EL AJUSTE

Romina es una dama enamorada que siente que su amor ya no le alcanza para mantenerse al lado del hombre al que ama. El honor de su hombre ha sido ultrajado y manchado a causa de ella y él está determinado a limpiarlo. Una historia que se desarrolla en el submundo del sistema penitenciario peruano y que tiene un final realmente imperdible.

0Me gustan
0Comentarios
269Vistas

1. AFUERA

           ¡Dios mío, Jesús todopoderoso!, ¿qué cosa es esto? Ay no, yo-me-mue-ro. Esto no es una cola, es el rabo del mundo. ¿Ya ves lo que te pasa por tardona, caracho? ¡Aj, qué cólera! Y, encima, al lado de todos estos feos que espantan al mismo diablo. ¡Ay, Señor, qué abuso con éstos! Aysh, pero si ya decía yo: tempranito mañana, tempranito mañana y mira: tarde como siempre, casi última como siempre y rodeada de esperpentos como siempre. Maldita Camucha y su chupeta, la fregué quedándome hasta muy tarde ahí. Ay, Romi, ¿cuándo aprenderás a no ser tan necia pues, hija? Pero, bueno pues, a lo hecho, pecho. No hay más nah. Para el otro domingo, sí o sí, a las cinco en punto despierta, ¡he dicho! Nada de peliculitas, ni discotequitas, ni chupetitas el sábado porque entonces me desvelo y después no hay quién me despegue de las sábanas… Ay, pero bueno, ya, siendo honesta: ¿a quién no le gusta ir a mover el esqueleto aunque sea un ratito los sábados, a ver? Si eso es lo normal y lo natural en una jovencita linda y saludable como sho, caracho. Además, ¿quién se va a resistir a todos esos churros que la inquietan a una día y noche, a ver? El que esté libre de pecado que tire la primera piedra pues, como dijo San Pedrito. ¡Pero no más! Cuando el deber llama no hay excusas que valgan, así que, por más que no quiera, el otro domingo a las seis en punto voy a estar acá, bien paradita, haciendo mi colita, lejos de toda esta sarta de guanacos neandertales… Ay, Dios mío, pero qué tales guanacos, ¿ah? ¡Jesús, María y José!, miren nomás a éste que está adelante, qué hombros, qué brazos, qué abdomen, qué piernas, qué culo… ¡ay, no!, ya estoy delirando otra vez, ¡qué horror!, no puedo con mi genio. Fucus, Romina, por favor, fucus.

  Pucha mare y lo peor es que esta cola tiene para rato todavía. Menos mal que el sol aún no está muy fuerte porque, sino, ¡ajjjjj!, me achicharro completita en un dos por tres y luego quién me aguanta… Tsss, de veras, de veritas que si no tendría que venir acá todos los domingos, hace rato que ya estaría tostadita, bronceadita y achicharradita pero de tanto ir a la playa; más todavía en estos meses pues… ¡Aysh!, ahora ya me dieron ganas de ir a la playa a tirarme en la arena, darme miles de chapuzones y que el mar me revuelque salvajemente una y otra vez, ayyyyyy, babeo, Señor mío, babeo. ¡Uf…! ¡Señor de los Milagros, qué voy a hacer conmigo!, ya estoy delirando otra vez como una cojuda. Qué calor, puf, puf…   ¡Uy, aleluya!, hasta que por fin les dio la gana de dejarnos pasar. Les voy a decir su vida, van a ver. Ya era hora que abran, ¿no?, hace ratos que estamos parados aquí, ¡espesos!... Ay, no, ya comienzan los guanaquitos a joder de nuevo, caracho. ¿Y ustedes qué se ríen, ah?, pobres diablos. ¿No saben defender su derecho, acaso? ¡Tira de ignorantes, ahí! –Tranquila nomá mamita… Mira, mira, te tas arrugando, te tas arrugando. –¡¡¡Jajaja!!! –No callejonees tanto que te vas a cagar la vocesita, flaquita, muah, muah, muah. –¡¡¡Jajaja!!! –¡Aj!, ¡fuchi mañoso de mierda! –ay, odio cuando pasa esto, carajo–. ¡Sácame la mano de encima, pedazo de porquería! –¡A ver, qué pasa ahí, carajo! –Ay, jefe, mire nomás lo que me han hecho estos animales, me han manoseado toda y me han hecho botar todas mis cosas. –Con que jodiendo a las damas ¿no?, ¿ustedes son maricones para joder así a las señoritas, o qué cosa…? Al primero que vuelva a molestar la señorita aquí presente lo saco de la fila a patadas y no me entra tres domingos. Ojo, están avisados, ¿ah? –Gracias, jefecito. Qué amable y caballero es usted. –¡¡¡Uuuuuuuuuuuuuu!!! –¡Silencio todo el mundo, carajo! Nada de silbatinas en mi presencia.   ¡Aj, qué cólera! Por eso no me gusta llegar tarde los domingos. Siempre es lo mismo con estos asquerosos que no respetan a nadie. Hombres tenían que ser, pues. En cambio cuando llego temprano es más tranquilo y puedo entrar contenta y de buen humor. Ahora esta gentuza ya me amargó el día, caracho; tan contenta y lindita que estaba. ¡Ay!, pero eso me pasa por bruta, pues, por no levantarme temprano, ¡grrrr!   Ahhhhh, bueno, bueno, bueno mejor me calmo. No debo dejar que este mal rato me friegue más el día. Voy a pensar que en un ratito voy a entrar y por fin voy a ponerme contenta y bonita otra vez, sí que sí. Mientras esté aquí debo distraerme, mejor, ocupar mi mente en otras cosas, debo pensar, pensar… ay, hasta para distraerme soy una bruta, ¡jum!; tremenda cabezota y nada lindo se me ocurre para pasar el rato; ya parezco ese tanque de agua, todo grande y solamente con agua adentro, qué bruta. Ay, pero con tal de que mi cabezota no sea así de fea y no esté tan cochina, normal nomas. Apuesto a que ese tanque es el tacho de basura de todo ese cerro… para que esté así de feísimo, ¡aj!… y hay que ver nomás lo cochina que debe ser esa gente de ahí, Señor mío, pobrecitos; pobrecitas esas criaturitas sin zapatos y correteando entre tantas piedras filudas que debe haber allá; ay Dios mío, qué pena… ¡Jum!, pero segurito que en unos años todos esos mocosos terminan aquí también, todo asquerosos y malcriados, sin respeto por las damas, ¡ay!, qué rabia me va a dar verlos así a todos esos chibolos mugrientos. –Avanza, avanza pe amiga. –Rápido pe, flaquita, tas en la luna tú, tsss. –¡Ay, ya!, qué escándalo con ustedes. Estoy reflexionando, pues.     –Tsss, anda a la  iglesia entonces, pe. –¡¡¡Jajaja!!! –Ay, ya, tú cállate mejor y sigue al último, oye, a donde perteneces. –¡¡¡Uyyy!!!     –Si escucho un escándalo más por ahí, nadie entra hoy día, carajo.     –Ya, ya, shhhhhh; tranquila nomá pe, amiga, no armes tanto chongo, pe.   –¡¡¡Cállense, pe, oe!!!     –Oe ya pe, cállense, pe, ahorita se achora el tombo y nadie va a entrar, pe. –¡Aysh!, a ustedes no deberían dejarles entrar, ¿ya? –Me parece que nadie quiere entrar hoy día, ¿no?     –No pe jefe, shhhhh, tamos callaos, pe, jefe.     –Jefe, acá la amiga es la que hace bulla pe, jefe, dígale algo también, pe. –¿Acaso sigo escuchando que hablan en esa fila?     –Ya, shhhhhh, mejor calladitos nomá, pe.   ¡Ajjjjjj!, fúchila con estos espesos. Loca debo estar para aguantarlos todos los domingos. ¡Aysh!, pero una vez que acabe todo este martirio me voy a desquitar con ganas, eso sí; pum, chapo mi mochila y a la playa todos los domingos, he dicho.   Ay, no, ahora más sellos y más manchas horribles, puchi cana. Desastrosos van a estar mis brazos más tarde, Dios mío; voy a ir en la combi oliendo a purito alcohol, qué horrible. Y, encima, más colas todavía, y más revisiones, ¡puaj!.. Ay, pero una vez que acabe… ¡una vez que acabe, Señor! Espera nomas Romina, con paciencia y buen humor se logran las cosas, chica. Ya falta poco nomas. Entonces te vas a perder todo lo que quieras, si es posible todos los sábados en la noche. Ahhhhh… y vas a dormir los domingos toooodo el santo día, y vas ir a la playa toooodos los domingos, ahhhh… Ay, ¿ya ves, ya ves, ya ves cómo me puse? Tan calmadita que ya estaba, pensando en el tanque feísimo del cerro. Ay, Jesús, y este sol de mierda, y el estrés, y esta cola que no termina, y estos mañosos que la cogen a una como quieren, ¡qué horror!     –Tranquila señorita. Esto es rutina nomás, ¿correcto? –Ay, pero cómo lo disfrutas, ¿no, mañoso? –Cumplo con mi deber, nada más, mi deber, ¿correcto? No me venga a hacer problemas, por favor. –Sí, seguro… ¡aj, no me toques las piernas, asqueroso!, ¡fuchila! –Si tiene quejas preséntelas por escrito en mesa de partes, ¿correcto? Ahí está la puerta, si quiere. –¿Para qué, para que tus jefes te cubran? ¡Jum!, no los conoceré a ustedes. –Ah, ya pues, entonces no se queje y hacemos más rapidito todo, ¿correcto?             –Ya, ya, ya, termina de una vez, mañoso.   ¡Dios mío, que violada me siento! ¡María Santísima, cada día éstos se ponen peor! Ay, cómo no puedo venir los sábados, mejor, para no pasar por este martirio, cha su mare. A veces hasta me dan ganas de probar, a ver si nadie se da cuenta. Pero seguro que sí y ahí aprovechan para joderme la vida, no los conoceré, ¡jum! Al fin y al cabo, está bien que una tenga toda la buena intención del mundo, pero tampoco es para dejar que la anden humillando esos ignorantes. Además, aysh, no sé, quizás sería peor todavía. Al menos a estos mañosos ya me los conozco. Son unos brutos pero ya me he acostumbrado a ellos… creo.   Pffff, ¿y todavía más sellos y más manchas?, ¡puta madre esto no tiene cuando acabar! Cómo no nos dan las fichas nomás y ya está; qué ganas de hacernos averías en los brazos, como si nosotros seríamos delincuentes, oiga. –Ya, ya, ya; mantenga silencio y estire el brazo de una vez, ¿ya? –Ay, sólo digo nomás, no es para que me grites, baboso. –¡Ya, carajo!, ¿quiere entrar o no?     –¡Ay, a mí no me insultes, abusivo!     –Mira, carajo, vuelves a abrir la boca y te largas, ¿ya?, yo no estoy para soportar huevadas, ¿ya? –Ya, mánchame nomás; no me voy a poner a discutir contigo, ¿Okey? –Más te vale, ¿ya?, más te vale.       “Ay sí, ay sí, más te vale, más te vale”, tombo maricón, ahí. Segurito que adentro se mea de miedo y por eso está acá, afuerita nomás, haciéndose el machito con las mujeres. “Ay sí, ay sí, si quieres reclama por escrito, porque yo soy intocable, ay sí”, ¡ayyyy, tombos de mierda, de mierda…! Jajaja, Dios mío, qué horrible sueno hablando así. Cualquiera que me escuche pensaría que soy una cojuda que está en plena menopausia, jajaja… Bueno, al menos, aunque sea todavía puedo reírme de mí misma; eso es lo más importante, caracho: no ser una vieja amargada, qué digo vieja: jovencita, jo-ven-cita, si señor; sería peor ser una jovencita tan lida que se pasa la vida amargada. Mientras no sea así puedo seguir soportando estos trajines de chica dedicada.               –¡Todos con la ficha en la mano, si no, no entran!             –¡Cuiden bien esas fichas, ¿ah?!             –¡Guárdenlas bien en su bolsillo chico!             –¡O métansela al chico si quieren!             –¡¡¡Jajajajaja!!!             –¡Ya, carajo, silencio!             –¡A ver, ese graciosito no entra hoy día, ¿ah?!             –¡¡¡Uuuuuuyyyy!!!             ­–Tranquilo nomá cuñau, no te ha visto ni sabe quién eres.             –Ya, shhhhhhhhh…             –¡Repito: esa ficha bien cuidada! ¡A la salida todos la devuelven!             –¡Y nadie se borra los sellos!             –¡Al que le falte un sello o, peor, una ficha, no sale!   ¡Asu, pero mira nomás qué hora es!, recién las once y cuarto, pucha mare; todavía falta más de media hora para el otro turno, qué cólera. Y yo sin bloqueador, ¡qué horror! Le voy a decir al Charles que me de plata para comprarme una botella grandaza de bloqueador, ¡mínimo!, aunque sea una paraguas. Una no va a venir a verlo, toda buena chica, y él, muy sí señor, todo fresco, sin preocuparse por la piel que se me malogra. ¡Y encima de toda esta rutina matadora! No, ni hablar, ya es mucho ya. Estoy que desperdicio mi vida aquí, por favor. Ya va siendo tiempo de que me den mi lugar. O sea, aunque sea un chocolatito de premio aunque sea, ¿no?, ¡digo! ¡Jum! Ojalá pues que el cholo entienda que esto no lo hace cualquiera y menos en estas condiciones… Ay, otra vez me estoy poniendo renegona. Ya, ya, ya, tranquilita nomás Romina, tranquila, mira que se te va a arrugar la carita y de ahí quién te va a querer, ¿ah?, ni el sapo, hija, ni-el-sapo. Además, con lo fosforito que es, segurito que el cholo se amarga si le llego con quejas y más quejas, ¡jum! No, ni pensarlo. Ya tiene mucho con estar aquí como para que su mujer venga y le de más problemas. Así que, caballera nomás, me tengo que aguantar el castigo que me da el Señor. Amén, hermana Romi, amén, jajaja. Ay, Señor, perdóname por reírme pensando en ti, pero… la verdad es que si bajarías un poquitín el sol, no me quejaría, ¿ah?, digo nomás.             –Yo tampoco me quejaría, chica, puf, ¡qué calor que hace!             –Ay, jajaja, pensé que estaba hablando sola, Dios mío ¡qué roche!             –Ay, ya, no seas escandalosa, ni que fueras la única que pide que el sol no sea tan fuerte.             –Ay, sí supieras cuanto sufro con el sol te mueres, hija, te-mue-res.             –Pero, por las puras es, chica; en pleno febrero sería un milagro que el sol no sea tan fuerte.             –O sería el fin del mundo, jajaja.             –Ay, sí, chica, como en esa película donde el mar se sale y destruye Estados Unidos.             –¡Ay, también la viste!             –Claro, chica; mi enamorado me lleva todos los martes al cine.             –¡Jum!, yo no tengo ni quien me visite ni quién me lleve al cine.             –Ay, pobechita, chica. ¿Pero por qué no te buscas uno, pues?             –Es que el mío está adentro y más bien yo tengo que venir a visitarlo a él.             –Ay, mira tú, yo también vengo a ver a mi enamorado, ju, ju, ju.             –¿Qué? Pero dices que…             –Sí, sí, es que yo tengo uno afuera y el otro adentro, tú sabes, por si acaso, ji, ji, ji.             –Pero, pero, ¿cómo haces, bandida?             –Fácil nomás: te consigues afuera uno que viva bien lejos de tu casa porque, si no, el de adentro te hace la vida de cuadritos, chica, de-cua-dri-tos.             –Ay, mira pues esta pendeja.             –Ay, sorry pero excuse me, chica; prefiero que me digan que soy una mujer práctica antes que me digan pendeja.             –Uy, perdón, perdón, no quise ofender, hija.             –Ay, ya, qué escandalosa eres, chica, ju, ju.             –A mí me paran inquietando nomás –y, aquí entre nos, yo me dejo, ¿ah? – pero nunca he sacado los pies del plato, siempre me ha dado miedo.             –Ay, ¿y eso por qué pues?             –Uy, si te contara, hija, si te contara…             –Bueno, ahora me cuentas pero a la salida porque ya están avanzando y no quiero llegar tarde a la cita con mi chico.             –Sale y vale, pues. Disfrútalo, chica “práctica”, ja, ja, ja.   