A un Paso del Amor

Cinderly no tiene nada extraordinario, no es la más inteligente de la escuela y menos la más bonita. Lo único que la divierte son los animales de su granja y sus tres mejores amigas, Maly, Liz y Anita. Pero al enterarse de los viles planes de unos de los chicos más guapos de la escuela no puede menos que planear una forma de darle una lección.

Jet detesta la escuela, más aun a Bárbara, la chica bonita que acaba de terminar con él. Así que, qué tan malo puede ser salir con una de "Las Microbios" si gracias a eso puede darles una lección a su ex-novia y a uno de sus amigos, y de paso divertirse un tiempo.

Vamos, que es lo peor que puede pasar.

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11. Capitulo 6, Segunda Parte, Yo tengo el control.

J.: Eso me dejo mudo de la impresión.

C.: A mi igual, no lo esperaba.

J.: Tampoco yo sinceramente, aunque fue agradable.

C.: Mejor continúo.

J.: Espera, ahora es mi turno, no eres la única que no puede mantener su boca cerrada.

C.: Adelante, todo tuyo.

 

***

 

No habían pasado ni dos minutos luego de llegar a mi casa cuando tome mi teléfono.

—Que—contesto una voz adormecida.

—Estas durmiendo—dije y mire el reloj en mi mesita, eran las 11 de la noche.

—Hay gente que se acuesta temprano—dijo Tomas y se quejó—yo no tengo novia que me mantenga despierto.

—Por ahora—le dije al recordar a Liz, al parecer le estaba comenzando a gustar.

—Quien sabe—dijo—a que se debe tan grata sorpresa.

—No me lo vas a creer—dije rápidamente.

— ¿Qué pasa?

—Es Cindy—dejo de respirar por un segundo.

—Descubrió la verdad—mi estómago se contrajo al oír eso.

—Claro que no—solté.

—Entonces.

—Me dijo que me ama—silencio—Tomas.

—Y eso es…—que, no lo veía.

—No entiendes lo que pasa.

—No se supone que quieres eso, que este enamorada de ti, no es la idea, ahora dime cual es el problema.

—No lo sé—me queje—no logro olvidarlo, tengo una maldita y extraña sensación dentro de mí.

—Ho diablos—dijo él—no me digas que tu…

—No—dije enseguida imaginando lo que pensaba—solo no puedo olvidarlo.

—Quizás es el remordimiento.

—Y desde cuando yo tengo remordimiento.

—No pretendas ser conmigo un tipo duro y toda esa mierda, te conozco desde el jardín de niños—voltee mis ojos—eres una buena persona, aunque te moleste.

—Aggg—me queje al oírlo—si fuera una buena persona no habría hecho esa apuesta.

—Lo sé—nos quedamos callados.

—¿Que se supone que haga?

—Si quieres acostarte con ella lo sabes, si te comportas como es debido también lo sabes y si te gusta de verdad puedes decirle lo que sientes—me queje.

—Ninguna otra idea.

—No, solo tienes esas tres, aunque la última es la mejor, creo.

—Sí, claro.

—En verdad no sientes nada por ella—arrugue mi frente.

—Ese es el problema—le dije despacio, pase mi mano por mi cabello—no sé lo que siento, pero tampoco quiero terminar con ella, o con todo esto, o hacerle daño, tengo un maldito enredo de pensamientos, que casi me dan dolor de cabeza.

—Jet—dijo el serio, o rayos, odiaba cuando se ponía serio, era como mi maldita conciencia—aunque tú lo niegues, todo lo que quieras, yo sé que esto va más allá de una apuesta, estoy casi seguro que sientes algo por ella.

— ¿Por qué crees eso?—pregunte irritado por sus palabras, aunque lo negara sabía que era verdad.

—Por como la miras cuando ella no te mira, o cuando crees que nadie te mira a ti—arrugue mi frente—tiene  una expresión de lo más divertida.

—Que gracioso, no—dije molesto, suspiró.

—No bromeo—dijo él.

—Lo sé,  lo sé.

 

En la escuela.

—Una semana—repetí mirando a Maly.

Estábamos en el patio de la escuela, sentados en una banca. Note que ahora ya no nos miraban tanto, al principio muchos se sorprendieron de vernos sentados con “Las Microbios”.

Liz suspiro, estaba sentada al lado de Tomas.

—Su abuela enfermo, ella vive en el norte, a varias horas de viaje—me miró—Cindy fue con ella para ayudarle ya que vive sola.

—Debió haberme llamado—dije.

—Quizás lo haga en la tarde—comentó Anita—me llamo en la mañana para decírmelo, apenas se había enterado y estaba saliendo de su casa.

—Entiendo—dije pero me pregunte por qué no me había llamado a mí.

