A un Paso del Amor

Cinderly no tiene nada extraordinario, no es la más inteligente de la escuela y menos la más bonita. Lo único que la divierte son los animales de su granja y sus tres mejores amigas, Maly, Liz y Anita. Pero al enterarse de los viles planes de unos de los chicos más guapos de la escuela no puede menos que planear una forma de darle una lección.

Jet detesta la escuela, más aun a Bárbara, la chica bonita que acaba de terminar con él. Así que, qué tan malo puede ser salir con una de "Las Microbios" si gracias a eso puede darles una lección a su ex-novia y a uno de sus amigos, y de paso divertirse un tiempo.

Vamos, que es lo peor que puede pasar.

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16. Capitulo 5, Tercera Parte, la triste verdad

J.: Sentí mi corazón detenerse dos veces el mismo día.

C.: Nunca pensé que las cosas terminarían así.

J.: Yo tampoco, no es un día que quiera recordar.

C.: Para mí tampoco fue fácil.

J.: Y creí sinceramente que podía lograr que me perdonaras.

C.: No podía.

J.: Lo sé.

C.: Mi turno.

 

***

 

Llegue a mi casa más temprano de lo esperado, me detuve en la entrada. No quería ir a mi habitación, necesitaba hablar con alguien, no podía con mi padre, tampoco con algunas de mis amigas. Si lo hacía tendría que explicar que fue lo que hizo Jet, que fue lo que hice yo, y eso me avergonzaba demasiado. Tampoco quería que Liz ni Anita se vieran afectadas por eso, podrían dudar de Tomas y Rodrigo. Sabía dentro de mí que Jet no había mentido, a su amigo en verdad le gustaba la mía, y Rodrigo solo estaba comenzando a salir con Anita, eso se vería con el tiempo.

Me aleje de mi casa y camine hacia el lago, solo podía pensar en una persona en ese momento pero primero quería llegar a ese lugar.

A causa del vestido y que caminaba descalza opte por otro camino que rodeaba un poco el lugar, este iba de subida, sabia donde, cerca de la cascada, al pequeño risco. Al llegar a él me detuve y mire alrededor, estaba oscuro, pero había luna llena y eso permitía ver bastante bien, note un tronco caído y me senté ahí. Dude un segundo antes de llamarlo, pero tenía que hablar, no podía seguir callándome esto.

El teléfono marco tres veces antes de que contestara.

—Diga—dijo una voz dormida.

—Bastian—lo llame—lo siento, estabas dormido.

—Lo estaba, pero ahora no, ¿qué pasa?—lo escuche moverse—no deberías estar en la fiesta.

—Lo estaba, solo…

—¿Que va mal?—preguntó.

—Estoy en el lago, te molestaría venir aquí.

—No, claro que no, estaré ahí en unos minutos.

—Gracias—le dije y colgó.

Llego a mi lado más rápido de lo que creí posible, tenía el pelo desordenado al igual que la ropa, al verme camino más lentamente y se sentó a mi lado.

—¿Qué haces aquí arriba?—preguntó, yo nunca subía ahí, menos con el risco tan cerca, me encogí de hombros—esto debe ser malo—tomó una de mis manos entre las suyas— ¿qué pasó?

—Yo…—mire alrededor sin saber que decir, me puse de pie y me aleje de él un poco, solo me miró—te lo diré si solo me escuchas—apretó los labios y asintió.

Entonces lo hice, le conté todo, desde el comienzo, desde día que escuche a Jet y Gustavo hacer la apuesta, de la rabia que sentí, de cómo decidí seguirle el juego hasta esta noche.

Bastian solo me observó moverme de un lado a otro sin decir una sola palabra, la única reacción que note fue que se cruzó de brazos. Al acabar tome aire y me detuve, él permaneció callado varios minutos.

—Soy una estúpida, no—dije y tuve deseos de llorar de nuevo, me moleste, había jurado que no lloraría más por culpa de él.

—Aun así te enamoraste de él—dijo él, me congele, no podía mentirle.

Asentí y se puso de pie, se acercó a mí y me abrazo, yo también lo hice, con fuerza, casi desesperadamente y, en contra de todo el esfuerzo que puse, llore.

—Calma—me susurró  él—ya termino—y eso me hizo llorar aún más, porque a pesar de todo lo seguía queriendo y el alejarme de él era tan difícil como mantenerme cerca.

