Vida Misteriosa


Prefacio:

La vida no siempre nos complace. Tener recuerdos gratos o desagradables siempre los hay. Y aún sin saber sobre tu pasado puedes continuarla. Vivir sin padres a veces puede ser extraño. Más que extraño, enigmático. Sería terrible quedarse solo en el mundo… ¿Podrías creer que existen vidas misteriosas? Claro que si, tu misma vida puede ser misteriosa. Puedes tener hasta las más complejas interrogaciones sobre tu infancia sin respuestas. Tal vez, eres diferente a los demás, tal vez no. Tal vez, eres valiente para enfrentar cualquier cosa en la vida, tal vez no.
Arriesgarse es lo principal en una vida misteriosa. Si la tienes, heme aquí. En esta novela tendrás sorpresas y emociones muy fuertes. Te darás cuenta de que no eres la única persona en este mundo que vive cosas terribles. Si eres lo suficientemente valiente, pues léela. Si no lo eres, sal corriendo. ¿Estás seguro de leerla? ¿Te animarías a descubrir una nueva vida?
Supongo que si, por algo estás aquí leyendo est

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5. Bill

 

— Ven, siéntate conmigo — Me dijo Bill sentado en el sofá mirando la tele.

— ¿Y Heiden? — Le pregunté sentándome a su lado.

— Está durmiendo en su cuarto. Estaba muy cansada. — Me dijo con su cara de ternura.

— Heiden es tremenda. ¿Cómo se va a ver otra película sin nuestro permiso y con un extraño? — Le dije yo lamentándome.

— Si, lo se. Ya hablé de eso con Heiden y está arrepentida. Dice que no lo volverá hacer. —

— Menos mal. — Logré decir aliviada. En ese momento, hubo un silencio…

— Eres muy valiente. — Me dijo Bill rompiendo el silencio y mirándome a los ojos.

— Solo me defendí. No quería separarme de ustedes. — Le respondí devolviéndole la mirada.

— No se que haría si no estarías conmigo o si nunca te hubiera conocido Britt… — Me dijo Bill muy dulcemente.

— Y yo no se que haría si nunca hubieras existido — Le respondí en un tono muy dulce. Podía ver en sus ojos, un brillo muy especial. Los dos nos sonreíamos mutuamente y siento como Bill toma mi mano suavemente. Creo que sentí algo especial en él. Como si me quisiera decir algo… pero solo los dos estábamos en silencio. Sentía que Bill cada vez se acercaba más a mí. Yo hago lo mismo, y los dos cada vez estábamos más cerca de besarnos hasta que escuchamos unos pasos que se acercaban del pasillo y nos separamos rápidamente.

— Brigitte, me duele la pancita — Dijo Heiden media dormida con su conejito llamado “Lirio” en sus brazos.

— ¿Quieres que te prepare un té? — Le dije.

— Si por favor. — Y bostezó.

Fui a prepararle el té a Heiden. Pobrecita. Tal vez le duele por los nervios de hoy o por haber comido mucho chocolate a la mañana.

— Aquí tienes — Le dije entregándole el té a Heiden.

— ¿Quieres que te lo lleve a tu habitación así lo bebes allí? — Le pregunté acariciando su mejilla.

— Si — Respondió.

— Bueno. — La llevé a su recámara. La recosté en la cama y le di su te. Ya era de noche así que era justo la hora de dormir.

— Bueno, si necesitas algo avísame. ¿Si? Recuerda que mañana es el último día de clases y tendrás vacaciones por tres meses. Así que no quiero reproches ¿Si? — Le dije tocándole su sedoso cabello.

— Si-pi. — Me dijo.

— Hasta mañana princesa — Le dije dándole un beso en la mejilla.

— Hasta mañana Brigitte. Te quiero. — Me dijo Heiden muy tierna.

— Yo igual mi amor. — Apagué la luz, y le dejé la puerta entre-abierta como a ella le gusta.

— ¿Se durmió? — Me preguntó Bill detrás de mi.

— Creo que si… — Le dije yo algo tímida por lo que casi sucedió hace un momento. Y ambos nos sonreímos.

— ¿No crees que sería peligroso seguir aquí y que ese hombre nos encontrara? — Le pregunté.

— Si, tienes razón. Si quieres, mañana como los dos tenemos día libre, podemos ir a avisarle a la policía sobre un hombre que te quiere secuestrar. — Me respondió Bill.

