A un Paso del Amor

Cinderly no tiene nada extraordinario, no es la más inteligente de la escuela y menos la más bonita. Lo único que la divierte son los animales de su granja y sus tres mejores amigas, Maly, Liz y Anita. Pero al enterarse de los viles planes de unos de los chicos más guapos de la escuela no puede menos que planear una forma de darle una lección.

Jet detesta la escuela, más aun a Bárbara, la chica bonita que acaba de terminar con él. Así que, qué tan malo puede ser salir con una de "Las Microbios" si gracias a eso puede darles una lección a su ex-novia y a uno de sus amigos, y de paso divertirse un tiempo.

Vamos, que es lo peor que puede pasar.

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17. Capitulo 6, Tercera Parte, la triste verdad

J.: Lo supiste desde el principio. Debiste decírmelo esa noche.

C.: No estaba pensando mucho, además me avergonzaba.

J.: Ahora todo es más confuso.

C.: Lo sé, ya no sé qué creer.

J.: No puedo decir que fue verdad o mentira en nuestra relación.

C.: Es mi culpa, lo siento.

J.: Terminemos con esto.

 

***

 

—Pero que te paso—pregunto mi madre al verme, hice una mueca, quise pasar a su lado pero me agarro de un brazo—otra vez con lo mismo—había lágrimas en sus ojos.

—No, solo es una tontería, estoy bien—mentí.

—¿Con quién peleaste?—preguntó.

—No quiero hablar de eso—ella arrugó su frente.

—Pues vamos a hablar de eso—dijo seria—me canse de que me evites, lo aguante porque creía que era lo mejor, pero ahora no, no con esa mirada.

Estaba demasiado cansado para discutir con ella así que la seguí a la cocina, me senté en una silla y ella preparo café, cuando estaba listo me sirvió una taza y se sentó frente a mí.

—¿Con quién peleaste?—suspire.

—Con Bastian, un amigo de Cindy.

—¿Por qué?

—No lo sé, solo no me agrada—la mire y ella asintió.

—Le gusta Cindy.

—No, no lo sé, no lo creo, son amigos—bebí un poco de café.

—¿Quien vino a dejarte?

—El papá de Cindy—ella arrugó su frente—ella cayó al lago, uno que está cerca de su casa, casi se ahoga—ella llevo una mano a su boca preocupada—está bien, la llevamos a urgencias y como estaba bien le permitieron irse a su casa.

—La pelea fue antes o después.

—Antes—dije, ella suspiró.

—No deberían haber estado en el baile.

—Lo estábamos, pero…—mire alrededor—salió todo mal, peleamos, ella termino conmigo y se fue a su casa.

—La seguiste—asentí—no se arreglaron las cosas.

—No, pero espero poder arreglarlo.

—Me agrada esa chica—murmuró.

—No tanto como a mí.

—¿Por qué terminaron? ¿Qué paso?

—Me equivoque con ella, metí la pata hasta el fondo y paso.

—La quieres—la mire y asentí—lo sabía, con ella has estado más tranquilo, mejor.

—Me hace sentir mejor.

Nos bebimos el café en silencio y al acabar le pregunte.

— ¿Cómo lo arreglo?—me miró—no sé qué decirle para que regrese conmigo.

—Dile lo que sientes.

—Lo hice—murmure—no me creyó.

—Demuéstraselo, díselo de nuevo, la verdad es lo único que te puede ayudar—suspire y me puse de pie.

—Lo intentare—dije, deje mi tasa en el lavaplatos y me moví hacia la puerta.

—Cariño—dijo ella, la mire—a veces hay que aceptar que algunas cosas no pueden arreglarse.

—No puedo dejarla ir, tengo que hacer algo—ella asintió y sonrió.

—Entonces tienes una oportunidad, solo inténtalo.

—Buenas noches—le dije y salí de la cocina.

—Buenas noches—le oí decir.

 

A la mañana siguiente me queje por el dolor de mi estómago. Ese chico si sabía golpear, pensé. Me puse de pie y fui al baño a mirarme.

Tenía un corte en la ceja, un moretón en la mejilla y otro corte en el labio, además varios moretones en mi vientre, algunas sobre las costillas.

Mi madre me dijo que no era necesario que fuera a la escuela, en otro momento se lo hubiera agradecido, ahora no, tenía que ir.

