Querida Dama (tú & harry styles)(parte 1♥)

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2. sonrisa tras su timides

 

-¿Disculpe? –Sus delicadas manos comenzaron a temblar.- ¿Qué dice? –Preguntó ella confundida con un gesto de desaprobación por lo que había dicho aquel hombre, valentina no evitó arrugar su fina nariz que estaba manchada de pecas broncíneas. Harry entre cerró sus ojos, frunciendo el ceño.- -¿Acaso no has escuchado? Quiero que vivas en mi casa, allí vivirás mejor, te daré todos los lujos que necesites. Y estarás además más segura. –Rió entre dientes- Ninguna mujer dudaría en aceptar mi tentadora oferta, no se lo ofrezco a cualquiera. -No quiero nada de eso, señor. No quiero nada suyo, permítame decir. –Contestó con total suavidad.- Sólo quiero a mis padres de vuelta.-Harry no evitó reír de nuevo con más fuerza y rigor.- -Vamos. Tutéame y llámame Harry.-Ordenó él fríamente introduciendo ambas manos en sus bolsillos.- Además, ¿pensabas que no te pediría nada a cambio por este gran favor que te estoy haciendo, pequeña valentina? -Agregó con una sonrisa de medio lado pícara, más de lo que valentina hubiese podido desear- -Bueno, yo...no quiero nada de eso, sólo quiero estar de vuelta con mis padres. –Repitió ella girándose sobre sus talones y dándole la espalda. Harry se acercó a ella con lentitud, valentina  pudo sentir la continua respiración del hombre en su oído. Era lenta y pausada. Y él luego susurró:- -Te vendrás a mi casa. Ahora. -Dijo con voz firme.- Pronto los veras, no te pongas nerviosa, mi querida valentina. –Susurró el hombre en voz baja, la piel de valentina  de erizó, aquella a pesar de ser una voz fría como el hielo acariciaba su oído produciendo un cosquilleo en su estomago. La masculina voz recorrió su piel haciendo estremecer cada célula que se alborotaba poco a poco dentro de ella.- Se notaban indicios de deseo en la voz de Harry, no cabía duda. Éste se enderezó y aclaró la garganta. -Pero… -Harry la interrumpió.- -He dicho ahora. No tienes opción. ¿Lo sabes, verdad? –Ordenó él apretando su mandíbula.- A mí, valentina, nadie me desobedece. ¿Me oyes? Soy uno de los hombres más poderosos del país. -Pero… -Contradijo con aquella mirada de dos luceros.- -Ahora. –Dijo remarcando aquella palabra con fuerza y tonalidad grave. Ella asintió y sin querer obedeció.- -¿Qué debo llevar? –Musitó con ternura e ingenuidad.- -¿No vas a buscar nada para cambiarte o para dormir? ¿O pretendes dormir sin ropa? –Al decir eso el hombre rió gozando del rubor rojizo de las mejillas de valentina,  por lo visto le encantaba ponerla nerviosa. Parecía una pequeña niña avergonzada.- -Yo...no...–Tartamudeó. Entonces, apretó sus pequeños puños mientras bajaba su iluminada mirada. Con cortos y rápidos pasos se dirigió a la casa y buscó unas cuantas prendas. Harry rió por la reacción de la joven mientras encendía un tabaco Camel que llevaba siempre encima.- valentina  colocó en un viejo maletín de cuero color café unos cuantos vestidos de los pocos que tenía. No solía comprar, no tenía ni tiempo ni dinero para hacerlo, colocó sus utensilios de higiene personal, un par de zapatos que le había confeccionado aquella anciana con la que vivía y su camisón de seda. -No me puedo creer lo que estoy a punto de hacer. –Musitó con dolor, se temía lo que Harry quisiese hacer con ella. Ya tenía algo en mente.- Oh, ¿y si quiere...? ¡Oh, no! ¡Jas veshalom! Aquello era para los occidentales un “¡Dios no lo permita!”. valentina estaba aterrorizada de que aquel individuo se quisiese aprovechar de ella como si fuese su concubina. A continuación volvió tras de Harry, le siguió y ambos entraron al coche en total silencio. valentina estaba nerviosa, no podía dejar de pensar que dormiría en la misma casa que Harry Styles, el hombre alemán más poderoso, deseado y hablado de Viena. -Pronto verás a tus padres. –Dijo sereno Harry rompiendo a su vez el silencio, el hombre no dejaba de mirar al frente. Tenía la mirada algo perdida, mientras jugaba con el cigarrillo que tenía entre los labios. Él fumaba de forma compulsiva, como cualquier hombre de alta sociedad vienesa.- -¿Cuánto tiempo hay de Alemania a aquí? –Preguntó valentina  con suavidad, mientras miraba sus manos que estaban manchadas de tierra y con algunos leves cortes rojizos. Masajeaba sus pequeños dedos entre sí.- -No mucho. -Aclaró Harry su garganta. Luego con sus grandes manos acomodaba los botones de las muñecas de su camisa.- Al menos que haya algún problema. -Dijo él también acomodando su cuello.