—No sé porque lo hice, nunca debí salir con él, yo…—me callé, me sentía tan torpe, estúpida, todo esto era tan culpa mía como de Jet.

Bastian solo me abrazó, repitiéndome que ya había acabado, que no importaba.

 Luego de un rato y que me calmara, suspire contra su camiseta.

—La arruine—le dije con voz ronca.

—¿Qué cosa?—dijo él, tire un poco de la camiseta—no importa, de todas maneras no me gustaba—me reí—mejor.

—Un poco.

—Me alegro.

—¿Por qué nosotros nunca salimos?—le pregunte, él levanto mi rostro con una de sus manos, me limpie la cara.

—Porque te quiero demasiado para arruinarlo de esa manera—asentí al entender.

—Lo hubiéramos arruinado—él asintió de acuerdo.

—Prefiero tenerte como mi amiga el resto de mi vida, que como mi novia solo tres semanas.

—Quizás menos.

—O quizás más, quien sabe—me estudio, como si quisiera saber si aún seguiría llorando.

—Estoy bien—le asegure, asintió y me atrajo hacia él, deposito un beso en mi cabeza y cerré los ojos.

—¿Que harás ahora?

—Me gustaría no tener que regresar a la escuela.

—Podrías ir conmigo al…

—No es algo que yo permita—dijeron a nuestra derecha y ambos nos giramos para ver.

Jet estaba parado a metros de nosotros, observadnos intensamente, su cabello estaba revuelto y traía su chaqueta en una mano, parecía que había estado corriendo.

Dio un paso en nuestra dirección, Bastian me tomó de la cintura y me puso detrás de él de un solo movimiento, mire alrededor de él y vi que Jet se había detenido.

Se estudiaron largos segundos entre sí.

—¿Qué haces aquí?—le pregunte, él me miro y vi dolor en sus ojos.

—Tenemos que hablar.

—No—dijimos Bastian y yo al mismo tiempo, Jet miro a mi amigo molesto.

—Este es un asunto entre ella y yo.

—Ya no—le dijo—desde el momento que decidiste jugar con ella es asunto mío—hice una mueca al oírlo, Jet también.

—Cindy—me llamo Jet—aún tenemos cosas que hablar—negué.

—No…

—Ella no hablará contigo—me interrumpió Bastian—lárgate de aquí.

—Insisto—dijo Jet molesto—esto es un asunto entre ella y yo, no vuelvas a meterte.

Bastian se alejó de mí en dirección a él, esto no me estaba gustando.

—Lárgate de aquí—casi gruño Bastian.

—Si no lo hago, que—lo retó Jet.

Bastian se rio sin humor. Los estudie a ambos, eran del mismo porte, Bastian tenía la espalda más ancha debido a su afición a la natación, Jet era uniforme, ambos fuertes, llenos de testosterona y muy molestos.

No sé cómo paso, de repente se estaban mirando y ahora Jet estaba golpeando a Bastian en el rostro luego de recibir uno de mi amigo en su estómago.

Bastian no pudo evitar el golpe pero contraataco enseguida, el golpe desestabilizo a Jet y Bastian se aprovechó de eso para lanzarlo al suelo, siguieron peleando ahí, levantando tierra, gruñendo y maldiciendo sin control.

Salí de mi sorpresa luego de unos segundos.

—Basta—les dije—deténganse—ni siquiera me miraron.

Jet se sacó de encima a Bastian y lo arrojo hacia atrás, ambos se pusieron de pie enseguida para encontrarse y seguir peleando. Desde mi posición note que ambos sangraban, Jet desde un costado de su cara y Bastian de su labio.

—Paren—grite y me moví hacia ellos, tuve que dar un paso hacia atrás cuando se movieron—detengan esto—no sabía qué hacer, si seguían así se matarían.

Molesta con la situación me acerque a ambos, no me importaba nada, solo detener esta absurda pelea, pero salió mal, obviamente. Bastian empujo a Jet y él choco conmigo desestabilizándome, me moví hacia atrás perdiendo el equilibrio, ambos gritaron al verme.

—Cindy.

—Cindy.

El mundo se movió o más bien yo caía hacia atrás, durante un segundo vi todo claramente, la cara de terror de ambos, los morenotes que tenían, la sangre en la camiseta de Bastian y la camisa de Jet, vi cómo se alejaban de mí y ni siquiera pude gritar. Mi cabello me impidió seguir viendo y choque con el agua.

