EL AJUSTE

Romina es una dama enamorada que siente que su amor ya no le alcanza para mantenerse al lado del hombre al que ama. El honor de su hombre ha sido ultrajado y manchado a causa de ella y él está determinado a limpiarlo. Una historia que se desarrolla en el submundo del sistema penitenciario peruano y que tiene un final realmente imperdible.

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4. OFENSA

¡Auch, auch! Qué horrible este dolor, Dios mío. Y, encima, sin anestesia. ¿Dónde se ha visto, a ver? Sólo en una cárcel del Perú, pues. Aysh, pero lo que es yo, no salgo de mi casa a ningún lado por lo menos un mes. No sé cómo hago, pero me-en-cie-rro. No voy a dejar que la gente me vea así, ni fregando. ¡Puaj! He quedado hecho una mostra, Dios santo, qué vergüenza. Maldito Picudo, se ha ensañado bien feo conmigo esta vez. No sé qué es lo que más me ha hecho doler, si la cabeza o mi culito. Y lo peor de todo es que no lo disfruté nadita, nadita. Claro pues, cómo vas a disfrutar una violación así tan fea, ¡aj! Au, au, au… Mierda, ni sentarme bien voy a poder. Y encima que una viene toda calentona a visitarlo al marido y mira nada más lo que me sale pasando. Ay, Jesús, qué mañosa he de ser, pensando en porquerías en este estado, ¿dónde se ha visto? Pero bueno, volviendo a tierra… de la que me salvé, María Santísima ¡Pude haber muerto, Diosito lindo! Menos mal que no se les pasó la mano a esos delincuentes de mierda. Bueno, en todo caso unos cuantos chuzos en la cabeza no son gran cosa tampoco, peor hubiera sido que el Picudo maldito se ralle más y me mande a la otra. Claro, como el delincuente ese sabe que ya no va a salir nunca de aquí, le importa un pito hacer las maldades que quiera, pues. ¡Au! Con cuidadito por favor que es mi carne, no es cuero de chancho, por si acaso… Felizmente que la tembladera ya se me pasó y ya no estoy como pollito mojado ahí, pasando roche en medio de tanta gente. Lo único que me hace ajustar el culito ahorita es que estos “doctores” me dejen una aguja adentro del cerebro y, ahí sí, ¡ay, no!, ni imaginarlo, ahí sí: ¡pof!, la canción, ¡me-mue-ro! Ya demasiados problemas tengo en esta cabezota como para que me metan uno más; así que, por favor señor, ¿ya?… ¿Y el Charlie? Ay, pobre mi Cholo, lo han abollado bien abollado hoy día, lo han gomeado como para fiesta patronal a este chico… Aunque, valgan verdades: no tanto como la reventada que le dio él al zambrano maldito ese –bien hecho, carajo. Aunque también es cierto que sólo la intervención divina le ha ayudado –gracias Diosito, gracias–, si no, ahorita mismo le estarían cosiendo pero en la morgue, ¡qué horror, no quiero ni imaginármelo! Ay, Señor, pero todo esto me pasa por no atreverme a venir los sábados mejor pues. Por miedosa. ¿Qué sería lo peor que pudiera pasar si lo hago, a ver? Además, el Charlie dice que puede arreglar todo por dentro como para que me dejen entrar los sábados, normal… Ahhhhhhh, ¿por qué la vida tiene que ser así con una, por qué?   