Varios o casi todos en la escuela me miraron fijamente, los más sorprendido fueron Tomas y Rodrigo, Gustavo solo alzo una ceja.

—¿Qué demonios te paso?—pregunto mi amigo.

—Cindy termino conmigo—dije, él arrugo su frente.

—No le bastó con terminar contigo, también te golpeo—voltee mis ojos.

—Bastian fue, nos peleamos.

—Ahora, no entiendo nada—dijo él.

—Es muy complicado—dije yo, lo mire diciendo luego.

—Cómo es que te peleaste con Bastian—pregunto Rodrigo.

—Estaba con Cindy, en el lago—arrugaron su frente—ella fue allí luego de que termináramos y la seguí, discutí con Bastian y comenzó la pelea.

—Debe ser bueno peleando—dijo Gustavo.

—Lo es—asegure.

Busque a Cindy por el lugar, no sabía si vendría, lo dudaba, se supone que tenía que descansar, aun así tuve la esperanza de verla.

En clases de deporte me mantuve a un lado, el entrenador no me dijo nada. Tomas se acercó a mí luego de correr.

—Y qué fue lo que paso.

Se lo dije, completamente, la discusión en el hotel, la pelea con Bastian, el accidente, él solo me escucho.

—Una noche divertida—murmuró.

—Bastante—dije.

—¿Qué vas a hacer?

—No lo sé, solo quiero hablar con ella—suspire.

—Crees que hable con Liz—lo mire y negué, se relajó—está en su derecho, solo…

—No lo hará, le dije que tú no habías hecho lo que yo, creo que me creyó—él asintió.

Mire a Gustavo correr por la cancha de fútbol y arrugue mi frente, siempre me pregunte por qué me juntaba con él si nunca nos hemos llevado bien.

—La última semana—dijo Tomas.

—Luego las vacaciones y el último año.

—Has pensado que vas a estudiar.

—Fotografía profesional—lo mire, sonrió suavemente.

—No vas a seguir con el tenis.

—No, me gusta, pero prefiero lo otro y tú.

—Aun no lo sé, tengo algunas idea, nada definitivo.

—Y Liz—pregunte, sonrió.

—Cocina internacional, quiere ser chef—nos reímos.

Cuando el entrenador le grito a Tomas que regresara a la cancha él suspiro.

—Mejor voy—murmuró y  se alejó de mí

Tomas tenia suerte, él había sido amigo de Liz, la había conocido porque quiso hacerlo, se había enamorado y ahora salía con ella, tenía un futuro con ella, por tanto tiempo como quisieran, podía acabarse mañana pero sería porque así eran algunas relaciones, no porque el cometiera un estúpido error. Suspire y me apoye en la banca, tenía que arreglar esto, debía haber alguna manera.

 

***

 

Lo mire un segundo en la última clase de matemáticas, el profesor solo nos dejó andar a nuestras anchas, Jet se giró para mirar en mi dirección y baje la vista.

—Aun no puedo creer que terminaran—me dijo Anita, la mire.

—Paso.

—Esto va a ser extraño con nosotros—dijo Liz—yo saliendo con Tomas y Anita con Rodrigo.

—No salimos—dijo ella.

—Pero casi—contesto Liz.

—No tiene nada que ver con ustedes, no se sientan incomodas ni nada—me encogí de hombros.

—Pero por que terminaron—insistió Liz.

—Solo paso, las cosas no resultaron como queríamos, no sentimos lo mismo, por lo menos él no lo siente—Maly soltó un bufido.

—Ese chico te adora, mas, te ama, como puedes creer que no siente nada por ti—hice una mueca.

—Lo creo, y ya paso, eso ya se terminó.

—En verdad peleo con Bastian—pregunto Anita, asentí—increíble—dijo.

—Es horrible—murmure—no quiero volver a ver algo así.

—¿Que va a pasar con el paseo a la playa?—preguntó Maly, suspire.

Habíamos estado planeando esa salida desde hacía semanas, las mire a todas.

—No lo sé, no quiero que la cancelen pero…

—Si no vas, o no va él—dijo Maly—no será lo mismo, la planeamos para todos, nos hemos hecho amigos, o novios—miro a las chicas—debes ir y relajarte.

—En verdad no te gusta Gustavo—le pregunto Liz a ella, Maly la miro y negó.