Mire alrededor como si ella fuera a aparecer, sabía que no era así y eso me hacía sentir decepcionado.

—Ahí está Barbie—dijo Maly y suspiro.

Mire en la dirección para ver a la chica de pie con sus amigas a unos metros de nosotros, me pregunte que sentiría ahora al estar en otra mesa diferente, siempre nos habíamos sentado en la misma mesa, hoy en día ni siquiera nos dirigíamos la palabra, pero ahora me sentía mejor que antes.

—Ha vuelto a molestar a Cindy—les pregunte a las chicas, se miraron entre si—lo ha hecho—asegure y mis hombros cayeron, ella no me había dicho nada, esa chica.

—No como la otra vez—dijo Liz—solo comentarios molestosos cuando pasamos cerca de ella.

—Nada que valga la pena—dijo Anita.

Ellas comenzaron a hablar de otras cosas, mire a Barbie un segundo, ella miro en mi dirección y alzo una ceja. La ignore y me concentre en el libro que tenía que leer para literatura.

 

Mi teléfono sonó  a eso de las 10 de la noche, estaba recostado sobre mi cama sin camiseta a punto de quedarme dormido, lo tome y sonreí, Cindy.

—Estoy molesto contigo—dije enseguida.

—Y eso a que se debe—dijo ella, se oía cansada.

— ¿Estas bien?—le pregunte.

—Si—dijo—pero dime por qué estas molesto conmigo.

—Te fuiste sin decirme nada, me hubiera gustado enterarme por ti que por tus amigas.

—Por eso te llamo ahora, para decírtelo, no pensé que te molestaría.

—Claro, por qué ha de molestarme que mi novia se vaya una semana—la oír reír suavemente—no es gracioso—le dije, aunque también sonreía, bostezo—te oyes muy cansada.

—Lo estoy—murmuró—como estuvo tu día.

—Aburrido sin ti, cuando regresaras.

—No lo sé, creo que dentro de una semana pero no estoy segura, depende de lo que tarde mi abuela en recuperarse.

—Está bien, que le paso.

—Nada grave, solo se le agravo un resfriado y tienen que pasar varios días en cama, es una mujer muy testaruda.

—Ya sé a quién te pareces.

—Mm—dijo ella—puedes creer que aquí durante el día hace un calor horrible pero la noche es todo lo contrario, tengo frio.

—Me gustaría estar ahí contigo, calentaría tu cama—se rio suavemente.

—No solo mi cama—murmuro y cerré los ojos al imaginarlo, ambos muy juntos en una cama, piel contra piel, suspire y trate de pensar en otra cosa, me era casi imposible.

—Estas tentándome—dije en voz baja.

—Tu comenzaste—suspiro.

—Creo que es mejor que cuelgue, debes descansar, no quiero que termines tu enferma.

—Mm—se quejó—sé que tienes razón pero no quiero, háblame sobre algo, cualquier cosa—sonreí.

—Como de nuestra cita para el cine cancelada—recordé.

—Lo siento—dijo suavemente, al parecer se estaba quedando dormida, me pregunte como seria dormida, como se vería, arrugue mi frente ante ese pensamiento.

—Podemos dejarlo para otro día, debes colgar cariño, creo que te estás quedando dormida.

—Aguafiestas—murmuró, me reí—está bien.

—Descansa—le dije.

—Igual tú.

Colgué y observe el teléfono unos segundos, me reí suavemente. Ella no había dicho nada sobre el domingo y su declaración, y que esperaba, que lo dijera de nuevo, hice una mueca al descubrir que parte de mí si lo quería.

No solo estuvo fuera una semana, si no 10 días. La echaba de menos como a nadie, me había acostumbrado a verla todos los días. Echaba de menos su risa, el estudiar con ella, su voz, el besarla y tocarla, me sentía como si una gran parte de mí se hubiera ido con ella, tenía un vacío en el pecho que me hacía sentir incomodo gran parte del día, esto solo disminuía cuando hablaba con ella por teléfono y si ella no me llamaba lo hacía yo. Me descubrí mirando la hora en mi cama todos las noches, solo esperaba hasta las diez y media para llamarla, y no solo eso, era yo quien la llamaba casi siempre.

El último día me llamó ella para decirme que regresaba el día miércoles y que iría el jueves a la escuela, yo le dije que teníamos que recuperar las horas de estudio y que lo haríamos en mi casa como siempre, acepto. Ambos sabíamos que no íbamos a estudiar ni nada, solo la quería para mí, un momento a solas.

Cuando la vi el día jueves en la mañana, en clases de matemáticas, su piel estaba un poco más morena de lo normal, un cambio sutil que fui capaz de notar enseguida, ella me sonrió y esa incomoda sensación que mantenía dentro de mi desapareció en seguida, en ese mismo momento lo supe, sentí mi rostro tensarse y la vi arrugar su frente.