— Si, así voy a estar más tranquila. Pero ahora quiero cerrar todas las puertas y ventanas para que nadie entre. — Le dije cerrando una ventana.

— ¿Tienes miedo? — Me preguntó el con una sonrisa provocativa.

— No. Solo soy precavida Bill — Le Respondí cerrando la puerta con seguro.

— Que extraño. Por primera vez en la vida, noto que Brigitte Keiment tiene miedo. ¡Si que es una novedad! — Me dijo Bill a carcajadas.

— ¡¡Bill!! — Le dije golpeándole el hombro.

— ¡Aauu! Ya veo porque ese hombre cayó desmayado. Pegas muy fuerte… — Dijo frotándose el hombro.

— Ja ja, ahí tienes. Y no tengo miedo. Nunca tengo miedo. — Le dije con el dedo mandón. — Buenas noches. — Le volví a decir mientras me iba a mi cuarto.

— ¡Espera! ¿No ibas a hacer algo? — Me preguntó deteniéndome.

— No. — Le respondí.

— ¿Hablar sobre algo? — Me volvió a preguntar.

— No. ¡Ah si! a hablarte sobre que me tengo que ir a dormir. Buenas noches Bill. —

Y entré rápidamente a mi habitación muy feliz. No podía creer lo que casi había pasado hoy. ¿Bill sentirá algo por mi? No lo se. Solo que no quería apresurar las cosas. Es obvio que yo estoy derretida por él. Pero eh aprendido a disimular con el tiempo. ¿Quién no va a aprender a disimular cuando te comías los pasteles de la bruja del orfanato sin que se diera cuenta y luego interrogue uno por uno para ver quien se lo había comido? Hmm, creo que yo. Me olvidé por completo sobre lo que había pasado hoy con ese hombre y estuve pensando toda la noche en Bill y lo que había pasado… Para mi fue un momento mágico y único.

A la mañana siguiente, el reloj comenzó a sonar y lo apago casi arrojándolo al piso. Me preparo para llevar a Heiden a la escuela y voy a despertarla…

— Heiden, vamos a la escuela. Hoy es el último día. — Le dije en el oído.

— Uhh — Protestó.

— Tienes quince minutos para prepararte. — Le dije retirándome de su cuarto.

— Buenos días Brigitte. — Me dijo Bill sonriente.

— Buenos días Bill. ¿Descansaste bien? — Dije yo guardando las cosas de Heiden en su mochila.

— Si, muy bien… Deja que hoy lleve a Heiden… quédate en casa. No quiero que te vuelvas a encontrar con ese Hombre otra vez. — Tomando la mochila de Heiden.

— Gracias Bill. No hace falta que lo hagas por mi. — Le dije con una gran sonrisa en el rostro.

— No me molesta para nada. A demás, no me cuesta nada. Deja que la lleve yo. — Me volvió a insistir.

— De acuerdo. Gracias Bill. — Le dije mirándolo a los ojos.

— Por nada Britt. — Me contestó con su mirada en mis ojos.

— Ya estoy lista Britt — Dijo Heiden.

— Hoy te llevará Bill. — Le dije.

— ¡Oh no! Va a asustar a todos mis compañeros varones para que no se acerquen a mi — Dijo haciendo puchero.

— Lo lamento loquita. Pero hoy te llevará Bill. — Le volví a repetir lo mismo. A esta niña, hay que repetirle las cosas para que las entienda.

— Buuh, está bien. — Protestó.

Cuando Heiden terminó de desayunar, Bill la llevó a su colegio y yo me fui a duchar. Cuando salí, Bill ya había vuelto a casa.

— Que rápido llegaste — Le dije.

— Es que Heidy no quiso que entrara al colegio para no avergonzarla frente a sus compañeros… Podía jurar que ese niño que dice ser su novio estaba esperándola… — Me dijo.

— Esta niña no aprenderá más. ¿De donde aprendió esas cosas de novios? — Pregunté.

— No lo se… tal vez leyó tus revistas que siempre dejas arriba de la mesa. — Me dio a entender.

— ¡Hay pero es un segundo! Luego las escondo en mi cuarto. >Y me pongo a pensar< … Creo que no podré leer nunca más mis revistas ¿No? — Pregunté.

— Creo que no… — Me dijo Bill.

— Pero tampoco jugarás a los juegos de terror y guerras en la Play. — Le advertí a risas.

