Lo indescriptible.

es una novela por capitulos combino las partes para que se sienta una atracción más intensa.

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1. ¿jaqueca?

Se encontraba radicalmente herido. De sus brazos emanaba sangre a chorros. Tenía una jaqueca terrible, que le impedía ver con facilidad. Respiraba de forma anormal, y se jorobaba a causa del esfuerzo que tenía que hacer para poder caminar. Sentía una opresión en su pecho que le impedía moverse. Era un desastre.

Detrás de él se oyó el sonido de la puerta que cerraba. En su mano izquierda tenía un tubo de cyalume que iluminaba la casa con una potente luz verde; pero aun así sus ojos no podían percibir con facilidad su alrededor.

Enfrente vio una escalera de caracol con cuarenta escalones como mínimo y de la cual desembocaba gran cantidad de agua que caía de un escalón al siguiente. Los barandales y escalones estaban hechos de madera, que por el paso del tiempo estaba podrida. Por lo cual, nuestro héroe, no sabía si podría aguantar su peso. Así que antes de subir miró a su alrededor en busca de un refugió mejor. Pero la casa era muy estrecha y sus habitaciones no parecían seguras. Las paredes estaban manchadas de sangre, que aparentaba tener más de dos años. Todo el suelo estaba lleno de agua y no se podía percibir nada; el agua le llegaba hasta las rodillas. La vara de cyalume estaba perdiendo intensidad, así que decidió analizar el segundo piso.

Empezó a subir los escalones pero le costaba mucho trabajo. Su ritmo cardiaco aumentaba y se sentía muy iracundo.

 «¡Joder! Si sigo tardando tanto seguro me cogerá», pensó mientras se llenaba de cólera por el esfuerzo de los escalones. Cuando llegó al final, sintió que se desmallaba, pero sus fuerzas impidieron que se sometiera, así buscó impaciente un refugió, y notó un cuarto enfrente de él.

Interactuó un momento con la perilla pero esta no cedió.

—¡Maldita sea! —exclamó con tanta fuerza que se retorció de dolor por el efecto que se producía en su cuerpo cada vez que emitía un sonido.

Abrió su chaqueta y del costado izquierdo sacó una MK.23 con silenciador y dispositivo de puntería láser. Comprobó las balas y observó que solo le quedaban tres. Apuntó y le disparó a la perilla, pero la fala falló pues el pulso de su mano era anormal. Intentó de nuevo y esta vez la destrozó. Empujó la puerta con su hombro derecho y se introdujo en la habitación.

Una vez adentro buscó algo con que atrancar la puerta. Lo único que había era una televisión pequeña y unas cuantas maletas: parecía como si hubieran saqueado el cuarto. Así que tomó todo lo que había a su alcance y lo colocó en la puerta para que nadie o nada o lo que fuera pudiera abrirla. Una vez colocado eso y su frenesí terminado miró hacia todos lados para examinar aquel sitio. El cuarto era muy angosto, no había tanta agua en el suelo como afuera. Era un total desorden: había papeles desperdigados por todas partes y los muebles faltaban otra vez. En el suelo había un botiquín de primeros auxilios. Y él se tiró al suelo sin pensarlo y a arrastrarse hasta cogerlo. Para su desgracia, no había nada que le fuera útil para usar: solo unas pinzas y líquidos de dudosa procedencia.

Su vista ya no le funcionaba como debía. Ya no sabía cuánta sangre había perdido y para colmo iba a fenecer a causa de su estúpida curiosidad.

«Todo esto ocurrió por mi culpa —dijo para sí—. Ojala nunca hubiera venido a investigar la desaparición de mi familia. ¿Por qué en ninguna casa habrá tantos muebles? ¿Qué eran esas bestias y esas estúpidas luces? De lo único que estoy seguro es que no son amigables —y esbozó una sonrisa—. ¡¡¡Y ahora voy a morir solo!!! Richard me lo advirtió, pero no le hice caso, seguro que ahorita se estará riendo de mí el muy maldito».

En ese momento su semblante se iluminó como si aun no hubieran muerto sus esperanzas. Sacó de su cinturón un celular y tecleó unos cuantos números. «Ojalá me contestes.»

 

 

 

—¿Hay algo que te preocupe, Richard? —le dijo catalina a su esposo, mientras contemplaba su rostro abatido—. Últimamente no te ves bien.

—Déjame en paz, ¿quieres?

Richard estaba sentado sobre su cama, apreciando el paisaje que veía atreves de la ventana que tenía enfrente. Le daba la espalda a su esposa, que decidió levantarse y ponerse enfrente de éste.

—Es por lo de Iván, ¿cierto? —insistió.

—Sí —logró articular Richard y luego añadió—: se supone que no debí haber dejado que se obsesionara con el caso de la desaparición de su familia. Pero nunca lo hice. Debería estar con él en este mismo instante, para ayudarlo y hacer que recapacitara; sin embargo no sé que me impide hacerlo. Yo mismo dejé que continuara su obsesión, dejando que husmeara en la oficina de los archivos sin resolver.