Ay, pero fuera de todo: qué hermoso estuvo mi Charlie hoy día caracho. Digno representante de su tierra, recontra terco y obstinado en defender su honor. Esos son los hombres que valen, caray, no importa que estén adentro o afuera, lo que importa es que siempre sean capaces de agrandarse ante cualquier idiota abusivo que se les cruce, más todavía si es para defender a su… a su… bueno, a la persona que quieren, pues… Ay, Dios, ¿a qué hora acaba este suplicio? Ya quiero irme a mi casa y echarme a descansar, si es posible hasta mañana. La cabeza me va a estar matando durante dos o tres semanas seguramente. Malditos delincuentes, ahí, se han ensañado como han querido con mi cabechita, au, au, au, ¡au, au, au! Le digo que tenga cuidado, amigo, ¿qué cree, que soy una res?             –Es que usted está que se mueve mucho, pues.             –Ay, verdad, sorry, sorry; es que estoy súper nerviosa, no sabes.             –¿Nerviosa? Asustada estará.             –No, el susto ya se me pasó, felizmente. Estoy nerviosa por otra cosa que tengo que hacer.             –Bueno, ojalá que no vaya a meterse en más líos allá en el pabellón, ¿ah?             –¡Ay, no! ¿Cómo crees? Ni más.             –Ah, entonces tranquila nomás y quédese quieta para terminar de coser bien.             –¿Por casualidad sabes a donde llevaron a... a… a…?             –¿Al cholo o al negro?             –Al cholo.             –Ah, es su marido, ¿no? Lo están atendiendo aquí al costadito nomás.             –¿Le puedo ver después?             –Creo que sí. Termino bien con usted y puede ir.             –Ay, gracias, qué amable eres.             –Favor que usted me hace al reconocerlo, señorita.   Miren nomás pues, ¿quién lo diría?: un hombre bueno en medio de todo este basural. Definitivamente no todo está perdido en este mundo… Bueno, ahora a hacer lo que debía haber hecho hace tiempo. Debo hablar con el Cholo de una vez por todas. No voy a esperar más. Me va a dar pena decirle todo mientras está así, todo maltrecho, pero ni modo, tengo que hacerlo y él, caballero nomás, tiene que entender y aceptar mis razones. Hay veces en las que el cariño no basta o no puede contra las circunstancias, no sé, es simplemente como que el amor no alcanza y, para mí, esta ya fue la gota que derramó el vaso. No puedo seguir sufriendo todo esto. He hecho mucho por él y creo que me merezco por lo menos un buen descanso. Ay, Señor, espero nomás que no se vuelva loquito cuando le esté hablando; espero que le hayan puesto harta anestesia, ju, ju, ju.             –Se va a poner bien. No le han dañado nada importante, felizmente.             –Qué bueno, qué bueno. Charlie, ¿te sientes aunque sea un poquito mejor?             –No haga que hable mucho, la boca si la tiene un poco maluca, sus dos labios están rotos y ha perdido como cinco dientes.             –Pucha, qué penita. Mi amor, tranquilito ¿ya? Pronto te vas a curar bien.             –El que sí está grave es el negrito. Tiene rota varias costillas y una hemorragia internar bien fea. Lo han levado de emergencia ahorita.             –Pucha, nada de esto ha tenido que pasar, caray.             –Uy, ay, ay, si usted supiera. Todos los domingos aquí es lo mismo. Ya estoy acostumbrada ya. –Sí, pero esta vez ha sido por mi culpa… –Mira hijita, por lo que veo, estos dos se iban a agarrar a golpes hoy día vengas tú o venga el presidente. Pfff, como si no tendría aquí más de siete años viendo cómo todos estos se desgracian más de lo desgraciados que ya son. –Sí pero… igual… me siento culpable. –¡Bah! Olvídate de eso y mejor más cuidado para la próxima. Bueno, ya vengo, cuida que no se mueva mucho.             –Gracias, muchas gracias.             –De nada.               Ay, Jesucristo, no sé si decirle ahorita todo o qué. Mejor creo que me espero hasta que nos sanemos bien los dos, total, tal vez ni me entienda bien ahorita por lo sonso que está… ¿Pero qué te pasa Romina? Nada de esperar más tiempo. Ahorita mismo tienes que hablar, maricona. Ay, es que me da tanta pena verlo así, tan lastimado. Pobrecita su boquita. No va a poder ni comer bien seguro. Pucha y está todo cochino. Antes de irme tengo que ayudarle a bañarse. Toda esa sangre seca de su cuerpo, ¿será de él o del Picudo…? Vaya, parece que se ejercitan bien aquí adentro. Mira nada más esos coquitos bien formaditos que tiene, pues. No me acuerdo haberlo visto antes así, tan en forma. Ayshhh, a ver si puedo limpiar esta sangre horrible de sus brazos y de sus piernas, ¡jum!, ¡jum!, ¡jum…! Shhh, shhh, shhh, tranquilito, tranquilito… Ay, Dios mío, qué enferma que soy. Acaban de darme de alma y todavía sigo pensando en cochinadas. Ay, no, pero mira nomás este cuerpazo. Mal momento para acordarme de por qué es que le aguanto todo a este hombre, caracho, muy mal momento. Además, todo maltrecho como está no va a poder hacer nada. ¡Ay, Dios, que mañosa que soy! No, definitivamente debo buscarme un chico de afuera. Sí. Eso voy a hacer…             –Charlie, Charlie, mírame… Tranquilo, tranquilo. Estoy bien lo mío han sido unos golpes en la cabeza nomás. Ahí abajo no me ha pasado nada de gravedad… Tranquilo, tranquilo, recuerda que ya nos la cobramos, mi amor, acuérdate.             –N-no phu-phude saghlir a esphe-rarthe…             –Sí, lo sé, lo sé…             –N-no vha a vh-vholvr a p-phasar…             –Ay, Charlie, no me prometas cosas que no vas a cumplir por favor.             –T-the lo jhuroo…             –Charlie, tenemos que hablar de algo y necesito que me escuches y no me interrumpas… Es algo que pensaba decirte más adelante, pero después de todo lo que ha pasado hoy día no quiero esperar más.             –Ojha-la qhe n-no seah n-nadha mal-o.             –¿Qué dices? Pucha, no te entiendo bien cuando me hablas. Bueno, lo que quiero decirte es que, es que… ¡chamare…! Es que no puedo seguir con esto, Charlie. No puedo. Lo siento mucho, pero no puedo. Esto es demasiado para mí. Quiero serte bien honesta, ¿ya?             –Phe-phero… N-nho, nho…             –Por favor, escúchame, no me interrumpas… Yo te quiero, Charlie, pero, la verdad, no me veo así en adelante. Tú estás fregado aquí adentro. Puede que vayas a salir libre en unos años, pero yo ya no aguanto más. No puedo seguir esperándote más tiempo. Ni siquiera puedo hacer bien mis cosas, no tengo vida social, siento que no avanzo contigo. El otro día las chicas de la peluquería me dijeron para irnos de viaje y yo realmente quería ir, ¿entiendes?, pero me acordé que tú no puedes y me dio pena ir sola, me mataba la idea de que te ibas a sentir mal y entonces cancelé todo; eso no puede ser, pues. Es más, ni siquiera quiero acercarme ni tener amistad con algún chico del barrio porque creo que estoy haciendo algo malo, que te pondrías celoso si te enteras.             –Yh-yha hem… yha hemhoss coon-ver-zadho dhe…             –Sí, ya sé Charlie. Ya sé que hemos hablado de esto y que me has dicho que no hay problema, que haga mis cosas tranquila, que confías en mí… pero no puedo, ¿entiendes…? Hay algo que me impide hacer las cosas mientras te tenga en mi vida. Además, esto de estar viniendo todos los domingos es recontra matador también. No sabes por las penurias que tengo que pasar con los tombos y con la gente de mierda. Ya no aguanto más, ¿ves? Simplemente ya no jalo, cariño… Creo que yo merezco mucho más que esto, creo que este no es mi lugar… Y, peor, con lo de hoy día ya fue suficiente para mí. Hasta aquí nomás llegué…             –¿Q-qhui’es de-dezir… qhue m-mhe es-esthas dejhaaando?             –Charlie… no me lo hagas más difícil, por favor…             –E-es…ezho, ¿no?             –Tal vez más adelante… no sé, cuando salgas de aquí, cuando puedas darme todo lo que ahora no puedes darme… quizá, tú y yo… quién sabe, podamos empezar otra vez, con más fuerza… Espera, espera, ¿qué haces…? No puedes moverte mucho…             –Ve-ve… rrhh, rrhh, rrrrrhhhh…             –Tranquilo, tranquilo…             –Ve-ve… vethe… a… la… mi-e-r-dha, Rhomi…             –Por favor, no lo tomes así, mi amor… yo te quiero y te amo, pero…             –Rrrhh, rrhh, rrrrrhhhh… ¿a-azhi? –Supongo que lo sabes después de tantos años, ¿no? –M-meh amhass, p-phero mhe dhehas… –Charlie, no. No te muevas mucho. La enfermera dijo que… Charlie, échate por favor… Charlie… Dios, hasta en sus movimientos de convaleciente le resaltan sus músculos, ¡ay, Jesús! –Rrrhh, rrhh, rrrrrhhhh, rrrrrrrrrrrrhhhhhhhh… mhe jodhe hablar ass-í, ¡rrrrrrrrrrrrhhhhhhhh…! –Por favor, no te esfuerces tanto, tienes la boca toda rota, te la vas a lastimar más, ¡no, Charlie, no…! –Dizhes quhe me amahs, p-pero, i-ghual, mhe abhandonahz… –Charlie, por favor, vuelve a ponerte los algodones, estás sangrando, tienes los labios rotos y acaban de cosértelos. –¡Rhespóndheme! –Tú sabes que yo te amo… pero compréndeme pues… –Va-mhos a mhi… a mhi cu-artho, ent… enthonces… –¿A tu cuarto? ¿Estás loco? ¿Así como estamos? –The jhuro quhe des-phués the de-dejho en p-phaz. Madre mía, ¿es normal que esto me excite tanto? Bueno, igual tenía que ayudarle a bañarse antes de irme. Además, si eso hará que todo esto termine… Ay no, no sé si me estoy dejando dominar por el sacrificio o por la arrechura. –Adhemhás mhe la dhebehs, Rhomi, thú zabhes quhe mhe la dhebehs. –Sí, sí, tienes razón. Vamos para ayudarte a que te bañes y quitarte toda esa sangre que tienes pegada. –¡Rrrrrrrrrrrrhhhhhhhh…! –Ya deja de hacer eso, mi amor, que te vas a malograr más la boca… –¡Dheja dhe dhecirmhe mhi amor, caraho! –Ya, tranquilito, tranquilito. De todos modos es verdad, se lo debo por su valentía de defenderme y haber dejado que lo dejen en este estado. ¡Ah, qué hermoso se veía sin polo y chancándose con el Picudo! Sin rendirse, sin doblegarse. –¿Sabes? Estuviste grandioso en el ajuste. Gracias. –Nho lo hizhe por thi. E-erha mi honhor… –Sí, lo sé… pero… –¡Rrrrrrrrrrrrhhhhhhhh…! ¡A lha mierdha…! ¡Arghh…! –No, caracho Charlie, ¿qué haces? –A la mierda todo eso. Quiero hablar bien, carajo. –Estás sangrando, estás sangrando, escúpela, escúpela… –Haaaagh, ¡thouggh…! Además el Picudo ya me