— ¡No Vale! — Protestó Bill mientras se reía.

— Pierdo yo, pierdes tú. — Le dije.

— ¿Quieres algo de comer antes de salir para hablar con la policía sobre lo de ayer? — Le pregunté.

— No, gracias Britt. — Me dijo.

— De acuerdo, Entonces no comerás budín que compré ayer ¿No? Justo tus favoritos… Pero gracias, los comeré todos yo. — Le dije mostrándole los budines apropósito.

— ¡Si, si quiero! ¡Dame! ¡Dame! — Trataba de quitarme los budines de la mano. Yo solo lo esquivaba y salía corriendo para esconderlos.

— ¡Ahora si me dio hambre! — Decía mientras me corría por toda la casa.

— ¡No! ¡Me los comeré todos yo! — Lo burlaba. Pero las corridas no duraron mucho porque Bill logró atraparme y quitarme los budines para comérselos todos.

— ¡Vuelve aquí con los budines! — Le decía mientras corría. Pero me detuve de golpe ya Bill entró a su habitación y cerró la puerta con seguridad. Esta vez me quedaré sin budines para comer, de nuevo. Así que me rendí de perseguirlo, y me fui a comer otra cosa que no sean budines. Porque ya no hay más. Después de 20 minutos, Bill volvió.

— ¿Y los budines? — Pregunté.

— Me los comí a todos. — Decía Bill a carcajadas.

— Malo, no me dejaste ni uno. — Le dije haciendo pucheros.

Una vez listos, Bill y yo salimos en el auto y fuimos directo a la comisaría para informar sobre el hombre que nos está persiguiendo. O mejor dicho, que me está persiguiendo.

— Los entendemos perfectamente. — Dijo el oficial.

— En Londres hubieron varios secuestros de chicas que empiezan con la letra: “B”. Pero todas fueron devueltas porque no era la que estaba buscando. El hombre se llama: Miber Jake. Nacido en Dublín, Irlanda. Fue el asistente de los dos detectives más grandes del mundo: Erika Slim y Faib Keiment.

— ¿Faib Keiment? ¿Acaso ellos no eran mis padres? — Dije confundida. — O sea, que el los conocía… —

— Si, y suponemos que el mató a sus padres. Pero no sabemos porque. Temo que no podremos hacer nada. — Nos dijo el oficial.

— ¿Cómo no pueden hacer nada? ¡Ustedes son policías! Especialistas en todo los delitos. — Dijo Bill molesto.

— Bueno, en realidad, si podemos hacer algo… Pero es muy riesgoso. — Dijo el oficial mirando para todos lados.

— Hagan lo que hagan, será mejor que rápido. Sea lo que sea ¡Ayúdenos! — Dije desesperada por una respuesta.

— Muy bien. Acompáñenos. Los dos. — Dijo el oficial.

Bill y yo solo nos miramos sin entender nada de lo que nos trataba de decir. El oficial nos condujo a una sala donde podíamos estar los tres solos y nos dijo:

— La única manera de solucionar el problema, es que nosotros no lo resolvamos. Sino ustedes. — Nos dijo apoyando su mano en el escritorio lleno de papelerío.

— ¿Qué? ¿Nosotros? ¡Ustedes se tienen que encargar de esas cosas! ¡Nosotros no podemos! ¡No somos especialistas como ustedes! — Dijo Bill enojado.

— Lo se, pero ustedes lo tienen que hacer, o nadie más puede. Créanme. No les puedo decir porque. No puedo. Ustedes dos deben actuar. Si quieren, les prestamos todos los materiales necesarios para atrapar a ese hombre que cometió muchos secuestros y delitos. Les daremos todo lo que necesiten. Pero nosotros no podemos hacer nada más que eso. — Dijo el oficial un tanto apenado.

Yo suspiré y miré a Bill. Moví mi cabeza diciendo que si. Y los dos aceptamos la oferta. Sé que sería difícil pero lo haremos. No sería bueno que ese hombre siga suelto secuestrando y cometiendo delitos en este país. Creo que seremos como una especie de “Detectives” o algo así. Se cumplirá el sueño de Bill. Porque él desde pequeño siempre quiso ser detective. Y los dos jugábamos que secuestrábamos a la bruja. Esos momentos fueron muy divertidos a pesar de los conflictos que teníamos.

— Los esperamos mañana a las 13:00 HS para enseñarle algunos trucos y entregarles los materiales. ¡Adiós! — Nos dijo el oficial cerrando la puerta.

