365 dias para tu fin



Zack vive solo en un pueblo perdido en el bosque, nunca sale de casa, no socializa con nadie, tan solo vive dia a dia esperando su inevitable muerte, porque la enfermedad que padece tan solo le da 1 año de vida como mucho, pero acontecimientos le haran aprovechar mejor el tiempo que le queda.

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12. Un sueño y de vuelta a la realidad

Dia 338 de 365 de vida (Año 1)

 

Ya habían llegado a Metfis, el día estaba nublado y parecía que pronto se pondría a llover, Zack despierta y se da cuenta que Hackett  ya ha bajado del tren, seguramente despertó antes y se fue al lugar de reclutamiento, Zack mira a su alrededor, casi no quedaba nadie, lo mejor seria tomar sus cosas y salir de la estación.

Había salido de la estación de trenes, pudo echar un vistazo rápido a la ciudad mientras caminaba, se maravillaba con las grandes construcciones, sin duda alguna él hubiese deseado que alguien más lo acompañase para apreciar las bellas estructuras que adornaban cada rincón de Metfis, pero desgraciadamente la realidad era otra, se encontraba solo en aquella ciudad.

Zack pensaba en que solamente debía ir a la plaza, allí hablar con alguien del ejercito, ser rechazado, volver a Quebost, era muy fácil, no había manera de fallar. Recordaba a Emily y lo triste que estaría si a él de alguna manera los reclutaban, pero era algo muy complicado, seria tan difícil como atravesar el ojo de una aguja con un carruaje con caballos. Mientras se dirigía a la plaza, él se da cuenta que se a perdido, sabia que si se iba por cierta calle llegaría a la plaza, pero fue a parar al muelle de la ciudad sin querer, allí habla con un tipo que se encontraba en ese lugar.

 

-Hola, mmm…, disculpe

-¿Si?, ¿Lo puedo ayudar en algo? – responde el sujeto

-Si, ¿sabe como puedo llegar a la plaza central?

-¿Otro recluta? – le pregunta a Zack

-Si, por desgracia - bosteza

-Si quiere lo llevo, pero espéreme un momento, tengo que comprar unos pescados y luego lo guío. Mi restaurant se encuentra cerca de ese lugar

-Que bien, ahora que lo menciona, no estaría mal comer algo, tengo el estomago vacío y necesito algo contundente que me ayude a pasar el día

 

El tipo que respondía al nombre de Fred recorre el muelle buscando peces para su restaurant, mientras tanto Zack lo seguía y le preguntaba cosas sobre la ciudad, la guerra, su restaurant, etc. Pasados unos minutos el sujeto termina de comprar y le pide a Zack ayudarlo a llevar las cosas, él accede, y tal como prometió el hombre lo acompaña a llegar a la plaza, pero antes de que se fuese le dice que pase a comer algo.

 

-Antes de que te vayas deberías pasar a comer. Quizás sea la mejor comida que comas en meses

-No lo se – mira a la gente comiendo por la ventana – no creo que demore mucho

-He visto gente muy confiada, piensan que no los reclutaran, y te digo que ahora esta ingresando de todo al ejército, faltan soldados, si sigue así la guerra pronto mujeres y niños tendrán que ir a pelear

-¿Tan mal esta la situación? – dice Zack con preocupación

-Se han ganado batallas, pero igual se han perdido muchas, puede ser que la situación sea peor de lo que la gente cree

-Que pesimista – le dice Zack a Fred

-No. Es ser realista. Mira a ese chico. ¿Qué edad crees que tiene? – apunta a un muchacho que estaba en una de las filas de reclutamiento

- No lo se, ¿18 o 19 años?

-Tiene 17, hace un mes atrás el Rey bajo en tres años la edad para entrar al ejercito, antes con 19 años debías presentarte, ahora ese chico en vez de salir con su novia, tiene que presentarse para ir a la guerra, es muy triste

-Realmente lo es

-Mucha gente cree que no lo van a reclutar, pero te digo que no es así, te sorprenderías de los tipos que han enrolado

-¿Y usted?, ¿Cómo no esta en el ejercito?

-Yo tengo 45 años, ya no me llaman para nada, a menos que ya estuviesen muy escasos de soldados me llamarían al frente de batalla, aunque solo hace falta que el rey modifique la ley y ya estaré peleando

-Mejor voy a pasar a comer – Zack ya no quería hablar mas del asunto

-Bien dicho. Te voy a hacer un descuento, no te cobrare las bebidas.