—No lo conozco lo suficiente y lo que he visto de él no es agradable—asentí de acuerdo.

—Hay que hacerlo—dije, las mire—tenemos que ir, el ultimo día que estaremos todos juntos, luego de eso no será hasta el próximo año.

Sonrieron y suspiré.

Mire al grupo de Jet, no me haría daño una última salida. Extrañamente después del accidente me sentía relajada, lo peor había pasado, había acabado, no tenía por qué seguir molesta o herida, era mejor que lo olvidara y continuara con mi vida.

Yo sabía que él deseaba hablar conmigo, yo aún no estaba lista y por suerte, para mí, debido a las calificaciones y demás estuve todo el resto del día ocupada y no lo volví a ver. Sabía que iba a tener que enfrentarlo en algún momento, solo…sabía que no podría hacerlo por ahora.

 

En la playa.

Liz le entrego una bebida a Tomas y se sentó a su lado, él la abrazo mientras hablaba con Jet. Mire a Anita que jugaba con Rodrigo en el agua y luego a Maly que ojeaba una revista, Gustavo nadaba no muy lejos de la orilla.

—Voy a caminar—les dije y me puse de pie.

—No te pierdas—dijo Liz.

—No lo hare—le asegure y me aleje de ellos.

No estuve mucho rato sola, Jet apareció a mi lado y caminamos en silencio. Cuando llegamos a unas rocas camine por ellas hasta sentarme, él lo hizo a mi lado, a unos centímetros de distancia.

—¿Podemos hablar ahora?—preguntó—o eso arruinaría tu día.

Lo mire, se había cortado un poco el cabello y ya sus heridas se estaban curando.

—No, hablemos—dije, él asintió.

Ninguno dijo nada, yo esperaba que él dijera algo y probablemente él esperaba lo mismo de mí.

—¿Por qué me agradeciste ese día?—recordé—el del accidente—pareció pensarlo un segundo.

—Claro, lo hice. Te agradecí porque te pedí que no me dejaras, que no murieras—asentí—sé que suena raro, pero…—se encogió de hombros.

—Tomas hablo conmigo el otro día.

—Lo sé, me lo dijo, gracias por no decírselo a las demás.

—Dije que no lo haría.

Silencio de nuevo.

—Tu amigo sí que sabe pelear—comentó.

—Sí, lo sé—alzo una ceja—lo he visto, antes, peleaba mucho. Tenía problemas en su casa y se desquitaba de esa manera.

—Entiendo—dijo y miró alrededor—yo también lo hacía.

—Si—pregunte, me miró.

—Cuando era un niño, luego de que mi padre nos abandonara.

—Ya veo—murmure, una cosa que no sabía de él.

Nos quedamos callados y mire el mar.

—No te pone nerviosa estar aquí—pregunto, negué.

—No—me encogí de hombros—no puedo seguir teniéndole miedo—apunte el océano con mi mano.

—Eso está bien—murmuro.

—¿Cómo está tu hermano y tu mamá?

—Bien, bien—dijo—mi hermano me ha preguntado por ti—sonreí suavemente—le dije que quizás lo irías a ver—me miro.

—Quizás vaya—le dije.

—No te sientas forzada ni nada—negué.

—No, está bien.

Ambos suspiramos.

—Me siento como si estuviera en un campo minado—lo mire—creo que si digo algo malo te alejaras de mí, no deseo eso —negué.

—No te sientas así, vamos a tener que hablar en algún momento, creo que este es el mejor—asintió.

—Cuando hice la apuesta no creí que te haría daño—lo mire y arrugue mi frente—sé que suena estúpido, pero según yo nunca te enterarías, la relación solo acabaría, como cualquier otra.

—Ya veo—murmure, descubrí que ya no me dolía tanto pensar en eso. Echarle la culpa de todo a él no fue bueno.

—Después, me descubrí queriendo saber más cosas sobre ti, use las clases para eso—asentí—creo que me enamore de ti antes de que comenzara la relación—lo mire y no dije nada—pero me di cuenta de que lo estaba luego de que te fueras de viaje, ese día que regresaste. Fue increíble.

Mire alrededor pensando.

—Si fue ese día, según tú, por qué hablaste con Gustavo tiempo después.