las debía desde hace varios días… –Bueno, yo creí que… –No te la creas tanto tampoco. –No es necesario que me trates así, Charlie. –… ¿Qué chucha estoy haciendo? Ya debí haberme ido hace rato. Eso he debido de hacer: irme y no volver nunca más a esta pocilga. Le voy a dejar en su cuarto y me voy a largar. Pucha máquina, pero tendré que esperar a que termine el turno. Mejor aquí nomás. –Charlie, yo… –Ya había arreglado para que puedas entrar los sábados. –¿Así? ¿Y me iban a dejar entrar sin problemas? –Sí. Hice un pago y todo, para que te dejen entrar sin revisarte incluso. –La última vez que lo intentamos fue in fiasco. –Sí, pero esta vez era diferente. Hay otra encargada. –Los sábados es cuando debí entrar siempre, desde que empecé a venir a visitarte. Como toda mujer me correspondía ese día y no los domingos. –Ya te dije que tampoco te la creas tanto. –Ay, ya deja de hablarme así, Charlie. Me estás ofendiendo. –Jajajaja. ¿Desde cuando la verdad es ofensa…? Ah, ya vas a empezar a llorar de nuevo. Maldita sea la hora en la que me metí en todo esto. Juro por mi madrecita que está en los cielos que nunca más vuelvo a este sitio de mierda. Nunca más. Esta fue la última lección que he tenido que aprender de todo esto… Ayyyy… ¡Qué babosa, por Dios, qué babosa! –Ya, ya, ya, no te hagas la ofendida ahora, que no te cae… ¿Pero qué te pasa? ¡Camina…! –No me muevo de aquí si sigues ofendiéndome. –Ya, bueno, no te diré más… ¿Vamos? –Sólo te ayudaré a bañarte y me largo. –Como quieras. –Te está saliendo sangre de la boca, escúpela. –Haaaagh, ¡thouggh!   Carajo, puta madre, qué humillante es todo esto. No debí haber aceptado venir con él. ¿No me bastó con todo lo que ya me pasó y tenía que entrar de nuevo por más? Realmente soy una tonta, tonta, tonta. Por eso es que el mundo está como está pues, porque las buenas personas nunca sabemos decir que no… Aunque, ¿cuál buena persona, ah, si en realidad yo estoy viniendo porque quiero verlo y tenerlo por última vez a este cholo? Ay, qué horror, hasta ahora no se me quita la imagen de sus coquitos formaditos, ¡ayyyyyyyyy…! Qué escándalo, Dios mío. Mínimo debo conseguirme uno igualito afuera, mínimo. Ay, no sé, ¿estaré haciendo bien? ¿Realmente quiero dejarlo? Sea como sea al Cholo yo lo quiero y hemos estado juntos tanto tiempo que… Ay, no sé, no sé, no sé. Cristo, ayúdame por favor… Se le ve tan hombre así, caminando todo decidido, a pesar de sus heridas, a pesar de su decepción. Mira nada más esos hombros, esa espalda, ¡ayyyyyyyy!, me muero, Señor, me-mue-ro. Una de dos: o es que realmente estoy templada, o es que me he vuelto, de repente, una enferma del demonio que sólo ve sexo en medio de tanta violencia. No, debo estar templada. Sólo eso puede explicar que esté tan arrecha con esta piltrafa de ser humano a mi lado. Ay, ya estoy igual que cuando entré: recontra asada, recontra decidida a mandarlo al diablo y, al ratito nomás: toda embobada por él y por su cuerpazo, sssssssssssssss, ¡asu!, qué tal cuerpo mi niño; no veo el momento de ya estar en su cuarto y arrancarte ese pantalón y morderte todas las nalgas y comerme tu pene, aunque sea así nomás, sin bañarte, a lo cochino, a lo bruto, como eres tú: a lo cholo… No, definitivamente no estoy templada: soy una enferma del