Vida Misteriosa


Prefacio:

La vida no siempre nos complace. Tener recuerdos gratos o desagradables siempre los hay. Y aún sin saber sobre tu pasado puedes continuarla. Vivir sin padres a veces puede ser extraño. Más que extraño, enigmático. Sería terrible quedarse solo en el mundo… ¿Podrías creer que existen vidas misteriosas? Claro que si, tu misma vida puede ser misteriosa. Puedes tener hasta las más complejas interrogaciones sobre tu infancia sin respuestas. Tal vez, eres diferente a los demás, tal vez no. Tal vez, eres valiente para enfrentar cualquier cosa en la vida, tal vez no.
Arriesgarse es lo principal en una vida misteriosa. Si la tienes, heme aquí. En esta novela tendrás sorpresas y emociones muy fuertes. Te darás cuenta de que no eres la única persona en este mundo que vive cosas terribles. Si eres lo suficientemente valiente, pues léela. Si no lo eres, sal corriendo. ¿Estás seguro de leerla? ¿Te animarías a descubrir una nueva vida?
Supongo que si, por algo estás aquí leyendo est

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7. La acción comienza

 

 

Bill y yo nos miramos diciéndonos que la acción estaría por comenzar. Le dijimos a Heiden que no se moviera del escondite, y los dos fuimos muy sigilosos hacia la puerta de la casa de éste hombre peligroso.

— Tu ve para la puerta trasera, y yo me quedaré aquí para ver si se asoma… — Me dijo Bill susurrando con el bastón de defensa en la mano. Yo asentí y fui directamente hacia la puerta trasera de esa antigua casa.

— Sabía que vendrías Brigitte. ¿Cambiaste de opinión? ¿Vendrás conmigo? — Dijo Miber apareciéndose de golpe por detrás.

— Claro que no Miber. Tengo gas pimienta. Aléjate de mí. — Le dije apuntándolo con el gas.

— ¿Eso es lo único que tienes Keiment? Si que eres igual a tu madre. Igual de pobre como lo era. Indefensa. — Dijo malvadamente.

— Y tú que sabes de mis padres… — Le pregunté desafiándolo.

— Se mucho… Mejor dicho: Se TODO. Todo de ellos, de su vida, de ti, y de tu vida. Se todo. — Me dijo Miber acercándose a mi, lo cual hizo que yo lo apuntara nuevamente con el gas pimienta.

— Un paso más, y estarás sin ver por un largo tiempo. — Le dije amenazándolo.

— Tranquila. Hagamos una tregua. — Me dijo mostrando sus manos al aire.

— No confío en ti. — Le dije con un tono amenazante.

— Si tú vienes conmigo, nadie saldrá herido y te contaré todo lo que quieras sobre tu vida misteriosa. Solo ven conmigo. — Me dijo acercándose nuevamente hacia mí.

—           ¡Jamás! — Le dije tirándole gas en la nariz. Y Creo que fallé. Se supone que se lo debería haber tirado en los ojos.

El reacciona de manera natural y logra arrojarme al suelo dejándome inmóvil.

— Te lo voy a repetir una vez más. ¿Vendrás conmigo si o no? Si dices que si, todo estará bien. Si dices que no, vendrás conmigo por las malas. —

— ¿Y para qué me quieres? — Le dije demostrándole que no le tengo miedo.

— Lo descubrirás cuando vengas conmigo. — Me dijo atando mis muñecas con una cuerda.

— ¡Suéltame! — Le dije pataleando. Me carga sobre él, y yo reacciono mordiéndole el brazo lo más fuerte que podía. El me soltó y caí al suelo dándome un golpe muy fuerte. Pero no me rindo y le pongo la traba logrando que caiga. Es así que cuando trato de levantarme, el me vuelve a arrojar al piso. No podía fallar. Tenía que hacer algo. Como pude, le doy una patada en la cara y el se aleja quejándose.

Gracias a Dios, Bill se acerca y ve lo que sucedía. Accede a pegarle a Miber para defenderme, pero es inútil, ya que Miber sale corriendo.

—           ¡Bill, se escapa! — Dije quitándome la soga de mis muñecas.

Los dos fuimos corriendo a perseguirlo, pero no lo alcanzamos porque el se subió a su avioneta y arrancó vuelo.