—No había pensado mucho en eso, sabía que tenía que hablar con él en algún momento, ese día simplemente paso.

—Ya veo.

—¿Por qué no me dijiste que lo sabías?

—Porque estaba molesta, quería demostrarte a ti y a mí que podía jugar tú mismo juego, creí que podía darte una lección—lo mire—sé que debí decírtelo enseguida.

—No me crees—preguntó y lo mire.

—¿Qué cosa?

—Que te amo—arrugue mi frente al oírlo—no, no lo haces.

—Cada vez que lo dices pienso en la apuesta, además yo…—suspiré.

—Es la verdad, te amo—ambos miramos a la playa—no hay una forma de que me perdones, cierto.

—Jet—lo llame, me miro casi suplicando y se me encogió el corazón—lo siento—murmure—todo esto es mi culpa, nunca debí aceptar ser tu novia.

—No digas eso, yo…—negué.

—Yo supe desde el principio lo que pretendías—él arrugó su frente—los oí a ti y a tus amigo hablando ese día en la biblioteca.

Él miro alrededor y luego a mí.

—Ya…veo—murmuró—quieres decir que solo saliste conmigo por la apuesta, estabas jugando conmigo—lo mire y alce unza ceja.

—Te parece conocido—él negó.

—Eso no justifica…—se calló y me miro, lo único que quedaba de su expresión era molestia.

Paso sus manos por su cabello, estaba molesto, probablemente se sentía igual que yo cuando lo oí, decepcionado.

—Me dices que te enamoraste de mi luego de conocerme—mire hacia al frente—yo también—abrace mis piernas—me enamore de ti después, luego de que nos hiciéramos novios.

—¿Cómo creerte?—murmuró y lo mire.

—Ese es el punto, creer en lo que dice el otro, no nos tenemos confianza.

—Esto es tan confuso—asentí—no entiendo por qué…

—Si pudiera, te contaría desde el principio todo, porque lo hice—negué—pero no sé cómo decirlo, como explicártelo.

—Yo tampoco lo sé, ni siquiera entiendo para que quieres que lo sepa—él se puso de pie y lo observe.

—Solo me gustaría hacer algo bien, que algo entre los dos fuera verdad.

Jet me observó unos segundos y luego negó, lo vi alejarse por la playa, caminar pesadamente, con los hombros caídos. Sabía lo que tenía, él había venido a mi pidiendo perdón, buscando una oportunidad, pero como podía si yo también lo había engañado, no quería que pensara que él se había equivocado, no quería que me viera con cariño sin imaginar lo lejos que llegue simplemente por estar molesta. La verdad era lo único que podía darle.

Regrese con los demás después de una hora y solo había tenido una idea, una muy absurda idea que nos permitía saber exactamente qué fue lo que sintió el otro. Mis amigas me miraron cuando me senté lejos de Jet, él no me miro y yo fingí que no estaba triste de nuevo.

Al llegar a mi casa tome mi teléfono y espere unos minutos, luego lo llame.

—¿Qué pasa?—preguntó en seguida.

—Te molesto—dije recordando los mensajes telefónicos de hace tiempo.

—Si—dijo él, nada más. Suspire.

—Lo siento, lo que pasa es que tuve una idea que puede permitirnos saber cómo vivió el otro esta relación—silencio—algo que nos permita contarle al otro nuestra verdad.

—Te preocupa mucho esto, aun cuando ya no hay una relación—cerré los ojos un segundo.

—Sí, lo hace, no quiero que pienses que yo…—me callé.

—Jugaste conmigo

—Sí.

Él permaneció en silencio unos segundos.

—¿Qué idea?—me relaje un poco.

—Escribir.

—Que.

—Sé que suena raro, pero si lo escribimos sabremos qué fue lo que paso—mire alrededor—lo escribiremos ambos, cada uno contando algo, alguna parte de la relación, algo que creamos es importante.

— ¿Que pasara al acabar?

—No lo sé.

—Está bien.

—Podemos mandarle al otro lo que escriba por correo electrónico.

—¿Cuánto tiempo nos tomara?—preguntó cansado.

—No creo que mucho, solo unos días—esperó.

—Entonces hablamos mañana—asentí.

—Bien, gracias—él suspiro y colgó.

Había que hacerlo, terminar, cerrar el círculo, después veríamos que hacer.

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