—Mierda—murmure y mire al frente de la clase, sentí a Tomas mirarme pero solo mantuve mí vista en el pizarrón, estaba demasiado sorprendido para decir algo.

No podía ser posible, eso era lo que sentía, por eso me había sentido tan vacío y solo toda esa semana y más, por eso al verla mi cuerpo se relajó un segundo y al siguiente se llenó de deseo, necesidad, alegría, cariño… amor.

Estaba enamorado, está enamorado de Cindy, estaba enamorado de una de “Las Microbios”. Apreté el puño bajo la mesa, intente sentirse molesto pero no pude, solo sentí que me había quitado un peso de encima.

Pasé todo el día pensando en lo que había descubierto y cuando llego la hora de irse a casa, tuve por un solo segundo el impulso de irme solo, me arrepentí en seguida.

Me encontré con Cindy en su casillero, estaba sola, todos nuestros amigos se habían ido rápidamente de la escuela. Llegue cerca de ella y levantó la vista, sonrió.

—Hola…—logro decir, pero la calle con un beso, la atraje hacia mí y ella apoyo sus manos en mi pecho, me agarro de la camisa, no para alejarme, si no para mantenerme ahí.

No habían pasado ni 5 segundos cuando nos interrumpieron.

—Chicos—dijo un voz seria a nuestro lado y nos alejamos, ambos miramos al profesor de matemáticas—están en la escuela, deben comportarse.

—Sí, lo siento profesor—dijo Cindy llevándose una mano a la boca—no volverá a pasar.

Ella me tomo de la mano y la apretó un segundo.

—Lo lamento—dije, aunque no era verdad, el hombre alzo una ceja y se fue.

—Adolecentes—le oí murmurar.

Cindy se rio a  mi lado y la imite.

—Lamento que nos descubrieran.

—Yo igual—dijo ella, cerro tu taquilla y tomo su bolso—vamos.

Llegamos a mi casa en pocos minutos, observe una nota en un mueble.

—Estamos solos—le dije a ella, me miro—mi madre salió por un trabajo y se llevó a Aníbal.

—Ya veo.

—Vamos arriba.

Caminamos a mi habitación tomados de la mano, en ella Cindy dejo su mochila en una silla, yo en la cama, la vi girarse en mi dirección, caminar hasta mí sonriendo. Mi corazón aumento sus latidos, mis manos picaron por tocarla y cuando llego a mi lado, cuando me abrazo por mi cuello y beso, solo pude responderle con la misma intensidad y más.

Este beso me sabia tan diferente, tan dulce, agradable.

La afirme de la cintura y la empuje a la cama, ambos caímos sobre ella pero no nos detuvimos, seguí besándola intensamente hasta que disminuimos el ritmo, besándonos más suavemente, más lentamente, disfrutándolo mejor. Baje por su cuello y llegue a su hombro para empujar un poco su camiseta. Ella acaricio mi rostro con sus dedos y yo tome su mano, entrelace sus dedos con los míos y la lleve sobre su cabeza, seguí besándola sin soltarla y me apoye un poco en la cama, para que no soportara mi peso.

—Se siente… un poco diferente—susurró, la mire y la bese.

—Lo es—dije y me estremecí al sentir sus dedos en mi cuello, con delicadeza, como si me fuera a romper.

— ¿Por qué?—preguntó, su aliento haciendo cosquillas en mi oído.

Bese la piel debajo de su oído y le susurre.

—Te extrañe—se estremeció haciéndome sonreír—mucho.

—Te debo muchas horas de esto—dijo, me reí suavemente.

—Muchas, muchas—le asegure—incluso vamos a tener que disminuir las horas de estudio para ponernos al día—se rio suavemente.

—Tengo mis dudas con eso—la mire—se acercan los exámenes, la competencia de tenis, podemos guardar esta horas para después—suspire y me apoye en ella, con mi cabeza en la curva de su cuello, ella acaricio mi cabello suavemente—tan malo suena.

—Son muchas horas, quizás semanas—soltó una carcajada, su pecho se sacudió bajo de mí.

—Semanas—repitió, asentí, mire hacia abajo, la piel que se veía de su vientre plano, libere mis dedos de los suyos y la toque. Su vientre se contrajo un poco al sentirme pero no me detuvo. Con la punta de mis dedos hice un círculo alrededor de su ombligo, luego apoye toda mi palma en ella y la acaricie con el pulgar, lentamente. Cerré los ojos y solo me quede ahí.

Ella acaricio mi brazo, mi cabello, era relajante, adormecedor.

