El guardián de sus sueños de amor

Ella, una chica que con solo mirar puede reconstruir aquello con un soplo.
Él, un chico que puede derribarlo todo, aunque sabe que su mundo los reconstruirá ella.
Dos personas, un destino, miles de puerta.
Un sitio para conocerse, un hospital.
Amelie y Zayn, ¿hace falta que te diga algo más?

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1. Buenos días, chica naturaleza.

 

 

Ni medias altas, ni trajes corto, no me despertaban unos '¡Buenos días, princesa!', ni con desayunos en la cama, mi vida era simple, solo era una persona más en este mundo. Trabajaba para vivir, para mantenerme, una vez mi madre me dijo que cuando fuera mayor tuviera mi propio sueldo, que nunca tuviera que depender de nadie, así que a mis veinte años de edad, trabajo en un hospital.
Concretamente en la planta con niños con cáncer, eran mis mañanas, eran mis sonrisas, mis ilusiones, ver a unos niños tan pequeños luchar contra una enfermedad tan grande, me hacía reflexionar sobre la vida, tenía la esperanza que esas criaturas tuvieran su vida, que pudieran salvarse, lamentablemente he visto niños que la enfermedad ha sido mucho más fuerte que ellos. 
He sido muy descortés, os he contado un trocito de mi vida, si ni siquiera presentarme, mi nombre es Amelie Dennes, mis amigos dicen que soy la hija pura de la naturaleza, cabellos castaños y ondulados, según ellos parecen olas suaves del mar, no llegaban a más de media espalda, mi piel les recordaba a la blanca nieve que se deposita en lo más alto de una montaña; mi estatura era precisa, o al menos eso yo pienso, para ellos soy una personita, sí en diminutivo, ya que decían que les recordaba más a la estatura de una muñeca que a la de una persona, su sutil manera de llamarme enana. Y lo que más le gustaban decirme, '¡tienes unos ojos tan verdes que parece hierba de un prado en media primavera!', me gustaba que me describieran así, no es que fuera presumida, pero siempre viene bien unos buenos alagos, y más si te comparan con algo tan bello y natural como la naturaleza. Este apodo se traspasó al hospital cuando un buen día mi querido amigo Arthur gritó por el megáfono 'chica naturaleza', yo estaba con mis chicos, ellos rieron, sin saber que se refería a mí, pero el pequeño Nate notó mi ligero rubor, y enseguida me preguntó si conocía a esa 'chica naturaleza'.

Ahora que sabéis más de mí, os situaré bien, estoy en mi cama, medio dormida, ha sonado por tercera vez el despertador, justamente me lo regaló Nate, sí el chico de ocho años con cáncer. Entre abro los ojos, se cuela por la ventana un fuerte rayo de sol, para mi desgracia se cruza con lo poco de mi mirada que está abierta. Decido despertarme, así que cojo mi uniforme verde y me lo pongo, es otro día más, pero me siento con más energía que nunca, hoy me propondré robar más de una sonrisa.
El trayecto hacia el hospital es corto, y mucho aún más si lo recorro en moto, no soy amiga de la puntualidad, a decir verdad me podría considerar enemiga suya, mi jefe está allí, me echa una regañina, pero eso no me hará pensar que será un mal día.
Abro la puerta, y ahí están mis doce chicos, tan sonrientes como siempre, hoy tengo una sorpresa para ellos, les he traído un DVD de Winnie The Pooh, sé que a ellos les encanta.

Es raro pero no ha pasado ni media hora de que estoy trabajando y por los pasillos hay demasiados murmullos, algo pasa, ¿un nuevo paciente? ¿o tal vez sea un nuevo doctor? Antes de que pudiera sacar una conjetura más entra el Dr. Grey. Exacto, mi jefe.
-Señorita Dennes, sal de la sala, necesito hablar con usted.- Dice aquel hombre, que más que doctor debería de haberse dedicado al baloncesto. Casi arrastrando mis pies salgo de la sala, los chicos me miran y me sonríen, la sonrisa de Nate está llena de preocupación, tal vez teme que me despidan, y que nunca más le vuelva a ver, le devuelvo la sonrisa, pero es segura, una de 'tranquilo, volveré, no pasará nada'.
-Doctor, ¿para qué me quería?.- Dije intentado disimular mi ansia por saber que noticia tendrá que comunicarme.
-No sé si los rumores le habrán llegado, pero mañana tendremos una visita especial para los chicos de su planta, un joven grupo británico, vendrán a visitarles, así que necesito que vengas mañana un poco antes, ¿entendido?.- Dijo, ¿cómo negarme ante un hombre de más de un metro noventa con unos ojos de lucha? Ni loca, soy humana, y experimento demasiado el miedo.
-Claro, estaré una hora antes.- Puntualicé mientras forzaba una sonrisa.
-Una hora antes para mí, no para usted, que ya nos conocemos, y la puntualidad y usted no son amigos.- Finalizó mientras desaparecía su bata blanca y él por el pasillo.


Regresé con mis niños, Nate como era de esperar me preguntó la razón por la cual el jefe me había reclamado, claro esta vez tuve que crear una pequeña mentira, el grupo que vendría era una sorpresa para ellos, y moría por ver la carita que pondrían.


Terminó mi turno, justamente eran las diez de la noche, hoy no tenía guardia, y eso significaba que tendría que coger la moto para la vuelta a casa en plena noche, eso me daba terror. Por la noche aumenta el índice de accidentes, y sé como lo pasan los familiares de las víctimas, así que tenía el mayor cuidado posible, no quería que mi familia se uniera a eso.
Me puse el casco y conduje por las frías calles, para mantenerme algo más despierta tarareaba 'I want to break free' ya que era la que siempre me cantaba mamá cuando vivía con ella.
Antes de que fuera consiente, ya estaba en mi pequeño piso, cené la comida que dejé esta mañana, una ducha rápida, encender el ipod y a la cama. Siempre me dormía escuchando un tema de la radio. Para mi suerte pusieron unas cuantas de The Beatles, Ed Sheeran, Adele... Cuando ya estaba conciliando el sueño, escuché una dulce canción, e me quedó toda la noche en mi cabeza: 'If we could only have this life forone more day, if we could only turn back time...' 

 

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