APESTA”.

Nadie esperaba que terminaría asi, ¿Cierto?

Ese es el punto.

Comencemos ahora si

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I. La vida es una oportunidad, aprovéchala.

» Es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es.

Frédéric Chopin»

 

 

Ha pasado algo de tiempo desde que determiné que había comenzado a cambiar, pensé tener una cierta descripción mía, una identidad única, eso fue hace tiempo y aunque aun tengo una idea de lo que fue eso, ya no se si esté en  lo cierto.

 

¿Quién soy?

 

Ya no es una pregunta fácil para mi persona, más bien la cuestión seria ahora: ¿Quién creo ser?

 

Me llamo Deborah York, algo contradictorio con la región donde vivo. Esto es Londres, un lugar muy gris, dentro de una nación gris, no por las personas sino el clima alrededor, o al menos ese concepto tenia de aquí. Si soy sincera, creo que la lluvia es más que un clima, es un estilo de vida, es lo único que hasta el día de hoy me pone de mejor humor del que suelo tener. Me encantaba meterme por entre los autos, camiones, en fin del trafico y subirme en ellos como si tratase de evitar la lluvia, el hermoso y sutil roce físico de la lluvia hacia mi cuerpo era seductor, algo poco entendible para una chica de 17 años en ese entonces, pero mentalmente para alguien con cierta madurez espiritual equilibrada, era algo satisfactorio.

 

Son las 3:00 p.m., no hay tarea, no deberes, no nada, solo estaba ahí, mirando sin mirar a unas misteriosas aguas imaginarias por las que me encontraba nadando, salía y en cuanto trataba de secarme el “agua”, esta ya no tenia asimismo sus propiedades, era roja, poseía un rojo carmín fino y hermoso. Volteé  y sobre las aguas habían cuerpos reconocibles a simple vista flotando con rostros de desesperación, tristeza y angustia. De repente alguien interrumpe mis perturbados y extraños pensamientos, alguien que solo yo conocía y no era la primera vez que me acorralaba cautelosamente. Era la señorita Kingsley, la encargada al servicio de la casa, por no llamarle de otro modo.

 

—Niña, ya es tiempo de que bajes a tomar el té tú sola, tus padres no…

 

—No van a llegar temprano—completo antes de que ella lo haga — el mismo cuento de siempre, no importa, ya voy Nina—finalizo un poco cabizbaja.

 

—Me da...—responde, vuelvo a interrumpirle.

 

—Pena, tristeza, lástima. Ahórratelo, ya me acostumbré, no ha sido desde ayer, es…

 

—Un año entero, ya baja, anda.— inquiere ella sin dejarme terminar ahora.

 

Bajo consecuente al paso de Nina. Ella es como mi hermana mayor, siempre me escucha, decía que para ser una niña de tan corta edad tenia demasiado intelecto cruzado con problemas innecesarios, claro que igual no era tan ‘niña'.

 

—Como siempre…—digo sentándome en un sofá siendo interrumpida por segunda vez también.

 

—¿Con un toque de limón y mucha azúcar?

 

—Nina, déjame terminar...—pido en mal tono.

 

—Ay, perdón…—se disculpa.

 

—Amm, no, descuida que ya se me…—sin querer la imagen de un chico alto con facha de rockero viene a mi mente de repente—olvidó.—completo finalmente.

 

—Claro—dice extrañada.

 

—Nina...Alan, Alan...—susurro, sigo en transe, estaba como ida.

 

—¿Tu novio?—pregunta burlona.

 

Vuelvo a la realidad al escuchar eso.

 

—¿qué? Novio…¡ha! —suelto un bufido—claro, apenas y tengo amigos.

 

—No seas modesta, tienes mucha gente que te aprecia a tu alrededor—responde.

 

—Empezando por mis padres—replico con sarcasmo y pongo los ojos en blanco—  como sea, a veces me siento vacía, con ansiedad de desahogarme completamente con alguien.

 

—¿Y Eunice?

 

—Ella tiene suficientes presiones con su papá y su madrastra como para cederle también mis presiones.

 

—Pero, si es tu amiga a ella no le importará y además, estarían a mano.

 

—No lo sé…—le doy el primer sorbo a mi té y como siempre tomo un galleta de canela y la sumerjo ligeramente por el liquido. Sigo pensando hasta que termino a gran velocidad  el té y subo a mi habitación, por fin mañana era viernes.

 

Me dormí o al menos eso creo que hice. Otra vez en mi mente tiene la imagen del chico, ¿quien era?¿por qué lo veo? 