demonio, eso es lo que me pasa… Aunque, ¡bah!, qué me importa qué es lo que sea que sea; si va a ser la última vez que lo voy a tener, voy a dejar que todo me fluya. Si estoy enferma, pues como enferma me voy a comportar y voy a adueñarme de este culo tan rico. –¡Ah! Ya volviste en razón, entonces. –¿Por qué, porque te pellizco el poto? No papito, eso no es entrar en razón, eso es arrechura y la arrechura no te hace entrar en razón, más bien te vuelve loca, loca, loca. –Bacán pues. Justo lo que necesitaba oírte decir. Ya llegamos. Espérame un rato que voy a sacar a todos. Al carajo con todo. Yo no me voy de aquí hasta no haber tenido un buen cache, uno verdadero, una buena despedida de mi cholo. Me importa un pito que todos me estén mirando como babosos, como si no supieran lo que ha pasado y lo que va a pasar. Yo sólo quiero cachar y me voy. Y a partir de mañana voy a ser una mujer nueva. Nada de penales y cárceles en mi vida. Voy a dedicarme a trabajar y a buscarme un hombre que esté a mi altura, sin tantos líos y problemas, que por lo menos no me haga sentir una puta necesitada. ¡Ay, Jesús, sí que estoy arrecha, arrecha! Ya sal rápido, Charlie. –Ahora sí, entremos. –Ya era hora ya. –Asu, estás acelerada tú. –Quítate la ropa… –Pero el baño está por allá, aquí no hay… –No me importa, Charlie, quítate la ropa ahora mismo. –Pero estoy cochinazo. –No me importa, quiero sentir tu sudor seco y tu sangre endurecida, Cholo… –¿En serio? –¿Me ves que bromeo? ¡Sácate la ropa ya! –Bueno… Santo Dios, bendito seas tú y tu idea de hacer al hombre tan perfecto. Si todo esto puede hacerme pensar en ti, entonces he descubierto la razón de la vida: contemplar tu obra, tu creación, un cuerpo de hombre atlético calato y con la pinga al aire, sssssssssssssss… –Vaya, tú sí que estabas arrechaza, ¿di…? Así, así, despacito, despacito, ahora rápido, rápido, muérdele la cabecita un poquito, un poquito, así, así, qué rico, qué rico, atórate con esta pieza, atórate perra… ¡Ahhhh! Síiiii, continúa, continúa… Déjame limpiarme la sangre un poquito a lo menos… –No, no te limpies nada. Así está bien. Quiero tirar así, cochinazos, marranos… –Ya, pero no pares, sigue mamándomela, sigue, sigue… –Slurp, slurp, slurp… –Ahhhhh, así, así… –Slurp, slurp, slurp… –Te voy a hacer tragar toda mi leche, vas a ver –Slurp, slurp, slurp… –Mueve tu cabeza, muévela… Ssssssss, así, así… –Slurp, slurp, slurp… –Ahh, ahhh, ahhhhh, me vaceo, me vaceo… ahhhhhhh… –Ahhh, qué rica tu leche, Cholo, qué rica. –Ahora voltéate, zorra, voltéate y muéstrame el culo. –No, yo quiero así, frente a frente, tú encima de mí, quiero verte la cara mientras me penetras. –No, voltéate y muéstrame tu culo, quiero ver cómo te lo dejó el negro de mierda ese. –¿Así? Igualito nomás es. No quiero tirar volteada, quiero que estemos frente a frente… –¡Voltéate te digo, perra! Voltéate y ajusta fuerte para sentir algo. –Está bien, está bien, pero sólo un ratito, de ahí me doy la vuelta y nos miramos fijamente. –Así que aquí estuvo la pichula del negro concha de su madre, ¿no? Ahora vas a ver lo que es una verdadera pinga, negro de mierda… –¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh! ¡Aahhhhhhhhhh! ¡Ayyyyyyyyyyy! Con cuidado, con cuidado, ¡ahhhhhhh, ahhhhhhhhhh…! –¡Toma, toma, toma, carajo, toma, toma…! –Así, cholo, con