Among angels.

Lucy Rubells, es la tipica chica con planes de graduarse, y viajar por todo el mundo. Pero eso se ve afectado pronto, cuando se muda y entra en el colegio Philifie y conoce a Eliott Baldwin. Un pecador de los cedidurent. ¿Es posible amar y odiar al mismo tiempo?

2Me gustan
0Comentarios
267Vistas
AA

3. Invitaciones.

Espere a la señora Coca, para que venga a cuidar a Daniel. Mi madre se iba temprano a trabajar en una tienda de discos, libros, y aparatos de música. Aunque era la dueña con sus amigas, se lo tomaba muy en serio. Y yo debía irme al colegio a las 8 am.

-Hola Coca, Daniel está en el cuarto no tardara en levantarse, en el almacén están sus galletas preferidas y su leche la quie…

-Oh querida tranquila,- me interrumpió.- tu madre me ha informado de cada detalle.- Me sonrió, dejando al desnudo unos dientes bastantes blancos, bajo una piel oscura, tenía el cabello negro recogido en un rodete, y llevaba un vestido de flores azules y blancas. Era muy robusta, y tendría alrededor de 50 años.

-Claro.- le respondí, mientras recogía mi abrigo.

-Oh, ¿es que no piensas desayunar?- Exclamo como si se tratara de un crimen.

-Ah, sí, sí, es que pasare por un café en Three Lemons y luego iré al instituto, gracias.- Y cerré la puerta antes de que siga insistiendo.

 

Las calles estaban húmedas, como si anoche hubiese lloviznado, y yo no me di cuenta. Hoy, en cambio estaba soleado. Genial, odio el calor.

Como siempre, la gente iba apurada y empujaban como si nada, no se molestaban en absoluto en pedir disculpas. ¿Cómo podían vivir así? Todo el día apurados, de aquí para allá, entrando y saliendo de tiendas, con ojeras de cansancio, en especial las mujeres, con excedido maquillaje para mi gusto, y algunas parecía como si se le reventaran los pómulos de tanto botox.

Cuando entre a Three Lemons, me sentí agradecida por encontrar, al fin, un lugar reconfortante. Las paredes amarillo chillón le daba un toque de felicidad al salón, las mesas rosa pastel y las sillas delicadas en un tono blanco. Detrás de la barra una señora con un vestido canela, y el pelo canoso detrás de las orejas con un delantal azul, me sonreía, como si le diera felicidad verme y me conociera desde niña. Me sentí incomoda y me senté en la primera mesa que vi disponible. Mientras esperaba a que una camarera me atendiera extraje mi libreta de canciones y apuntes de piano. Mi madre ama la música clásica, e insistió tanto en que tomara clases de piano, que lo hice. Y para el ultimo toque me dijo <<tienes una voz que todos anhelan Lucy.>> En realidad no sé si lo dijo para que lo haga, o me lo decía de verdad, pero de todas maneras lo hice, y me encanto.

-¿También escritora?- Diablos, esa voz tan familiar.

Cuando levante la vista me encontré con él. Y esos ojos profundos como el mar, un mar turbulento, probablemente el que se tragó el Titanic. Tenía otra vez esa sonrisa divertida, y pervertida.

-¿Qué haces aquí?-Le acusé.

Me miro ceñudo, como si esperara otra respuesta.

-Trabajo aquí.-Bufó.

-Bueno, en realidad son mis notas de piano y…- ¿Por qué le estaba contando mi vida privada? Estúpida, estúpida, estúpida.- Eh…en todo caso…Quiero el café ruboy.- Mencione el primer café que leí en el menú.

-Claro.- Me sonrió, como si disfrutara de un chiste privado.- ¿No vas a comer nada?, dicen que el desayuno es la comida más importante del día.

Le mire boquiabierta. Primero me preguntaba cosas, ¿y ahora se preocupaba por mi estómago? Ese debe de ser el modo en que enrolla a sus novias. Definitivamente, yo no iba a caer en su juego. Aparte la mirada y le dije:

-No gracias.-Para dejar en claro que quería que se fuera.

Y se fue en silencio, para la cocina.

-¡Hey california!- Me saludo Candy, deslizándose en el asiento enfrente de mí. Esta vez no iba con Freddie.

-Hola Candy- Le sonreí. Candy es de esas chicas extrovertidas que con una sonrisa te hacen sentir bien.

-¿Qué tal va todo?- me pregunto.

-Bien, estaba haciendo tiempo aquí porque…

-¡Oh vaya!- Exclamo mirando hacia la barra.-¡Es el chico nuevo!

