Cartas Desde El Cielo

Nunca puedes buscar un amor eterno
Pues ese no es un amor real
El amor real es igual como la vida
Nace, crece, se desarrolla y finalmente, muere
Esa es la ley de la vida, Pero...
Que harías si el destino te da la oportunidad de estar con la persona que amas mas allá de la vida misma?
Tu aceptas esa oportunidad?

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9. Convivencia

Me aparte sutilmente de Cameron, le di un beso en la frente y me fui a mi salón. Al entrar, lo primero que vi fue a Lindsay y a Emily, supuse que aún estaban enojadas conmigo, pero no les di importancia, estaba tan feliz de estar con alguien tan tierno y especial como Cameron que no dejaría que nada ni nadie me quitara la alegría.

Afortunadamente, la clase terminó antes de lo previsto, pues a la profesora la llamaron de la escuela donde estudiaba su hijo para que lo fuera a buscar porque se había caído o algo así. Estaba acomodando mis cosas cuando se me acercan Lindsay y Emily.

- Y que, ¿ahora son novios? – Dijo Emily con un toque de celos en su voz –.

- Sí dinos, todos en la academia los vieron besarse. – Dijo Lindsay –

- Sí, Cameron y yo somos novios.

- ¡Qué maravilla! – Respondió Emily con ironía –.

- Sí Emily, es maravilloso. Chicas no sé qué les pasa, ustedes eran las primeras que siempre me decían que me enamorará, que me consiguiera un novio porque sí no me iba a quedar sola, y ahora cuando lo consigo me odian sólo porque tú - dije mirando a Emily - estabas enamorada en silencio de él. Yo no tuve la culpa de que se fijará en mí. Sobre el corazón no se manda. Pero no importa, ya me di cuenta quienes son ustedes, y sobre todo, ya me di cuenta que nunca fueron mis amigas.

Salí del salón llorando y en cuanto vi a Cameron, corrí a abrazarlo y le suplique que nos fuéramos que no quería estar allí, el noto que estaba afectada por lo sucedido con mis amigas y me pidió hablar con ellas juntos, pero yo le pedí que me llevara a casa, que ella jamás entenderían lo nuestro y el solo acepto.

Salimos de la academia agarrados de la mano, era una situación extraña y hasta nueva para mí, pero era una situación linda y tierna. Yo lo jale para que fuéramos a la estación de trenes, pero él no me hizo caso, en lugar de eso, detuvo un taxi, le dio mi dirección y nos fuimos allí.

En cuanto me subí, lo primero que hice instintivamente fue recostar mi cabeza en su hombro, aún estaba llorando. En un instante él se da cuenta y comienza a hacerme cosquillas.

- Eres una llorona Mariana, y a las lloronas se les hace cosquillas para que se rían.

- ¡Ya basta Cameron! -dije riendo- vas a hacer que el conductor se moleste con nosotros, ¿No es así señor?

- No señorita, se equivoca. Ustedes dos hacen una bonita pareja de jóvenes y se nota que están muy enamorados. Mi mujer y yo cuando teníamos su edad nos veíamos así como ustedes. Ya tengo treinta años de convivencia con ella, y aún la amo como el primer día.

- ¿Convivencia? ¿Qué es eso?

- Es cuando dos personas viven juntas como sí estuvieran casadas, pero no los unen papeles o compromisos legales ni mucho menos religiosos.

- Sí pero eso ¿Casi nunca funciona?

- Ahora no funciona, lo que pasa es que los jóvenes creen que pueden usar la convivencia para  conocerse mejor, y no es así, sí se va a estar en convivencia es porque ya estas seguro de lo que sientes por esa persona, pues es como un matrimonio, pero con el riesgo de que sí la otra persona se cansa, se puede ir sin ningún problema.

El resto del camino lo hicimos en silencio, Cameron me rodeaba con su brazo y me acercaba a él lo máximo posible.  

- Cuídense chavales, hacen muy buena pareja.  – Dijo el taxista al despedirse de nosotros –.

Sólo sonreímos y entramos a mi edificio. Subimos el ascensor abrazados, todo se sentía tan correcto, tan perfecto, como si toda la vida hubiera estado esperando por ese momento.

-  Pasa, no quiero comer sola. –Dije cuando llegamos a mi departamento –.

- No mi vida, lo mejor es que me vaya, estando en la academia me puedo controlar, pero estando sólo contigo no creo que pueda controlar estas ansias.

-  ¿Qué ansias?

- Las ansias que tengo de hacerte el amor – me dijo al oído, sonrojado y con la respiración acelerada –.

- ¡Cameron! ¿Qué dijiste?

- Lo que oíste.

- Cameron yo, nunca...

- No te preocupes, yo tampoco, pero es que te amo tanto... Mariana, ya tengo año y medio viviendo aquí en una casa que me regalaron mis padres, es una casa grande, demasiado grande para una sola persona. Mariana, ¿Te quieres mudar a vivir conmigo?

- Cameron, me dejas sorprendida, no creas que no te quiero y que no quiero vivir contigo, es sólo que yo pensaba hacerlo cuando ya tuviéramos saliendo dos o tres...

- ¿Semanas?

- ¡No Cameron! ¡Dos o tres años! ¿Por qué tienes tanta prisa?

- Es sólo que creo que tal vez no me quedé mucho tiempo.

- ¿Te pasa algo? ¿Estás enfermo cierto?

- No Mariana, olvídalo, son tonterías mías. Mejor me voy. Nos vemos mañana.

Me besó y se fue. La actitud de Cameron me dejó confundida, algo le pasaba, pero no me lo quería decir.

 

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