Among angels.

Lucy Rubells, es la tipica chica con planes de graduarse, y viajar por todo el mundo. Pero eso se ve afectado pronto, cuando se muda y entra en el colegio Philifie y conoce a Eliott Baldwin. Un pecador de los cedidurent. ¿Es posible amar y odiar al mismo tiempo?

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1. Sipnosis

Sonaba el estribillo de “Heartbreak hotel” del cantante favorito de mi madre, Elvis Presley.

Well, since my baby left me,
I found a new place to dwell.
It's down at the end of lonely street
at Heartbreak Hotel.

You make me so lonely baby,
I get so lonely,
I get so lonely I could die

Estaba pintando. Siempre lo hace, desde que papa murió. Decía que no existía otra cosa que la haga sentir ella misma.

Hasta intento enviarme a clases de arte, pero resulto que era pésima con el pulso, y carecía de falta de imaginación.

Estaba bailando descalza con un pincel en su mano, y su camiseta manchada, bailaban sus manos sobre el caballete. Cuando me acerque para ver, contemple una figura que caía del cielo, al principio pensé que se trataba de un águila, y luego se trataba de un hombre  pálido con alas que le brotaban de su espalda, y en sus manos había una especie de daga pronunciada. Otro hombre desde arriba lo golpeaba con un látigo.

-¡Ah valla, Lucy me has pegado un susto de muerte!- Exclamo al verme detrás de ella contemplando su arte.

-Oh lo siento.- Me disculpe sarcásticamente- Pero no sé si suena legal despertar a tu hija un domingo a las 08:00 am con Elvis Presley.

Soltó una risita tonta. La verdad es que cuando reía lucia muy hermosa. Y no lo digo solo porque sea mi madre. Sus pecas que le cubrían sus mejillas, le hacían parecer mucho más joven, alrededor de unos ojos verdes, y su pálida piel. Tenía el pelo rojo recogido en un palillo chino.

-Bueno, tal vez tengas razón, a veces olvido que tengo de prisionera.- Respondió con una sonrisa, que dejaba unos dientes parejos, pero un poco amarillentos a causa de excedida cafeína.

-Cierto- Coincidí con otra sonrisa.

-¿Quieres chocolate?- Me ofreció- Hice tus galletas preferidas y las de tu herma…-  Se oyó interrumpida por un grito.

Y corrimos hacia la habitación de mi hermano.

-¡Daniel! ¿Qué ocurre?- Grito mi madre.- ¡Oh diablos! Tranquilízate cariño, todo va bien. Lucy, tráeme el inhalador por favor.

Me tomo dos minutos salir del trance. Estaba totalmente horrorizada, jamás le había visto a mi hermano escupir sangre de esa manera, y asustaba.

-¡Lucy, ahora!- Mi madre sonaba realmente alterada.

-¡Oh claro, enseguida!- Corrí hacia el baño y extraje el inhalador del bolso azul donde mi madre guardaba todos los medicamentos de Daniel. Lo cierto es que Daniel requería de una atención especial, ya que padecía el síndrome de Down, y además sufría de asma.

-Todo va bien cariño- Seguía diciendo mi madre cuando llegue a la habitación y le ofrecí el inhalador- Gracias Lucy, ahora llama al médico Joe, y dile que venga, es urgente.

Tardo  tan solo 5 minutos en venir.  Todos amaban a Daniel. En especial el oncólogo Joe, que lo conocía desde que descubrieron su caso, cuando nació. Todos decían que probablemente moriría a las semanas, pero, ¿Qué creen? Hoy tiene 8 años.

Después de que reviso a mi hermano, el doctor Joe se llevó a mi madre a la sala para hablar. Y yo me arrodille junto a la cama de Daniel, le tome la mano, y se la bese. Y luego gatee hasta la puerta para escuchar.

-Honestamente, ha sido un milagro que viviera todo este tiempo- le decía a mi madre, se veía muy preocupado, y entrecerraba los ojos dejando ver unas arrugas que le cubrían los ojos café y una piel morena, en unos alborotados cabellos blancos.- Pero creo que ya es suficiente Mady, no puede soportar más medicamentos, su físico ya no lo soporta.

Y entonces mi madre lloro, él le tomo la mano en gesto de consolación, y le ofreció un pañuelo. Y al cabo de 5 minutos, mi madre hablo.

-Bien, creo que no se puede vivir sufriendo, y queremos lo mejor para Daniel. Estoy tan agradecida con usted y todo su equipo por ayudarnos todo este tiempo, doctor.

-Lo se Mady, es mi trabajo, y debo reconocer que nunca me había encariñado tanto con un paciente.

Me pareció ver una lágrima en su rostro. Y la puerta se cerró tras él.

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