Intente no mirar, pero me gano.

-Ah sí, trabaja aquí. ¿Y qué hay de genial en eso?- Inquirí.

-¿Qué qué hay de genial en eso dices?- Me codeo.- ¡Tan solo míralo! Es muy apuesto, aunque no me gusta que las personas lleven campera de cuero, ya sabes.- Señalo su remera de “save the world” con un trébol feliz debajo.

-Aquí está su café ruboy señorita.-me sorprendí al ver que quien me traía el café era una señora y no el chico. <<Quizá solo se encarga de los pedidos>> me dije. <<no hay razón de odio>>

-Gracias.- conteste. Y vi que él se ponía detrás del mostrador y me miraba en gesto de desaprobación. Ya era suficiente. Tendría que preguntarle cuál era su problema. Pero no ahora, quizá otro día cuando estemos solos. Esperen, dije “cuando estemos solos”. Eso nunca iba a pasar. Tendría que dejar que mis pensamientos no tomen tanto vuelo.

-Creo que lo tomare en el camino.- Anuncie para Candy.- Vamos, se hizo un poco tarde.

-¿Qué?- se quejó.- Pero si todavía falta media hora.

-De todas maneras, tengo que hacer unos trámites, ¿me acompañas o no?- ya me estaba irritando sentir su mirada clavada en mi desde la barra.

-Claro, vamos.- me contesto Candy.

Pague el café, y me retire sin mirarlo.

 

 

Cuando llegamos al instituto, Freddie nos esperaba en la cafetería.

-Hola chicas.- Nos saludó con una sonrisa. Pero no paraba de mirarme a mí, lo cual me puso algo incomoda.

- Hey Freddie.- Saludo Candy, mientras mordisqueaba una manzana.

-¿Irán a la fiesta del viernes?- pregunto este.

-¿Qué fiesta?- se entusiasmó Candy.

- A la del “gran bravo”.

Candy me miro arqueando las cejas. Y yo me encogí de hombros. Si ella no tenía idea de lo que Freddie hablaba menos yo…la nueva.

-Ya saben, a la fiesta de los 18 de Marco Polizi.

-Claro, el gran creído rugbier Polizi.- Contesto Candy moviendo los ojos hacia arriba.

-¿Vienes Lucy?- Me sonrió Freddie. Realmente tenía una sonrisa muy bella.

-¿Qué?- parpadee.- ¿A dónde?

-A la fiesta, claro.

Nos conocíamos hace tan poco y ya me invitaban a una fiesta. Muy generosos. Las cosas iban evolucionando muy bien para mi gusto. La gente era muy abierta en este lugar.

-Ah, si, si. Lo que sucede es que mi madre es nueva aquí y no conoce mucho, además no se si va a estar disponible para llevarme…

-Hey, de eso no te preocupes. –Candy me dio palmaditas en el hombro.- Freddie obtuvo su carnet hace dos meses.- miro al aludido y chocaron las manos felices.

-Claro.-solté sin pensar.

Bueno, la verdad es que no me vendría mal salir un poco, y conocer el lugar donde viviré mientras esté a cargo de mi madre y sus locuras.

-Genial. Paso por ti a las 8.-me dijo Freddie con entusiasmo. Demasiado entusiasmo.-Bueno por las 2 claro.- Se corrigió inmediatamente.

 

 

 

Cuando iba camino para casa, decidí caminar, y sentir la ciudad en mis pies.

Pare en una librería que logro captar mi atención inmediatamente. Era enorme, y dentro se veía una luminosidad que te daban ganas de danzar entre los libros. Entre, y me dirigí a la sección de novelas. Olí las páginas de los libros. Ahh, las librerías…lugar sagrado.

-Solo los débiles de espíritu se niegan a dejarse influir por la literatura y la poesía.-citó susurrándome en el oído.

Me sobresalte, con el contacto de su piel, y su proximidad ilimitada hacia mí. Por supuesto ¿Quién más iba a ser?

-¿Y tú eres uno de ellos?- le animé.

-Es obvio que no.- se giró sobre sí mismo señalando con sus brazos todos los libros, volviéndose hacia mí con una sonrisa maliciosa y divertida. Aquella que me dejaba sin aliento.

-Oh claro, si, ya veo.-me puse nerviosa y seguí rebuscando entre los estantes.

-Te recomiendo “un paseo para recordar”.

-¿De verdad? ¿Tu leyendo novelas?- bufé – Además no te he pedido opinión que yo recuerde.

