Querida Dama (tú & harry styles)(parte 1♥)

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@its_gottabeyou (sigeme*-*)♥

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1. Dama, timida y especial♥

La primera vez que la vi, temí caer en la tentación. 14 de septiembre del 1942. Tres años después, ya era toda una señorita de dieciocho años recién cumplidos. Toda ésta casi cruenta historia de un romance imposible, bueno, casi imposible, comienza en la habitación de Hatzlaja, una joven hermosa, con una belleza incomparable a alguna actriz de Hollywood de la época, con cabellos castaños y lacios que con el Sol se tornaban dorados como los campos de trigo, un cuerpo delgado y pequeño, piel pálida como el marfil, nariz fina y respingada, labios de un tono rosado pastel, pestañas largas y ojos turquesa. Era bastante tímida, ingenua y llena de inocencia. Y, lo peor para algunos: era judía. Aquello nadie lo sabía, ya que lo tenía muy bien, casi, escondido con unos papeles falsos que había logrado obtener, aquello era un tesoro y un prestigio que ella había conseguido, no obstante en cualquier momento podían provocar un muerte súbita, haciéndola una más del montón. vivía con una anciana de cabello canoso y de tonos grisáceos, judía, al igual que ella, y ambas vivían en una pequeña casa en las afueras de Viena, exactamente en el sudoeste, en Liesing. Ella estaba preparándose para ir a ver a Harry Styles, quien tenía el rostro de un dios inmortal de unos veinte, que fue el resultado de dos razas completamente diferentes, uno de los hombres más ricos de Viena, un estupendo magnate aparte de un rompecorazones y sensual Casanova, y que con sus penetrantes ojos congelaba a quien fuese con una simple mirada, una mirada llena de impotencia que aterrorizaba a quien fuese. Era todo un mujeriego y Donjuán, aunque a él odiaba admitirlo, mejor dicho, detestaba que se metiesen en su vida privada, no lo aguantaba ni toleraba, al igual que muchas otras cosas, como el compromiso y la fidelidad. Tenía un alto estatus en la sociedad, ya que tenía una mina de carbón y una gran empresa de productos alimenticios que con el tiempo fue llenándose los bolsillos de lo que más amaba: el dinero. Allí, donde también vendía tabaco, era famoso ya que allí contrataba judíos. Él creía en la Revolución Industrial, y la producción en serie con mano de obra barata. Eso para era una gran oportunidad, ya que podía pedirle a éste hombre que contratase a sus padres y los trajese a Viena a trabajar en la empresa de Styles. Claramente no sabía si el hombre aceptaría, era un reto, y la joven ya mayor de edad se valdría por sí misma, se armaría de valor y trataría de platicar con aquel ser, que tenía fama de ser un frívolo corazón de hierro adicto al dinero. Estaba de camino la empresa de éste, mientras sobre sus temblorosos labios se colocaba un exótico carmín. Pretendía impresionarle, por más que su moral no lo permitiese. Con las rodillas temblorosas, se detuvo en frente de un edificio alto, de unos dos pisos. Antes de entrar respiró hondo asegurándose de que el oxígeno entrara en sus pulmones. Enrojeciéndose y comenzando a sentir su piel arder a cuarenta grados, finalmente, entró tomando su bolso con fuerza. Había fotografías de tonos grisáceos enmarcadas sobre las paredes color celeste, el color favorito de Harry. Aquellas fotos eran de él, con generales, militares, gobernadores e incluso actores o cantantes, y otros que tenían la suerte de tomarse una foto con él, ya que era muy conocido tanto en la misma Austria como en Alemania, Holanda o Bélgica, en ese último lugar tenía un pequeño apartamento donde pasaba sus vacaciones, usualmente acompañado de alguna invitada. Al llegar, dice al guardia que estaba detrás de una pared de cristal: -Necesito hablar con el señor Styles. -Pidió suavemente, empañando aquel cristal. El hombre levantó la vista y dijo educadamente:- -Déjeme ver qué puedo hacer. Él hizo unos movimientos tan rápidos que pudo escuchar ni ver. A la vez el recepcionista, un poco calvo y con un gracioso