—Espera—dijo y me alejo, la vi sentarse en mi cama, tomar mi reloj despertador y cambiar la hora, lo dejo en la mesa, volvió a acostarse y me trajo hacia ella, la mire curioso—por si acaso nos quedamos dormidos—me reí suavemente y regrese a mi lugar entre sus brazos.

Volví a cerrar los ojos y ella a acariciarme, el adormecimiento regreso. La atraje más hacia mí, abrazándola y poniendo una de mis piernas sobre las de ella. No quería dormirme y desperdiciar mi tiempo con ella, pero tampoco quería moverme.

—Como está tu abuela—le pregunte para distraerme.

—Mejor, le tomo más tiempo recuperarse, pero ya era capaz de hacer todo sola.

—Vive sola.

—Si—dijo— mi abuelo murió hace unos años, mi padre ha intentado convencerla que viva con nosotros pero no quiere, le gusta su independencia.

—A quien no—murmure.

Moví mi pulgar por su vientre, ella se revolvió suavemente bajo mío.

—Me haces cosquillas—dijo, detuvo mi mano con la suya y sonreí.

—Esto—dije moviendo mis dedos.

—Basta—se quejó he intento mover mi mano, pero era más fuerte que ella y no me detuve.

Comenzó a reírse y revolverse, yo continúe haciéndole cosquillas. Quiso empujarme pero se lo impedí afirmándola con mi cuerpo, comencé a reírme con ella sin saber el porqué, pero el solo hecho de escucharla reír provocaba esa misma reacción en mí.

Ella puso una de sus manos en mi espalda mientras se reía y la arrastro hacia abajo, me estremecí sin querer y ella se detuvo, la mire. Tenía los ojos entrecerrados, como si pensara en algo importante, de repente sonrió con malicia y arrugue mi frente, no alcance a alejarme de ella cuando supe lo que iba a hacer, ella volvió a arrastrar su mano por mi espalda y descubrió, al igual que yo, que eso me provocaba cosquillas.

Ahora era yo el que se revolvía riéndose con ganas, ella me atrapo con sus piernas para impedir que me alejara, sus manos me atacaron por todos lados, cuando logre recuperarme un poco las tome y lleve sobre su cabeza.

Al cabo de un minuto respirábamos agitadamente, yo aún sobre ella, afirmando sus manos, ella rodeándome la cintura con sus piernas. La mire y libere sus manos, no las bajo. Ella bajo un poco sus piernas hasta apoyarlas en la cama, fue todo el movimiento que hicimos, luego solo nos miramos a los ojos, yo temiendo moverme, quizás ella pensando como yo.

Por puro instinto me acerque a ella un poco y apenas la bese, cuando me aleje su rostro siguió al mío y sonreí, regrese a ella para besarla más profundamente, no demasiado, solo lo suficiente para sentir sus labios junto a los míos.

Sentí sus manos en mi rostro, acariciando, yo moví las mías por su cintura, su cadera y volví a subir.

No podía seguir haciendo esto, no aquí, en la casa de mi madre. Por qué no, pregunto mi cabeza, lo has hecho antes, cuantas veces Barbie había estado aquí, haciendo más cosas que solo besarnos, pero ella no es Barbie, a ella la amaba.

Alce la cabeza al pensarlo, ella me miro confundida y sonreí.

—Te amo—le dije, abrió la boca por un segundo y luego la cerró, me miro como si me examinara. Al cabo de unos segundos su sonrisa regreso suavemente y al observar sus ojos vi lo mismo que yo sentía.

—Yo también te amo.

Me reí con ganas y la bese, ella me imito y me abrazo por el cuello.

—Hijo—dijo mi madre apareciendo por la puerta, nos congelamos—ho Dios—la oí decir antes de regresar al pasillo.

—Ho no—murmuro Cindy y me puse de pie, se había sonrojado completamente, me miro, tenía una expresión entre avergonzada y preocupada, me acerque a ella.

—No es nada.

—Nada—dijo—tu madre nos vio…—apunto la cama sin terminar la frase, sonreí.

—Que—me miro—besándonos, acariciándonos, no hay nada de malo en eso—ella gimió.

—Cómo puedes decir eso, cuantas veces te han atrapado—lo pensé.

—Nunca—dije, increíble, la primera vez y era con ella.

—Quizás debería hablar con ella—dijo, negué.

—No te preocupes, en verdad no es nada—arrugo su frente—iré a ver que quiere.

Ella suspiro y asintió, antes de salir volví a besarla, sonrió. Cuando regresé estaba sentada delante de mi escritorio, había sacado sus cuadernos y supe lo que significaba.

—No—me queje y dejo de observar la fotografía que tenia de ella, me miro.

—Ven aquí—dijo, apunto la silla y me volví a quejar—trabajemos.

Suspirando pesadamente lo hice, ella solo se rio de mi unos segundos.

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