Three wise men

Tres noches y tres misteriosas visitas...

1Me gustan
0Comentarios
505Vistas

1. Three wise men

I Toc, toc, toc. Tres firmes golpes en mi cabeza me arrebatan del cálido abrazo de Morfeo. Aún con los ojos cerrados, me incorporo y siento el frío de la noche en mis mejillas. Frente a mí, sentado en el sillón, un hombre de semblante sereno me observa. - ¿Qué haces? - me pregunta mi visitante, indignado al ver mi indiferencia a sus demandas. - Dormir - le respondo aún más indignada. - Son las cuatro de la mañana. - Deberías estar escribiendo. - No puedo. Me mira, reticente, sin dar crédito a mis palabras. Sus ojos dejan entrever la decepción que le he causado. - No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. - Soy incapaz de escribir. Estoy bloqueada. - Habla con Ernest. Él te indicará el camino. Y así, en camisón y con cara de incredulidad, veo a Oscar alejarse de mi habitación empuñando su bastón. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------- II Tengo sed y hace mucho calor. Me levanto de la cama y me dirijo a la cocina a por un vaso de agua. A tientas, adivino el camino y me abro paso entre las sombras. Abro la nevera y cojo la jarra de agua. De puntillas intento alcanzar una de las tazas que hay en la repisa. Logro rozar con las yemas de los dedos una de ellas y finalmente la agarro. Es una taza con la bandera de Edimburgo, un recuerdo que me trajo mi amiga en su último viaje. La lleno con agua bien fresquita. Sin apenas respirar, en unos segundos la taza está vacía. Medio soñolienta, me vuelvo a la cama. Prometo que no estaba allí cuando me levanté. En el mismo sillón en el que anoche se sentó Oscar, un joven delgado, vestido de negro y rizos del color del azabache que le cubrían sus ojos, me mira con tristeza. - Sigues sin escribir. - Lo sé - asiento con amargura, que últimamente había tomado la forma de una pesada losa. - Soy incapaz de desbloquearme. Últimamente repito mucho esa excusa. - ¿Acaso no te presenté a mi musa? - Jamás podré describir unos ojos verdes como lo hiciste tú. Una lágrima se me escapa mientras intento contener el torrente que está a punto de desatarse. - ¡Ay mi niña! - exclama. Su expresión ya no es triste, sino comprensiva. Me acurruca entre sus brazos y me susurra al oído mientras me acaricia el pelo. Su voz aterciopelada me conduce a un lugar mágico, con un lago de aguas cristalinas y una mujer de ojos brillantes como esmeraldas me tiende la mano. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------- III Camino por un pasillo angosto. Mis manos tienen la ardua tarea de guiar mis pasos, ya que la oscuridad que reina me impide ver. Rocas afiladas se me clavan como cuchillas en las plantas de los pies. Veo una luz y apresuro el paso hacía ella. Cada vez está más lejos, como si huyera de mí. No me da tiempo a dar marcha atrás. Un abismo se abre ante mí y sólo puedo gritar de pánico. Me despierto, empapada de sudor y hecha un ovillo entre las sábanas. De un manotazo me libro de ellas y me levanto de la cama, con energía renovada. Corro hacia el despacho y comienzo a teclear de manera compulsiva. - Finalmente has visto la luz. Sobresaltada y con el corazón revolucionado, doy un bote al oír una voz masculina. Detrás mío se encuentra un señor afable, de pelo canoso que sostiene una pipa de madera en su mano izquierda. Reconozco ese rostro, así que más tranquila reanudo mi frenesí creativo. - Seguí a Eärendil a través de un paso oscuro, pero no logré alcanzarla. - No deberías entristecerte. Has encontrado a la estrella que te guiará en este viaje. - Ojalá logre escribir como tú - sonrío tímidamente, en un vano intento de evitar que se marche. Sus últimas palabras se entremezclan con el humo de la pipa. - Éste es tan sólo el comienzo.

 

Se marchó, permitiendo que disfrutara de los tres regalos que me habían traído.

Join MovellasFind out what all the buzz is about. Join now to start sharing your creativity and passion
Loading ...