-Genial

 

Zack pide un filete muy grande con huevos y papas, era una comida muy contundente y la que mas le gustaba. Saca su libro de su bolsa y comienza a leerlo, repasa los pasos necesarios de concertación de un hechizo que estaba aprendiendo. Al mismo tiempo los dos hijos del dueño del restaurant jugaban entre las mesas de los clientes, gritaban, corrían, eran todo alegría, eso le traía recuerdos a Zack, recuerdos de su hermano, de su hermana, de Emily, de Edwin, de sus padres, tiempos mejores, mas sencillos en donde todo era paz y amor.

Mientras esperaba su almuerzo miro por la ventana hacia la plaza, había muchas personas haciendo fila para reclutarse, los soldados que estaban allí cuidaban que todo se realizase con gran orden. Debes en cuando aparecía uno que otro tipo armando escándalo, pero era fácilmente reducido por los oficiales del ejército. Cerca de la plaza había gente protestando en contra de la guerra.

 

-Aquí esta su almuerzo caballero – le dice la mesera – las bebidas son cortesía de la casa

-Muchas gracias

 

La comida y el calor del restaurant hacen que el sueño envuelva a Zack y entonces un recuerdo le llega a la mente, aquel en donde recién había llegado a Quebost, cuando conoce a Emily y a Edwin.

 

Muchos años en el pasado

 

Aquel día estaba lloviendo, estaba muy helado, el padre de Zack había sido invitado junto a su familia a visitar al alcalde de Quebost.

Mientras los adultos conversaban, Zack y sus hermanos se dirigen al patio trasero de la alcaldía, allí en ese lugar podrían jugar sin que ningún adulto los molestase.

La lluvia había cesado, Zack, su hermano y su hermana jugaban en el patio, los minutos pasaban rápidamente, todos estaban muy entretenidos, pero Zack se sentía observado, sentía una mirada oculta en alguna de las ventanas que daban al lugar en donde ellos se divertían. Él observo ventana por ventana, allí pudo ver una pequeña figura que lo miraba a él y a sus hermanos, esa figura era Emily la cual al ver como la mirada de Zack chocaba con la suya rápidamente se esconde.

 

-¿Quién es esa niña?  - pregunta Zack a su hermano mayor

-Yo no he visto a nadie – le responde

 

Pasados varios minutos llega una señora con una niñita muy bien vestida, era la niña que los estaba viendo por la ventana, la señora que era la nana de Emily la deja en el patio para que jugase, pero ella se sienta en un rincón y no habla con nadie, al parecer no tenia ganas de acercarse a niños extraños.

Pasados unos minutos llega la misma señora con un niño, ese era Edwin, esa señora era su mamá que trabaja en la alcaldía haciendo labores domesticas y cuidando a la hija del alcalde.

Edwin les pregunta a Zack y a sus hermanos si puede jugar con ellos.

 

-¿Puedo jugar con ustedes? – pregunta Edwin

-No, es muy feo – responde la hermana de Zack

-Tú encuentras feas a todas las personas – le dice el hermano mayor de Zack a su hermana pequeña

-Puedes jugar con nosotros – dice Zack – no le hagas caso a mi hermana

 

Al mismo tiempo que todos jugaban los cuatro notan a la niñita sola en el rincón del patio. Zack habla con Edwin.

 

-¿La conoces?, dile que venga a jugar

-No la conozco, es la primera vez que vengo a jugar aquí, pero mi mamá me dice que ella no habla mucho

-¿Y porque no habla?

-Nose, pero he escuchado a mi mamá decir que ella no habla desde que su mamá se fue

-¿Y porque ella se fue? – pregunta Zack

-Tuvo algo importante que hacer, y no se sabe cuando volverá, eso dice mi mamá

-Vamos a obligarla a jugar – dicen todos

 

Los niños no sabían que la madre de Emily llevaba casi un años muerta, por eso la niña no hablaba, a ella se le explico de una manera que un niño entendiera de que nunca mas podría ver a su madre, de que estaba en un lugar mejor junto a Dios.

Todos los chicos se acercan a Emily y la obligan a jugar con ellos, la hermana de Zack le pasa una muñeca que traía consigo, al principio Emily se negaba a jugar, para ella todos esos niños eran unos extraños que invadían su casa, pero estos niños eran insistentes y no se daban por vencidos, pasaban los minutos y poco a poco Emily comienza a ceder a las invitaciones de los otros niños, y sin darse cuenta comienza a jugar con ellos. En un principio Emily juega a las muñecas con la hermana de Zack, y  por su parte los chicos se alejan y comienzan a jugar a las peleas, con el paso de las horas todos jugaron juntos, formándose un grupo inseparable de cinco niños que se mantuvo hasta que ya fueron adultos.