O lo imagino quizá. Como sea, de mi boba imaginación no creo que pase, mejor me duermo.

 

CONCLUSIÓN : No estoy dormida.

~

 

4:00 A.M.

 

Un callejón oscuro, no hay luces, no hay gente, simplemente me situó ahí. Miro al cielo el cual ni siquiera deja ver sus estrellas, tal vez esta nublado, como siempre. De repente camino desesperada, mirando  hacia todos lados y ninguno a la vez, era un laberinto, de un momento a otro, al tiempo que pestañeo, veo al fondo una sombra, se ve fuerte y convincente, es el mismo chico del té, o al menos a ese cierre llego, no estoy segura del todo porque esta vez el chico dejaba relucir sus ojos, unos ojos verdes que daban al unísono un destello importante simétrico al reflejo plateado de la luna que al fin se había dejado ver. Me mira, es una mirada que derrocha seguridad, como si quisiera decirme algo. Una inercia estúpida hace que me aleje y cuando lo percato él sonríe y me guiña el ojo, me parece estúpida la situación pero tal vez me sonrojo, no estoy segura de absolutamente nada, ya no puedo sentir e incluso pensar.

 

—Atrás…atrás— deja escapar aquel chico en un susurro, pero yo no pude escuchar nada.

 

Señala con el dedo algo atrás de mi, no quiero voltear pues su expresión me aterra. Sale corriendo hacia mi pero entonces veía mis padres seguido de un flash y una mancha de sangre rodeando mis células, mis venas, mi mente…era tarde, supongo.

 

~

 

—¡Deborah! ¡Debbie! ¡Despierta ya! Por favor, Silvana…—alguien gritaba.

 

-—¿ah?—dejo escapar un bostezo.

 

—Son las 7:00 a.m., ya levántate. No configuraste el despertador, ¿cierto?

 

Era Nina.

 

—¡Lo hice! De veras—exclamo.

 

—Como sea, apresúrate que hoy nos iremos caminando.

 

—¿NOS IREMOS?—grito— Nina...— la miro y muerdo mi labio.

 

—¡No rezongues! Apúrate ya—me ordena de mala gana.

 

—Ah, sí…—miro hacia la ventana buscando algún indicio de que pude escapar o caminar sonámbula pero nada.

 

—¿Te pasa algo, Debbie?— pregunta Nina.

 

—N…¡me llamaste Debbie!— mi sonrisa se devolvió al soñoliento rostro que tenia.

 

—Fue casualidad, linda, ahora arréglate.

 

Tuve que tardarme menos de lo normal, yo suelo ser “detallista”, una total perfeccionista en mi aspecto, en pocas palabras impecable y vanidosa.

 

—Lo hiciste a propósito—me regaña cuando bajo.

 

—a propósito…¿me recuerdas qué hice?—arqueo una ceja.

 

—Faltan cinco minutos para las 8:00 A. M. 

 

—Sí, ¿Y?

 

—Vámonos en taxi— dice rindiéndose. Me encanta mi técnica de persuasión.

 

—¡Yey!—grito emocionada

 

—¡Camina!— replica empujándome.

 

—Aww—la abrazo—Te quiero.

 

Avanzamos diez metros y un taxi pasa por enfrente de la casa, llegué dos minutos antes de las 8:00 A. M. , tiempo suficiente para buscar a Eunice e irnos a clase.

Voy a buscarla en el punto donde solemos encontrarnos pero en lugar de encontrar la típica chica alegre cuyos problemas familiares jamás le afectaban, solo encontré a mi amiga hecha pedazos y estos a su vez regados por todos lados.

 

—Euni ¿te pasa algo? Ah, pero qué pregunto, ¿que sucedió?

 

—Estaba ayudándole a Kelly en la cena y sin querer derramé harina sobre su vestido y pues ella invento un sinfín de cosas; cuando menos vi, mi padre me acuso de la muerte de mamá.

 

Me quedo pasmada, de nuevo esa alucinación extraña viene a mi mente, no en el momento mas adecuado. La expresión decaída del chico aparece, con sufrimiento, después de aquella desagradable escena de sangre, como si mi vida dependiera de la suya, como si mi vida fuera la suya incluso.

 

—Debbie… ¡SILVANA!—grita mi amiga.

 

—¿qué? Ah, es que -aclaro mi garganta- me quejo de mi vida como si fuera la peor del mundo cuando... perdóname, amiga—la abrazo, me aferro a ella como si me sintiera protegida, la verdad, tenia miedo de que algún día esa simple alucinación se hiciera real, si es que no era ahora eso.