— ¡¡Heiden!! Busquémosla y salgamos corriendo! — Dije apurándome antes de que Miber nos persiga con su avioneta…

Nos encontramos con Heiden que seguía en su escondite, y los tres salimos corriendo lejos de aquel lugar donde nuestra misión había fallado.

— ¡No puede ser! ¡Fallamos! — Dijo Bill arrojando su bolso a la entrada de nuestra casa.

— Lo se Bill, pero no nos rendiremos hasta que Miber esté donde corresponda. — Dije yo recostándome en el sofá.

— ¡Hombre feo y tonto! ¿Cómo logró escaparse? — Dijo Heiden reprochando…

— No lo se Heidy, pero Miber tiene algo escondido debajo de sus mangas… — Dije pensando…

— Bueno, lo importante es que ahora estamos en casa protegidos. Mañana será otro día difícil. — Dijo Bill tomando jugo.

— No quiero que le pase nada a Brigitte — Dijo Heiden triste.

— Yo tampoco… por eso, no hay que permitirle a ese hombre que se la lleve… — Dijo Bill muy confiado.

— Gracias por ayudarme chicos… — Dije un tanto emocionada…

Cuando se hizo muy de noche, los tres nos fuimos a dormir. Creo que no pude dormir en toda la noche pensando en para qué me querría Miber. ¿Me haría algo malo si voy con él? ¿Me mataría? No lo se… pero para algo me quiere. Me preocupa saber que podría entrar a mi casa sin ningún problema y hacernos daño a los tres. No quiero perjudicarlos a ellos por mi culpa…

— ¡Brigitte! ¡Despierta! — Dijo Heiden despertándome de mis 15 minutos de sueño…

— ¿Qué ya es mañana? — Dije dormida…

— ¡Si! ¡Tenemos que atrapar a Miber! — Dijo la pequeña muy emocionada…

— Cinco minutos más… — Dije volviéndome a acomodarme en mi cama

— ¡No! ¡Ya es hora! ¡Brigitte! ¡Levántate! — Dijo Heiden sacudiéndome de la cama… — ¡Si, si! Ya voy… — Y me levanto para darme una pequeña ducha…

— Bill nos espera en el auto. — Dijo Heiden retirándose de mi cuarto.

Dormida y todo, me preparo para enfrentar nuevamente a algo que ya me estaba preocupando: Miber. Pero sin importar lo que pensaran mis pensamientos, me subí al coche y comenzamos nuestro camino para ir nuevamente hacia el campo abandonado.

— ¿Te encuentras bien Brigitte? — Preguntó Bill muy preocupado.

— Si… — Respondí disimulando el gran sueño que tenía atrasado…

— Claro que no. Necesitas descansar. — Me dijo Bill.

— ¡No! Quiero atrapar a ese hombre si o si. — Le dije muy segura.

— Por supuesto que no. Volveremos a casa y así podrás descansar. — Me aclaró Bill.

No di respuesta alguna, porque el sueño me había ganado en el viaje de vuelta a casa. Antes de llegar, me despierto porque Heiden empieza a decir:

— ¡Miren! ¡Las piscinas del parque Flores! ¿Te acuerdas Brigitte cuando las dos nos sumergimos en la piscina más gigante? ¡Fue genial! ¿Podemos ir a meternos al agua? ¡Porfis! — Dijo Heiden señalando muy contenta el hermoso paraíso del parque Flores.

— No Heidy, Brigitte está muy cansada… tal vez otro día… — Dijo Bill.

— No Bill, vallamos… me traen muchos recuerdos ese parque… — Dije sonriendo.

— ¡¡Si!! — Gritó Heiden festejando. Bill estacionó el auto dentro del parque y los tres bajamos…

— ¿Y la gente? Se supone que debería estar lleno el lugar… — Dijo Heiden mirando hacia todos lados…

— Debe ser porque estarán todos de vacaciones… — Dije yo despabilándome por la felicidad de estar en el parque.

— ¡Vamos a las piscinas! — Dijo Heiden corriendo hacia una de ellas…

— Que extraño… parece que nadie las limpió por años… — Dijo Bill mirando las piscinas con aguas verdosas.

— ¡Wacale! — Acotó Heiden con cara de asco.

— ¿Necesitan algo? — Dijo la dueña del parque asomándose hacia nosotros…

— Si, veníamos para pasar un rato en las piscinas pero vemos que están sucias y… — dije rápidamente cuando la señora la interrumpe.

