Encantador y doloroso, amor

La vida de Adeline era bastante perfecta, logro un intercambio desde su pais natal USA hasta Londres allí conocio a quien seria el amor de su vida y tambien su mayor dolor. Un dia su mundo subio a las estrellas y al otro decayo hacia los infiernos. Acompaña a Adeline a descubrir que fue de su ser amado, por que el sigue apareciendo en su mente como un fantasma, ¿Porque se siente tan sola? si el solo fue... un amor mas.

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3. Su figura blanca

Lo tendría que haber dejado allí, haberle soltado la mano y haber salido corriendo hacia cualquiera de los pasillos, de seguro alguien  me habría cruzado, podría haber entrado a preguntar en las aulas a algún profesor o estudiante, tenía miles de opciones pero me cegué ante sus ojos, ante la sensación de seguridad que el me daba, ¡¿Por qué?! Demonios, ¿¡Porque!?. Comencé a gritar en mi habitación y tire todas mis almohadas, estaba entre dormida al parecer me había dormido por unos momentos mientras recordaba todo eso. Mis rodillas se doblaron contra el suelo y esa sensación volvió, esa sensación de soledad, la presión en el cuello, y en la boca del estómago, este mismo revuelto como si estuviera lleno de un líquido asqueroso, la garganta seca y esos suaves latidos de corazón golpeándome el pecho por dentro. Sin embargo no lloraba.

Mi madre abrió la puerta rápidamente y mi padre apareció detrás de ella y no se atrevió a acercarse demasiado a mí, ella se posiciono a mi lado y me tendió en sus brazos a pesar de que yo hacía débiles esfuerzos por evadir sus abrazos, termine llorando en su regazo. ‘Lo extraño tanto’ decía mientras sollozaba de enojo, bronca, más que de tristeza. ‘Lo odio tanto, ¡¿Por qué lo conocí?!’ Mis gritos histéricos se escuchaban en toda la casa y Marco se acercó lentamente a la puerta mientras apretaba su pijama con su pequeñita manito. Respire hondo, mi pequeño hermanito estaba asustado, y tenía miedo de que me estuviese pasando algo malo. Mi padre lo llevo a la cama y antes de que se fuera le dedique una sonrisa y le saque la lengua para que notara que todo estaba bien con migo, aunque no fuera verdad.

Mama me ayudo a levantarme y una vez que me había acostado me tapo y me beso la frente, no quería decirle ‘ya no soy una niña’ como hacía de costumbre cuando me besaba la frente, simplemente me sentí bien, era mi mama, ella me daba esa seguridad que perdí al irse Harry, aunque no fuese lo mismo, me hizo sentir bien por ese segundo. Cerré mis ojos y me dormí con la palabra ‘idiota’ dentro de mi cabeza, si lo fue, Harry fue un idiota, en el buen y en el mal sentido ahora.

 

Los pájaros cantaban en mi ventana, y a pesar de que mucha gente puede pensar que es hermoso despertarse con los pájaros cantando, para mi es odioso. Note que todavía no eran las siete y apague mis despertador, faltaban solo unos minutos para que sonara, aunque eran minutos que podría haber pasado durmiendo. Me dirigí hecha un zombie hacia la ducha mientras maldecía a los pájaros que seguían cantando como si la vida fuera toda alegría, me di una ducha rápida que me relajo bastante, no había dormido bien esa noche, luego me maquille simplemente para tener  buena apariencia hoy en el discurso. Rosa claro en los labios, un poco de sombra blanca en los parpados y listo, un look un poco natural, más que eso no quería hacer, no le veía importancia a lucir bien últimamente. Al salir del baño me dirigí a mi ventana, había salido el sol supuse que haría más calor que ayer, tome una camisa sin mangas que hacia bastante que no usaba y me la puse con un jean y converse, dejando sobre la cama la mojada toalla rosada y me dirigí nuevamente al cuarto de baño a secarme el pelo. A pesar de que en el momento odie a los pájaros me di cuenta de que si no me hubiese levantado más temprano jamás habría llegado a tiempo al colegio.

Baje las escaleras y comí rápidamente mis waffles, todos estábamos apresurados, mi padre debía entrar a trabajar en su oficina y mi madre, agente inmobiliaria, debía mostrar más de tres casas esta mañana y no llegaría a hacerlo si no salía ahora. Me toco irme con mi madre ya que mi padre llevaría a mi hermano a su colegio primario. Fue todo muy rápido, dejamos los platos en el lavavajillas y salimos todos por la puerta, cada uno se subió al auto correspondiente y mis padres se dieron un amoroso y corto beso antes de irse.