 

—Te conozco y por cosas así de simples no te pones en ese plan—dice Eunice extrañada aun en el abrazo.

 

—Perdona— me disculpo.

 

—Cuéntame— insiste.

 

—Son tonterías, nada del otro mundo «¿o si?»—hago una mueca de no-entendimiento.

 

—¡Debbie!—vuelve a gritar.

 

—¿qué? Ah…bue…—veo algo repentino e inesperado que me hace flotar y no me deja seguir hablando, existiendo.

 

—Deborah…— inquiere ya fastidiada Eunice.

 

-—Alan….—susurro, una vez más.

 

—¿qué?— pregunta confundida.

 

—No, nada, vamos a clase o no nos dejaran entrar.

 

—Hmm, rara.— murmura para sus adentros.

 

Y así, casi a rastras me la llevé a el aula de clases.

 

Se preguntarán qué es lo que vi, lo que me hizo perder la noción de tiempo por segundos que se hicieron horas, fue algo surrealista, tal vez se salió de mi mente, mis pensamientos, ¿qué? Mas bien, ¿quién? Alan, ‘el chico del té’, por un momento me pareció verlo de frente en los casilleros como vigilándome, tratando de decirme algo con su robusta y pesada mirada, pero Euni me hablo y él desapareció asó como llegó. Me estoy volviendo loca.

 

—Maldito lápiz del demonio-musito en voz alta.

 

—Señorita York… Disculpe, ¿arruiné su importante charla civilizada con el lápiz?—dice la profesora sarcásticamente.

 

—¿eh?...oh, lo siento— me disculpo apenada.

 

—Bien, entonces, ¿puede decirme qué interviene en  el transporte pasivo?

 

—pues difusión simple, que es cuando hay difusión de agua, gases disueltos o moléculas liposolubles en lo que es la amm membrana nucle….plasmática—corrijo— si, eso, luego viene la difusión facilitada que es cuando hay difusión solo de moléculas solubles en agua; y por ultimo la osmosis, que mi compañera Amber ya había mencionado.

 

—Vuélvela a decir—pide.

 

—Bien,—accedo de mala gana— la osmosis es la maldi...—hago una pausa evitando decir esa palabra y aclaro mi garganta— la difusión y absorción de agua a través de la membrana nucle…plasmática—me vuelvo a corregir.

 

—Bien…continuando con el tema…-y prosigue con su gran discurso de persona ‘importante’.

 

No se honestamente cuánto habrá transcurrido pero…

 

—Debbie, ya acabaron las clases, hace media hora— me susurra Euni.

 

—¿De verdad? agh, soy un desastre. Vámonos.

 

Me había quedado dormida.

 

 

Entonces salimos de la escuela.

 

—¡Brrrr, hace muchísimo frio!— exclama Eunice—vamos por un café, yo invito ¿te parece?

 

—Amm, sí, esta súper —mentí, aun sigo extraña.

 

Fuimos a un café cerca de mi casa, platicamos un buen rato y de repente algo llamo mi atención, era un chico, muy apuesto y de altura deseada, cuerpo soñado, rubio, ojos azules, sonrisa encantadora... 

No es que lo haya mirado mucho.

Las chicas, muy notoriamente, babeaban por él, yo no puedo negar que no me haya atraído, pero bajé la mirada rápido, el café era mas tentación que él en estos momentos.

 

—Es lindo, no disimules— dice Eunice.

 

—Hmm, ¿Cómo?—respondo arqueando una ceja.

 

—Te conozco bien, Debbie.—repone sonriendo traviesa.

 

—Cállate—accedo a aquello y la fulmino con la mirada.

 

—¡Dios, viene hacia acá!—exclama sin una pizca de discreción.

 

—pero…—revoloteo las manos dando signos de no saber qué hacer.

 

—Hola…¿te conozco?—pregunta el chico mientras se colocaba a un lado de Eunice mirándome.

 

—Hola… —correspondo el saludo no tan convencida— no creo, jamás en mi vida te había visto por estos rumbos.—murmuro.

 

—Claro, es obvio, acabo de llegar aquí, pero ya te hice la platica —sonríe satisfecho—¿puedo sentarme?

 

—Hmm—miro a Euni, la cual no deja de ocultar su sonrisa de oreja a oreja, suspiro y finalmente sonrío—no hay problema, hazlo.

 

—Gracias, me llamo William—se sienta y se presenta.

 

—¡Vaya! William, un nombre muy común por acá, soy Debbie, ella es Eunice,—nos señalo correspondientemente— ¿de dónde eres?—pregunto sin más.