fuerza, con furia, como si estarías peleando otra vez… así, ¡ahhhhhhhh, ahhhhhh, ouchhhhhh, ahhhhh…! –Maldito hijo de puta, ¡toma, toma!, ya te maté y ahora te saco la mierda aquí también, concha de tu madre, ¡toma, toma, toma…! –Con cuidado, Cholo, por favor, con cuidado, dame duro pero ten cuidado… ¡ahhhhh, ahhhhh, ayyyyyy!, ¡Dios, Dios, Dios! –Que tu sangre chorree aquí también, maldito mierda… ¡así, así, toma, toma, toma…! –¡Ahhh, ahhh, ahhh…! sigue, sigue, sigue, no pares mi cholo, sigue, sigue… –Vas a ver, vas a ver, me voy a venir un chorro, vas a ver, carajo, y voy a hacer que te llegue hasta el infierno, directo a tu cara, hijo de puta, Picudo de mierda. –Ya, ya, ya, ahí nomás, me quiero voltear, Cholo, déjame voltearme… –¡No, carajo!, quédate así nomás, quiero que te quedes así nomás. Ajusta más, ajusta más que no siento nada. –Ya es mucho, ahora frente a frente antes que te vengas. –No, yo quiero así nomás. ¡Toma, toma, toma!, ¡¡¡toma, toma, toma!!! –¡Ay, ayyyy, ahhhh, ahhh, ahhh…! Suave, cholo, me estás matando, me estás matando, cuidado, cuidado, ¡ahhh, ahhh, ahhh…! –¡¡¡Toma, toma, toma, toma, toma, toma, toma, toma, toma…!!! –¡¡¡Ahhhhhhhhh… ahhhhhhhhh…!!! ¡¡¡Dios mío, Dios mío, Dios mío…!!! –Cholo, quiero voltearme, quiero verte a la cara, por favor… –Ajusta más, ajusta más, está que se me baila la pichula, ajusta, ajusta fuerte… –Mejor volteada, frente a frente, así puedo ajustar mejor, Cholo. –¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…! ¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…! ¡Qué rico…! ¡Ahhhhhh…! –Ay, no, ya te viniste sin que me haya volteado. –Ah, qué rico conche su madre. Estuvo bueno, muy bueno. –¡Ándate a la mierda, Charlie! Ahora sí que nunca más me vuelves a ver a la cara. –¿Qué mierda te pasa ahora, loca de porquería? –¡Que nunca piensas en mí pues, carajo!, eso es lo que me pasa. –¿Todo porque no quería que te voltees? –¡Nunca te importa lo que yo quiero, maldito egoísta! ¡Siempre sólo piensas en ti y nada más! Ni siquiera porque era la última vez pudiste hacer algo por mí, algo para complacerme. –Por favor, ya no seas exagerada, carajo. Y no me hagas más chongo, ¿ya? –Dime por qué eres así conmigo, ¿qué te hice? ¿Acaso no me he comportado bien contigo todo este tiempo, ah? –Puta madre, no me salgas ahora con dramas, Romina. Primero con ese cuentito de que te vas, de que me dejas y ahora esto. –¡No, no, señor, eso no era cuentito! Yo me voy, a mí no me vuelves a ver la cara nunca más, egoísta de mierda. ¡¡¡Me largo y no vuelvo más a este lugar de mierda!!! –¡Pues lárgate de una vez y no me sigas jodiendo! –Pues sí, me voy y ojalá te quedes podrido aquí encerrado, ¡cholo de mierda! –¡Lárgate, lárgate, lárgate ya, concha tu madre! Antes que te mate como lo hice con tu negro cachero… –¿Sabes qué?, ¿sabes qué? Sí, me largo a gozar de mi libertad, imbécil de mierda, ¿entiendes eso? De-mi-li-ber-tad. –¿Y tú sabes por qué no quería que te voltees?, ¿lo sabes?, ¿quieres que te lo diga? –A ver pues, a ver pues, dime si eres tan hombrecito por qué, a ver pues, dime… –Porque tu pichula me distraía y me recordaba que me estaba cachando a un maldito cabro.     
--FIN--
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