El camino fue silencioso, ninguna quería hablar de nada, pero el día era tan tranquilo que eso hacía que la tensión pareciera simplemente imaginaria. Todo iba bien hasta que sentí un enorme golpe en el frente, y vi como una cabeza de cabello oscuro caía sobre el parabrisas y luego resbalaba hacia un lado. Mi respiración se aceleró pero mi madre lucia muy tranquila e incluso seguía conduciendo hasta que me vio. -¡Frena!- Le grite -¿Cómo no había visto eso?-Ella aparco el auto a un lado de la carretera y baje corriendo hacia atrás a buscar a la persona que habíamos golpeado, mi madre bajo detrás de mí. ‘¡Hemos atropellado a alguien!’, gritaba yo desesperada pero ella parecía no entender, miraba hacia todos lados y finalmente me apoyo una mano en el hombro, ‘Adeline no hemos atropellado a nadie, no hay nadie en la ruta, tal vez solo fue un pájaro que choco el parabrisas, o…’ No dijo ‘tu imaginación’ porque su celular vibrando y sonando en su bolsillo delantero la detuvo, pero yo sabía que iba a hacerlo, que eso quería decir, me creía una loca. Cuando corto el teléfono no la deje comenzar a hablar, le explique me iría caminado, que no se preocupara, estábamos a tan solo un par de cuadras del colegio y llegaría a tiempo que fuera a hacer sus negocios y para que me dejara, le dije que sí, que probablemente había sido una rama o un pájaro y al estar distraída me asuste. Habiendo escuchado eso se fue conforme, mi madre se conformaba con muy poco ahora que lo pienso.

Comencé a caminar hacia adelante mientras el auto se iba y cuando note que ya no podía verme fui hacia el lado contrario y empecé a correr. Yo estaba segura de que habíamos atropellado a alguien, lo sabía. Llegue al lugar pero no había nadie, hacia la izquierda estaba la plaza con sus pequeños pero abundantes árboles que formaban un bosquecito rodeándola. Me adentre en el bosquecito esperando encontrar a alguien, las ramas me impedían caminar correctamente, pero yo seguía buscando, desesperada por encontrar a una persona y ayudarla, y lo hice, increíblemente lo hice. Retrocedí rápidamente y me choque un árbol, luego caí hacia atrás  y rodee los pocos metros que había tenido que subir para llegar al lugar donde estaba.

-¿¡Harry!?- Mi corazón latía fuerte, y sentí que se me iba a salir del cuerpo. Él se acercaba lentamente a mí, parecía casi siniestro, un espectro. Cerré fuerte los ojos pero lo único que sentí fue una leve caricia sobre mi hombro, donde al abrirlos, note que estaba su mano apoyada. Mi respiración fue bajando hasta estar un poco más tranquila, el me miro con sus ojos verde esmeralda, me sonrió con sus sonrisa de niño y me dijo ‘encuéntrame, ayúdame’ luego su rostro volvió a ser serio, neutro. Parpadee un par de veces pero no estaba más allí. Mi cuerpo estaba perdiendo el control, caí sobre mis rodillas tal y como lo había hecho en mi habitación y comencé a temblar. –Harry- Susurre para mí misma. En mi cabeza resonaba su tranquila voz diciendo ‘encuéntrame, ayúdame’ todo el tiempo. Me pare, tome fuerzas, ¿Qué había sido eso? ¿Era un fantasma? ¿Yo había atropellado un fantasma? Miles de preguntas surgían en mi mente, fui interrumpida por mi celular. ‘Liam’ leí en la tapa y atendí temblorosa, no podía dejar que pensara que me había sucedido algo.

-Ade ¿Dónde estás? ¡Llegaras tarde!- Dijo rápidamente

-Estoy, estoy a un par de cuadras, ya voy-

-¿Hey  Ade estas…- Le corte a mitad de la frase y comencé a caminar rápidamente, cruce la calle sin mirar, entregándome a la muerte como un bocadillo fácil, simplemente no estaba pensando lo que hacía con claridad. Un bocinazo fuerte me hizo volver a donde estaba. ‘Harry’ pensaba simplemente en él, sentía tanto dolor, tanto vacío, más que antes, ¿Por qué mi mente me estaba jugando esos trucos tan horribles? Me senté en un banco, sabía que llegaba tarde al colegio, no me importo. Recuerdos, de nuevo volvían a mi mente, su mano tocándome, el mirándome con esa cara de niño inocente, no lo era para nada. Sus risos, su rostro lucia tan sano tan feliz, tan limpio y puro vestido de blanco, pero su mirada, su expresión, lo que me dijo, ‘encuéntrame, ayúdame’, me dolió tanto, fueron varias puñaladas destruyendo una figura perfecta.

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