bigote, tomó su teléfono. Sus pequeñas gafas cayeron sobre su nariz. -Lo siento, no puede atenderla ahora, debe tener un día y hora exclusivamente para verle. Una cita. Éste, sonrió de forma burlesca. Atónita, comenzó a balbucear incrédula. Su mirada se tornó triste y vacía, sus pequeños ojos azulados se empañaron y se tornaron a un color púrpura y profundo. Apretó sus labios, prometiéndose no llorar, no quería sollozar y perder la batalla contra Styles. Descarado. Pensó. Al darse la vuelta, ya que tenía detrás de ella unas escaleras de madera, vio la sombra esbelta, alta y fornida, al observarle de cerca, era él: Harry Styles. Él al contemplarla como si fuese un objeto, se devolvió a su oficina girando sobre sus propios talones, huyendo de cualquier petición. Podía escuchar los pasos que este daba lentamente cuando sus zapatos, italianos y de alto costo, chocaban contra el mármol del gélido suelo. -Qué osado. -Musitó de nuevo a ella misma.- Ella sabía muy bien lo que tramaba, ella era una mujer, sabía lo que él quería, y lo que quería todo tirano. Colocó la cabeza firme y subió la quijada, volviendo a mirar al hombre detrás de aquel cubículo, éste refunfuñó. -Por favor, tengo que hablar con él, es realmente urgente. -Espetó con firmeza y rigidez en su femenina voz.- El hombre la miró impresionado por el brillo de sus ojos, la estudió con una mirada curiosa, sabiendo que no era una solicitante y visita cualquiera. Rápidamente ya s encontraba en la puerta de la oficina de Styles. Respiró hondo, y a continuación entró con un temor invadiendo la vulnerabilidad de su cuerpo. Él se hallaba de espaldas mirando el panorama sentado sobre su amplio sillón de cuero color terracota. Detrás de su escritorio tallado en caoba, había una gran ventana que dejaba descubierto parte del paisaje vienés de su amada ciudad. Cielo azul con nubes argentadas y decoradas con sombras liliáceas, así era una mañana como esa donde el crepúsculo reinaba sobre la piel de Styles y contrastando con su palidez. El cuerpo de se tensó, al ver que aquella perfecta figura, se levantaba. -Pase. -Ordenó él introduciendo en su boca el cigarrillo que tenía en su mano izquierda, la derecha estaba dentro del bolsillo de su pantalón color medianoche.- -Yo –Pausó con nerviosismo.- yo necesito hablar con usted, señor Styles. Masculló casi tartamudeando con una suplicante voz. Ella se sentía indefensa y pequeña delante aquel ser. Luego comenzó a jugar con sus manos que sudaban continuamente, no se hallaba, no sabía qué hacer ni cómo hacerlo. Sus rodillas tan delgadas temblaban de forma compulsiva. -Siéntese. -Dictó él de nuevo, con firmeza en su grave voz.- Ella obedeció y se sentó en un sillón blanco de algodón hindú y estampado que había allí, puso las manos sobre su regazo mientras estiraba su falda color crema, algo inquieta, y observó como Harry se volteó y comenzó a caminar lentamente hacia ella. Su corazón dejó de latir. -Dime qué deseas. Masculló mirándola de una forma extraña y entrecerrando sus ojos, mirándola con curiosidad, viendo cada perfecta parte del rostro de ,algo sorprendida por haber tenido la osadía de tutearle sin saber su nombre. Sí. Así era tal y cómo le gustaban. Entonces, sonrió de forma sensual apretando el cigarrillo contra sus labios. -Mi nombre es Valentina ,Pausó esquivando aquella penetrante mirada.- Hatzlaja, y yo necesito su ayuda, señor Styles. -¿Qué clase de ayuda? Frunció el ceño colocando el cigarrillo entre su dedo central e índice. El ruido infernal de los pasos continuos y lentos de Harry ponía a de los nervios. Su piel se erizó al sentir como los ojos oscuros del hombre chocaban con los suyos. Como las olas del mar contra las gélidas y fuertes rocas. -Por favor necesito… -Balbuceó.- necesito que le dé trabajo a mis padres, señor Styles. Usted...me entiende. Ellos necesitan de su protección, señor Styles. Suplicó tartamudeando. El rostro de Harry se tornó rígido al igual que cada una de sus facciones, apretó sus labios y su mandíbula se tensó. Volvió a degustar aquel seco cigarrillo que sostenía entre sus dedos. -¡Ja! –Rió burlesco y cínico.