Mi primera reacción fue pelear con el agua, yo sabía que no tenía que dejarme llevar por el pánico, que sabía nadar, que podía hacerlo, pero aun así no pude impulsarme hacia arriba, solo me hundía, cada vez más. Mis pies tocaron el fondo, la tierra fangosa e intente impulsarme hacia arriba pero me enrede en unas algas.

Estaba atrapada, no podía nadar, mi pecho dolía por la falta de aire y mi cuerpo se sentía pesado. Cálmate, dijo la parte racional de mi cabeza, tienes que liberarte. Llegue a mi tobillo e intente liberarme, ¿cómo era posible que unas simples algas fueran tan resistentes?

Pasaron varios segundos así, demasiados, hasta que mi pecho quemó, el dolor se hizo horrible, tenía el impulso de respirar, sabía que no debía hacerlo, que solo empeoraría la situación, pero era demasiado grande. Luego comencé a perder el sentido, no tuve fuerzas para moverme y no lo hice, cerré los ojos y simplemente me deje llevar, y, aun en contra de lo que sabía inhale.

Unas manos tocaron mi brazo, las sentí, me empujaron hacia arriba pero no pudieron levantarme más, esas manos se alejaron para aparecer en mis manos, mi cintura, mis piernas. Tantearon mis tobillos y jalaron, una, dos, tres veces, a la cuarta lograron zafarme.

Las manos volvieron a tomar mis brazos y me impulsaron hacia arriba hasta que sentí el aire frio contra mi cara y a alguien toser.

—Aquí esta—gritó Jet, él me había liberado.

—Llévala a la orilla—respondió Bastian y lo hizo, comenzó a nadar conmigo.

—Cindy—me llamo Jet mientras se movía—vamos di algo, no me hagas esto.

Otras manos aparecieron y me tomaron para sacarme del agua, me arrastraron fuera y me dejaron sobre la tierra.

En ese punto me encontraba en una extraña fase, como si estuviera dentro y fuera de mí al mismo tiempo, tenía una extraña conciencia de lo que pasaba a mí alrededor pero no podía moverme.

—Cindy—dijo Jet.

—Vamos Cindy— oí decir a Bastian.

Me tocaron el rostro.

—No respira—dijo Bastian.

—Déjame, debes llamar por ayuda.

—Llamare a su padre.

Jet puso sus manos en mi pecho y comenzó a empujar hacia abajo, luego de tres empujes su boca apareció sobre la mía para empujar aire, lo volvió a hacer.

—Vamos—lo oí murmurar—no me dejes.

Otra vez su boca sobre la mía.

—Viene en camino—dijo Bastian desde muy lejos.

Sentí las manos de Jet en mí y su boca pero ahora era una vaga sensación, me estaba alejando de él.

—Por favor—dijo.

—Vamos Cindy—dijo Bastian y fue como si ambos hablaran desde otra habitación.

Jet siguió intentándolo y yo solo me deje llevar por esa falta de sensaciones, por ese lugar etéreo que nublaba mi cabeza, deje de oírlos.

 

—No deberías estar aquí—dijo una suave voz en mi cabeza.

—Mamá—pensé, no tenía boca para hablar.

—Debes regresar hija.

—No quiero, lo arruine todo.

—Debes regresar, todo estará bien—dijo ella.

—Es mejor aquí, no duele.

—Pero le dolerá a ellos, a tu padre, a tu amigo, a él. Debes regresar ahora o no podrás hacerlo nunca.

—Bien—pensé, escuche una suave risa—te quiero mamá.

—Y yo a ti.

 

—Por favor—dijo una voz en mi oído—te amo, por favor.

Mi pecho dolió y tosí. Me inclinaron hacia un lado para masajear mi espalda, seguí escupiendo agua, igual como si escupiera vidrio molido.

—Auch—me queje suavemente y me dolió la garganta.

—Pasara—dijo Jet, no dejo de masajear mi espalda—despertó, está respirando—le dijo a alguien.

—Gracias a Dios, creo que hay viene su padre.

Luces aparecieron detrás de mis parpados cerrados.

—Gracias cariño—susurró Jet en mi oído.

Por qué me agradece, pensé.

—¿Que paso?—pregunto la voz de mi padre.

—Cayó al agua—dijo Bastian.

Unas manos desaparecieron y otras tomaron su lugar, me alzaron del suelo.