- -Oh –Musitó con desilusión.- -Y dime, valentina , ¿cómo son tus padres para que les quieras tanto? Porque hay que tener agallas para acudir a mí. Todos saben perfectamente que me relaciono con la policía alemana. –Preguntó el entrecerrando sus ojos con curiosidad sin evitar mirar los pequeños ojos verdosos de valentina .- -Pues, son los que me dieron la vida. ¿Cómo no quererles si son mis padres? Son los mejores, siempre me cuidaron y trataron que estuviese bien. Apenas tenía quince años cuando… -La joven cayó y bajó la mirada, su voz sonaba entrecortada, no quiso seguir hablando sobre aquel recuerdo, aquel recuerdo que volvía a la vida. Podía escuchar cada voz en su cabeza, cada sonido, podía volver a ver cada rostro, cada gota de un líquido rojo que miles de personas derramaban a su vez ante sus ojos. Un ardor recorría su ser. Siempre se hacía la misma amarga e injusta pregunta: ¿Por qué ellos y no yo? - -Entiendo. Pero, ¿cómo son? –Preguntó él enderezándose para contemplar mejor a la chica. Él estaba a su lado en el asiento trasero. Niall, a quien tenía más confianza en el mundo, conducía el pequeño Volkswagen de color negro, el coche de moda.- -Pues –Declaro pensativa- mi madre se parece bastante a mí. Entonces debe ser una mujer preciosa. Pensó Harry sonriente y de forma inmediata sin dejar de mirar detenidamente el pequeño rostro pálido como la nieve y de forma alargada de valentina . Ella siguió contando a Harry cosas de su infancia, sus travesuras y más cosas. Pero nunca habló de cuando los nazis invadieron su pequeño pueblo. Harry solo la miraba atentamente y con curiosidad, a veces reía de forma corta. Aunque muy poco lo hacía. Para valentina aquella risa era un cosquilleo que producía placer a sus oídos. -O sea que eras una niña traviesa. -Dijo con un tono burlón mientras miraba de nuevo hacia el frente.- -Bueno, sí. –Sus mejillas se quemaban poco a poco.- Te he contado mucho de mí, cuéntame ahora algo tú, Harry. -Me parece justo. –Le había costado ceder. Aunque era un hombre de justicia. Como Prometeo, la única diferencia era que Harry era benefactor para él mismo, no para la humanidad. Aunque eso podría cambiar. ¿No le importaría ser encadenado y castigado con tal de ayudar?- -¿Tienes hermanos? – valentina, pensó muy bien su pregunta.- -Sí -Dudó- bueno en realidad no. El único que tenía murió, en la guerra. En realidad no recuerdo cómo se llamaba ni sé de él. –Confesó en un susurro, fue cerrando sus ojos, pensó por unos segundos, tratando de recordar el rostro de su difunto hermano. Rápidamente abrió los ojos, y su rostro trasmitió un gesto de frialdad.- -Oh, lo siento. –Lamentó ella con un hilo de voz tratando de no mirar aquella fría y gélida mirada de Styles.- -No te preocupes, apenas lo recuerdo. Era un niño. –Harry miró hacía la empañada ventana que estaba a su lado.- -Y...–Pausó mordiendo su labio- tu padre debe ser muy conocido. –Supuso Valentina.- -Debió. Murió también pero no viví con él. Y sí, era muy reconocido era uno de los mejores, era un general de la Waffen SS, se llamaba Franz Hiedler. -¿Qué? –Exclamó con un grito ahogado, mirándolo incrédula.- Maldito nazi. -Maldijo en un susurro, mientras aquellos ojos se humedecían, como las hojas cuando terminaba de llover.- -Ten mucho cuidado con lo que dices, valentina -Advirtió tomándole la muñeca con fuerza, ésta jadeó y le obligó a soltarla, mirándole con ira.- -Pero... -Sí que tienes valor para maldecir a mi padre, valentina. –Sonrió con amargura- -Esos cretinos, mataron a mis abuelos, y frente mis ojos. –Miró a la nada compungida.- Tan solo cuando era una niña…los fusilaron como salvajes y sin piedad, sólo por tomar un mísero trozo de pan… como me dan asco. Sólo buscaban una estúpida excusa para matar a un inocente como si fuesen perros. –Harry no pronunció palabra. Entre el silencio solo se escuchaba la respiración irritada Harry.- ¿Tienes idea del hambre que pasábamos allí, Harry? -Lo lamento. –Dijo Harry mientras arreglaba su corbata negra. Pero sin transmitir sentimiento alguno, parecía indiferente.- Pero no lo estaba. -¿Y cómo es que no tienes su apellido? –Preguntó la chica con total confianza, esquivando el tema, mientras apretaba sus puños que descansaban sobre su falda.