Y comenzó a reír, en voz baja, como si se tratara de una misa. Lo mire incrédula.

-¿Qué resulta tan divertido?

-Nada- no paro de sonreír en ningún momento. Que muchacho más extraño- ¿Asique iras a la fiesta de ese tal Polizi?

Me di la vuelta bruscamente. Y me lo encontré a escasos centímetros de mí. Rápidamente me di la vuelta y me dirigí al lado izquierdo de la sección y rebusque más libros, nerviosa nuevamente. ¿Cómo es que sabía eso?

-Ah sí, iré con mis amigos.- respondí rápidamente - ¿Tu no iras?

¿Por qué me interesaba en aquello? La verdad es que no me interesa nada de él. No me molesta si respira o no en absoluto. ¿Qué te está sucediendo Lucy?

-Bueno, pensaba en ir contigo.

-¿Qué? Eso es imposible.

-¿Por qué no?

-¿Y porque si?- me di la vuelta, y me contemplo con esos ojos tan azules y ardientes, y me miraba sin perder de vista mis ojos. Me molestaba que la gente que tenían ojos así abuse de los demás. – Además te dije que voy con mis amigos.

No le iba a dejar ganar ningún juego.

-De acuerdo. – me dijo en un tono tranquilo. –Todas se arrepienten después.

-Pues yo no soy una más de tu ganado.

Y me di la vuelta enojada. ¿Quién se pensaba que era para hablarme así? Ni siquiera sabía su nombre, y el tampoco el mío. Tomaba confianza inmediata como si fuese su prima o algo por el estilo. No estaba acostumbrada a ese tipo de trato en el lugar donde vivía, aunque los imbéciles abundaban por doquier. Me prometí a mí misma a no vincular con ningún hombre más, hasta que haya completado mis estudios. <<Los hombres te complican las cosas>> decía todo el tiempo mi tía Hally, que se había casado con 5 hombres y divorciado con los mismos. No sé si eso era legal, pero era real.

Escogí un libro llamado “On the road” de Jack Kerouac, y me dirigí hasta la caja para pagarlo, y largarme de allí. No soportaba estar más con la respiración en mi nuca de aquel extraño.

-15 dólares linda -  me sonrió una anciana detrás del mostrador.

-Gracias.- le dije mientras le daba el dinero, tomaba el libro, y salía por la entrada.

Cuando salí se encontraba de pie, apoyado en un poste que iluminaba la cuadra. ¿Cómo diablos hacia eso, de aparecer y desaparecer? Me hacía poner los pelos de punta. Sabía que era distraída, pero no tanto.

-¿Qué haces? –le dije en tono molesto.

-Te llevo a casa.

-No gracias, no requiero de tu ayuda para llegar a mi casa.

-Pero oscureció – se quejó- No conoces esta ciudad, hay muchos criminales sueltos.

<Creo que el criminal eres tu> pensé para mis adentros. Me di la vuelta y seguí caminando.

-Por favor. – me tomo del brazo – déjame llevarte, no tienes idea de las cosas que rondan por ahí.

¿Cómo iba a negarme a esos ojos azules profundos que me suplicaban que me valla con el?

-Bien, me iré contigo si me dices tu nombre. –solté sin pensar. Valla estúpida.

-De acuerdo. Mi nombre es Eliott. Eliott Baldwin.- me tendió la mano.

-Lucy Rubells – se la acepte.

-Lindo nombre- susurro más para sí mismo que para mí.- Ponte el casco.- me tendió un casco negro con truenos azules.

-¿Qué?- me quede anonadada mirando el casco.

-Bueno si no quieres volar de la moto y romperte el cráneo con la calle.

Valla chico. Me había olvidado que tenía una motocicleta.

-Al menos que te de miedo, claro. En ese caso…

-Pff, ¿miedo? ¿Yo? – tome el casco y me lo puse.

Me miro con expresión divertida.

-¿Qué te piensas quedar aquí toda la noche?- le dije mirándolo, lo poco que me permitía el casco. Y se subió a la moto, señalándome la parte trasera con la cabeza, para que lo acompañara.

-Sera mejor que te agarres bien.- dijo a través del ruido del motor.

-¿Qué? – lo mire horrorizada.

Y salimos a toda velocidad, obligándome a abrazarme a él para no caer, esquivando los automóviles, que nos tocaban la bocina en ocasiones.

Recordaba la voz de mi madre en mi mente diciendo <<Que no me entere que te has subido a una moto señorita>> Pero en ese momento no me importo nada. Lo estaba abrazando, y sentía que volaba.

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...