Habían pasado unas horas y los padres de Zack salen al patio a buscar a sus hijos, allí encuentran a todos sucios llenos de barro. El padre de Emily al ver a su hija jugando con otros niños sintió una gran satisfacción personal, así que no se molesto al ver todo sucio el vestido de su hija.

Emily noto que los otros niños se iban, y les pregunto.

 

-¿Volverán a jugar a mi casa?

 

Los otros niños no sabían que decir, era la primera ves que estaban allí en Quebost y ni siquiera sabían si vivirían allí

 

El padre se Zack se acerca a Emily y le dice:

 

-No te preocupes volverán a jugar todos los días -  Emily sonríe

 

La madre de Edwin igual le dice que su hijo volverá a jugar otro día. Emily se pone muy contenta porque sus nuevos amigos regresarían muy pronto. El padre de ella casi se muere de emoción al verla sonreír, sin duda alguna lo que menos esperaba él es que su hija cambiase de actitud, lo único que necesitaba era a los amigos adecuados, los mejores amigos que todos necesitamos en nuestras vidas.

 

Devuelta a la realidad

 

-Despierte caballero ¿Esta bien?, ¡despierte!

-mmm…, no puedo creer, me quede dormido,

-¿Le traigo algo mas? – pregunta la mesera

-Un postre estaría muy bien – responde Zack

-¿Qué tipo de postre?

-Sorpréndame

 

Mientras Zack esperaba su postre Fred el dueño del restaurante saca un violín y comienza a tocar para todos los comensales una canción muy alegre, Zack seguía el ritmo, le hacia olvidar sus problemas, luego de unos segundos Fred comienza a tocar mas rápidamente, toda la gente de allí ríe, todos están contentos, ese restaurante era un pequeño oasis entre tanto soldado reclutando gente. A mitad de la canción la mesera llega con un inmenso postre de frutas bañadas en caramelo, además de eso ella coloca otro plato sobre la mesa.

 

-Yo no pedí otro plato de comida – dice Zack

-Es para mi, ya es la hora del almuerzo y todas las mesas están ocupadas – la niña lo mira con una gentil sonrisa - ¿Le molesta que coma aquí con usted?

-No, no es problema. Ya que almorzaremos juntos, déjeme presentarme, mi nombre es Zack Rumsfeld

-Soy Amelie Lemoine

-Bonito nombre

-¿Usted cree? – la chica se sonroja

-Señorita, su rostro esta del color de un tomate, ¿le sucede algo?

 

Zack era muy tonto, no tenía ninguna clase de tacto.

 

-No, nada – mira hacia otro lado – no me pasa nada

-Toca muy bien el violín el caballero – mira en la dirección de Fred

-Si, mi padre es muy bueno con ese instrumento

-¿Es su padre? – Zack estaba un poco sorprendido

-Si, él es mi papá – responde con una sonrisa

-Supongo que usted igual sabe tocar algún instrumento

-Bueno…, yo… he practicado pero no soy tan buena

-Pero practicando se hace al maestro

 

La muchacha continua comiendo su almuerzo, Zack no paraba de mirarla, ni siquiera lo disimulaba, él simplemente la veía como engullía su comida.

 

-Es un poco molesto – dice Amelie

-¿Qué cosa es molesto?

-Que me mire, y no diga nada, me pone un poco nerviosa

-Bueno, si quiere pago mi almuerzo y me voy del restaurante no quiero incomodar a nadie

-No, no se vaya. Es solo que…

-¿Qué cosa?

-Mejor me voy – ella toma su plato, y se va de la mesa

 

La muchacha sin previo aviso había dejado solo al pobre de Zack, él no sabia que paso, ¿Acaso hizo algo inapropiado? en realidad no tenia como saberlo, así que lo mejor que hizo fue levantarse de su asiento y pedir la cuenta. Fred se acerca para indicar el valor de todo lo consumido, luego le dice a Zack:

 

-No te preocupes por mi hija, es un poco introvertida

-No habla mucho con la gente, ¿Cierto?

-Y tampoco tiene muchos amigos, creo que esta es la primera vez que ha intentado acercarse a un muchacho

-¿Debería sentirme afortunado?

-Creo que si – dice Fred – no se que habrá visto en usted, pero debe ser algo especial

 

Zack saca el dinero de su bolso y paga la cuenta.

 

-Estuvo deliciosa la comida.

-De nada -  le responde Fred – te deseo suerte, que te vaya bien

-Eso espero – Zack sale por la puerta del restaurante

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