- No soy Dios. O lo que sea en que usted crea, la verdad, no me interesa. –Dijo este sin siquiera mirarla, tenía una voz gélida, pero aún exquisita. se ahogaba con el humo que invadía aquella gran habitación que empañaba sus ojos.- -Pero usted puede hacer algo, ellos están en Alemania, señor Styles. Trató de argumentar. -Alemania es muy grande. Meditó Harry secamente, interrumpiendo la explicación de aquella joven. Mientras colocaba la mano, que mantenía apretada en su bolsillo, tras su espalda y comenzaba a exhalar humo de su boca en forma de <>. -Son judíos, sabe. –Continuó ella sin importancia al irrespeto de Styles.- Sus nombres son Helen y Jacob Hatzlaja. -Musitó con la esperanza de que Harry pudiese hacer algo por ella o por lo menos se compadeciese.- Él se agacho a su altura para poder mirarla, tenía unos ojos de un tono celeste pero a la vez casi negruzcos, penetrantes y fríos, sus pupilas oscuras se perdían en aquel color con tonos aguamarina. -Por favor. –Masculló, que suplicaba tratando de esquivar aquella mirada, era una completa tortura para ella, la mirada de Styles no trasmitía sentimiento alguno.- -¿Usted quién se cree que es? Más bien, ¿qué clase hombre cree que soy? No soy tan bondadoso como dicen, no soy Papa Noel. No ando rescatando judíos de por ahí, no contrato a cualquiera, no soy Superman. -Espetó apoyándose sobre el escritorio de madera que estaba justo detrás de él.- No soy a quién busca. -¡Pero, espere! –Exclamó.- Yo tengo aquí papeles, y mis padres son muy trabajadores, le prometo que serán los judíos más fieles. Por el amor de Dios, por favor lo necesito, señor. Imploró, con los ojos empañados en lágrimas que se negaban a aparecer, levantándose mientras juntaba sus manos y se acercaba a Harry. Estaba a punto de arrodillarse. Y era capaz de hacerlo. -Apuesto que sus papeles son falsos, señorita. Rió mientras inhalaba más humo, se quedó de piedra, el miedo invadió cada parte de su débil cuerpo haciendo que no se pudiera mover, su rostro se puso pálido, más de lo que estaba, sus venas sobresalían de su piel, ahora sí tenía miedo de él, ahora sí podía ser una más del montón. Eso fue algo que temió desde el principio, raramente nunca le había tenido miedo a aquel espectacular hombre de precioso rostro. -Por favor. -Suplicó sollozando. Unas cuantas lágrimas caían una tras otra sobre sus pómulos enrojecidos. Aquel dolor la hizo gemir de tormento.- -¡Lárguese! –Exclamó irritado.- ¡No pienso hacer nada por usted, ya lo he hecho demasiado! ¡Estoy harto! -Gritó sin mirarla y arrojando el cigarrillo a su escritorio con brusquedad, ya que no aguantaría verla llorar más.- - ¡Vallase antes de que llame a la policía! ¡Podrían matarla ahora mismo! ¿Eso quiere? Ordenó mientras cerraba bruscamente los ojos, dejando caer sus párpados, no quería seguir viendo el sufrimiento de valentina. Harry con sus dedos masajeaba sus sienes, haciendo círculos sobre su piel. -¡No! -Exclamó asomando más lágrimas, por sus altos pómulos, que desembocaban en su quijada. se levantó rápidamente espantada, y salió corriendo lo más rápido que pudo, casi cayó por las escaleras, pero mantuvo en el equilibrio a la vez que sus débiles rodillas temblaban. Harry se quedó contemplándola por la ventana, cómo ella corría asustada.- ¿De verdad creía que era capaz de hacerle daño? En ese momento pudo sentir un amargo veneno que corría por dentro de su garganta, y que bajaba por su faringe, atascándose en su pecho, algo que no lo dejaba respirar. ¿Lastima? ¿O se sentía ruin y cruel? Transcurrieron unos cuantos minutos después de la huida de ,y Harry se acercó a su contador y asistente Niall, un chico alto, que se veía mayor que Harry, con tez pálida como el papel y con ojos pequeños y verdosos como esmeraldas relucientes, era judío también, tenía labios finos y manos blanquecinas con algunas heridas, quemaduras y cortadas rojizas. Harry se colocó a su lado mientras Niall revisaba su agenda. -Toma.