Manual de lo prohibido (Harry Styles)

Falso y pérfido eran sinónimos de mi nombre.
De todos los papeles que pude protagonizar, era dueña del único que todo el mundo en mi situación, rechazaría. Lo peor era que esta no era una obra de teatro, cuyo objetivo es sólo representar, actuar y fingir; lo curioso es que esto es la vida real, y aquello de actuar y fingir tenía que hacerlo de la mejor manera posible y existente.
Él, algo muy parecido al príncipe azul de los cuentos de hadas que mi madre me contaba cuando era una niña.
Ella, la mejor amiga con la que deseaba toparme desde los seis años, única e incondicional. Decían que era la chica perfecta para el.
Yo, situada justo en el medio; enamorada del novio de mi mejor amiga.



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Esta novela NO es mia, solo la voy a empezar a subir aqui ya que me lo han pedido por correo, pondre un capitulo cada dia :)
Todo el crédito va para la verdadera escritora, no yo.

-Marianalovestacos :)

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40. Capitulo 40

 

No estuve en desacuerdo con Harry, aunque su definición de “don de convencimiento” sería algo así como “retenerme en sus brazos para no dejarme escapar”.
Miré los mimos que Harry y Sharon se hacían y me sentí mal, sin hablar del ya tan lastimado bombeador de sangre bajo mi pecho.
Louis me codeó y me hizo seña de que nos fuéramos de ese lugar. A ambos nos lastimaba. Le tomé de la muñeca y le dirigí hasta mi habitación. Cuando cerré la puerta entonces supe que la atención de ambos estaba en nosotros. Lo último que quería era que Sharon y Harry pensaran mal acerca de mí y de Louis, pero tenía el corazón demasiado adolorido como para detenerme a pensar en otra cosa.
Louis se sentó en mi cama y yo me quedé recargada a la puerta. Ambos nos miramos por un largo instante, como si nos comunicáramos con los ojos. Hasta que él rompió el silencio.
-Me imagino que te divertiste mucho-dijo.
-Como nunca-admití y me retiré de la puerta para sentarme a su lado-. ¿Y qué hay de ti? ¿Por qué estabas con Sharon?
Sonrió.
-Bueno, al no encontrarlos a ustedes aquí, me llamó a mí, y tú sabes que no desaprovecharía alguna oportunidad para estar con ella y tampoco iba a dejarla sola-confesó.
Me tumbé sobre la cama, suspirando.
-¿Te confieso algo?-musité.
Louis se giró sobre su asiento y me miró desde arriba.
-Dime.
-Amo a tu hermano-susurré, como si ellos pudieran oírme.
Louis rió.
-Cuánto lo siento-me palmeó la pierna, cerca de la rodilla.
• • •
Conforme pasaban los días, la culpa no desparecía sino que, por el contrario, iba aumentando.
Caminé por las calles que ya conocía para llegar hasta el laboratorio de fotografía de los Agnelli, donde se encontraba una de las pocas personas que sabían comprenderme y apoyarme. Aunque esta vez hablar con Ferni no sería tan sencillo ya que Liam me acompañaba. Se ofreció en seguida de que me encontró en el pasillo del edificio y supo que me dirigía para acá.
Le miré.
-¿La invitarás a salir?-pregunté.
-¿Crees que diga que sí?-dijo, nervioso.
-Por supuesto que sí-reí.
-¿Crees que le guste?-preguntó.
-Eso… averígualo hoy-dije.
Cuando llegamos Liam se plantó detrás de mí, como un niño totalmente tímido pero los ojos avellana de Ferni chispearon al verle. Me hice a un lado para no obstruir su vista y la sonrisa entre ambos decía más que mil palabras.
Me aclaré la garganta, haciéndome notar. Ferni me miró al instante.
-Oh, _____, hola. ¿Nuevas fotos?
Le sonreí, dándolo por hecho.
Les dí la oportunidad a Ferni y a Liam de hablar y esperaba a que Liam realmente la invitara a salir, mientras que yo me encontraba revelando las fotografías. Cuando hube terminado, las puse en una pila y las miré una por una.