 

—Soy de Canadá, nací en Québec pero crecí en Ontario.

 

—Así que también hablas francés.—supongo y asiente—y ¿qué haces por estos rumbos?—pregunto descaradamente y luego abro bien los ojos—¡Cielos!¡qué metiche soy! Cuánto lo siento.

 

—No te preocupes, el punto es conocernos, de otra manera no me hubiera acercado—sonríe de lado y deja salir un breve suspiro—veras...

 

Me empezó a contar su historia; grandiosa, sus padres son artistas, hacen pinturas y ellos mismos las exhiben. Se quedaran aquí unos años pues vendieron sus obras a un museo cercano. 

 

De repente observamos una escena, un chico rompía con su novia con una sola oración, cruel.

 

—El efecto de una palabra suele ser impactante pero el de una frase, es devastador—dice el chico.

 

—Wow, ¿Qué fue eso?— le pregunto abriendo bien los ojos.

 

 

—Profunda, lo sé—admite sonriendo.

 

—Te ves con cara de ‘me rompieron el corazón recientemente’-dice mi amiga con cinismo.

 

—Eunice, compórtate—la regaño.

 

—Perdon—susurra y hace un puchero.

 

—está bien, tiene razón, es otra de las razones por las que no me reusé en venirme aquí—responde riendo Will.

 

—Bueno, ojala aquí puedas despejar todos tus sentimientos. —sonrío leve—Eh, yo tengo que irme, es algo tarde.—repongo viendo el reloj.

 

—Sí,  tus papis, los cuales ya no se interesan en ti, te están esperando—bufa Eunice.

 

—No te burles, además tengo sueño-admito haciendo una mueca.

 

—Se te nota, ¿quieres que te acompañe a tu casa?- me propone William.

 

¿De donde has salido?

 

—No es necesario, gracias.

 

No sé por qué siento que soy pésima atrayendo chicos.

 

—Pero quiero y puedo—insiste.

 

—De acuerdo, acepto la oferta, Sir Will— accedo y me giro a mi amiga— ¡adiós Euni!—me despido y me levanto para abrazarla por ultima vez en el día.

 

William y yo íbamos a empezar a caminar cuando...

 

—Ah, Will, es por acá—señalo al otro lado.

 

—Oh— se gira lentamente— lo siento.

 

—Esta bien, para empezar yo no te dije por dónde era—rio por su expresión, en serio se había sonrojado.

 

—Si…-—se rasca la nuca—y ¿qué tal tu vida?—espeta. Arqueo una ceja.

 

—Suenas como si te conociera de años, te fuiste un año y regresaste—comento divertida.

 

 

 

—Eh..—agacha la cabeza sin saber qué decir.

 

—Jamás dije que estaba mal—me excuso y busco su mirada.

 

—Aun así…—dice y por fin pude mirarlo; sonrío ligeramente.

 

—Bueno, pues, mi vida, es una vida.

 

—Claro —alza los pulgares riendo.

 

—Ya en serio...—hago una mueca—pues no se, últimamente todo es tan confuso.

 

—Eh, déjame adivinar ¿Eres niña rica?

 

—¿cómo supiste? ¿Tan bien vestida me veo?— bromeo.

 

—No, lo reflejas en tu mirada de oso triste.

 

—Ah, oso triste, gracioso.—lo miro mal.

 

—¿De veras eres niña rica? —pregunta sorprendido.

 

—Así es.

 

-—Se lo que se siente, ¿ves aquella casa?—señala a su izquierda.

 

—No veo casas ahí, taradete, veo mansiones.

 

—Exacto,  ahí vivo ahora.

 

Oh, ahora entiendo.

 

—Pues, yo vivo por allá—señalo el otro lado del camino.

 

—Algo cerca ¿eh?—alza ambas cejas y suelta un bufido.

 

-—Me das miedo—digo en broma—¡hey! si quieres puedes dejarme aquí para que no des doble vuelta al camino.

 

—No, está bien, te dejaré hasta allá.

 

—¿Seguro?, es que y si…

 

-—Tranqui tronco—- dice interrumpiéndome.

 

—¿Tranqui tronco? no quiero preguntar, suena genial.

 

—claro, ¡lo inventé yo!—exclama feliz.

 

—No es cierto, egocéntrico.

 

—-No lo soy, solo a veces no me fijo en lo que digo...

 

—Está bien, así es mejor— frunzo el ceño recapitulando lo que acababa de decir—no preguntes por qué dije eso porque ni yo sé.