— ¡Oh! Lamento decirles que no pudimos limpiar nunca más las piscinas… No solo porque no queramos. Sino porque algo lo impide… No sabemos que es. Pero estamos seguros de que en el fondo de la más grande, hay algo que no deja pasar el agua del filtro. Y temo que tendremos que cerrar el parque permanentemente. Ya nadie viene porque las piletas están sucias. — Dijo la señora.

— Bueno, creo que nos iremos… — Dijo Bill sacando las llaves del auto.

— Señora. ¿Hay algo que podamos hacer para salvar su parque? — Dije ofreciéndome para ayudarla.

— Temía que eso pasara — Dijo Bill tocándose la frente…

— Si ustedes quieren, ¡Sería una gran alegría que nos ayudaran! ¿Cuánto piden? — Dijo la señora muy feliz.

— ¡Por supuesto que nada! Todo por el parque… — Dije yo de una manera amable.

— ¡Muchas gracias chicos! Ahora me debo ir, pero más tarde volveré para también ayudarlos en lo que necesiten. Tan solo fíjense si hay algo que tapa el tubo del filtro del agua. ¿Podrían destaparlo? — Dijo la señora.

— ¡Claro! ¡No hay problema! — Dije yo. Tan solo decir eso, la señora nos agradeció muy contenta y se fue quedando nadie más que nosotros tres en el parque.

— Brigitte, vallamos a casa… Deja que otros lo hagan… No siempre hay que encargarnos de todo… — Dijo Bill haciéndome entrar en razón.

— Bill, para Heiden y para mi este parque significa mucho. Y no dejaremos que lo cierren. — Dije yo acercándome a la piscina gigante.

— ¡Eso! — Le dijo Heiden en la cara a Bill.

— ¿Y qué piensas? ¿Meterte en la piscina infinita totalmente sucia? — Dijo Bill entre-cruzando sus brazos.

— No. Nos meteremos los dos. Tu también me tienes que ayudar. — Le dije dándole una orden.

Bill se negó todo el tiempo. Pero al final, logré hacer que cambie de opinión. La verdad, es que la piscina es muy grande. Tiene 10 metros de alto, 30 metros de largo, y 20 metros de ancho. Era muy desagradable la vista del agua que llevaba. Pero con una aspiradora para aguas podríamos sacar lo que estaba allí adentro que impedía que el líquido se limpiara…

— ¡Wacale! ¡Está muy sucia! — Dijo Heiden tapándose la nariz.

— Que asco… — Dije yo, entrando al agua por las escaleras de la piscina.

— Bill, alcánzame la aspiradora… — Dije señalando la máquina que estaba a un lado…

Cuando Bill me la alcanza, creo haber escuchado el motor de una avioneta aproximarse.

— ¡Es Miber! — Dice Heiden asustada.

— ¡Rápido! ¡Métanse al agua antes de que nos vea! — Dije yo apurándolos.

Bill y Heiden se tiran al agua. Pero Miber ya nos había visto y con su avioneta se acerca a la piscina riéndose malévolamente. Creí que iba a estacionarla pero no fue así. Miber tenía pensado atraparme como si fuera él un pájaro que estaba por cazar su alimento y yo un pez en el agua que trataba de escapar de su depredador. Amagaba con su avioneta todo el tiempo. Haciendo que yo me sumergiera en el agua sin poder respirar ni un segundo. Heiden y Bill hacían lo mismo. Cuando vuelvo a sacar la cabeza para volver a respirar, Miber pasa con su avioneta muy cerca de mí y casi me atrapa rozando su mano en mi brazo.

— ¡Rápido, salgamos de aquí! — Dijo Bill nadando hacia las escaleras de la piscina. Rápidamente comienzo a nadar desesperadamente para huir de este embrollo. Pero Miber vuelve a amagar. Tomo bastante aire y me sumerjo en el agua nuevamente. Cuando necesitaba volver a respirar, saco la cabeza. Y no fue más que un segundo en que Miber me tomó del brazo y logró atraparme.

— ¡Suéltame! — Le dije golpeándole la espalda.

Al parecer no le afectó. Yo estaba toda mojada y me costaba movilizarme. Ya que él me ató las muñecas, los pies y me encintó la boca. No dejaba de gritar porque quería huir. Y lo único que pasaba por mi cabeza era: ¿Qué aré ahora? ¿Qué será de mí? ¡Auxilio!

-Continuará-

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