Eran como veinte fotografías, y la mayoría tenía una cosa en común. El rostro hermoso de Harry. Se me había vuelto como una obsesión retratarle, era como para guardar el recuerdo o al menos tener una prueba de que los momentos a su lado habían sido reales.
Miré la hora en la pantalla de mi móvil, eran las seis con treinta y cinco minutos. Tenía dos opciones a elegir, una era quedarme aquí con Ferni y Liam y así, no alimentar a este sentimiento con la compañía de Harry; la otra era apresurar el paso para alcanzar a llegar al departamento y encontrarle, porque ese sentimiento quería ser alimentado.
La figura delicada de Ferni entró al pequeño cuarto de revelado y me hizo pegar un brinco.
-¡Liam me invitó a salir!-me dijo, entusiasmada.
-¿en serio? Genial, ¿para cuando?-pregunté.
-Para hoy-sonrió-. En cuando cierre nos iremos.
-Oh-entonces ahora ya no tenía opción que escoger-. Genial.
-¿Hablaremos otro día?-preguntó, lamentándose por no poder hacerlo hoy.
-Seguro. Hay mucho que tienes que saber, pero sirve que así me cuentas tú también-insinué.
-Gracias-la bonita sonrisa de niña se expandió por su rostro.
Recogí mis cosas y guardé las fotografías en un sobre amarillo como el que había utilizado la primera vez; me despedí de Ferni y Liam y salí apresurando el paso para llegar al departamento.
Cuando por fin logré visualizar el edificio, me percaté de la Hybrid negra que se estacionaba delante de él. El corazón me latió pesado.
Aun no eran las siete, ¿por qué Harry había llegado ya? Mi móvil sonó en el bolsillo de mi chaqueta y con la mano libre lo tomé y contesté a la llamada sin siquiera ver quién era.
-¿Hola?
-______, ¿dónde estás?-la voz del otro lado me dejó el corazón pasmado para luego hacerlo latir tan fuerte, de una manera errática.
-Voy llegando al departamento, ¿por qué? ¿Ya estás allí?-logré articular.
-Sí, date prisa, tengo algo que mostrarte-me dijo y luego colgó.
¿Algo que mostrarme? ¿A mí? Hice que mis pies casi corrieran, aun cuando me faltaran menos de quince metros para llegar a la puerta del edificio. Entonces pude darme cuenta del poder que tenía Harry sobre mí. Si me decía ven, yo iba.
Me adentré al edificio y subí los escalones alfombrados de dos en dos para llegar más rápido, el ascensor estaba vacío pero las escaleras me parecían un camino más dinámico.
Cuando logré llegar hasta el tercer piso y las pisadas de mis pies en la alfombra resonaron en el pasillo, vi a Harry recargado en la pared. Las manos las tenía en el bolsillo de su pantalón y una sonrisa flamante adornaba su rostro.
-Hola-dije, medio agotada por el ejercicio.
-Hola-musitó, alegre.
Me acerqué para abrir la puerta y luego él me siguió cuando la hube abierto por completo.
Estaba curiosa, y no sólo yo, sino la fierecilla también. Dejé el sobre amarillo encima del pretil y las llaves sobre éste. Luego me giré a Harry, tratando de parecer lo más relajada posible.
-¿Y… qué querías mostrarme?-pregunté.
-Esto-sacó de su bolsillo trasero un papel doblado en cuatro partes y me lo pasó.
Me senté en una de las sillas y desdoblé el papel, haciéndolo crujir entre mis dedos. Cuando la hoja se encontraba completamente extendida en mis manos, comencé a leer aquella caligrafía alargada que se plasmaba en el papel.
Hay algo en la forma en que ella se mueve
Que me atrae como ninguna otra amante.
Hay algo en la forma en la que ella me coquetea
No quiero dejarla ahora,
¿Sabes? Lo creo ahora.
En algún lugar de su sonrisa, ella sabe
Que no necesito otra amante
Algo en su estilo que me muestra