 

—bien no lo haré, lo prometo.

 

Esas ultimas dos palabras las remarco y puso su mano derecha en su pecho, justo donde esta el corazón, ¿Qué es esta magia?

 

—Qué lindo eres…¡Dioses! Lo dije en voz alta.

 

—Así me parece —contesta con una gran sonrisa en el rostro—pero no te preocupes, así es mejor—dice y me guiña el ojo.

 

—¿Acabas de citarme? como sea, es aquí. Me tengo que…—me veo interrumpida por gritos, golpes;  lo peor, venían de mi casa.

 

—-Huh...¿y eso?—cuestiona William

 

—no sé qué pasa, esto es extraño, esta el carro de mi padre pero no creo que…—se oye otro golpe y grito de una voz masculina—ah, mejor ya entro.

 

—Te llamo después para ver qué paso, ¿si? Dame tu numero.

 

—Sí, gracias Will—le doy mi numero, anoto el suyo y suspiro— un placer conocerte.

 

—Igualmente, Debbie.

 

«¿qué tanto estará pasando alla dentro? conozco esas voces, pero, ¿será posible?» pienso una vez que entro a la casa.

 

—No me interesa, ¿entiendes?-gritaba alguien

 

—no, no entiendo, efectivamente, por eso mismo ya me urge con un demonio firmar esos tontos papeles de divorcio, para no tener que aguantarte mas estas estupideces, porque es eso, ¡NO-TE-ENTIENDO! Y creo que jamás lo hice—exclama una voz fémina que sin dudas reconocía, la voz de mi madre.

 

 

—¿alguien puede explicarme qué está pasando aquí?—pregunto al fin

 

—Debbie, ven a mi recamara—me dice Nina.

 

—pero…

 

—vamos ya ¡anda!—exclama.

 

Subo a su habitación, iba algo conmocionada por la situación, jamás en mi vida mis padres habían tenido incluso una pelea y mucho menos de esa magnitud; además escuche la palabra ‘divorcio’ eso era simplemente inaceptable, no puedo permitir eso.

 

—¿qué esta pasando Nina?

 

—-Deb, tus padres no están bien…

 

—¡No me digas!-era muy sutil mi sarcasmo tanto que creaba un ambiente aun mas oscuro.

 

—Ellos, desde hace mucho tiempo han tenido estas discusiones, quizá no aquí dentro de esta casa pero si en otros lugares, en su trabajo, en fin, ellos nunca estuvieron tan felices, siempre trataron de llevar una mascara para no lastimarte, sin embargo esta tarde todo se salió de control.

 

—Pero se va a arreglar todo ¿verdad?

 

¡Qué pregunta tan mas estúpida!

 

—Debbie, ellos tramitaron su divorcio desde hace unos meses, en dos semanas les dan a firmar los papeles.

 

—¿cómo pudo pasar todo esto, frente a mis ojos? Explícame—digo con apenas unas lagrimas en los ojos

 

—no lo sé….no lo sé…—agacha la mirada—es el destino.

 

—Es mejor que vaya a mi habitación,  quiero hacer de una vez mi tarea—inquiero fría.

 

—Está bien, por favor, relájate y cuando quieras o necesites hablar sobre esto, confía en  mi

 

—¡Claro! cómo tu tuviste la decencia de decirme lo que pasaba...¿ Sabes qué? tienes razón, mejor me relajo, adiós.

 

Y asi me fui, en el primero que pensé sin querer hacerlo fue  en Will, dijo que me llamaría después para saber qué había ocurrido, pero, creo que no puedo esperar a que el lo haga, asi que marqué.

 

 

 

—Will, hola, soy Deborah— murmuro algo agitada una vez que toma la llamada.

 

—Debbie, ¿qué paso? Te oyes mal...

 

—¿Recuerdas los gritos de hace unos momentos?

 

—¿Cómo olvidarlos? ¿qué paso?

 

—Mis padres…mis padres se están divorciando—respondo con un nudo en la garganta

 

—Pero, ¿cómo?, me habías dicho que ellos jamás en su vida habían tenido una pelea, ¿cómo es que de un dia para otro se están divorciando?

 

—Lo mismo trato de saber, no sé, Will.

 

—Ven a mi casa. Te esperaré  fuera de la tuya y te traigo ¿si?

 

—¿en serio?

 

-—Claro, ya voy para alla.

 

—Gracias

 

Colgamos y mire un momento la ventana antes de dirigirme a la salida de la casa, todo era terrible ahora.

 

 

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