—Jet conduce, Bastian siéntate a su lado—ordenó mi padre mientras caminaba, entramos al auto y él me acostó a lo largo del asiento, manteniéndome en su pecho, me tapo con una manta.

Luego de unos minutos mi padre hablo, tenía ese tono de voz que no permitía mentiras.

—Me imagino porque ambos tienen sangre en sus camisetas, pero quiero saber cómo es que me hija termino en el lago.

—Fue mi culpa—dijo Jet.

—De ambos—soltó Bastian—peleábamos y ella cayó, fue un accidente.

—La pelea o que callera—dijo papá.

—Lo segundo—dijo mi amigo y mi papá suspiró.

—Cariño, me escuchas—me pregunto él, asentí lo mejor que pude.

—Solo…—lleve mi mano a mi pecho—duele—dije, me dolía cuando respiraba, tenía el deseo de no hacerlo.

—Solo eso—pregunto preocupado, asentí.

—Hay que llevarla al hospital—dijo Jet.

—No—me queje.

—Dejo de respirar—dijo mi amigo.

—Y su corazón se detuve unos segundos—soltó Jet.

—Entonces vamos al hospital, debimos ir enseguida—estuvo de acuerdo él, me volví a quejar pero nadie dijo nada.

Mi padre los interrogo por la pelea, cuando llego al porqué de esta se quedaron callados.

—Termine con Jet—dije suavemente, mantuve los ojos cerrados.

—Ha—dijo papá como si eso fuera suficiente.

En el hospital me hicieron unas pruebas, como estaba bien me dejaron ir a casa, solo debía descansar. A ellos los atendieron y curaron sus heridas, por suerte a ninguno tuvieron que ponerles puntos.

Afuera del hospital me subí al auto y mire a mi padre y los chicos que permanecían afuera.

—Te llevare a tu casa—le dijo a Jet, él me miro y luego a mi padre, negó—no te lo estoy dando como una opción—tosí dentro del auto y todos me miraron.

—Está bien—dijo rendido.

—También a ti, pero antes de daré otra camiseta—le dijo a Bastian apuntando la suya—no quiero que tengas problemas con tu padre.

—Gracias—dijo él, todos subieron.

 

Lo último que vi de Jet luego de que se bajara del auto fue una mirada triste, cansada, se me encogió el corazón, ¿por qué tenía que ser tan débil? abrí la puerta del auto.

—¿Qué haces?—pregunto mi padre agarrándome del brazo.

—Un minuto—le dije.

—Cindy, no…

—Por favor—lo mire y suspiró.

—Un minuto.

Baje del auto y me acerque a él, me mantuve de espaldas a los demás. Jet me miro sorprendido.

—Pero que haces—dijo, quiso poner una mano en mi brazo pero se detuvo—debes regresar.

—Estas bien—le pregunte.

—No soy yo quien casi se ahoga—apunte su cabeza, el arrugo su frente —no es la primera vez—dijo—no es nada.

Nos miramos a los ojos.

— ¿Estás bien?—preguntó suavemente y asentí.

—No es la primera vez que me pasa—él suspiro y pasó su mano por su cabello.

—Lo siento—dijo con tristeza, me miro—no sabes cuánto—asentí—pero no me arrepiento de lo que hice.

— ¿Qué?—pregunte ahora yo sorprendida.

—Si no lo hubiera hecho no me hubiera acercado a ti. No te hubiera conocido—me miro con cariño—y de eso no puedo arrepentirme.

—Ni siquiera sé cómo responder ante eso—mi padre tocó la bocina, suspire—debo irme.

— ¿Podemos hablar mañana?—pregunto, al verlo a la cara supe que esperaba un no como respuesta.

—Quizás—le dije, sonrió en seguida.

—Me conformo con eso—suspire y me aleje de él.

Cuando me subí al auto y lo mire aun sonreía, no pude evitar copiar el gesto.

— ¿Por qué terminaste con él?—me pregunto mi padre y la sonrisa se esfumo, lo mire y el condujo como si nada.

—Problemas—dije y mire al frente.

Bastian soltó un bufido pero permaneció callado.

—Algunos problemas se pueden arreglar—dijo papá.

—Algunos—estuve de acuerdo—pero él me decepciono—me decepcione a mí misma.

—Ya veo, eso es más que un problema—lo mire y luego a Bastian, él tenía los ojos cerrados.

—Sí, lo es.

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