No quiero dejarla ahora
¿Sabes? Lo creo ahora.
Me preguntas si mi amor crecerá
Pero no lo sé, no lo sé
Permanece cerca
Y posiblemente lo veas
Pero no lo sé, no lo sé.
En algún lugar de su sonrisa, ella sabe
Que todo lo que tengo que hacer es pensar en ella
Algo en la forma que ella me muestra
No quiero dejarla ahora,
¿Sabes? Lo creo ahora
Me quedé mirando las palabras sin leer de nuevo. Yo no era estú’pida. ¿Qué clase de canción era ésta? Él había escrito una canción con acordes y estribillos y era difícil escuchar a mi razón, sintiendo cómo la dura lucha contra el impulso la hacía flaquear. Pero yo no era estú’pida.
Algo en esas frases de caligrafía alargada susurraba mi nombre; lo sabía lo sentía. Y entonces pude escuchar un poco la voz de mi razón, de mi cordura, que me hacía pensar en Sharon más de lo que ya lo había estado haciendo.
Yo amaba a su novio, no entendía cómo en tan poco tiempo, pero lo amaba, podía incluso jurarlo; pero eso no me daba el derecho de arrebatárselo. Era su joya, no la mía, y yo se la estaba robando.
Miré a Harry, que esperaba impaciente a que le dijera algo y lo único que pude deducir en aquel momento fue parte de la verdad, llegó a mí como una estrella fugaz que pasa y deja la luz en los ojos, como un soplo del viento que aclara la mente.
Harry se estaba comportando como un cretino, ¿acaso estaba jugando con ambas? Iba, me regalaba, me llevaba y hasta me escribía una canción, porque podía asegurar que esa canción era para mí; y luego llegaba y abrazaba, besaba y le entregaba su cariño a Sharon. Me sentí un títere en sus manos. ¿Pero cómo poder reclamarle? Ni siquiera tenía los argumentos bien cimentados. Mi mente era todo un caos de pensamientos, conjeturas e hipótesis absurdas.
-¿Y?-preguntó, ansioso.
-¿En quién te inspiraste?-inquirí, tratando de que mi voz sonara casual. Él no debía de tener ni la más mínima sospecha de lo que pasaba por mi cabeza.
-Sólo… me llegó la inspiración. Pero, ¿te gusta?-insistió, ladeando el tema.
-Es… linda-dije, en realidad lo era, pero sólo si lo veía de una perspectiva muy, pero muy superficial.
-Parece como si no te hubiera gustado-musitó, y a su rostro asomó una máscara de pesadumbre.
Le ordené severamente a mi corazón que se callara; anhelaba besarlo y al mismo tiempo abofetearlo; deseaba salir corriendo tan lejos como me fuera posible. ¿Cómo podía él estarle haciendo esto a Sharon? Pero aun, ¿cómo podía yo estarle haciendo esto a Sharon?
-Está preciosa, Harry, pero…-murmuré.
-¿Pero?-buscó mi mirada, que repentinamente se encontraba gacha.
Me atreví a levantarla, sólo para poder verle el rostro y decidirme si lo que quería era abofetearlo o… besarlo. Eliminé ambas ideas de mi cabeza al instante y miré el reloj, ¿sólo habían pasado quince minutos?
-Pero… olvidé algunas fotos con Ferni y debo ir por ellas-farfullé, nerviosa. Optando por la opción que menos parecía una locura. Escapar. Y esperando a que se creyera mi mentira.
-¿Ferni? ¡Oh, claro!-sonrió- Te acompaño, y así me la presentas por fin-dijo.
-No-la corta palabra salió veloz, tajante.
Harry se hizo para atrás, confundido.
-Es que…-tartamudeé- Voy a tardarme, mucho-hice un énfasis innecesario para la última palabra-. Llegaré tarde y no es apropiado que hagas esperar a Sharon otra vez, así que tú quédate aquí-sonreí-, espérala. Estás en tu casa.
Tomé precipitadamente el sobre del pretil y lo apreté bajo mi brazo, las llaves las tomé con la otra mano.
-Pero…
-¡Oh! Por cierto-lo interrumpí-, felicidades por escribir una canción tan… bonita-dije y salí por la puerta, huyendo como una niña asustada.
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