- -Porque nunca me lo dio, ya que en ese tiempo mi madre me trajo con ella aquí a Viena tan solo cuando yo era un bebé. Mi madre estaba locamente enamorada de Franz, pero nunca lo apoyó en que matara a la gente de esa manera tan violenta y sádica, nunca se sintió nazi. Además mi abuela era judía también, pero mi madre no lo era, pero se sentía una de ellos. Así que se vino aquí a Viena y me dio su apellido, ella era una Styles, su nombre era Klara Rina Styles. -Oh, entonces, siento lo que dije antes. -Susurró valentina  algo apenada por aquel comentario.- -No te preocupes. A pesar de que se amaban, mi madre y Franz eran bastante diferentes. –Dijo él con indiferencia. En realidad esos comentarios no le molestaban, ya que era solo la verdad. Y toda verdad dolía, pero aquella agria verdad no le dolía a Harry, ya que dentro de él no se consideraba acecino, nunca tocó ni nunca tocaría ni un pelo de un judío.- Ella está muerta. valentina  sintió pena por dentro. -Estamos llegando. La judía se asomó por la ventanilla, y se sorprendió al ver la casa, era muy grande, de dos plantas, se veían ventanas rectangulares una seguida de otra, estaba hecha de ladrillo, con puertas de madera de caoba con bordes dorados, unos jardines muy grandes y amplios, todos de un verde vivo y brillante como si fuese plena primavera, con miles de tulipanes de colores, que de lejos parecían levemente salpicaduras de acuarela de colores, parecían pintadas a mano, leves pinceladas, también se veía una pequeña fuente de piedra cerca de la entrada y dos pastores alemanes corriendo cerca de los alrededores de la gran masía. Cuando el coche se detuvo Harry le tomó la mano suavemente y con dulzura a valentina , introduciendo sus finos dedos entre los de la joven, y con cuidado abrió la puerta. -Salgamos. –Ella solo asintió la cabeza y lo siguió, sintió mariposas en su estomago al sentir la caricia de aquel hombre en su pequeña mano, la mano de Harry era como sentir caricias de suaves plumas de cisne.- -Qué grande es. –Susurró sorprendida mientras miraba la casa y sus inmensos alrededores. Valentina  se sentía una princesa en un castillo, pero claramente no era un cuento de hadas.- -Sí. Y eso que vivo solo. –Sonrió haciendo una leve curva con sus labios- Siéntete como en tu casa, puedes pasear por los alrededores, esto es bastante grande. Pero por favor nunca salgas detrás de esas paredes. –Ordenó él, señalando con su mirada la entrada de la casa, un muro de piedra y un rejado color negro oxidado. Harry la miró, advirtiéndole algo que perfectamente sabía.- ¿Quedó claro? -Pero... -Pausó. Valentina  suspiró dándose cuenta de la insistente mirada de Styles.- está bien, Harry. -Muy bien. Ambos caminaron hasta la casa, les recibió una mujer, la ama de llaves de Harry. Cuando valentina entró se quedó impresionada, la casa era pintoresca, habían varios ramos de flores en floreros de cristal, eso le daba color y vida, raro en un hombre como Harry. Había pinturas colgadas en las paredes que eran de color crema, y fotos muy antiguas de color sepia y en blanco y negro. Altos libreros con cientos de enciclopedias con bordes dorados y algunos libros en alemán, inglés y francés. Sobre la pared había un reloj hecho de madera con un péndulo de oro, los números eran perfectos trazados de números romanos en plata. Sobre las mesas de estilo barroco había pequeñas, diferentes y espectaculares figuras de Swarovski. Una radio en la esquina y justo al lado un tocadiscos. Harry, observó aquellos artilugios sorprendida. El olor que invadía el salón era a comida casera, otra cosa que extrañó valentina. Muchas cosas no concordaban con el perfil de Harry. Parecía todo organizado por alguna mujer que tenía buen gusto respecto a la decoración. Y si...¿y si está casado? Pensó horrorizada soltando un grito ahogado que Harry ignoró. -¿Dónde podré instalarme? –Preguntó valentina,  tímidamente mirando al alto hombre que estaba a su lado.- -Aquí. Ella siguió las zancadas e Harry, y entraron a una habitación amplia, un poco más pequeña que el salón principal, muy ordenada, con una alfombra color rosa pastel sobre el suelo de mármol y una cama tan amplia que daba la sensación que cabían siete o más personas. Ella sentó sobre el borde de ésta, era muy cómoda y suave como piel de un oso polar, con su mano acarició las sábanas estampadas y de encajes color durazno decorado de cojines de tafetán y bordillos áureos que estaban sobre esta y colocó su humilde y simple equipaje sobre el suelo. -Puedes poner tu ropa aquí, en este armario, junto a la mía. Harry señaló con su cabeza un ropero de color oscuro y amplio de madera. ¿Qué? ¿Junto a la suya? Se preguntó ella con exclamación, acaso...¿dormirían juntos?

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