Y ahí va una pendeja que no se hace tantas bolas, mientras que yo estoy que me preocupo tanto, ¡Jesucristo! Dime pues si eso es justo, a ver… ¡Aysh, qué cólera!.. Ah, no, pero algún día le voy a tener que decirle todo al Charles. Quizás no hoy día ni mañana, pero un buen día le voy a soltar toditito, con puntos y comas: que me joden en las colas, que los tombos son unas mierdas, que me quema el sol y que, encima, no puedo tener vida social, ¡jum! Por ahora voy a tener que comprarme yo nomás mi cremita para cuidarme la pielcita, muah, muah, muah; pero lo justo sería que él se encargue de eso, pues. Una no está aquí todos los domingos y, encima, fiel como una perrita para que el otro no se preocupe por nada, ¡jum!, habrase visto. Ahí te voy a querer ver actuar papacito; a ver cuánto valgo para ti y cómo haces para que no te mande a rodar al primer “pero” que salga de tu boca. Ahí me va a conocer el lado malo ese chiquito. Mucho mi amor, mi cielo, mi vida, mi tesoro; puro bla, bla, bla y nada de acción, sólo ofrecimientos para que una le dé todo y después, él, bien gracias, vete con Dios y nos vemos el otro domingo. ¡Jum! Pobre de ese huevón si me sale con lo mismo; lo mando al diablo y nunca más me vuelve a ver por aquí, ¡ah, no!, yo sí soy capaz de hacer eso y más; a mí nadie me viene con jueguitos y pendejadas; eso sí: conmigo las cosas tienen que ir bien claras y derechas, sino chau, bye, bye, arrebuá, papito; anda que te soporte otra babosa y conmigo no cuentes más… Ay, Dios mío, qué exagerada que soy; riñéndolo al pobre Charlie a sus espaldas, ju, ju, ju. Sus orejitas deben estar rojas, rojas, ji, ji, ji… Ahhhhh… No, ¿cómo lo voy a mandar a al mierda a mi cholo así nomás, pues?, ¿qué haría sin mí el pobre?, además, ¿qué serían de nuestros planes para cuando salga?.. Ja, ja, ja. Ay, señor, qué cojuda soy a veces. Ni yo misma me entiendo. Hace un ratito nomás estaba diciendo que voy a mandarlo a la mierda y ahora siento que lo amo con todo mi corazón y que me alocan sus defectos. Franco, franco que las chicas somos bien complicadas a veces… pero así nos quieren, pues, y así deben querernos, ¿sí o no?… Ay, y, encima, ni paraguas he traído, por la concha su madre; ¡grrrr!, el sol me va a malograr toditita la piel, maldita sea, y peor con esta mugre de tinta que me han puesto en el brazo y que no sale aunque me la raspe con lija, ¡aj!.. Pero Romina, ¡por favor!, estás diciendo una sarta de pichuladas. Tal vez la menopausia ya te llegó de verdad, hija. Ay no, toco madera, toco madera, toc, toc, toc… Mejor cierra los ojos y trata de pensar en cosas lindas, cosas lindas, cosas lindas, cosas lindas, cosas lindas, cosas lindas, cosas, lindas, co-sas-lin-das-co-sa-s-li-n-da-s… síiiiii…en un rato voy a verlo a mi Charlie y voy a estar con él, con él, con él… Por eso vale la pena esta mierda, por estar con él, por nosotros dos. Ay, aunque eso de decir "por nosotros" suena bien huachafo, la verdad; mejor suena decir “por lo nuestro”, eso es más dramático, tipo novela mexicana con su protagonista teñida y su galán bigotón. “Por lo nuestro”, ¡ja!, si hasta heroica suena la frasecita, por Dios. Ay, Jesús, ¿no les digo que soy una tonta, tonta, tonta? Siempre con pajaritos en la cabeza, siempre con sonseras que me hacen pensar como quinceañera y me monsean… Pucha máquina, dos años ya… ¡y dos años más!; es una barbaridad para soportar. ¡Aysh!, y más mezclas de ideas, ju, ju, ju. ¿Y a qué horas nos dejarán entrar, carajo? –¿Qué mierda tienes tú, ah? ¿Qué chucha te pasa? ¿Quieres que te bote ahorita mismo, ah? –¡A mí no me hables así, abusivo! –¡Silencio, carajo!.. ¡Apoyo por aquí, apoyo por aquí! –¿Qué pasa compañero? –Aquí la damita que se cree la revolucionaria. Me la echas a la calle, ¿ya? –Comprendido, compañero. –Oye… no… ¿qué te pasa?.. ¡suéltame!