Sálvame

En el país de Inglaterra, todos brillan.
Jessica Dawson, es una joven de diecinueve años y tiene todo lo que una persona podría envidiar: Belleza, dinero, brillos y pasarelas. Pero hay algo que, definitivamente, nadie podría envidiar: Un padre demente y un hermanastro enamorado de ella; dispuesto a hacer lo imposible para que sea feliz de la manera que él quería.

Golpes, mentiras e insultos. En eso estuvo basada toda su niñez y adolescencia. ¿Existía una salida a todo esto? Tal vez. Tal vez, si su orgullo no lograba vencerla para acercarse a Zayn, un muchacho del mismo ambiente artístico. Un chico diferente al que Jessica no quería abrirle el corazón.

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1. capítulo 01.

 

Mire mi reloj, veinte minutos de retrazo. Miré la puerta de madera tallada de mí casa y me hundí en pensamientos… ¿Realmente quería entrar? ¡Por supuesto que no! ¡Llegué veinte minutos tarde! Ya sabía lo que me esperaba pero por más que quisiera, no podía dar media vuelta y marcharme. No tenía dinero encima, por algo no había tomado un taxi, ni alimentos, nada para sobrevivir al menos hasta el día siguiente ¡Pero que locas ideas abundan por mi cabeza, ¿No?! Adelante, hay que ser valiente y enfrentarlo todo.

Tome aire como si se tratase de vida o muerte… em, ¡Era de vida o muerte! Y giré la perilla de la puerta para entrar.

Silencio. No había ruido extraño. Ok, el silencio era desconocido en mi hogar, era una bendición en ese momento.

— ¡Jessica! — me exalté.

— ¿Qué carajo haces? —exclamé molesta.

—Solo quería darte una sorpresa— carcajeo.

—No vuelvas a hacerlo, Ian— suspiré frustrada y me encamine al living. — ¿Mi padre?

—Salió de compras con mamá.

Con SU madre.

Ian era mi hermanastro, por más que yo me negará a llamarlo así, lo era. Lo veía, más bien, como a un amigo, un mejor amigo porque teníamos edades similares, solo me sacaba un año de diferencia y nuestras peleas no eran por tonteras —comúnmente— eran como la de los amigos que descubren pequeñas diferencias entre ellos.

—Estaba aterrada— suspiré de alivió.

— ¿Aterrada? — artículo desentendido.

—Estem… sí, porque…— ¡Vamos cabeza de choclo, piensa! —Porque no le avise a papá que hoy llegaría un rato más tarde lo acordado, nada más.

¡Uf! Él no tenía ni la más pálida idea de como era la relación con mi padre.

—Cuando te vea aquí no sospechará nada— aseguro.

—Lo sé.

Fui por algo de comida al refrigerador y me prepararé un sándwich. Estaba muerta de hambre.

— ¿Cómo te fue? — tanteó un lugar vació a su lado.

—Bien. La producción de fotos estuvo genial.

Sí, era modelo. Me dedicaba a los desfiles y a hacer producciones de fotos para distintas marcas. Había hecho muchas para tener solo diecinueve años.

Pasaba horas y horas encerrada en un estudio o probándome ropa para algún desfile pero no me molestaba; amaba el brillo, el reconocimiento, la ropa ¡Todo!

— ¿De qué era?

—Era todo variado— bebí jugo.

—Quiero ser el primero en ver las fotos, eh— me apunto con un dedo antes de encender el televisor.

—Seguro.

Pasados los cuarenta minutos, se abrió la puerta y mi corazón se detuvo. El demonio, digo mi padre, había vuelto acompañado por Catherine, la madre de Ian, cargados con bolsas y para parecer atenta, fui a ayudarlos con estas, más Ian me siguió.

— ¿Cómo estas, linda? —beso mi mejilla, cariñosamente, Catherine.

—Bien, algo agotada ¿Tú?

—Bien. Gracias— dejo su cartera en el sofá.

—Hola Jessica— dijo serio. Típico.

—Hola— contesté de la misma manera y subí las escaleras para irme a mi habitación. ¿En el mismo lugar que mi padre? No, no lo toleraba. Tal vez debíamos convivir pero trataba de evitarlo lo más que podía.

— ¿A donde vas? — me detuvo con su hablar.

—A mi habitación, quiero dormir— ¡excusa!

—Hazlo luego de que conversemos.

— ¿Es importante? — fingí un bostezo.

—Todo lo que digo es importante— puse los ojos en blanco. —Ven conmigo a la habitación.

Se me adelante y no me quedo otra, tuve que seguirlo.

Una vez adentro de su habitación, que compartía con Catherine, me senté en los pies de la cama esperando que se siente a mí lado ¿Cómo podía esperar eso? Él se quedo de pie.

— ¿Qué es lo que quieres decirme ahora? — paseé mi vista por cada rincón de la habitación. No quería verle la cara.

—Mañana a las nueve de la mañana debes estar en el estudio con Rebecca Mon. Harás una sesión de fotos.

— ¿Perdón? — fruncí el ceño. — ¿A caso yo acepte?

— ¡Claro que aceptaste, maldita sea! ¡Yo firme esos papeles por ti! ¿Te olvidas que soy tú representante y tú padre? No te me vengas a hacer la pobrecita porque sé que acabas de volver de una sesión y mañana tendrás descansos y no lo harás sola el trabajo, hay un modelo más.

— ¿Un modelo? — ignoré por completo su comentario anterior, de no haber sido así: llegaríamos a una discusión que sobrepasaba las palabras.

—No recuerdo su nombre pero es de apellido Malik— se me acercó y me apuntó con su dedo índice. —Más vale que te comportes como una chica de tu edad, sino sabes lo que sucederá ¿No?

Comencé a reír con ironía pero con temor a la vez, mientras me ponía de pie.

—Me pegaras ¿No es así? ¡Hazlo ahora! — lo desafié.

—Sabes que lo haría pero están Ian y Catherine— apretó sus puños.

—Dios— tome mi sien en mis manos. —Que cínico eres— abrí la puerta pero antes de irme debía acumular toda la rabia que recorría por mi cuerpo. —Si Catherine te hubiera conocido como yo te conozco y como eres, realmente, ella hoy no estaría contigo.

Por mí lo hubiera gritado con todas mis fuerzas pero no quería otro golpe. No.

Cerré la puerta de un fuerte golpe dejándolo, seguro, con esas palabras resonando en su cabeza e hirviendo de la rabia.

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