Vida Misteriosa

Prefacio: La vida no siempre nos complace. Tener recuerdos gratos o desagradables siempre los hay. Y aún sin saber sobre tu pasado puedes continuarla. Vivir sin padres a veces puede ser extraño. Más que extraño, enigmático. Sería terrible quedarse solo en el mundo… ¿Podrías creer que existen vidas misteriosas? Claro que si, tu misma vida puede ser misteriosa. Puedes tener hasta las más complejas interrogaciones sobre tu infancia sin respuestas. Tal vez, eres diferente a los demás, tal vez no. Tal vez, eres valiente para enfrentar cualquier cosa en la vida, tal vez no. Arriesgarse es lo principal en una vida misteriosa. Si la tienes, heme aquí. En esta novela tendrás sorpresas y emociones muy fuertes. Te darás cuenta de que no eres la única persona en este mundo que vive cosas terribles. Si eres lo suficientemente valiente, pues léela. Si no lo eres, sal corriendo. ¿Estás seguro de leerla? ¿Te animarías a descubrir una nueva vida? Supongo que si, por algo estás aquí leyendo est

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8. Captura

 

No puedo creer que Miber me haya atrapado. Si tan solo hubiéramos ido a casa… Si tan solo le hubiera echo caso a Bill. Tengo que aprender a hacerle caso. Bill siempre ah sido precavido y yo siempre soy la que me arriesgo… Quedé como una tonta. ¿Ahora qué aré si Miber me atrapó? Mejor dicho… ¿Qué me hará?

Trato de moverme pero no puedo. Miber me tiene bien sujetada.

— Ahora si vendrás conmigo — Dijo Miber volteando para mirarme. Yo solo lo miro muy enojada como que no me importa lo que él haga. Tenía la boca encintada. No podía hablar ni gritar. Mis intentos serían en vano.

Luego de 10 minutos de insistir e insistir de lograr escapar, Miber aterriza en una zona abierta… Baja sus cosas y luego me baja a mí. No reconocía el lugar. Estaba totalmente desorientada. Al cabo de 3 minutos, me lleva con su camioneta hacia una casa muy lujosa. Era muy linda, por cierto. Creo que esa es su casa… Esperen… ¿El no vive en Irlanda? ¿A caso estoy en Irlanda? No, no creo que eso sea posible… fueron solo 15 minutos de viaje… Tendrían que ser varias horas… ¿Dónde estoy? Esto era lo único que decía mi mente todo el tiempo. Cuando ni cuenta me había dado, ya estaba dentro de ésa casa. Era muy peculiar por dentro… Parecía un hotel de cinco estrellas.

— Siéntate cómoda… — Me dice el canalla quitándome la cinta de mi boca.

— ¡Déjame ir! — Le dije al instante.

— Claro que no. Ahora, tú eres propiedad mía. Tu habitación está arriba en el pasillo 11 a la derecha. — Me dice Miber tomando el diario.

— No entiendo. ¿Para que me trajiste? ¿Para qué me quieres? — Dije tratando de quitarme la soga que ajustaba mucho mis muñecas.

— Ya lo sabrás… — Dijo el idiota tomando café.

— Y porqué no lo haces ya, así lo se… — Le contesté de mala gana.

— Todo a su tiempo niña. — Me dijo muy calmado.

— Cuando venga Bill, no te podrás salir con la tuya… — Le dije mirándolo con desgano.

— Tu amiguito no podrá encontrarnos jamás. Estamos muy lejos de tu casa. — Dijo Miber sacando una carcajada.

— ¿Y ahora que quieres que haga? — Le dije muy enojada.

—           Empecemos quitándote las sogas… Pero te quedas tranquila ¿Si? — Me dijo asomándose

— Si. — Le respondí sabiendo que no era cierto… — Es extraño… tú no eres un secuestrador violento. Digo no, hay secuestradores que te golpean y golpean sin importar nada… Hasta algunas de sus víctimas mueren, o los secuestradores los asesinan… ¿Tú no harás eso conmigo no? — Le pregunté algo curiosa mientras el me quitaba las sogas de mis muñecas y pies.

— Claro que no. Te necesito para otras cosas más importantes… — Me dijo Miber terminando de quitarme las molestias de mis muñecas. Inmediatamente, intenté nuevamente arrojarlo al piso usando mis prácticas de karate pero fueron inútiles.

—           Parece que no entiendes Brigitte. — Dijo el atándome el cuerpo con soga en una silla. Nuevamente, estaría sin moverme por un largo rato… ¡Tonta! ¡No te sale nada bien!

Pude notar como Miber se fue al piso de arriba dejándome sola. En eso, veo que un teléfono estaba a un lado, muy cerca… Trato de saltar con la silla para alcanzarlo y llamar a Bill. Tenía que salir de aquí.

—           ¿Qué haces? — Dijo Miber bajando por las escaleras rápidamente… Se acerca a mí, y me corre a un lugar donde no tenga ningún objeto a la vista.

Pasaban horas y yo seguía atada a esa maldita silla. Estaba totalmente aburrida. Lo único que hacía era observar como Miber hacía sus cosas. Como: leer, escribir, comer, ver la televisión, subir hacia arriba y muchas cosas más que me hacían dormir…

— ¿Tienes hambre? — Me preguntó Miber.

—           No. — Le respondí muy enojada.

—           Mira, si prometes no tratar de huir, te dejaré ir a tu habitación tranquila. ¿Quieres? — Me dijo Miber tratando de hacer un trato conmigo.