— Bueno, creo que los policías hoy en día son más cobardes que una mariposa. — Dijo Bill algo confundido.

Fuimos a buscar a Heiden al colegio y ella nos recibió muy contenta porque estábamos los tres juntos. Nos mostró sus notas finales y eran muy elevadas. Estaba muy orgullosa. Heiden había terminado tercer grado como alumna sobresaliente.

Después de pasear por el centro comercial, fuimos a tomar un helado. Yo pedí de Crema y dulce de leche, Heiden pidió banana y dulce de leche con chocolate. Y Bill pidió Limón y Chocolate. Los tres nos divertimos mucho paseando por la ciudad. También fuimos a almorzar a un restaurante italiano y comimos pasta. Luego, volvimos a casa exhaustos y yo me puse a leer un libro llamado: “Misterio Resentido”. Era muy interesante. Trataba sobre una mujer que ayudaba a los demás recuperando su vida perdida junto con su hermana la famosa detective: Fabiana Rimox. ¿Extraño no?

Pero alguien interrumpe mi lectura…

— Brigitte, ¿Podemos hablar un momento? — Me preguntó Bill amablemente.

— Si, claro Bill… dime — Le respondí.

— ¿A solas podría ser? — Me dijo señalando con la mirada a Heiden que estaba jugando con sus muñecas.

— Bueno… — Le dije… Y me llevó a la sala de estudio…

— ¿Estas segura de enfrentarte contra ese hombre Brigitte? — Me preguntó Bill.

— ¡Claro que si! No le tengo miedo… — Le dije despreocupada…

— ¿Y si fallamos y te hace daño…? — Preguntó Bill algo preocupado.

— ¡Claro que no fallaremos! Los dos podemos contra él. Es más, tendremos armas y cosas que la policía nos prestará. — Le contesté.

— ¡Pero es muy riesgoso! ¿Qué haremos con Heiden? — Me preguntó.

— La dejaremos con una niñera. Y le diremos que tendremos que hacer unos trámites. Bill, no estés preocupado. Si pude derrotarlo una vez, podremos los dos contra él. ¿No escuchaste al oficial? Si logramos capturarlo, nos darán una gran recompensa… — Le dije abriendo lo ojos.

— Tienes razón.. — Dijo Bill con una sonrisa.

— A menos, que tu tengas miedo… — Le dije en modo de burla…

— ¡No! ¡Claro que no! — Dijo Bill haciendo una mueca.

— Bueno, si me disculpas, seguiré leyendo mi libro… — le dije tomando mi libro de lectura.

— ¡No espera! — Dijo Bill deteniéndome. — Te quería preguntar otra cosa… — dijo algo tímido.

— ¿Qué cosa Bill? — Le pregunté mirándolo a los ojos…

El tomo mi mano y luego corrió su vista hacia mis ojos. Creo que esta vez, si sabía lo que ambos sentíamos y lo que me quería preguntar. Era un sentimiento que nos unía. Tenía nervios, vergüenza, mucha, pero mucha vergüenza. Su mirada me hipnotiza… sus labios me atraen. Pero como buena niña que soy, nunca me he atrevido a decirle lo que siento… Es tan dulce, cariñoso, tierno, comprensivo… ¡Me derrito!

No pude resistir, y fui acercando mi rostro al de él. Bill me tomó de la cintura y yo a él del cuello. Sentía un escalofrío recorrer mi cuerpo. Lo sentía más cerca que nunca. Ambos ya estábamos por besarnos pero escuchamos una pequeña voz que nos interrumpe diciendo:

— ¿Qué están haciendo? — Dijo Heiden asomada por la puerta muy sorprendida.

— ¡Nada! — dije rápidamente separándome de Bill.

— Bill, ¿Puedes arreglarle la cabeza a mi muñeca? Creo que se desnucó. — Dijo mostrando su muñeca toda destartalada.

— Em, si, claro… — Dijo Bill tratando de disimular.

Volví a la sala de estar, y me puse a mirar tele. Cuando cambié al canal cinco, Bill se sentó al lado mío.

— ¿Y Heiden? — Le pregunté.

— Está en su cuarto… —

— Am, Bill, ¿Estuviste conciente de lo de hace unos minutos? — le pregunté nerviosa.

— Si, y de eso quiero que hablemos… — Me dijo Bill mirándome a los ojos…

-Continuará-

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