-Dijo Harry dándole un valioso reloj de oro con diamantes pequeños incrustados, el reloj que tenía puesto en ese momento.- Que traigan a Helena y Jacob Hatzlaja. –Pausó- Ya. –Ordenó apretando sus dientes.- -Sí, señor.-Dijo Niall sacando una libreta, y anotando esos nombres sobre aquel papel.- -Gracias, Niall.-Dijo dándole una palmada su hombro mientras volvía a su escritorio.- A la mañana siguiente, Harry se levantó ya que la luz del Sol penetraba su cortina de seda, quemando la piel de su rostro, Harry era un precioso ser, mandatario y dictador, pero a la vez temeroso y no tan valiente como todos creían, era un esclavo de su propia belleza, todo un Apolo, el dios de la belleza masculina. Al levantarse se dirigió a su armario y se colocó un traje de color café con una corbata color vino tinto, mientras se la arreglaba los últimos botones dorados de su traje y se miraba al espejo, Niall con sus nudillos tocó la puerta de cristal con diferentes colores pasteles, que era la de la habitación de Harry. Éste dio una señal, permitiéndole la entrada. -Señor, ya es hora. -Dijo él, Harry salió de su habitación, dejando su casa tras él y entró en su coche, al final de su destino se bajó del coche, miró la pequeña casa que estaba frente a él y la examinó por un momento. Era muy pequeña, con puertas de madera y de color blanca con unas cuantas flores alrededor de miles de colores diferentes. Tocó la puerta levemente con sus nudillos y la abrió una señora mayor, vestida con un vestido roto de color gris.- -¿Vive aquí valentina Hatzlaja? -Dijo mirando con curiosidad a la anciana.- -Sí.-Dijo ella arrugando su frente, pronuncio unas palabras raras para Harry, luego escuchó unos pasos acercarse y vio a vale, (yo) ante sus ojos. Se veía diferente, con el cabello recogido y algunos cortos mechones cayendo sobre su frente, sin maquillaje y un atuendo cualquiera, con manchas de tierra formando remolinos en sus vestiduras, ya que valentina trabajó como jardinera por un tiempo para poder mantenerse. Luego la anciana los dejó solos, valentina no lo podía creer quien estaba frente a ella.- -¿Usted? ¿Qué hace aquí? –Preguntó nerviosa y voz entrecortada. Ya que la última vez que lo vio este la amenazó con su muerte. Algo que Styles no se perdonó.- -Sus padres vendrán. –Dijo rápidamente y seguro de sí mismo.- Los mandé a traer en el primer barco que venga aquí, a Viena, quiero que trabajen en mi empresa. La cara de la chica cambio completamente, se volvió a ver ese brillo especial en sus ojos, ahora era de felicidad y no de miedo. Lo primero que hizo fue abalanzarse sobre él sin ser consiente del efecto que produciría sobre Harry. Enredó sus delgados brazos alrededor del cuello del hombre, y éste envolvió con sus brazos a la ahora prisionera cintura de la joven abrazándola. Parecía una imagen de hermano mayor con su hermanita a la que tiene que proteger, ya que Harry tenía unos cuantos años más que ella. Pero no, Harry Styles lo vio de otra manera. -¡Muchas, muchas gracias! ¡Dios lo bendiga, señor Styles! –Dijo sonriendo y soltando unas leves lágrimas que desembocaban en su mentón.- Harry soltó una risilla algo enternecido. -Oh, Dios mío, muchísimas gracias.-Dijo asomando una amplia sonrisa por pequeño su rostro, sus mejillas hicieron un pequeño agujero.- -De nada, señorita.-Musitó sereno mientras hundía su quijada en los cabellos de harry , no evitó aspirar aquella fragancia primaveral y exquisita, ella subió la vista y él se encontró con la mirada de la chica y ella con los suyos, mortíferos pero preciosos. Luego se separo de él con dificultad.- -¿Cómo se lo puedo pagar? –Preguntó ella tierna e inocente juntando ambas manos mientras apretaba sus labios reprimiendo un sollozo de emoción.- -Pues, la verdad no quiero nada. Pero esto definitivamente no es gratis, valentina –Pausó asomando una diminuta sonrisa en sus carnosos labios algo juguetona.- Me gustaría que tú te fueses a mi casa, valentina, Dijo él sin dejar de observarla cauteloso. En aquel rostro una sensualidad divina no dejaba de propagarse.

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