Una vez terminada su perorata, apoyó sus codos en la mesa, apoyó su cara en sus manos y hundió la cabeza.

—Te castigas en sobremanera —Catalina empezó a sobarle la espalda mientras lo veía con tristeza. —¿Y por qué la obsesión por parte de Iván? tenía mucho tiempo que ni siquiera deseaba ver a su  familia. Le provocaba aversión el simple hecho de oír que alguien le preguntara:  «¿Cómo está la familia?»

Se la quedó mirando mientras su mente divagaba por todos aquellos pensamientos de los cuales se arrepentía. Finalmente se levantó de su cama y dijo:

—Así es la gente. Se arrepienten de las cosas hasta que las pierden. Sé que mi amigo no es perfecto y obró mal; pero seguía teniendo fuertes lazos con su familia. —Y finalmente como si estuviera esperando el momento para decirlo le dijo a Catalina— ¿Qué harías tú si un día te dicen que lo único que tienes en el mundo ha desaparecido como por arte de magia?

En ese momento se oyó que su celular sonaba. Lo cogió de donde yacía y contestó.

—Agente Richard…

—Necesito que vengas por mí… estoy…rápido.

Richard reconoció la voz de su amigo. Era la voz de Iván. Pero se escuchaba entre cortada y se oía que le costaba mucho hablar.

—¿Estas herido? Dime dónde estás.

Y no se escuchó nada más.

—¿Iván? ¡¡¡IVÁN!!! Dime donde coño estás.

Inmediatamente se vistió con ropa especial y un chaleco antibalas en el pecho. Cogió su pistola que la guardó en su regazo y se equipó con una linterna. En la puerta su esposa lo interrogó.

—¿A dónde vas?

Pero él no contestó.

 

 

 

Cuando Iván colgó se encontraba en las últimas. Su vista era muy borrosa y en su mente todos sus pensamientos se empezaban a revolver. Se había recostado cerca de una pared. Casi todas las paredes estaban rotas y la pintura se había corrompido; apestaban y había pequeños hoyos.

 Empezó a sentir un tremendo dolor en su espalda y decidió voltearse para ver qué era lo que producía el malestar. Y descubrió una nota clavada en la pared con una especie de gancho. La desprendió y le echó un ojo. La nota pertenecía a una tal Leslie, he aquí la nota:

 

 

Sé que cuando lean esta nota yo ya no estaré ahí con ustedes.

Cada día que pasa me siento más miserables: es como si caminase en un mundo sin rumbo alguno. Cuando me despierto me siento sin fuerzas para continuar el día, y solo ando pensando en su nombre: Albert. Albert. Albert. El sentimiento más horripilante del mundo no es el estar solo, sin alguna persona que te comprenda y te ayude en camino. No. Lo peor es ser olvidada por una persona a la cual amaste y te daba una razón de existencia… (no se ve esta línea por manchas de sangre).

muchos me han ayudado, me han dado platicas, consejos, he llorado en sus brazos, pero a pesar de ello no puedo superar la frustración. Salgo a la calle y veo a la gente feliz, con sus novios, con gente que los quiere, que… que… los ama. Y cuando veo a mí alrededor que estoy sola, que la gente solo finge conmigo, que me habla por conveniencia propia, me inspiran asco. Todo eso hace que me sienta jodidamente triste. ¡Albert nunca me quiso! Nadie me quiere.

La aversión que siento hacia todos es terrible. Ya no tengo motivo de existencia. Tengo miedo de decir adiós. Mamá, no quiero morir, no quiero. Pero todas las luces en mi cabeza ya se apagaron. Estoy sola en la oscuridad creada por millones de personas asquerosas.

No sé que mas decir así que aquí termina esta carta que no sé por qué la escribí, quizá quería aliviar mi sufrimiento. Aun no sé como lo haré: con una soga o aventándome de un precipicio. Los amé alguna vez, papás.

LESLIE.

 

«Conque Leslie, ah, que lastima por ti, chiquilla. Te rendiste por una razón muy tonta, y estoy seguro que todo fue culpa de la forma en la que te criaron. Ojalá hayas encontrado esa luz que necesitabas», dijo en su interior.

Los dolores de Iván se volvieron insoportables

«Maldito seas, Richard, cuando llegues habré muerto. Papá, Mamá y Hermana, ¡que el diablo os lleve! Por ustedes morí», fue su último pensamiento. Recargado sobre la pared vio por las rendijas como las patas de un ser demoniaco estaban paradas junto a la puerta tratando de abrirla. Empujaba y empujaba, y cuando la abrió lo único que pudo distinguir, Iván, fue como el demonio se largaba de ahí y profería unos chillidos ensordecedores. Ya no tuvo fuerzas para distinguir quién lo había salvado, pues se desmayó.  

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