— De acuerdo. — Dije rendida. De inmediato, Miber me quitó las sogas de mi cuerpo y quedé libre. Me alejé de él por completo, y subí por las escaleras corriendo… Pude notar lo lujoso que era el piso de arriba… ancho, paredes bien pintadas, cortinas de seda, ventanales muy limpios y cuidados, y muchas habitaciones y pasillos que daban a conocer, como anteriormente dije, a un hotel. Pero comienzo a acelerar cuando escucho a Miber subir por las escaleras… Rápidamente corro hacia el pasillo 11, a la derecha, donde me había dicho que estaba mi habitación. Porque si no me vería en mi habitación, creo que sería peor. Entro muy apurada a mi supuesta habitación, y cierro la puerta. Quise cerrarla con seguro, pero no tenía. Volteo, y pude observar lo hermosa que era esta habitación. Doble cama, escritorio, alfombras, ventanas en forma de estrellas, dibujos en la pared, y un armario gigante color rosado. Las paredes eran de color crema. Muy preciosas. Pero pego un gran salto, al notar que Miber abre la puerta y entra a la habitación. Pude sentir como mi corazón comenzó a latir fuerte y marcadamente. Creo que esta vez si temía que algo pasara porque Miber me observaba de arriba hacia abajo con cara media atrevida.

—           Si que te pareces a tu madre — Me dijo él sonriendo.

—           ¿Y quién te preguntó? — Le dije de mala forma.

—           Tranquila preciosa, no seas mal genio. — Me dijo acercándose a mi…

—           ¡No te acerques! — Le dije gritándole.

—           Muy bien, de acuerdo, no me acerco más… ¿Te gusta tu habitación? — Me preguntó.

— Si, eso creo… — Le contesté algo enojada frotando mi hombro.

—           ¿Tienes frío? — Me preguntó.

— Un poco… — Le respondí algo tranquila.

—           Ahora te traeré algo de ropa para que uses… — Me dijo marchándose de la habitación.

Luego de 5 minutos, Miber vuelve a entrar con algo de ropa y me los coloca arriba de mi cama.

—           Con eso basta. Te dejaré que te arregles. Luego baja a cenar. ¿De acuerdo? — Me preguntó de buena forma.

— Si. — Le contesté tomando las prendas de ropa que estaban en la cama.

Él se retira de mi habitación y yo de inmediato trato de abrir las ventanas pero era imposible. Me recuesto en la cama y creo que me quedé dormida por 10 minutos… Me levanto rápidamente un poco asustada, tomo la ropa y entro al baño. Cierro con traba y me doy una ducha. Luego me cambio, y salgo…

—           Veo que ya estás lista… ¿Te gusta el sushi? — Me preguntó Miber saliendo de una habitación.

—           Si… — Le dije con mi tono de voz muy bajo.

—           Bueno, entonces la cena está lista. — Dijo bajando las escaleras. Yo lo imito y también voy directo hacia el piso de abajo. Me siento en la mesa, y había sushi servido. Lo probé, y era realmente rico. Pero como no tenía mucha hambre, solo me comí una porción pequeña.

— ¿No quieres más? — Me preguntó muy amable.

—           ¿Por qué eres así? ¿Porqué no me dejas ir y ya? ¿Para que me necesitas? — Le dije gritándole de mala forma…

—           ¿Quieres saber? — Me preguntó Miber.

—           ¡Si! — Le grité.

—           No te lo diré. — Me volvió a decir. Yo solo protesté y entre-crucé mis brazos despreciando la comida. Al terminar la cena, vuelvo a mi habitación y me recuesto en la cama. Me estaba quedando dormida del cansancio, ya que el otro día no había pegado los ojos en toda la noche. Creo que llevo 48 horas sin dormir. Pero me despierto rápidamente al sentir que Miber volvió a entrar a mi habitación.

—           ¿Qué quieres? — Le pregunte enojada.

— Nunca creí que ibas a ser así. — Me dijo mirándome fijamente.

—           ¿Así como? — Le pregunté de mala forma.

—           Así de perfecta. Eres más bonita de lo que había pensado. — Me dijo, nuevamente, mirándome de manera atrevida.

—           Nadie te pidió opiniones — Le dije corriéndole la mirada.

—           Eres hermosa… — Dijo acercándose cada vez más hacia mí…

—           Te dije que no te acercaras. — Le dije amenazándolo.

—           ¿Y porqué? — Me dijo tocándome el cabello.

—           ¡Porque no quiero! ¡No me toques! — Le corrí la mano de mi cabello y me alejo de él. Pero luego reflexiono y me tranquilizo para preguntarle algo…

— ¿No me harás daño o si? — Le pregunté algo atemorizada.

— Hoy no. Tal vez mañana. Me iré para que descanses y te tranquilices… — Dijo levantándose y marchándose. Yo solo me quedé congelada por un largo tiempo y luego caigo rendida en un sueño profundo… No recuero haber soñado nada. Ya que mi mente no podía del cansancio que tenía. A la mañana siguiente, despierto con un gran susto, al sentir que Miber estaba acariciando mis piernas. Lo empujo y salgo corriendo hacia al baño cerrando la puerta con seguridad. Comenzaba a sentir mi respiración agitada ya que me había despertado muy rápido y había corrido hasta aquí. Lavo mi cara y la

Seco con una toalla muy suave… el baño olía a rosas y jazmines. Un aroma demasiado agradable.

Ahora si temía que me haga algo. Solo espero, que no sea grave…

-Continuará-

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