… ¡suéltame!… ¡quiero hablar con él!, ¡quiero hablar con él! –Compañero… aquí la señorita dice que quiere tener unas palabritas con usted. –¿Así, no?, ahora ya no se cree la rebelde; a ver tráigala… Estoy escuchando. –Pucha, jefecito, no se ponga así, pues. Yo preguntaba nomás. –¿Y esas son las formas? ¿Así respetas usted a la autoridad? Además, yo qué seré, ¿ventanilla de informes, qué cosa? –No, pero… –Aquí yo estoy para mantener el orden y punto; y si alguien se hace el malcriadito no entra y punto; así que te me vas. –No pues jefecito, no sea malito. –Ningún malito, carajo; a la autoridad se la respeta y esas insolencias y gritonerías te las llevas a tu casa. –Ya, jefecito; no va a volver a pasar, jefecito; perdone. –A ver, a ver, un sencillito para pasar el disgusto. –Ya, jefecito; cinco solcitos, ¿ya? –Ya, ya; y dos soles más para el compañero que me apoya. –Tenga jefecito. –Y mucho cuidado, ¿ah?, mira que, a la próxima, te me vas. –Ya jefecito.   Pucha diablo, ahora ya me quedé sin pasajes ya. Otra cosa más que le voy a tener que pedir al Charlie. Más todavía se va a asar el cholo. Aysh, qué día para más cagón que me está tocando, caray. Ay, Jesús, perdóname por estar hablando tantas malcriadeces hace rato, pero tú debes entenderme aunque sea un poquito, ¿verdad? Estás viendo todo lo que me pasa, pues. Una quiere ser buena, tener mente positiva, y estar alegre, y linda pero siempre ha de haber algo que venga a complicarnos la vida y a amargarnos la existencia, ¿qué es eso, a ver dime?.. Pero bueno, tú haces tu voluntad siempre y yo no soy quien para reclamarte nada. Pero, ¡Cristo!, no voy a negarte que, a veces, quisiera mandar todo a la mierda, todo, todo, aunque sea un pecado eso.             –¡A la mierda te vas a ir tú si es que no avanzas, oe!               –Tsss, ta loca esa flaca, on.             –ta loca completa; del todo ya.             –Má’ bulliciosa la wona…             –Ah, sí pe; hasta a los tombos les hace la guerra.             –Ya e’ casera, pe. Hace aaaños que viene, dice.             –Ah, con razón, pe; ya la conocen, ya.             –La mayoría; por eso no se paltea, pe.             –Aunque el tombo de acanga sí la paró en seco, ¿ah?             –Tsss, ta que ese ‘on es salvaje, pe; ese te saca plata hasta porque respiras pe.             –Ah, sí pe; no se casa con nadie el cunchesumare, con tal de sacarte un ripio e’ capaz de dejarte adentro, ‘on.             –No jodas, ¿serio?             –Así dicen pe.             –Pero qué cague de risa, carajo.             ­–Sí pe.             –Puta y adentro e’ más cague de risa, todavía.             –¿Así?             –Ya vas a ver, ya; ¿adonde vas, a máxima o mínima?             –A Máxima Lima.             –Precisa, justo allá también va la weona. –¿De veras? –Sí pe, su marido ta ahí. –Ah, chucha, la cagada. –Por eso te digo pe, ya vas a ver, ya. –O sea que en buen día he caído. –Claro pe. Ya, avanza, avanza que ya tamos entrando, ya. –¿Y cómo se llama su marido? De repente lo manyo. –Carlos, pero todos le dicen Charlie. –Ah, chucha. –¿Lo manyas? –No creo. –Ahí te lo vo’ a mostrar. –Ya pe. –Pero solapaza nomás pe. El huevón es bien mechita. –Uy, chucha. ¿Tanta vaina, compadre? –Ya vas a ver, ya. Avanza, avanza…
Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...